miércoles, 24 de junio de 2009

Herman Melville (Estados Unidos; Nueva York, 01/08/1819 - Idem, 28/09/1891)


Nacido en Nueva York el primero de agosto de 1819 y fallecido en Idem el 28 de septiembre de 1891, Herman Melville, es considerado uno de los mas grandes maestros de la literatura universal. A los once años quiebra la empresa de su familia y se ve obligado a trabajar y al no poder ir a la universidad, decide embarcarse en viajes que inspiraran sus novelas y relatos, pasando mucho tiempo en las islas del pacifico. Cuando regreso trabajo de profesor, pero 18 meses después, se embarca en un ballenero en donde acaba en Haiti, viviendo entre los canibales durante un mes. Lo rescata un navío mercante que lo lleva a Australia, donde pasa algún tiempo encarcelado antes de regresar a su hogar. Después de publicar sus primeras novelas, que tuvieron un éxito instantáneo, pero un incendio de la casa de edición en donde publicaba sus libros hizo que tuviera un déficit obligandolo a trabajar en la aduana de Nueva York por un corto periodo de tiempo, porque después se embarco en nuevos viajes. Cuando llego de sus viajes se casa. Establece una amistad con el escritor Nathaniel Hawthorne quien le anudaría en sus futuros libros, pero los futuros libros fueron abucheados en su tiempo y no produjeron mucha ganancia para el autor, que siguió escribiendo a pesar de los malos comentarios que hacían las personas.

Entre sus obras mas importantes están: Moby Dick (la mas famosa y perdurable), Billy Budd, Typee, Mardi, Ommo, Bartleby el escribiente, Benito sereno, la chaqueta blanca (narra su vida en un navío de guerra), Las encantadas, etc.

Su exploración de los temas psicológicos y metafísicos influyó en las preocupaciones literarias del siglo XX, a pesar de que sus obras permanecieron en un olvido relativo hasta la década de 1920, cuando su genio recibió finalmente el reconocimiento que merecía. Su muerte el 28 de septiembre 1891 paso desapercibida, porque sus ultimas obras no tuvieron mucho éxito. Varios de los autores modernos han dicho de el que: "Fue un autor que no fue reconocido en su tiempo, pero que su producción literaria es hoy en día una de las mejores que existen".
Moby Dick, La Ballena Blanca (Moby Dick, The White Whale)


Publicada en 1851 y narrada en primera persona (por el tripulante Ismael), cuenta la forma de venganza del capitán Ahab contra la ballena blanca que le quito parte de la pierna derecha. Empieza cuando Ismael cuenta cuando busca un navío ballenero para embarcarse. Cuando llega de noche, al puerto, busca alojamiento, pero tiene que dormir con un arponero, el acepto. Pero como no llego se fue a dormir. Cuando ya estaba en la cama escucha entrar a un hombre desconocido. Ismael ve disimuladamente al hombre, era un nativo americano y tenia la cabeza llena de tatuajes. Cuando se echo en la cama empezó a tocarla y sintió al hombre intruso, Ismael se desespero y llamo al dueño de la pensión que dio las respectivas indicaciones, El nativo se llamaba Queequeg y los dos durmieron tranquilos el resto de la noche. Al día siguiente se conocieron mejor y decidieron que los dos iban a ir juntos en el mismo barco ballenero. Y buscando los dos se embarcaron en el "Pequod". Durante el viaje, nadie había visto al capitán, solo veían a los oficiales. Starbuck, Flask y Stubb. Pero cierta mañana y de la nada, apareció el capitán Ahab, le ordeno a Starbuck que llamara a toda la tripulacion a cubierta, y así lo hizo. Fue la primera vez que los tripulantes veían a su capitán. Los tripulantes, se concentraron tanto en su rostro y su mirada, que después de un rato se dieron cuenta de que tenia una pierna de palo. El capitán Ahab comienzo su discurso enseñando una onza española de oro (que valía 16 dolares) que clavo en un palo, y se la iba a dar al primer marinero que diera aviso de una ballena blanca, con la frente arrugada, varios arpones clavados en la cola y una forma muy extraña de mover la cola antes de sumergirse. Los marineros dieron algunas otras descripciones y el capitán confirmaba todas las que decían. Cuando los silencio, dijo que se llamaba "Moby Dick". Luego de eso, Ahab pidió que sacaran los cantaros de ron y brindaron todos por la muerte de Moby Dick. Desde ese momento, los tripulantes estuvieron rumoreando y hablando sobre Moby Dick.

Cierto día, Starbuck se le acerca al capitán para recomendarle que, para que no se amotinen los tripulantes por falta de acción en el barco, diera ordenes especiales. Y al día siguiente el capitán dio la orden de que dieran señal cuando apareciera cualquier animal, por mas insignificante que sea. Y a los pocos días apareció una manada de ballenas.Y justo antes de subir a las lanchas, aparece el capitán Ahab con cinco orientales. Da la orden de que suban a las lanchas y preparen los objeto necesarios. Los tripulantes estuvieron actuando raro, a causa de la presencia de los orientales. Pero cumplieron las ordenes del capitán, se suben a las lanchas y van a atacar a la manada que se había aparecido. Durante la caza la niebla se hacia mas espesa y el clima presentaba signos de tormenta mucho mas seguido. La ballena se voltea y Queequeg que estaba en la lancha de Ismael, coge su lanza y se sube encima de la ballena, pero cuando estaba por atacar la ballena lo bota con toda su fuerza, y cae de nuevo en el barco. Y cuando estaban por atacar los tripulantes de la lancha de Ismael, un impulso invisible los hecha a volar, se hunde la ballena y fracasa la misión. El Pequod recoge a los naufragos a la mañana siguiente.

Durante cuatro meses, pasan por varios lugares de caza de ballenas. Y durante ese tiempo los orientales se fueron mezclando con la tripulacion, pero su líder, Fedallah seguía siendo un hombre extraño para los demás. Y cierto día se les aparece otro ballenero, "El Tawn - Ho", al poco rato los tripulantes de los dos barcos estaban adentro del otro, conversando sobre distintas cosas e intercambiando objetos de utilidad. Mientras, los capitanes de las embarcaciones conversaron y el capitán del Tawn - Ho le contó que se había cruzado con Moby Dick y que después de eso solo le habían ocurrido desgracias a su barco. La historia, lleno de miedo a la tripulacion y le dieron mas ganas de buscar a Moby Dick al capitán Ahab.

Cierta noche, Fedallah ve un chorro plateado, se dirigen son toda prisa hacia el lugar de donde procede, pero había nada. Días después vuelve a ocurrir lo mismo, pero esta vez empezó a aparecer varias noches seguidas. Ahab estaba actuando de una manera muy rara, buscando el chorro plateado pero sin resultados. Pero cierto día al amanecer, se vio el chorro plateado saliendo de una masa de color blanco. Prepararon los botes y se fueron a atacar, pero era un calamar gigante, los tripulantes de las lanchas, horrorizados se regresaron al barco inmediatamente. Starbuck se asusto mucho al ver el calamar. Pero Quequeeg predijo que habían cachalotes que comen el calamar. Y así fue, unos días mas tarde, apareció una ballena. Subieron a los botes y se fueron a atacar. Le clavaron los arpones y después de un rato empezó a debilitarse y nadar mas lento. Stubb empezó a clavarle una y otra vez su lanza hasta que murió. Ahab estaba descontento porque esa ballena que habían matado, le decía que Moby Dick estaba todavía viva. Al rato aparecieron tiburones, y tuvieron que luchar un rato con ellos para que no se coman a la ballena. A la mañana siguiente, empezaron a descuartizar la ballena, y cuando terminaron, el capitán dio la orden de que pusieran el cráneo de la ballena en la popa del barco.

Días mas tarde, Ahab dio la orden de que buscaran a una ballena franca, de muy poco valor, por la poca cantidad de aceite que da. Los tripulantes estaban confundidos, pero las cosas se le aclararon a Ismael cuando escucho una conversacion de los oficiales, decían que el barco que llevaba un cráneo de ballena y al otro lado una de ballena franca, nunca naufraga, así se lo había dicho Fedallah. Y cuando terminaron esa conversacion, se apareció una ballena a la que fueron a atacar, pero como los estaba hundiendo, cortaron las sogas de los arpones y regresaron al Pequod. Ahab quería llegar a la isla de Java donde visitaban las ballenas, el pensaba que ahí encontraría a Moby Dick. Y mientras estaba Ahab en sus reflexiones, los demás marineros estaban conversando sobre otros temas. Cierto día los oficiales, estaban conversando, cuando paso delante e ellos un barco francés llamado "Bouton de Rose" que llevaba una ballena de ámbar gris. Stubb pidió permiso al capitán y se les acerco, les dijo a los tripulantes que esa ballena era un mal augurio, los franceses soltaron a la ballena, y Stubb se acerco a la ballena y empezó a abrirla, y después encontró el ámbar gris, un liquido de buen olor llamado "Ámbar Gris" con el que se hacían jabones y perfumes.

Después de unos días se encontraron con el navío londinense "Samuel Enderby". Y la gran coincidencia era que el capitán también tenia el brazo derecho mutilado, y curiosamente, también fue por la culpa de Moby Dick. Y le contó que Moby Dick se iba hacia el oeste. Pero días después encontraron una fuga de agua, en el contenedor de sal. Quequeeg después de eso, enfermo. Todos ya lo daban por muerto. Quequeeg pidió al carpintero que le hiciera un ataúd. Y cuando ya estaban las cosas listas, Quequeeg mide al ataúd y ve que todo va bien. Pero días después, milagrosamente se recupera y todos los planes se cancelan. Días después, Ismael escucha una conversacion entre el capitán Ahab y Fedallah. Fedallah le decía que pase lo que pase, el iba a morir primero y que Ahab iba a morir por una cuerda. Los tripulantes se empezaron a molestar y ya se escuchaban rumores de amotinamiento, y un día empezó una tormenta que parecía no iba a acabar. Pero cierto día el oficial Starbuck se enfrento al capitán y le dice que la tormenta viene del este, a donde esta Moby Dick, y que dios esta en contra de eso. Los tripulantes apoyaron a Starbuck. El capitán Ahab se molesto tanto que los tripulantes entraron a sus habitaciones sin dar reclamo alguno. En la tarde, se encuentran con otro Navío ingles, "El Rachel". El capitán del Rachel subió al Pequod y le dijo que se encontró con Moby Dick el día anterior, y le contó que había desaparecido una de sus lanchas y que su hijo de doce años iba en ella. Los tripulantes se conmovieron con esa historia, pero el capitán Ahab no. El capitán del Rachel, pensando que ya había accedido, dio ordenes a los tripulantes, pero el capitán Ahab dijo que no le había dado la potestad sobre sus tripulantes y que no le iba a ayudar y que por favor le perdonara. Y para terminar le contó que Moby Dick era quien se había comido su pierna y que probablemente también a su hijo. Al día siguiente, encontraron otro navío que había sido atacado por Moby Dick, esa noche nadie durmió.

Al día siguiente, se dio la voz de alarma, porque ya había aparecido Moby Dick. Todos salieron inmediatamente para atacar a Moby Dick. La ballena, miro al capitn Ahab y se dispuso a atacar con la boca abierta. Ahab logro darle un arponazo, pero no fue suficiente y Moby Dick mordio la part trasera de su lancha hasta partirla en dos. Despues de un rato las demas lanchas recogieron a los naufragos para luego subirlos al Pequod. A la mañana siguiente volvieron a ver a Moby Dick y la ballena, se dispuso a atacar sin dar señal alguna. Se fue contra las lanchas y golpeo las lanchas de Flask y Stubb, una contra la otra para destruirlas. y Fedallah, cumpliendo su propio augurio, desaparecio sin dejar rastro. Todos los tripulantes estaban nerviosos porue todas las leyendas decian que en el tercer dia, moria el hombre o la ballena. Al dia siguiente aparecio Moby Dick. Ismael se cayo de su lanch y pudo ver toda la destruccion causada por Moby Dick. Despues del ataque solo quedo el ataud de Quequeeg, hasta que choco con Ismael que lo utilizo de lancha, hasta que lo rescato el Rachel.

A continuacion un capitulo de "Moby Dick, la Ballena Blanca" :

Capítulo lv - FOTOS DE LA monstruosas de las ballenas


Voy a largo ere pintura para usted, así como uno puede, sin lienzo, algo así como la verdadera forma de la ballena ya que en realidad parece que el ojo de la whaleman cuando en su propio cuerpo de la ballena absoluta atracado junto a la ballena-barco de modo que puede ser bastante a reforzar allí. Puede ser útil, por lo tanto, con anterioridad a la publicidad a los curiosos retratos imaginarios de lo que hasta el día de hoy con confianza el reto de la fe Landsman. Es el momento de configurar el mundo en esta materia, demostrando esas fotos de la ballena todo mal.

Es posible que la fuente primordial de todos los delirios pictóricos se encuentra entre las más antiguas Hindoo, egipcio, griego y esculturas. Para siempre desde los inventiva sin escrúpulos, pero en momentos en que el mármol panellings de templos, estatuas de los pedestales, y en escudos, medallones, tazas, y monedas, el delfín se señaló en las escalas de la cadena de la armadura como Saladino, y una cabeza como cascos St. George's, desde entonces tiene algo de el mismo tipo de licencia prevalecido, no sólo en las imágenes más populares de la ballena, pero en muchas presentaciones científicas de él.

Ahora, por todos los pronósticos, el retrato más antiguo existente de todos modos que tienen por objeto ser el de la ballena, se encuentra en la famosa caverna-pagoda de Elefanta, en la India. Los Brahmanes sostienen que en la casi interminable de esculturas que pagoda inmemoriales, todos los oficios y actividades, todas las vocación del hombre, se prefiguró las edades antes de que ninguno de ellos llegó a ser realidad. No es de extrañar entonces, que en una especie nuestra noble profesión de la caza de ballenas debería haber estado allí la sombra sucesivamente. La ballena Hindoo a que se refiere, se produce en un departamento separado de la pared, que representa la encarnación de Vishnu en la forma de Leviatán, sabiamente conocido como el Matse Avatar. Sin embargo, aunque este hombre es la mitad de la escultura y la mitad de la ballena, con el fin de dar sólo a la cola de este último, sin embargo, que los pequeños de todo mal es él. Se parece más a la disminución de la cola de una anaconda, que las grandes palmas de la verdadera ballena del majestuoso trematodos.

Pero ir a las antiguas galerías, y mira ahora en un gran retrato del pintor cristiano de este pescado, porque no consigue mejor que el antediluviano Hindoo. Es la fotografía de Guido de Perseo Andrómeda salvamento desde el mar-monstruo o ballena. Guido dónde obtener el modelo de esa extraña criatura que? Tampoco Hogarth, pintura en la misma escena en su "Perseo Descendente", que fuera una pizca mejor. La enorme corpulencia de ese monstruo Hogarthian ondulado en la superficie, aprovechando apenas una pulgada de agua. Tiene una especie de howdah sobre su espalda, y su boca tusked distendido en el que se billows el móvil, se podrían adoptar para la traidores "que va desde la Puerta del Támesis por el agua en la torre. Luego, están los Prodromus ballenas de la antigua escocés Sibbald, Jonás y la ballena, tal como se muestra en las huellas de las antiguas Biblias y los recortes de las antiguas cartillas. ¿Qué se dice de esto? En cuanto a el libro-cuaderno de ballenas como una disolución de vid-pie alrededor de la población descendiente de un ancla - como el sello dorado y en la espalda y título de las páginas de muchos libros antiguos y nuevos - que es muy pintoresco, sino puramente fabulosa criatura, imitado, tomo, a partir de los datos como en vasos antiguos. Aunque universalmente denominados un delfín, yo, sin embargo, llamar a este libro-cuaderno de pescado de un intento de una ballena, porque era tal fue la intención de cuando el dispositivo se introdujo por primera vez. Que fue presentado por un viejo editor italiano en alguna sobre el siglo 15, durante la reactivación de aprendizaje, y en esos días, e incluso a un período relativamente tardío, delfines popularmente se supone que una especie de Leviatán.

En el viñetas y otros adornos de algunos libros antiguos que a veces se reúnen con toques muy curioso en la ballena, donde todo tipo de chorros, chorros de agua, manantiales de agua caliente y fría, Saratoga y Baden-Baden, hasta llegar a su burbujeante unexhausted cerebro. En la portada de la edición original de la "Promoción del Aprendizaje" se encuentran algunos curiosos ballenas.

Pero dejar de fumar poco todos estos intentos, nos vistazo a las fotos de Leviatán que tienen por objeto ser sobrio, delineaciones científicos, por los que saben. En el antiguo Condado de Harris de la colección de los viajes hay algunas placas de ballenas extraído de un libro de viajes neerlandés, AD 1671, titulado "Un Viaje a Spitzberg Ballenera en el buque Jonas en la Ballena, Peter Peterson, de Frisia, maestro." En una de esas placas de las ballenas, como las balsas de troncos grandes, están representados situada entre islas de hielo, los osos blancos con corriendo sobre sus espaldas la vida. En otra placa, la prodigiosa error es de representación de la ballena con perpendicular trematodos.

Por otra parte, hay una imponente cuarto, escrito por un capitán Colnett, Publicar un capitán en la marina Inglés, titulado "Un viaje alrededor del Cabo de Hornos en los Mares del Sur, con el fin de ampliar la pesca de ballena esperma de ballena". En este libro es un resumen que se presente como "Imagen de una ballena esperma de ballena o Physeter, dibujado por una escala de muertos en la costa de Mexico, agosto de 1793, y la izada en la cubierta.

No me cabe duda de que el capitán había veraz esta imagen tomada en beneficio de sus infantes de marina. Para mencionar sólo una cosa al respecto, permítaseme decir que tiene un ojo que se aplica, de acuerdo con la escala de acompañamiento, de un crecido Cachalote, haría que el ojo de un arco-ballena ventana unos cinco pies de largo. ¡Ah, mi valiente capitán, ¿por qué vosotros no nos dan Jonás en busca de que los ojos!

Ni son los más conscientes de las compilaciones de Historia Natural en beneficio de los jóvenes y tiernas, libres de la misma heinousness de error. Mira que el trabajo popular "Goldsmith's animados, la naturaleza". En la versión abreviada de Londres edición de 1807, hay placas de una supuesta "ballena" y un "narwhale". No quiero parecer poco elegante, pero esta feo ballena se parece mucho a una amputación sembrar, y, en cuanto a la Narwhale, un vistazo a las que es suficiente para sorprender a uno, que en este siglo XIX, tal hippogriff podría ser el momento de una verdadera palmed cualquier público inteligente de los escolares. Un gran naturalista, publicó un libro científico sistematizado de ballenas, que son varias imágenes de las diferentes especies de Leviathan. Todos estos no sólo son incorrectos, pero la imagen de la mysticetus o ballena de Groenlandia (es decir, la Ballena Franca), incluso Scoresby, una larga experiencia como hombre tocando esa especie, declara no tener su contrapartida en la naturaleza.

Sin embargo, la colocación de la tapa, haz a todos los negocios de este torpe estaba reservado para el científico Federico Cuvier, hermano del famoso Barón. En 1836, publicó una Historia Natural de Ballenas, en la que se da a lo que él denomina una imagen de la esperma de ballena. Antes de mostrar esa imagen a toda Nantucketer, que tuvo su mejor resumen para ofrecer refugio de Nantucket. En una palabra, Federico Cuvier del Cachalote no es un cachalote, pero una de squash. Por supuesto, nunca tuvo el beneficio de un viaje de caza de ballenas (por ejemplo los hombres rara vez tienen), pero ahí se deriva que la imagen, ¿quién puede decir? Tal vez tengo científica como su predecesor en el mismo campo, Desmarest, obtuvo uno de sus auténticos abortos, es decir, de un dibujo chino. ¿Y qué tipo de chicos animado con el lápiz son los chinos, muchos vasos y platos queer informarnos.

En cuanto a la sesión de pintores ballenas visto en las calles se cierne sobre las tiendas de los distribuidores de petróleo, lo que se dice de ellos? Son, en general, Richard III. las ballenas, con el dromedario jorobas, y muy salvaje; desayunando en tres o cuatro tartas marinero, que es whaleboats completo de los marinos: su floundering deformidades en los mares de sangre y de pintura azul.

Sin embargo, estos múltiples errores en que representan la ballena no es tan sorprendente, después de todo. Considere! La mayoría de los científicos se han tomado los dibujos de la hundidos peces, y estos son tan correctas como un dibujo de un barco naufragado, rotos con la espalda, que representan correctamente la noble animal en todas sus undashed orgullo de casco y mástiles. Aunque los elefantes se han destacado por su longitud completa, la vida nunca ha Leviatán flotaba aún bastante por su propio retrato. La vida de ballenas, en su plena majestad e importancia, es sólo para ser visto en el mar en aguas insondables; flote y la mayor parte de él está fuera de la vista, como un puesto en marcha la línea de batalla buque, y de ese elemento que es algo eternamente imposible para el hombre mortal para izar su cuerpo en el aire, a fin de preservar todas sus poderosas olas y ondulaciones. Y, por no hablar de la muy presumible diferencia entre el contorno de una joven ballena succión y un crecido Platonian-Leviatán, pero, incluso en el caso de uno de esos jóvenes chupar ballenas izada a la cubierta de un buque, tal es el extravagantes, -como la anguila, limbered, variando la forma de él, que su expresión precisa el mismo diablo no puede atrapar.

Pero puede ser creído, que desde el desnudo esqueleto de la ballena varada, precisa sugerencias pueden derivarse de tocar su verdadera forma. No, en absoluto. Ya que es una de las cosas más curioso acerca de este Leviatán, que su esqueleto da muy poca idea de su forma general. Jeremy Bentham, aunque el esqueleto, que se cuelga de candelabro en la biblioteca de uno de sus albaceas, expresa correctamente la idea de un corpulento-Ceja utilitario anciano caballero, con todas Jeremy otras características personales, pero nada de este tipo podría deducirse de cualquier Leviatán de articulan los huesos. De hecho, como dice el gran cazador, el mero esqueleto de la ballena es la misma relación con el acolchado y completamente invertido animales como los insectos que a la crisálida que lo que roundingly sobres. Esta peculiaridad es muy demostrado en la cabeza, como en alguna parte de este libro se muestra paso. También es muy curiosamente aparece en el lateral aleta, los huesos de los que casi exactamente respuesta a los huesos de la mano humana, sólo menos el pulgar. Este fin cuenta con cuatro periódicos hueso dedos, el índice, medio, anillo y dedo meñique. Pero todas estas son presentadas en forma permanente sus carnosos que cubren, como el ser humano dedos en una artificial que cubre. "Sin embargo temerariamente la ballena a veces puede servir", dijo Stubb humor un día ", él nunca se puede decir que verdaderamente nos manejar sin guantes".
Por todas estas razones, entonces, cualquier forma es posible que se mire, hay que concluir que las necesidades de la gran Leviatán que es una criatura en el mundo que debe permanecer sin pintar a la última. Es cierto que un retrato puede pegar la marca mucho más cerca que otro, pero ninguno puede golpear con cualquier gran grado de exactitud. Por lo que no hay forma terrenal de saber precisamente lo que la realidad se parece a las ballenas. Y el único modo en el que se puede obtener incluso una idea aceptable de la vida de contorno, que es una caza de ballenas por ti, pero al hacerlo, se corre gran riesgo de ser eternamente estufa y hundido por él. Por tanto, me parece que tenía mejor no ser demasiado fastidioso en su curiosidad de tocar este Leviatán.

lunes, 15 de junio de 2009

Gustave Flaubert (Francia; Normandia, 12/12/1821 - Normandia, 08/05/1880)


Nacido en Normandia el 12 de Diciembre de 1821 y fallecido en la misma regiónel 8 de mayo de 1880, Gustave Flaubert, es considerado el padre del realismo gracias a su novela "Madame Bovary" que le día la gran fama que tiene hasta hoy en dia. De niño nunca tuvo grandes reflejos de inteligencia o interés literario. Conoció a Víctor Hugo y viajo con el a los Pirineos y Corcega, le gusto tanto la vida del campo, que en Junio de 1844 se muda con su madre a una casa en una agradable parcela, junto al río Sena; que seria su hogar hasta sus últimos días y donde empezaría su carrera literaria. En 1846 mueren su padre y su hermana, y dos meses después empieza una relación amorosa con Louise Colet que duro diez años, que varios lectores y escritores comentaron como "el único episodio sentimental de importancia en la vida de Flaubert", que nunca llego a casarse.

En 1848 frecuenta los salones parisinos mas influyentes, en el cual conoce a George Sand. Después de eso empieza diversos viajes a Inglaterra, Italia, Grecia, Egipto, Jerusalén y Constantinopla, causándole una gran impresión en su imanación.

Entre sus obras están: Madame Bovary, La tentacion de San Antonio, Salambo, La Educacion Sentimental, Correspondencia, Tres Cuentos, Bouvard y Pecuchet y Noviembre, fragmentos de un estilo cualquiera.

Cuando publico "Madame Bovary" en modo de folletines, fue acusado por tentar a la moral, pero cuando lo publico en forma de libro completo se entendió mejor y retiraron los cargos. Después de ese choque con las autoridades empezó a juzgar las costumbres sociales de su época y recordando los romances de sus épocas de su infancia con Elisa Schelesinger, para escribir "La Educacion Sentimental". Hasta entonces la vida de Flaubert había sido tranquila, porque cuando participo en la guerra Franco-Prusiana sufrió varios accidentes a partir de los cuales empezó a padecer enfermedades nerviosas. Luego de esos , perdió sus amistades. En 1872 fallece su madre y su situación económica empezó a decaer. Después de eso su sobrina se encargo de cuidarlo.

Durante ese tiempo escribió "La tentacion de San Antonio" que publico finalmente en el año 1874. Luego en 1877 volvió continuo un proyecto que empezó a escribir en el año 1872, que el decía iba a ser su mas grande proyecto, aun mas grande que "Madame Bovary", pero el 8 de mayo de 1880 fallece a causa de una hemorragia cerebral en el poblado de Croisset en Normandia, pero lo enterraron en Ruán (lugar en el que nació) en el cementerio familiar. Pero tras su muerte varios comentaristas dijeron que había muerto "uno de los mas grandes escritores franceses de todos los tiempos".
Madame Bovary (Madame Bovary)


Publicada en el año 1857, narra los amoríos que tiene Emma Rouolt con sus amantes a expensas de su esposo Charles. Empieza contando sobre la vida del estudiante de doctor Charles Bovary y como se gradúa. Cuando termina su madre le hace una gran celebración y ella decide con que mujer se va a casar. El acepta, y se casa con la viuda Dubuc. Cierto día le piden que aya a la casa de la familia Rouolt, atiende al padre que se había roto una pierna y ve a Emma, la hermosa hija del señor Rouolt. El medico fue a visitarlos varias veces, pero cuando su esposa se entero de eso le armo un escandalo terrible. A la mañana siguiente, Charles estaba en su cuarto y de un momento a otro su esposa que estaba en la cocina cae al suelo y muere. Días mas tarde el señor Rouolt va a visitar al doctor y darle las condolencias, le comunico de paso que su hija Emma estaba pensando en el, y que porque no los visitaba. Emma lo atendió tan bien, que cuando termino se había olvidado del fallecimiento de su esposa. Al poco tiempo se haba casado con Emma Rouolt, que ahora se llamaría, "Emma Bovary". Después de la boda, Emma se sentía muy aburrida y decepcionada porque antes de casarse había creído estar enamorada. Ella pensaba que el matrimonio iba a ser algo como lo describían todas las historias de amor, en el que el amor era joven y apasionado.

A finales de Septiembre, invitaron a los Bovary al palacio de Vaubyessard, a Emma todo el lujo de la fiesta la dejaba atónita y sorprendida. Cuando comenzo el baile, un vizconde se se le acerco a Emma y le pidió que le acompañara a bailar, ella no sabia bailar pero el vizconde le enseño. Desde ese día Emma quería llegar a ser mas, primero contrato a una huerfana para que su empleada. Luego empezó a dejar todo lo que quería y sabia (piano, pintura, bordado y lectura). Charles, se dio cuenta de que su esposa estaba así por el lugar, así que decidió mudarse. Cuando llegan son invitados a un baile publico, en el baile, el farmaceutico local, el señor Homais. Mientras Charles hablaba con el señor Homais, Emma hablaba con el asistente del señor, que se llamaba Leon Dupuis. Los dos descubrían sus intereses comunes, que eran muy parecidos, para cuando terminaron esta conversacion, Leon se había dado cuenta de que estaba enamorado.

Y paso el tiempo y Emma Bovary, quedo embarazada, ahora solo esperaba dar a luz un hijo hombre, que seria la revancha a su destino que según ella "le habían llenado le vida de desgracias". Pero el destino no quizo cumplir el deseo de Emma, ya que dio a luz a una hija mujer. En cuanto se lo dijeron a la señora Bovary, ella se desmallo. Ella no quizo ver a su hija hasta pasadas seis semanas, que había dado a cuidar a la esposa del carpintero. Fue con Leon y cuando regresaron, el pueblo hablaba de que entre ellos había una relación, porque siempre Leon cuando estaba con Emma, se veía confundido y muy distraido. El escribía cartas que luego rompía, se preparaba fechas para declararse que no cumplía, pero en cuanto estaba n la presencia de Emma. Pero ella no se daba cuenta y lo sentía completamente encantador. Un día le pregunta a su criada y ella le dijo que el estaba enamorado de ella, el corazón de Emma dio un salto de alegría.

Esa noche busco al señor Lheureux. El le dijo que le apenaba no haberse ganado su confianza y que siempre se llevaba bien con todas las señoras. Pero a Emma no le importaba, porque solo estaba pensando en Leon. Pero Leon la veía tan buena ama de casa que empezaba alejarse. Pero Leon cierto día y de sorpresa decidió mudarse a París para terminar sus estudios de derecho. Ella se lamento completamente de no haberlo amado como se debía. Cierto día lega un hombre rico al pueblo en donde vivía Emma, el se llamaba Rodolfo Boulanger, que en cuanto la vio busco la primera oportunidad para acercarse a ella. Y la oportunidad se le presento en el festival de yonville. Rodolfo se le acerco a Madame y le empezó a hablar de la vida campesina y de la mediocridad provinciana, cuando termino de hablar quizo tocarle la mano a Emma, pero ella no acepta. Luego empezó a hablar de los deberes, esta vez cuando intento tocarle la mano a Emma ella si se dejo. Pasaron seis semanas para que rodolfo visitara a Emma. Ese día Rodolfo le dijo que la amaba, cuando llego Charles, Rodolfo le recomendó que seria bueno que Emma saliera a pasear en caballo y el se ofreció para prestar el animal e ir con ella, el acepto.

El primer día en que salieron a pasear, Rodolfo se le declaro y Madame cayó rendida en sus brazos. Durante siete días se mandaron cartas. Y luego se fueron atreviendo a mas, luego se estuvieron viendo mas seguido y se intercambiaban retratos y mechones de cabello. El señor Lheureux aprovechaba y traía mercancía de París sin reclamar pago alguno, y mientras Charles dormía los dos se besaban en la terraza. Cierto día en el que estaban conversando Rodolfo y Emma, ella le dijo que no sabia donde estaba cuando no la veía y que si era cierto que no le gustaban las demás mujeres. Ella le dijo que quería ir con el, pero Rodolfo pensó en su hija, su familia y su casa, ella dijo que se iban a escapar y solo llevaría a su hija con ella. Rodolfo, después de pensarlo bien decidió no hacerlo, por la niña y el hecho de que siempre iba a estar con una sola mujer. Después de eso se puso a escribir una carta en la que explicaba el motivo de porque no se iba a fugar con ella, y para darle el efecto de que había llorado le hecho unas gotas de agua. Cuando Emma leía la carta, quería morirse en ese momento, subio a la terraza de su casa e intento tirarse, pero su empleada llego y le dijo que ya era hora de ir a comer, mientras comia escucho el sonido de la carreta de Rodolfo pasando cerca a su puerta. No pudo disimular y se desmayo en media de la cocina.

Despues de esa ocacion, Emma enfermo gravemente por 43 dias, Lheureux aprovecho e hizo que Charles le firmara un pagare por mil francos. Cuando se recupero en su totalidad, Charles la llevo a la opera de Ruan. Durante el medio tiempo Charles fue a comprar unos refrescos, pero cuando llego con su esposa, ella tuvo una gran sorpresa, era el señor Leon Dupuis, que estaba viviendo en esa zona. Despues de haber conversado un rato, Leon convencio a Charles de que dejara a Emma con el durante un dia mas. Charles accedio, despues de eso Leon fue a buscar a Emma a su hotel. El le declaro su amor y le dijo que la dejara ver un dia mas, Emma se resistio. Esa noche, Emma le escribio a Leon una carta dando por terminada su relacion, que se la hiba a entregar por la mañana. Antes de entrar a la parroquia para la misa, Emma le entrega la carta a Leon y el la guardo como si supiera lo que decia. Cuando termino Leon se fue con Emma, la agarro del brazo y la subio a una carreta en la que no dio destino alguno. Se dice que el coche ando sin destino por varias horas y a eso de las dos de la tarde una mano de mujer tiro al aire una carta hecha pedasos.

Despues de eso encontro la excusa perfecta para ir a Ruan sin que Charles supiera algo de eso. Emma con la excusa de ir a tomar clases de piano, su esposo le daba 20 frnacos todos los jueves para ir a Ruan. Leon la esperaba en un hotel en donde se besaban, luego conversavan y se apasionaban. Pero Leon la sintio tan experimentada que penso que no era el primer amante. Y Emma tambien se empeso a aburrir, porque sentia en el adulterio todo lo que habia en el matrimonio. Emma siguio comprando cosas que no le servian, pero que queria, y luego llegaron los reclamos, para pagar algunos pagares, vendio sus guantes y algunos sombreros. Pero un dia jueves despues de haber ido a ver a Leon, la sirvienta, le netrega un papel en el que decia que la embargaban en 24 horas. Emma despues de eso va a buscar al señor Lheureux para ver si le ayudaba en su situacion o si al menos le daba algunos dias mas. Pero Lheureux se rehuso, Emma desesperada, apoya su mano en la rodilla del vendedor y el la bota de su casa.

Emma desesperada va a buscar a Leon para que la ayude, pero el como era practicante, no tenia mucho dinero y no la pudo ayudar, pero le dijo que tenia un buen amigo y que el le podia prestar el dinero nescesario, pero si no estaba a las tres que no lo esperara mas. Pero no aparecio a las tres, y para las cinco ya iba a ser demaciado tarde y Charles se iba a enterar, cosa que Emma no queria. Estaba sumida en un gran panico y de repente se le viene el recuerdo de Rodolfo Boulanger. Llego al palacio de Rodolfo y lo encontro tocando el piano. Se le acerco y los dos se dieron un gran beso, Rodolfo pone resistencia pero no puedo y empieza a desvestirla. Luego le sale una especie de risa, pero no lo era, estaba llorando sin contenerse. Cuando Rodolfo le pregunta que era lo que tenia, ella le dice que esta arruinada y necesita 800 francos, pero el le dice que no tiene. Y Emma al ver todas las cosas lujosas que tenia y revienta an colera y llanto, y empiesa a tirar al piso y a romper todas sus cosas. Despues de eso pasa por la fermacia del pueblo, coge un frasco de arsenico y empiesa a consumir el polvo, poco a poco. Luego va a su casa y Charlesle pregunta lo que habia pasado, porque ya habia ocurrido el embargo, y luego se hecha en su cama y empiesa a hacer efecto el arsenico. Cuando Charles se de cuenta, ya era demasiado tarde, esa noche llega un cura y le hacen los santos oleos y muera una hora despues. Un mes despues, Charles busca en su ropero unas hojas para mandarle sus felicitaciones a Leon por sus futuras nupcias, pero encuentra los mechones de pelo y retratos de Rodolfo y se da cuenta de que eran amantes. A la hora de almuerzo su hija va a buscar a su padre, pero, lo encuentra muerto, se habia ahorcado.

A continuacion un capitulo de "Madame Bovary":


CAPÍTULO IX
Pasaron seis semanas. Rodolfo no volvió. Por fin, una tarde apareció. Se había dicho, al día siguiente de los comicios:
«No volvamos tan pronto, sería un error.»
Y al final de la semana se fue de caza. Después de la cacería, pensó que era demasiado tarde, luego se hizo este razonamiento:
«Pero si desde el primer día me ha amado, por la impaciencia de volver a verme, tiene que quererme más. Sigamos, pues.»
Y comprendió que había calculado bien cuando, al entrar en la sala, vio que Emma palidecía.
Estaba sola. Anochecía. Los visillos de muselina, a lo largo de los cristales, oscurecían la luz del crepúsculo, y el dorado del barómetro, sobre el que daba un rayo de sol, proyectaba luces en el espejo, entre los festones del polípero.
Rodolfo permaneció de pie, y Emma apenas contestó a sus primeras frases de cortesía.
-Yo --dijo- he tenido ocupaciones. He estado enfermo.
-¿Grave? -exclamó ella.
-¡Bueno -dijo Rodolfo sentándose a su lado sobre un taburete-, no! ... Es que no he querido volver.
-¿Por qué?
-¿No adivina usted?
La volvió a mirar, pero de un modo tan violento que ella bajó la cabeza sonrojándose. Rodolfo continuó.
-¡Emma!
-¡Señor! --dijo ella, separándose un poco.
-¡Ah!, ya ve usted -replicó él con voz melancólica- que yo tenía razón de no querer volver; pues este nombre este nombre que llena mi alma y que se me ha escapado, usted me lo prohíbe, ¡Madame Bovary! ...¡Eh!, ¡todo el mundo la llama así!... Ese no es su nombre, además; ¡es el nombre de otro!
Y repitió:
-¡De otro!
Y se ocultó la cara entre las manos.
-¡Sí, pienso en usted continuamente!... Su recuerdo me desespera ¡Ah!, ¡perdón!... La dejo... ¡Adiós!... ¡Me iré lejos, tan lejos que usted ya no volverá a oír hablar de mí! Y sin embargo..., hoy..., ¡no sé qué fuerza me ha empujado de nuevo hacia usted! ¡Pues no se lucha contra el cielo, no se resiste a la sonrisa de los ángeles!, ¡uno se deja arrastrar por lo que es bello, encantador, adorable!
Era la primera vez que Emma oía decir estas cosas; y su orgullo, como alguien que se solaza en un baño caliente, se satisfacía suavemente y por completo al calor de aquel lenguaje.
-Pero si no he venido -continuó-, si no he podido verla, ¡ah!, por lo menos he contemplado detenidamente lo que le rodea. De noche, todas las noches, me levantaba, llegaba hasta aquí, miraba su casa, el tejado que brillaba bajo la luna, los árboles del jardín que se columpiaban en su ventana, y una lamparita, un resplandor, que brillaba a través de los cristales, en la sombra. ¡Ah!, usted no podía imaginarse que a11í estaba, tan cerca y tan lejos, un pobre infeliz...
Emma, sollozando, se volvió hacia él.
-¡Oh!, ¡qué bueno es usted! -dijo ella.
-¡No, la quiero, eso es todo!, ¡usted no lo duda! Dígamelo; ¡una palabra!; ¡una sola palabra!
Y Rodolfo, insensiblemente, se dejó resbalar del taburete al suelo; pero se oyó un ruido de zuecos en la cocina, y él se dio cuenta de que la puerta de la sala no estaba cerrada.
-Qué caritativa sería -prosiguió levantándose- satisfaciendo un capricho mío.
Quería que le enseñase su casa; deseaba conocerla, y como Madame Bovary no vio ningún inconveniente, se estaban levantando los dos cuando entró Carlos.
-Buenas tardes, doctor -le dijo Rodolfo.
El médico, halagado por ese título inesperado, se deshizo en obsequiosidades, y el otro aprovechó para reponerse un poco.
-La señora me hablaba -dijo él entonces- de su salud...
Carlos le interrumpió, tenía mil preocupaciones, en efecto; las opresiones que sufría su mujer volvían a presentarse. Entonces Rodolfo preguntó si no le sería bueno montar a caballo.
-¡Desde luego!, ¡excelente, perfecto!... ¡Es una gran idea! Debería ponerla en práctica.
Y como ella objetaba que no tenía caballo, el señor Rodolfo le ofreció uno; ella rehusó su ofrecimiento; él no insistió; después, para justificar su visita, contó que su carretero, el hombre de la sangría, seguía teniendo mareos.
-Pasaré por allí-dijo Bovary.
-No, no, se lo mandaré; vendremos aquí, será más cómodo para usted.
-¡Ah! Muy bien, se lo agradezco.
Y cuando se quedaron solos:
-¿Por qué no aceptas las propuestas del señor Boulanger, que son tan amables?
Ella puso mala cara, buscó mil excusas, y acabó diciendo que «aquello parecería un poco raro.
-¡Ah!, ¡a mí me trae sin cuidado! -dijo Carlos, haciendo una pirueta-. ¡La salud ante todo! ¡Haces mal!
-¿Y cómo quieres que monte a caballo si no tengo traje de amazona?
-¡Hay que encargarte uno! -contestó él.
Lo del traje la decidió.
Cuando tuvo el traje, Carlos escribió al señor Boulanger diciéndole que su mujer estaba dispuesta, y que contaban con su complacencia.
Al día siguiente a mediodía Rodolfo llegó a la puerta de Carlos con dos caballos soberbios. Uno de ellos llevaba borlas rojas en las orejas y una silla de mujer de piel de ante.
Rodolfo calzaba botas altas, flexibles, pensando que sin duda ella nunca las había visto semejantes; en efecto, Emma quedó encantada de su porte, cuando él apareció sobre el rellano con su gran levita de terciopelo y su pantalón de punto blanco. Ella estaba preparada, le esperaba.
Justino se escapó de la farmacia para verla, y el boticario también salió. Hizo unas recomendaciones al señor Boulanger:
-¡Pronto llega una desgracia! ¡Tenga cuidado! ¡Sus caballos quizás son fogosos!
Ella oyó ruido por encima de la cabeza: era Felicidad que repiqueteaba en los cristales para entretener a la pequeña Berta. La niña le envió de lejos un beso; su madre le respondió con un gesto de la empuñadura de su fusta.
-¡Buen paseo! -dijo el señor Homais-. ¡Prudencia, sobre todo prudencia!
Y agitó su periódico viéndoles alejarse.
En cuanto sintió tierra, el caballo de Emma emprendió el galope. Rodolfo galopaba a su lado. A intervalos cambiaban una palabra. La cara un poco inclinada, la mano en alto y el brazo derecho desplegado, se abandonaba a la cadencia del movimiento que la mecía en su silla.
Al pie de la cuesta Rodolfo soltó las riendas; salieron juntos, de un solo salto; después, en lo alto, de pronto los caballos se pararon y el gran velo azul de Emma se cayó.
Era a primeros de octubre. Había niebla en el campo. Por el horizonte se extendían unos vapores entre el contorno de las colinas; y otros, deshilachándose, subían, se perdían. A veces, en una rasgadura de las nubes, bajo un rayo de sol, se veían a lo lejos los tejados de Yonville, con las cuestas a la orilla del agua, los corrales, las paredes y el campanario de la iglesia. Emma entornaba los párpados para reconocer su casa, y nunca aquel pobre pueblo le había parecido tan pequeño. Desde la altura en que estaban, todo el valle parecía un inmenso lago pálido que se evaporaba en el aire. Los macizos de árboles, de trecho en trecho, sobresalían como rocas negras; y las altas líneas de los álamos, que sobresalían entre la bruma, parecían arenales movidos por el viento.
Al lado, sobre el césped, entre los abetos, una tenue luz iluminaba la tibia atmósfera. La tierra, rojiza como polvo de tabaco, amortiguaba el ruido de los pasos, y con la punta de sus herraduras, al caminar, los caballos se llevaban por delante las piñas caídas.
Rodolfo y Ernma siguieron así el lindero del bosque. Ella se volvía de vez en cuando a fin de evitar su mirada, y entonces no veía más que los troncos de los abetos alineados, cuya sucesión continuada le aturdía un poco. Los caballos resoplaban. El cuero de las sillas crujía.
En el momento en que entraron en el bosque salió el sol.
-¡Dios nos protege! -dijo Rodolfo.
-¿Usted cree? -dijo ella.
-¡Avancemos!, ¡avancemos! -replicó él.
Chasqueó la lengua. Los dos animales corrían. Largos helechos a orilla del camino prendían en el estribo de Emma. Rodolfo, sin pararse, se inclinaba y los retiraba al mismo tiempo. Otras veces, para apartar las ramas, pasaba cerca de ella, y Emma sentía su rodilla rozarle la pierna. El cielo se había vuelto azul. No se movía una hoja. Había grandes espacios llenos de brezos completamente floridos, y mantos de violetas alternaban con el revoltijo de los árboles, que eran grises, leonados o dorados, según la diversidad de los follajes. A menudo se oía bajo los matorrales deslizarse un leve batir de alas, o bien el graznido ronco y suave de los cuervos, que levantaban el vuelo entre los robles. Se apearon. Rodolfo ató los caballos. Ella iba delante, sobre el musgo, entre las rodadas.
Pero su vestido demasiado largo la estorbaba aunque lo llevaba levantado por la cola, y Rodolfo, caminando detrás de ella, contemplaba entre aquella tela negra y la botina negra, la delicadeza de su media blanca, que le parecía algo de su desnudez. Emma se paró.
-Estoy cansada -dijo.
-¡Vamos, siga intentando! -repuso él-. ¡Ánimo!
Después, cien pasos más adelante, se paró de nuevo; y a través de su velo, que desde su sombrero de hombre bajaba oblicuamente sobre sus caderas, se distinguía su cara en una transparencia azulada, como si nadara bajo olas de azul.
-¿Pero adónde vamos?
Él no contestó nada. Ella respiraba de una forma entrecortada. Rodolfo miraba alrededor de él y se mordía el bigote.
Llegaron a un sitio más despejado donde habían hecho cortas de árboles. Se sentaron sobre un tronco, y Rodolfo empezó a hablarle de su amor.
No la asustó nada al principio con cumplidos. Estuvo tranquilo, serio, melancólico.
Emma le escuchaba con la cabeza baja, mientras que con la punta de su pie removía unas virutas en el suelo.
Pero en esta frase:
-¿Acaso nuestros destinos no son ya comunes?
-¡Pues no! -respondió ella-. Usted lo sabe bien. Es imposible.
Emma se levantó para marchar. Él la cogió por la muñeca. Ella se paró. Después, habiéndole contemplado unos minutos con ojos enamorados y completamente húmedos, le dijo vivamente:
-¡Vaya!, no hablemos más de esto... ¿dónde están los caballos? ¡Volvámonos!
Él tuvo un gesto de cólera y de fastidio. Ella repitió:
-¿Dónde están los caballos?, ¿dónde están los caballos?
Entonces Rodolfo, con una extraña sonrisa y con la mirada fija, los dientes apretados, se adelantó abriendo los brazos. Ella retrocedió temblando. Balbuceaba:
-¡Oh! ¡Usted me da miedo! ¡Me hace daño! Vámonos.
Y él se volvió enseguida respetuoso, acariciador, tímido.
-Ya que no hay más remedio -replicó él, cambiando de talante.
Emma le ofreció su brazo. Dieron vuelta. Él decía:
-¿Qué le pasaba? ¿Por qué? No la he entendido. Usted se equivoca conmigo sin duda. Usted está en mi alma como una madona sobre un pedestal, en un lugar elevado, sólido a inmaculado. Pero la necesito para vivir. ¡Necesito sus ojos, su voz, su pensamiento! ¡Sea mi amiga, mi hermana, mi ángel!
Y alargaba el brazo y le estrechaba la cintura. Ella trataba débilmente de desprenderse. Él la retenía así, caminando.
Pero oyeron los dos caballos que ramoneaban el follaje.
-¡Oh!, un poco más -dijo Rodolfo-. ¡No nos vayamos!, ¡quédese!
La llevó más lejos, alrededor de un pequeño estanque, donde las lentejas de agua formaban una capa verde sobre las ondas. Unos nenúfares marchitos se mantenían inmóviles entre los juncos. Al ruido de sus pasos en la hierba, unas ranas saltaban para esconderse.
-Hago mal, hago mal -decía ella-. Soy una loca haciéndole caso.
-¿Por qué?... ¡Emma! ¡Emma!
-¡Oh, Rodolfo!... -dijo lentamente la joven mujer apoyándose en su hombro.
La tela de su vestido se prendía en el terciopelo de la levita de Rodolfo; inclinó hacia atrás su blanco cuello, que dilataba con un suspiro; y desfallecida, deshecha en llanto, con un largo estremecimiento y tapándose la cara, se entregó.
Caían las sombras de la tarde, el sol horizontal que pasaba entre las ramas le deslumbraba los ojos. Por un lado y por otro, en torno a ella, en las hojas o en el suelo, temblaban unas manchas luminosas, como si unos colibríes al volar hubiesen esparcido sus plumas. El silencio era total; algo suave parecía salir de los árboles; Emma se sentía el corazón, cuyos latidos recomenzaban, y la sangre que corría por su carne como un río de leche. Entonces oyó a lo lejos, más a11á del bosque, sobre las otras colinas, un grito vago y prolongado, una voz que se perdía y ella la escuchaba en silencio, mezclándose como una música a las últimas vibraciones de sus nervios alterados. Rodolfo, con el cigarro entre los dientes, recomponía con su navaja una de las riendas que se había roto.
Regresaron a Yonville por el mismo camino, volvieron a ver sobre el barro las huellas de sus caballos, unas al lado de las otras, y los mismos matorrales, las mismas piedras en la hierba. Nada había cambiado en torno a ellos; y sin embargo, para ella había ocurrido algo más importante que si las montañas se hubiesen desplazado. Rodolfo de vez en cuando se inclinaba y le tomaba la mano para besársela.
¡Estaba encantadora a caballo! Erguida, con su talle fino, la rodilla doblada sobre las crines del animal y ligeramente coloreada por el aire libre sobre el fondo rojizo de la tarde.
Al entrar en Yonville caracoleó sobre el pavimento.
Desde las ventanas la miraban.
Su marido en la cena le encontró buen aspecto; pero ella pareció no oírlo cuando le preguntó sobre su paseo; y siguió con el codo al borde de su plato, entre las dos velas encendidas.
-¡Emma! -dijo él.
-¿Qué?
-Bueno, he pasado esta tarde por casa del señor Alexandre; tiene una vieja potranca todavía muy buena, con una pequeña herida en la rodilla solamente, y que nos dejarían, estoy seguro, por unos cien escudos...
Y añadió:
-Incluso pensando que te gustaría, la he apalabrado..., la he comprado... ¿He hecho bien? ¡Dímelo!
Ella movió la cabeza en señal de asentimiento; luego, un cuarto de hora después:
Sales esta noche? -preguntó ella.
-Sí, ¿por qué?
-¡Oh!, nada, nada, querido.
Y cuando quedó libre de Carlos, Emma subió a encerrarse en su habitación. Al principio sintió como un mareo; veía los árboles, los caminos, las cunetas, a Rodolfo, y se sentía todavía estrechada entre sus brazos, mientras que se estremecía el follaje y silbaban los juncos.
Pero al verse en el espejo se asustó de su cara. Nunca había tenido los ojos tan grandes, tan negros ni tan profundos. Algo sutil esparcido sobre su persona la transfiguraba.
Se repetía: «¡Tengo un amante!, ¡un amante!», deleitándose en esta idea, como si sintiese renacer en ella otra pubertad. Iba, pues, a poseer por fin esos goces del amor, esa fiebre de felicidad que tanto había ansiado.
Penetraba en algo maravilloso donde todo sería pasión, éxtasis, delirio; una azul inmensidad la envolvía, las cumbres del sentimiento resplandecían bajo su imaginación, y la existencia ordinaria no aparecía sino a lo lejos, muy abajo, en la sombra, entre los intervalos de aquellas alturas.
Entonces recordó a las heroínas de los libros que había leído y la legión lírica de esas mujeres adúlteras empezó a cantar en su memoria con voces de hermanas que la fascinaban. Ella venía a ser como una parte verdadera de aquellas imaginaciones y realizaba el largo sueño de su juventud, contemplándose en ese tipo de enamorada que tanto había deseado. Además, Emma experimentaba una satisfacción de venganza. ¡Bastante había sufrido! Pero ahora triunfaba, y el amor, tanto tiempo contenido, brotaba todo entero a gozosos borbotones. Lo saboreaba sin remordimiento, sin preocupación, sin turbación alguna.
El día siguiente pasó en una calma nueva. Se hicieron juramentos. Ella le contó sus tristezas. Rodolfo le interrumpía con sus besos; y ella le contemplaba con los párpados entornados, le pedía que siguiera llamándola por su nombre y que repitiera que la amaba. Esto era en el bosque, como la víspera, en una cabaña de almadreñeros. Sus paredes eran de paja y el tejado era tan bajo que había que agacharse. Estaban sentados, uno junto al otro, en un lecho de hojas secas.
A partir de aquel día se escribieron regularmente todas las tardes. Emma llevaba su carta al fondo de la huerta, cerca del río, en una grieta de la terraza. Rodolfo iba a buscarla allí y colocaba otra, que ella tildaba siempre de muy corta.
Una mañana en que Carlos había salido antes del amanecer, a Emma se le antojó ver a Rodolfo al instante. Se podía llegar pronto a la Huchette, permanecer allí una hora y estar de vuelta en Yonville cuando todo el mundo estuviese aún durmiendo. Esta idea la hizo jadear de ansia, y pronto se encontró en medio de la pradera, donde caminaba a pasos rápidos sin mirar hacia atrás.
Empezaba a apuntar el día. Emma, de lejos, reconoció la casa de su amante, cuyas dos veletas en cola de milano se recortaban en negro sobre el pálido crepúsculo.
Pasado el corral de la granja había un cuerpo de edificio que debía de ser el palacio. Ella entró como si las paredes, al acercarse ella, se hubieran separado por sí solas. Una gran escalera recta subía hacia el corredor. Emma giró el pestillo de una puerta, y de pronto, en el fondo de la habitación, vio a un hombre que dormía. Era Rodolfo. Ella lanzó un grito.
-¡Tú aquí! ¡Tú aquí! -repetía él-. ¿Cómo has hecho para venir?... ¡Ah!, ¡tu vestido está mojado!
-¡Te quiero! -respondió ella pasándole los brazos alrededor del cuello.
Como esta primera audacia le había salido bien, ahora cada vez que Carlos salía temprano, Emma se vestía deprisa y bajaba de puntillas la escalera que llevaba hasta la orilla del agua.
Pero cuando la pasarela de las vacas estaba levantada, había que seguir las paredes que se extendían a lo largo del río; la orilla era resbaladiza; ella, para no caer, se agarraba con la mano a los matojos de alhelíes marchitos. Después atravesaba los terrenos labrados donde se hundía, se tambaleaba y se le enredaban sus finas botas. Su pañoleta, atada a la cabeza, se agitaba al viento en los pastizales; tenía miedo a los bueyes, echaba a correr; llegaba sin aliento, con las mejillas rosadas y exhalando un fresco perfume de savia, de verdor y de aire libre. Rodolfo a aquella hora aún estaba durmiendo. Era como una mañana de primavera que entraba en su habitación.
Las cortinas amarillas a lo largo de las ventanas dejaban pasar suavemente una pesada luz dorada. Emma caminaba a tientas, abriendo y cerrando los ojos, mientras que las gotas de rocío prendidas en su pelo hacían como una aureola de topacios alrededor de su cara. Rodolfo, riendo, la atraía hacia él y la estrechaba contra su pecho.
Después, ella examinaba el piso, abría los cajones de los muebles, se peinaba con el peine de Rodolfo y se miraba en el espejo de afeitarse. A veces, incluso, metía entre sus dientes el tubo de una gran pipa que estaba sobre la mesa de noche, entre limones y terrones de azúcar, al lado de una botella de agua.
Necesitaban un buen cuarto de hora para despedirse. Entonces Emma lloraba; hubiera querido no abandonar nunca a Rodolfo. Algo más fuerte que ella la empujaba hacia él, de tal modo que un día, viéndola aparecer de improviso, él frunció el ceño como alguien que está contrariado.
-¿Qué tienes? -dijo ella-. ¿Estás malo? ¡Háblame!
Por fin, él declaró, en tono serio, que sus visitas iban siendo imprudentes y que ella se comprometía.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Miguel de Cervantes (España; Alcalá de Henares, 29/09/1547 - Madrid 22/04/1616)


Nacido en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547 y fallecido en Madrid el 22 de abril de 1616. Don Miguel de Cervantes Saavedra y Cortina, es considerado uno de los más grandes escritores de la literatura universal junto a William Shakespeare (ingles) y Dante Alighieri (Italiano). No se sabe exactamente cuando nació (se cree que fue el 29 de septiembre porque en esa fecha se celebran las fiestas al arcángel San Miguel, de ahí su nombre). Fue el primero en escribir una novela en español (El Ingeniosos Hidalgo Don Quijote de la Mancha) por lo cual es uno de los escritores mas reconocidos de la historia y el mundo. Cuando era niño tuvo que viajar por distintos lugares de España por problemas económicos y familiares. No se cree que haya tenido estudios superiores, debido a los constantes viajes y varias deudas de su familia. Lo que si se asegura es que tuvo estudios básicos,puesto que en su obra: "El coloquio de los perros" describe un colegio jesuita, que se cree es donde estudio.

En 1569 el rey Felipe II lo manda a arrestar por herir a Antonio Segura (un escritor famoso de su tiempo). Por ello hulle y llega a Italia en diciembre de ese mismo año, ahí adquiere un nuevo estilo de narración de los escritores y poetas de su época. Luego en 1571 participa en la batalla de Lepando, donde enferma pero aun así decide pelear y recibe dos arcabuzazos en el pecho y sale herido de la mano, de ahí le ponen el apodo de "Mano de Lepando". Después de seis meses de estar en el hospital de Messina se curo de la mano y se unió dos años de vida militar en Italia y regresaria a España en 1575, pero de regreso lo capturan las fuerzas enemigas. Lo liberan el 19 de septiembre de 1580 y regresa a España el 24 de Octubre del mismo año.

Entre 1581 y 1584 Cervantes sale de viaje muy seguido, los lugares mas visitados (porque había pedido trabajo en esos lugares) fueron África y La India, donde tiene un hija con a Ana Villafranca ,la cual reconoce, para luego casarse con Catalina de Salazar en 1584, cuya relación duro solamente dos años. No le permitieron el divorcio.

Sus obras mas importantes (las primeras escritas en español) son: Las Aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (la primera novela publicada en español / publicada en dos tomos, el segundo fue publicado diez años después que el primero), La Galatea y sus Novelas Ejemplares que son: La gitanilla (la mas importante de todas), El Amante Liberal, Rinconte y Cortadillo, La Española Inglesa, El Licenciado Vidriera, La Fuerza de la Sangre, El celoso Extremeño, El Ilustre Fregona, Las Dos Doncellas, La Señora Coronelía, El Casamiento Engañoso y El Coloquio de los Perros.

Cervantes pasa sus últimos años viajando constantemente (como lo hizo a lo largo de su vida) Hasta que se instalo en Madrid donde muere el 22 de Abril de 1616. La muerte de Cervantes fue la perdida mas grande de la literatura española, tanto así que pusieron las siguientes palabras en su epitafio: "Miguel de Cervantes Saavedra, que por su ultima voluntad yace en este convento de la orden trinitaria a la cual debió principalmente su rescate"
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha)


Publicada en dos partes (1605 y 1615), la historia narra las aventuras de Alonso Quijano, que se vuelve un caballero andante (cuando estos ya habían desaparecido). Empieza cuando el señor Alonso Quijano sin motivo alguno empieza a leer libros de caballería andante. Lo mejor que se le pudo ocurrir fue hacerse el mismo caballero andante. Se nombro "Don Quijote de la Mancha" y además se puso un apodo se miro en el espejo y vio a un hombre alto flaco y muy esquelético, y se puso "El de la Triste Figura", entonces su nombre completo era: "Don Quijote de la Mancha el de la Triste Figura". Busco una antigua armadura que había pasado años guardada. luego fue a ver a un caballo viejo y mal gastado al que e puso Rocinante. Y lo ultimo que quizo buscar (y además lo que le faltaba para ser un verdadero caballero andante) fue una mujer para estar perdidamente enamorada de ella; y la mujer que el quizo elegir fue Doña Aldonza Lorenzo a la que le puso de apodo "Dulcinea del toboso".

Y ya completos todos los requisitos, emprendió la aventura sin avisarle a nadie y en la noche salio de su casa. En la noche el se dio cuenta de que le faltaba una cosa muy importante para ser un caballero andante. Ni el ni sus armas habían sido bendecidas. Por esos lugares en los que estaba encontró una taberna vieja y se la imagino como un castillo y al posadero como el"Señor del Castillo". Cuando llego se puso de rodillas ante el posadero y le pidió muy humildemente que lo armara caballero. Felizmente el posadero sabia un poco de caballería andante y sabia lo que quería el señor Alonso Quijano. Don Quijote paso toda la noche rezando. y después de todo eso el posadero cogió el libro de cuentas e hizo como si estuviera leyendo un libro en latín. Una vez terminado esto, Don Quijote se dio cuenta de que le faltaba un escudero.

Cuando regreso a su casa todos sus vecinos estaban alborotados por la ausencia del señor Quijano. Pero no perdió el tiempo en su aldea, le propuso a Sancho Panza (vecino suyo) que se volviera escudero de el y le recompensaria con muchas cosas de muy alto valor. Cuando este acepto dejo a su familia y se fue con el. Mientras caminaban Don Quijote le dijo a Sancho Panza de la presencia de gigantes, pero el le decía que eran molinos de viento (lo que en realidad eran). Pero el no escucho a su escudero y arremetió contra ellos, siendo lanzado el y su caballo en el aire. Luego, mientras Sancho lo socorre, el le explica que era una ilusion creada por el sabio freston.

Y siguieron su camino sin tenerlo. Se le presentaron por ahí algunas aventuras, pero sin darse cuenta se fueron adentrando en la sierra morena. Ya en la sierra Don Quijote se puso a pensar en su amada (Dulcinea del Toboso), y en algo de suma importancia. No le había mandado una carta de amor en todo lo largo de su viaje. Así que escribió una carta y llamo a Sancho, le dio las respectivas indicaciones para encontrar a la señorita Dulcinea del Toboso (que en realidad era la señora Aldonza Lorenzo).

En su viaje, Sancho se encuentra con los mejores amigos del pueblo de Don Quijote (el cura y el barbero), Sancho le cuenta a los señores lo que pensaba el señor Alonso Quijano (Don Quijote). Los tres pensaron en hacer un plan para llevarse al señor Alonso quijano a su pueblo. Para su plan, visten al padre de doncella de alcurnia y el barbero seria su escudero, Sancho accedió y se olvido de la carta. Pero a Sancho le remordía la conciencia por no llevar la carta de su amo. Lo encuentra en unas piedras frente al mar en donde le miente y le dice que la señora Dulcinea del Toboso lo recibió de la mejor manera y que quería ver a su caballero. Don Quijote emocionado se puso rumbo al Toboso, pero en su camino se encontró al cura y al barberos (disfrazados), el cura se hizo pasar por la princesa Micomicona. El cura con voz de mujer le dijo al Quijote que había sido hechizada por un gigante malvado y que estaba buscando a Don Quijote para que la ayudara a capturarlo. Y se lo llevaron, y en la noche llegaron a una posada en la que se pusieron a dormir. Pero en mitad de la noche se levanta el Quijote (sonámbulo) y Sancho empieza a gritar que el ya había matado al gigante, pero en realidad eran los envases en los que el dueño de la posada guardaba los vinos.
Por la mañana parten y recordando lo ocurrido con Sancho la noche anterior, se dieron cuenta de que el también estaba loco, y pensando de que la locura era contagiosa, encierran a Don Quijote en una jaula y siguen su camino.Cuando llegan a su pueblo encierran al Quijote en su habitación. Pero cierto día, Sancho Panza se le acerca corriendo y le dice que el señor Sansón Carrasco ha escrito un libro en el que contaba todas las aventuras que el había vivido bajo el nombre de: "Las Aventuras de Don Quijote de la Mancha". Cuando escucho esto el Quijote mando a llamar al señor Sansón carrasco. El le dijo que en todo el mundo no había persona alguna que no haya leído todas las aventuras. Cuando se fue le dijo a Sancho Panza que ahora que ya eran tan famosos que habían salido en libros iban a volver a salir de aventura.

Esa noche cuando todos dormían salieron sigilosamente y nadie se dio cuenta de la hora en la que salieron. Don Quijote le dijo a Sancho que lo primero que iban a hacer era buscar a su amada, Dulcinea del Toboso, por la respuesta que Sancho le dio a su carta. Cuando llegaron al Toboso lo primero que hizo el quijote, fue mandar a Sancho por Dulcinea. Pero Sancho como lo que hizo fue mentirle al Quijote ideo un plan. Como Don Quijote veía gigantes en molinos de viento, porque no iba a ver a una hermosa dama en una campesina. Y para la suerte de Sancho aparecieron tres campesinas. En ese momento el valiente escudero Corrió para avisarle a Don Quijote de la presencia de Dulcinea del Toboso. Cuando se le acercaron, las campesinas al ver que se acercaban los dos hombres, empezaron a discutir la una con la otra. Cuando acabaron, Don Quijote no lo podía creer porque el había visto a tres campesinas, mientras que sancho aseguraba que estaba Dulcinea y dos de sus damas. Don Quijote dedujo que eran producto de una ilusion creada por uno de los sabios malos que eran rivales de Don Quijote.

Los dos aventureros siguieron su camino y en mitad se encontraron con una jaula que contenía un regalo para el rey, eran un par de leones, en cuanto Don Quijote se entero pidió que lo sacaran y el chofer se negó, eso hizo enfurecer a Don Quijote y le grito y el chofer muy atemorizado abrió la puerta y subió a la copa de un árbol muy alto y sancho hizo lo mismo. En cuanto salio el león examino el lugar y en cuanto salio le enseño su parte trasera y se metió de nuevo. El chofer del coche cerro la jaula y siguieron su camino.

En su camino se encontraron con una pareja de duques, que conocían su historia y su locura, porque habían leído el libro de sus primeras aventuras. Así que decidieron aprovecharse y le encargaron la misión de ir y rescatar a una princesa, pero el tiempo que iba a tardar eran de tres años. Pero los duques dijeron que tenían un caballo volador hecho de madera. Don Quijote accedió, le vendaron los ojos y los duques llamaron a sus sirvientes que trajeron en sus espaldas un caballo de madera. Se subieron el Quijote y Sancho, no se movían y aunque Sancho tenia miedo, el quijote estaba confiado. En mitad del vuelo los duques encendieron la cola del caballo y como tenia fuegos artificiales adentro salieron colando Don Quijote y Sancho. Y cuando cayeron al suelo vieron una lanza con una nota. Estaba una nota en la que decía que habían triunfado en la misión con solo intentarlo. Los duques nombraron a Sancho alcalde de una aldea pero se pasado un tiempo se aburrió y renuncio para seguir con el Quijote.

Tiempo mas tarde se encontraron con un verdadero caballero andante que se hacia llamar: "El Caballero de la Blanca Luna" que reto a Don Quijote a duelo para saber quien tenia la doncella mas bella. El que pierde es el Quijote, pero el Caballero de la Blanca luna lo perdona y deja que se valla con la condición de que regresara a su pueblo. Y así lo hace pero cuando llega le da una calentura que lo tumbo en cama por seis días. Pero una semana después el señor Alonso Quijano (porque ya renuncio a ser caballero) murió, con Sancho Panza a su lado.
A Continuacion un capitulo entero de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha" :
Capítulo XLI

De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura

Llegó en esto la noche, y con ella el punto determinado en que el famoso caballo Clavileño viniese, cuya tardanza fatigaba ya a don Quijote, pareciéndole que, pues Malambruno se detenía en enviarle, o que él no era el caballero para quien estaba guardada aquella aventura, o que Malambruno no osaba venir con él a singular batalla. Pero veis aquí cuando a deshora entraron por el jardín cuatro salvajes, vestidos todos de verde yedra, que sobre sus hombros traían un gran caballo de madera. Pusiéronle de pies en el suelo, y uno de los salvajes dijo:
-Suba sobre esta máquina el que tuviere ánimo para ello.
-Aquí -dijo Sancho- yo no subo, porque ni tengo ánimo ni soy caballero.
Y el salvaje prosiguió diciendo:
-Y ocupe las ancas el escudero, si es que lo tiene, y fíese del valeroso Malambruno, que si no fuere de su espada, de ninguna otra, ni de otra malicia, será ofendido; y no hay más que torcer esta clavija que sobre el cuello trae puesta, que él los llevará por los aires adonde los atiende Malambruno; pero, porque la alteza y sublimidad del camino no les cause váguidos, se han de cubrir los ojos hasta que el caballo relinche, que será señal de haber dado fin a su viaje.
Esto dicho, dejando a Clavileño, con gentil continente se volvieron por donde habían venido. La Dolorida, así como vio al caballo, casi con lágrimas dijo a don Quijote:
-Valeroso caballero, las promesas de Malambruno han sido ciertas: el caballo está en casa, nuestras barbas crecen, y cada una de nosotras y con cada pelo dellas te suplicamos nos rapes y tundas, pues no está en más sino en que subas en él con tu escudero y des felice principio a vuestro nuevo viaje.
-Eso haré yo, señora condesa Trifaldi, de muy buen grado y de mejor talante, sin ponerme a tomar cojín, ni calzarme espuelas, por no detenerme:
tanta es la gana que tengo de veros a vos, señora, y a todas estas dueñas rasas y mondas.
-Eso no haré yo -dijo Sancho-, ni de malo ni de buen talante, en ninguna manera; y si es que este rapamiento no se puede hacer sin que yo suba a las ancas, bien puede buscar mi señor otro escudero que le acompañe, y estas señoras otro modo de alisarse los rostros; que yo no soy brujo, para gustar de andar por los aires. Y ¿qué dirán mis insulanos cuando sepan que su gobernador se anda paseando por los vientos? Y otra cosa más: que habiendo tres mil y tantas leguas de aquí a Candaya, si el caballo se cansa o el gigante se enoja, tardaremos en dar la vuelta media docena de años, y ya ni habrá ínsula ni ínsulos en el mundo que me conozan; y, pues se dice comúnmente que en la tardanza va el peligro, y que cuando te dieren la vaquilla acudas con la soguilla, perdónenme las barbas destas señoras, que bien se está San Pedro en Roma; quiero decir que bien me estoy en esta casa, donde tanta merced se me hace y de cuyo dueño tan gran bien espero como es verme gobernador.
A lo que el duque dijo:
-Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible ni fugitiva: raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra, que no la arrancarán ni mudarán de donde está a tres tirones; y, pues vos sabéis que sé yo que no hay ninguno género de oficio destos de mayor cantía que no se granjee con alguna suerte de cohecho, cuál más, cuál menos, el que yo quiero llevar por este gobierno es que vais con vuestro señor don Quijote a dar cima y cabo a esta memorable aventura; que ahora volváis sobre Clavileño con la brevedad que su ligereza promete, ora la contraria fortuna os traiga y vuelva a pie, hecho romero, de mesón en mesón y de venta en venta, siempre que volviéredes hallaréis vuestra ínsula donde la dejáis, y a vuestros insulanos con el mesmo deseo de recebiros por su gobernador que siempre han tenido, y mi voluntad será la mesma; y no pongáis duda en esta verdad, señor Sancho, que sería hacer notorio agravio al deseo que de serviros tengo.
-No más, señor -dijo Sancho-: yo soy un pobre escudero y no puedo llevar a cuestas tantas cortesías; suba mi amo, tápenme estos ojos y encomiéndenme a Dios, y avísenme si cuando vamos por esas altanerías podré encomendarme a Nuestro Señor o invocar los ángeles que me favorezcan.
A lo que respondió Trifaldi:
-Sancho, bien podéis encomendaros a Dios o a quien quisiéredes, que Malambruno, aunque es encantador, es cristiano, y hace sus encantamentos con mucha sagacidad y con mucho tiento, sin meterse con nadie.
-¡Ea, pues -dijo Sancho-, Dios me ayude y la Santísima Trinidad de Gaeta!
-Desde la memorable aventura de los batanes -dijo don Quijote-, nunca he visto a Sancho con tanto temor como ahora, y si yo fuera tan agorero como otros, su pusilanimidad me hiciera algunas cosquillas en el ánimo. Pero llegaos aquí, Sancho, que con licencia destos señores os quiero hablar aparte dos palabras.
Y, apartando a Sancho entre unos árboles del jardín y asiéndole ambas las manos, le dijo:
-Ya vees, Sancho hermano, el largo viaje que nos espera, y que sabe Dios cuándo volveremos dél, ni la comodidad y espacio que nos darán los negocios; así, querría que ahora te retirases en tu aposento, como que vas a buscar alguna cosa necesaria para el camino, y, en un daca las pajas, te dieses, a buena cuenta de los tres mil y trecientos azotes a que estás obligado, siquiera quinientos, que dados te los tendrás, que el comenzar las cosas es tenerlas medio acabadas.
-¡Par Dios -dijo Sancho-, que vuestra merced debe de ser menguado! Esto es como aquello que dicen: "¡en priesa me vees y doncellez me demandas!"
¿Ahora que tengo de ir sentado en una tabla rasa, quiere vuestra merced que me lastime las posas? En verdad en verdad que no tiene vuestra merced razón. Vamos ahora a rapar estas dueñas, que a la vuelta yo le prometo a vuestra merced, como quien soy, de darme tanta priesa a salir de mi obligación, que vuestra merced se contente, y no le digo más.
Y don Quijote respondió:
-Pues con esa promesa, buen Sancho, voy consolado, y creo que la cumplirás, porque, en efecto, aunque tonto, eres hombre verídico.
-No soy verde, sino moreno -dijo Sancho-, pero aunque fuera de mezcla, cumpliera mi palabra.
Y con esto se volvieron a subir en Clavileño, y al subir dijo don Quijote:
-Tapaos, Sancho, y subid, Sancho, que quien de tan lueñes tierras envía por nosotros no será para engañarnos, por la poca gloria que le puede redundar de engañar a quien dél se fía; y, puesto que todo sucediese al revés de lo que imagino, la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá escurecer malicia alguna.
-Vamos, señor -dijo Sancho-, que las barbas y lágrimas destas señoras las tengo clavadas en el corazón, y no comeré bocado que bien me sepa hasta verlas en su primera lisura. Suba vuesa merced y tápese primero, que si yo tengo de ir a las ancas, claro está que primero sube el de la silla.
-Así es la verdad -replicó don Quijote.
Y, sacando un pañuelo de la faldriquera, pidió a la Dolorida que le cubriese muy bien los ojos, y, habiéndoselos cubierto, se volvió a descubrir y dijo:
-Si mal no me acuerdo, yo he leído en Virgilio aquello del Paladión de Troya, que fue un caballo de madera que los griegos presentaron a la diosa Palas, el cual iba preñado de caballeros armados, que después fueron la total ruina de Troya; y así, será bien ver primero lo que Clavileño trae en su estómago.
-No hay para qué -dijo la Dolorida-, que yo le fío y sé que Malambruno no tiene nada de malicioso ni de traidor; vuesa merced, señor don Quijote, suba sin pavor alguno, y a mi daño si alguno le sucediere.
Parecióle a don Quijote que cualquiera cosa que replicase acerca de su seguridad sería poner en detrimento su valentía; y así, sin más altercar, subió sobre Clavileño y le tentó la clavija, que fácilmente se rodeaba; y, como no tenía estribos y le colgaban las piernas, no parecía sino figura de tapiz flamenco pintada o tejida en algún romano triunfo. De mal talante y poco a poco llegó a subir Sancho, y, acomodándose lo mejor que pudo en las ancas, las halló algo duras y no nada blandas, y pidió al duque que, si fuese posible, le acomodasen de algún cojín o de alguna almohada, aunque fuese del estrado de su señora la duquesa, o del lecho de algún paje, porque las ancas de aquel caballo más parecían de mármol que de leño.
A esto dijo la Trifaldi que ningún jaez ni ningún género de adorno sufría sobre sí Clavileño; que lo que podía hacer era ponerse a mujeriegas, y que así no sentiría tanto la dureza. Hízolo así Sancho, y, diciendo ''a Dios'', se dejó vendar los ojos, y, ya después de vendados, se volvió a descubrir, y, mirando a todos los del jardín tiernamente y con lágrimas, dijo que le ayudasen en aquel trance con sendos paternostres y sendas avemarías, porque Dios deparase quien por ellos los dijese cuando en semejantes trances se viesen. A lo que dijo don Quijote:
-Ladrón, ¿estás puesto en la horca por ventura, o en el último término de la vida, para usar de semejantes plegarias? ¿No estás, desalmada y cobarde criatura, en el mismo lugar que ocupó la linda Magalona, del cual decendió, no a la sepultura, sino a ser reina de Francia, si no mienten las historias? Y yo, que voy a tu lado, ¿no puedo ponerme al del valeroso Pierres, que oprimió este mismo lugar que yo ahora oprimo? Cúbrete, cúbrete, animal descorazonado, y no te salga a la boca el temor que tienes, a lo menos en presencia mía.
-Tápenme -respondió Sancho-; y, pues no quieren que me encomiende a Dios ni que sea encomendado, ¿qué mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos que den con nosotros en Peralvillo?
Cubriéronse, y, sintiendo don Quijote que estaba como había de estar, tentó la clavija, y, apenas hubo puesto los dedos en ella, cuando todas las dueñas y cuantos estaban presentes levantaron las voces, diciendo:
-¡Dios te guíe, valeroso caballero!
-¡Dios sea contigo, escudero intrépido!
-¡Ya, ya vais por esos aires, rompiéndolos con más velocidad que una saeta!
-¡Ya comenzáis a suspender y admirar a cuantos desde la tierra os están mirando!
-¡Tente, valeroso Sancho, que te bamboleas! ¡Mira no cayas, que será peor tu caída que la del atrevido mozo que quiso regir el carro del Sol, su padre!
Oyó Sancho las voces, y, apretándose con su amo y ciñiéndole con los brazos, le dijo:
-Señor, ¿cómo dicen éstos que vamos tan altos, si alcanzan acá sus voces, y no parecen sino que están aquí hablando junto a nosotros?
-No repares en eso, Sancho, que, como estas cosas y estas volaterías van fuera de los cursos ordinarios, de mil leguas verás y oirás lo que quisieres. Y no me aprietes tanto, que me derribas; y en verdad que no sé de qué te turbas ni te espantas, que osaré jurar que en todos los días de mi vida he subido en cabalgadura de paso más llano: no parece sino que no nos movemos de un lugar. Destierra, amigo, el miedo, que, en efecto, la cosa va como ha de ir y el viento llevamos en popa.
-Así es la verdad -respondió Sancho-, que por este lado me da un viento tan recio, que parece que con mil fuelles me están soplando.
Y así era ello, que unos grandes fuelles le estaban haciendo aire: tan bien trazada estaba la tal aventura por el duque y la duquesa y su mayordomo, que no le faltó requisito que la dejase de hacer perfecta.
Sintiéndose, pues, soplar don Quijote, dijo:
-Sin duda alguna, Sancho, que ya debemos de llegar a la segunda región del aire, adonde se engendra el granizo, las nieves; los truenos, los relámpagos y los rayos se engendran en la tercera región, y si es que desta manera vamos subiendo, presto daremos en la región del fuego, y no sé yo cómo templar esta clavija para que no subamos donde nos abrasemos.
En esto, con unas estopas ligeras de encenderse y apagarse, desde lejos, pendientes de una caña, les calentaban los rostros. Sancho, que sintió el calor, dijo:
-Que me maten si no estamos ya en el lugar del fuego, o bien cerca, porque una gran parte de mi barba se me ha chamuscado, y estoy, señor, por descubrirme y ver en qué parte estamos.
-No hagas tal -respondió don Quijote-, y acuérdate del verdadero cuento del licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire, caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma, y se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los abrió, y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerpo de la luna, que la pudiera asir con la mano, y que no osó mirar a la tierra por no desvanecerse. Así que, Sancho, no hay para qué descubrirnos; que, el que nos lleva a cargo, él dará cuenta de nosotros, y quizá vamos tomando puntas y subiendo en alto para dejarnos caer de una sobre el reino de Candaya, como hace el sacre o neblí sobre la garza para cogerla, por más que se remonte; y, aunque nos parece que no ha media hora que nos partimos del jardín, creéme que debemos de haber hecho gran camino.
-No sé lo que es -respondió Sancho Panza-, sólo sé decir que si la señora Magallanes o Magalona se contentó destas ancas, que no debía de ser muy tierna de carnes.
Todas estas pláticas de los dos valientes oían el duque y la duquesa y los del jardín, de que recibían estraordinario contento; y, queriendo dar remate a la estraña y bien fabricada aventura, por la cola de Clavileño le pegaron fuego con unas estopas, y al punto, por estar el caballo lleno de cohetes tronadores, voló por los aires, con estraño ruido, y dio con don Quijote y con Sancho Panza en el suelo, medio chamuscados.
En este tiempo ya se habían desparecido del jardín todo el barbado escuadrón de las dueñas y la Trifaldi y todo, y los del jardín quedaron como desmayados, tendidos por el suelo. Don Quijote y Sancho se levantaron maltrechos, y, mirando a todas partes, quedaron atónitos de verse en el mesmo jardín de donde habían partido y de ver tendido por tierra tanto número de gente; y creció más su admiración cuando a un lado del jardín vieron hincada una gran lanza en el suelo y pendiente della y de dos cordones de seda verde un pergamino liso y blanco, en el cual, con grandes letras de oro, estaba escrito lo siguiente:
El ínclito caballero don Quijote de la Mancha feneció y acabó la aventura de la condesa Trifaldi, por otro nombre llamada la dueña Dolorida, y compañía, con sólo intentarla.
Malambruno se da por contento y satisfecho a toda su voluntad, y las barbas de las dueñas ya quedan lisas y mondas, y los reyes don Clavijo y Antonomasia en su prístino estado. Y, cuando se cumpliere el escuderil vápulo, la blanca paloma se verá libre de los pestíferos girifaltes que la persiguen, y en brazos de su querido arrullador; que así está ordenado por el sabio Merlín, protoencantador de los encantadores.
Habiendo, pues, don Quijote leído las letras del pergamino, claro entendió que del desencanto de Dulcinea hablaban; y, dando muchas gracias al cielo de que con tan poco peligro hubiese acabado tan gran fecho, reduciendo a su pasada tez los rostros de las venerables dueñas, que ya no parecían, se fue adonde el duque y la duquesa aún no habían vuelto en sí, y, trabando de la mano al duque, le dijo:
-¡Ea, buen señor, buen ánimo; buen ánimo, que todo es nada! La aventura es ya acabada sin daño de barras, como lo muestra claro el escrito que en aquel padrón está puesto.
El duque, poco a poco, y como quien de un pesado sueño recuerda, fue volviendo en sí, y por el mismo tenor la duquesa y todos los que por el jardín estaban caídos, con tales muestras de maravilla y espanto, que casi se podían dar a entender haberles acontecido de veras lo que tan bien sabían fingir de burlas. Leyó el duque el cartel con los ojos medio cerrados, y luego, con los brazos abiertos, fue a abrazar a don Quijote, diciéndole ser el más buen caballero que en ningún siglo se hubiese visto.
Sancho andaba mirando por la Dolorida, por ver qué rostro tenía sin las barbas, y si era tan hermosa sin ellas como su gallarda disposición prometía, pero dijéronle que, así como Clavileño bajó ardiendo por los aires y dio en el suelo, todo el escuadrón de las dueñas, con la Trifaldi,
había desaparecido, y que ya iban rapadas y sin cañones. Preguntó la duquesa a Sancho que cómo le había ido en aquel largo viaje. A lo cual Sancho respondió:
-Yo, señora, sentí que íbamos, según mi señor me dijo, volando por la región del fuego, y quise descubrirme un poco los ojos, pero mi amo, a quien pedí licencia para descubrirme, no la consintió; mas yo, que tengo no sé qué briznas de curioso y de desear saber lo que se me estorba y impide, bonitamente y sin que nadie lo viese, por junto a las narices aparté tanto cuanto el pañizuelo que me tapaba los ojos, y por allí miré hacia la tierra, y parecióme que toda ella no era mayor que un grano de mostaza, y los hombres que andaban sobre ella, poco mayores que avellanas; porque se vea cuán altos debíamos de ir entonces.
A esto dijo la duquesa:
-Sancho amigo, mirad lo que decís, que, a lo que parece, vos no vistes la tierra, sino los hombres que andaban sobre ella; y está claro que si la tierra os pareció como un grano de mostaza, y cada hombre como una avellana, un hombre solo había de cubrir toda la tierra.
-Así es verdad -respondió Sancho-, pero, con todo eso, la descubrí por un ladito, y la vi toda.
-Mirad, Sancho -dijo la duquesa-, que por un ladito no se vee el todo de lo que se mira.
-Yo no sé esas miradas -replicó Sancho-: sólo sé que será bien que vuestra señoría entienda que, pues volábamos por encantamento, por encantamento podía yo ver toda la tierra y todos los hombres por doquiera que los mirara; y si esto no se me cree, tampoco creerá vuestra merced cómo, descubriéndome por junto a las cejas, me vi tan junto al cielo que no había de mí a él palmo y medio, y por lo que puedo jurar, señora mía, que es muy grande además. Y sucedió que íbamos por parte donde están las siete cabrillas; y en Dios y en mi ánima que, como yo en mi niñez fui en mi tierra cabrerizo, que así como las vi, ¡me dio una gana de entretenerme con ellas un rato...! Y si no le cumpliera me parece que reventara. Vengo, pues, y tomo, y ¿qué hago? Sin decir nada a nadie, ni a mi señor tampoco, bonita y pasitamente me apeé de Clavileño, y me entretuve con las cabrillas, que son como unos alhelíes y como unas flores, casi tres cuartos de hora, y Clavileño no se movió de un lugar, ni pasó adelante.
-Y, en tanto que el buen Sancho se entretenía con las cabras -preguntó el duque-, ¿en qué se entretenía el señor don Quijote?
A lo que don Quijote respondió:
-Como todas estas cosas y estos tales sucesos van fuera del orden natural, no es mucho que Sancho diga lo que dice. De mí sé decir que ni me descubrí por alto ni por bajo, ni vi el cielo ni la tierra, ni la mar ni las arenas.
Bien es verdad que sentí que pasaba por la región del aire, y aun que tocaba a la del fuego; pero que pasásemos de allí no lo puedo creer, pues, estando la región del fuego entre el cielo de la luna y la última región del aire, no podíamos llegar al cielo donde están las siete cabrillas que Sancho dice, sin abrasarnos; y, pues no nos asuramos, o Sancho miente o Sancho sueña.
-Ni miento ni sueño -respondió Sancho-: si no, pregúntenme las señas de las tales cabras, y por ellas verán si digo verdad o no.
-Dígalas, pues, Sancho -dijo la duquesa.
-Son -respondió Sancho- las dos verdes, las dos encarnadas, las dos azules, y la una de mezcla.
-Nueva manera de cabras es ésa -dijo el duque-, y por esta nuestra región del suelo no se usan tales colores; digo, cabras de tales colores.
-Bien claro está eso -dijo Sancho-; sí, que diferencia ha de haber de las cabras del cielo a las del suelo.
-Decidme, Sancho -preguntó el duque-: ¿vistes allá en entre esas cabras algún cabrón?
-No, señor -respondió Sancho-, pero oí decir que ninguno pasaba de los cuernos de la luna.
No quisieron preguntarle más de su viaje, porque les pareció que llevaba Sancho hilo de pasearse por todos los cielos, y dar nuevas de cuanto allá pasaba, sin haberse movido del jardín.
En resolución, éste fue el fin de la aventura de la dueña Dolorida, que dio que reír a los duques, no sólo aquel tiempo, sino el de toda su vida, y que contar a Sancho siglos, si los viviera; y, llegándose don Quijote a Sancho, al oído le dijo:
-Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos; y no os digo más.