domingo, 20 de diciembre de 2009

Una Canción de Navidad (A Christmas Carol)

Publicada en 1843, narra la historia del avaro Ebenezer Scrooge que es visitado por tres fantasmas para entender el verdadero significado de las fiestas navideñas. Comienza contando que el antiguo socio de Scrooge, Jacobo Marley estaba completamente muerto, pero que a Scrooge eso no le afectaba en lo mas mínimo, tanto así que el día de su muerte lo celebro haciendo un gran negocio. Scrooge tenia un empleado de nombre Bob Cratchit, al que tenia trabajando hasta tarde la víspera de la navidad, pero el pobre hombre estaba sufriendo en ese lugar, por el frió que hacia, y su amo no le permite tener más que un pedazo de carbón, que no servía para calentar la habitación. Scrooge esta sentado en su escritorio arreglando las cuentas de los negocios, cuando se escucha desde la calle un grito deseándole feliz navidad a Scrooge. Segundos después, aparece por la puerta principal, Fred, el sobrino de Scrooge. Entra hasta la oficina de Scrooge y una vez mas le desea una feliz navidad, pero Scrooge solo le responde con una palabra, "Patrañas". El sobrino de Scrooge entra, lo invita a la cena de navidad en su casa, pero Scrooge sigue respondiendo con la misma palabra y a cada invitación que su sobrino le hace, sigue diciendo "patrañas". Fred le dice el verdadero significado de la navidad, para ir y compartir unos momentos con su familia, pero Scrooge le dice que el no tiene que celebrar porque es pobre a lo que el sobrino le responde que porque el no es feliz, si tiene mucho dinero, Scrooge le dice que el no celebra la navidad y se despide de su sobrino de la forma mas horrible posible. Su sobrino se despide deseándole una feliz navidad pero Scrooge se despidió secamente y siguió con sus cuentas.

Pasadas unas horas, Scrooge ve que es hora de cerrar y le pregunta a Fred si va a querer el día siguiente para descansar, el respondió que naturalmente si. Scrooge acepto muy molesto porque le tendría que pagar por un día que no fuera a trabajar. Cuando cerro su despacho, se dirigió a su casa y cuando estaba por introducir la llave de su casa en la puerta principal, miro la cara de Marley en el llamador de su puerta, Scrooge se asusta y tira la llave, voltea la mirada y cuando vuelve a ver, el llamador volvió a la normalidad. Ebenezer sube hasta su habitación, se cambia las ropas y se sienta en su silla frente a la chimenea. Scrooge mira fijamente la campanilla que esta sobre la chimenea. La campanilla se empieza a mover despacio y luego todas las campanas de la casa empiezan a sonar. Las campanas se detienen juntas y después, atraviesa la puerta el fantasma de Jacobo Marley encadenado por todos sus miembros a pesados bloques de hierro que no lo dejaban moverse con libertad. Scrooge duda de la presencia, el fantasma le dice que es el espectro de su antiguo socio Jacobo Marley, pero aun así Scrooge sigue dudando. El fantasma le reclama por su incredulidad y le dice que confié y crea que de verdad es el fantasma de Marley. Scrooge, incrédulo, le dice que era producto de su imanación, que una mala comida podría haber logrado esa visión y no era algo que en realidad existiera. El fantasma para que le creyera, se saca la venda que le rodea la cabeza y se le cae la mandíbula y le lanza un grito, ante tal susto Scrooge le dice que ya cree en el. Scrooge le pregunta porque esta encadenado y le dice que esas cadenas son las que el mismo ha forjado en su vida terrenal y que el tenia una cadena tan larga siete años atrás, pero ahora es mucho mas larga y pesada. El fantasma le dijo que le iban a visitar tres fantasmas en las tres noches siguientes, a la primera hora de la noche. Le dijo que les hiciera caso porque todavía estaba a tiempo de salvar su alma. El fantasma se fue alejando y cuando llego a la ventana le hizo una señal a Scrooge para que se acerque hasta que le hizo una señal y se detuvo. Scrooge con mucha curiosidad se acerca a la ventana y ve un millar de fantasmas que flotan y todos llevan cadenas, Scrooge reconoció a varios de sus antiguos socios y todos estavan pagando una culpa. Después de haber visto tan horrible paisaje, Scrooge se duerme.

Cuando Ebenezer se despierta, no había luz de día pero Scrooge pensó que todavía no amanecía, pero se sorprendió cuando escucho que el reloj marcaba doce campanadas. Scrooge pensó que se había malogrado el reloj de la ciudad, pero cuando vio su reloj se dio cuenta que en verdad eran las doce de la noche. Y se acordó de lo que le había dicho el fantasma de Marley y espero que llegara la hora anunciada. Sonaron las campanas anunciando que ya era la primera hora de la noche, Scrooge se preparo. De un momento para otro, la habitación se lleno de luz y Ebenezer no pudo ver nada. El primer fantasma apareció, era un fantasma pequeño que tenia la figura de un anciano pero sin una arruga en la cara, el detalle mas intrigante era un apagador a modo de gorro, pero lo llevaba en el brazo. El fantasma se presenta como "El Espectro de la Navidad Pasada", Scrooge comprendido que eran de las navidades pasadas hace mucho tiempo. A Scrooge le dio curiosidad y quiso ver al fantasma con su gorro, pero en cuanto se lo dijo el se molesto y le reclamo porque el y los suyos son los que hacían ese gorro que apaga todos los espíritus de luz. Scrooge comprende y se calla. El fantasma le dice que tome su mano, Scrooge le dice que el no puede pasar a través de las paredes porque es un humano y se puede caer. El fantasma le demuestra que siempre va a estar bien cuando le toca el pecho. Scrooge le da la mano al espíritu y el se lo lleva, Scrooge se asusta al comienzo porque se eleva y piensa que va a caer hacia un abismo sin fin.

El fantasma lo llevo hasta un ambiente en el que habían varios niños, la cara de Scrooge muestra símbolos de una leve alegría y reconoce el lugar, reconoce a todos los niños y los nombra uno a uno. Después de haber visto esto, el fantasma lo llevo hacia una habitación oscura en la que habían varios niños que se despedían y se deseaban feliz navidad, Scrooge se reconoció entre todos esos niños y vio que estaba sumido en una lectura muy interesante. Scrooge recordó todos los libros que leyó en esos tiempos, todos los personajes y todas las aventuras. Después de ver esto, el espíritu cambia de ambiente, la habitación se vuelve mas oscura, en esa habitación hay un niño que camina de un lado hacia otro desesperado, Scrooge se vuelve a reconocer en ese niño. Scrooge mira al espectro y vuelve a ver la habitación, se abre una puerta en la que entra su hermana corriendo alegremente. Cuando llega le dice a Scrooge que su padre a aceptado que vaya a vivir con ellos. El niño salta de alegría y no puede creer lo que su hermana le ha dicho. Mientras celebraban momentaneamente, llega el maestro de Scrooge que esta con un cochero y le dice que baje su baúl porque ya se iba de ese lugar. Los niños subieron al coche, se despidieron del maestro y se fueron. Scrooge comento que su hermana había muerto joven y el espíritu le recuerdo que había tenido un hijo y Scrooge se acordó de su sobrino. Después de haber visto esto, cambio el ambiente, llegaron hasta un almacén en donde le pregunto a Scrooge si reconocía el lugar.Ebenezer se alegro al reconocer el lugar, en donde había sido aprendiz.

En ese sitio había un hombre que llamaba a dos chicos bajo los nombres de Dick y Ebenezer, el señor que los estaba llamando era el señor Fezziwig, llegaron dos muchachos, Scrooge se reconoció en uno de ellos y a uno de sus viejos amigos. El señor Fezziwig les dijo a los dos muchachos que esa noche no se trabajaba por ser noche buena, los chicos se alegraron y el señor Fezziwig les dijo que era momento de distraerse y empezar un baile. En ese momento, los objetos que estaban allí desaparecieron y apareció un violinista con un cuaderno que cuando empezó a tocar apareció toda una orquesta completa que empieza a tocar música bailable, de una esquina sale la señora Fezziwig con todas las chicas y de la otra esquina sale el señor Fezziwig con todos los chicos. El ambiente se había vuelto de jubilo y alegría, todos bailaban, hasta que sonó el reloj que indicaba que eran las once de la noche y los señores Fezziwig se despidieron de todos los invitados. Los dos jóvenes se quedaron y se despidieron de los dos viejos. Durante todo ese tiempo, Scrooge había obrado como un hombre de bien. El fantasma le dijo que todas las alabanzas que los dos chicos le dirigían al señor Fezziwig era en vano porque no tenia valor alguno, Scrooge le dijo que si valía, valía el hecho de estar felices.

El espíritu cambio el ambiente y Scrooge vio que habían ido a una épica en la que Scrooge estaba en la primavera de su vida, la maldad y la avaricia estaban empezando a mostrarse en Ebenezer, pero no estaba solo, estaba con una chica vestida de luto. La chica le decía a Scrooge que no importaba la perdida de un ídolo de oro. Scrooge le dijo que ese ídolo presentaba una pequeña fortuna y que no había nada tan horrible como la pobreza ni nada tan hermoso como la riqueza. La chica le dijo que el tenia demasiado temor al mundo y la pobreza, le dijo que el ya no era el mismo hombre que había conocido, que su avaricia había destruido al hombre que había sido. Scrooge no creyó lo que le decía y le pregunto si es que había cambiado, la chica asintió con la cabeza y le recordó que cuando ellos se habían unido eran pobres y así eran felices, pero cuando crecieron sus bienes terrenales el había cambiado. Scrooge le dijo que era tan solo un muchacho y no sabia lo que hacia. Ella le dijo que su conciencia sabia que no es el mismo hombre que era cuando lo conoció y que no sabia lo que prometía mientras que ella si sabia lo que prometía porque lo prometía con el corazón, que eran uno y ahora son dos y que había pensado ardientemente en eso y esperaba que sus promesas puedan devolverle la libertad que tenia. Ebenezer le pregunta si alguna vez había pedido esa libertad, ella le dijo que con palabras no pero con su cambio si y le dijo que el ya no era capaz de reclamarla como suya y amarla. Scrooge le dice que esa no es su verdadera forma de pensar, ella dijo que ojala ese no fuera su pensamiento, le dijo que ya no podia elegir una muchcha para el y le deseo que sea feliz con su nueva vida que habia elegido, despues de haber dicho esto se marcho. Scrooge le dijo a el fantasma que no le mostrara mas, pero el le dijo que tenian que ver una navidad mas. El ambiente cambio y aparecieron en una habitacion en la que habia una señora y estaba con varios niños. Cuando estaban jugando llego un hombre lleno de regalos, los niños saltaron hacia el y despues de haber repartido todos los regalos los niños se fueron a dormir. El señor que llego le dijo a la señora que habia visto a un viejo amigo, la señora le pregunto quien era, el hombre le dijo que adivine y la señora le dijo que era Scrooge, el hombre mocio la cabeza afirmando su respuesta y le dijo que su socio Jacobo Marley estaba con una grave enfermedad y que ya lo daban por muerto. Scrooge no comprendio y cuando volteo a ver al espiritu en su cara se mostraban pedazos de las caras que habian visto. Scrooge desesperado agarro el gorro-apagador y se lo puso encima del espiritu, se hallo en una oscuridad total y el espiritu siguio mostrando su luz y a pesar de que Scrooge apretaba con todas sus fuerzas no pudo evitarlo, el espiritu con un leve movimiento elevo a Scrooge y cuando el se dio cuenta estaba echado en su cama. Ebenzer se quedo pensando en lo que habia visto, hasta que se le pego una somnolencia muy fuerte y cuando se dio cuenta estaba echado en su cama y se quedo dormido.

Scrooge desperto despues de este nuevo sueño, se despierta y ve que esta oscuro no es nesesario que vuelva a sonar la campana para que se de cuenta que nuevamente falta una hora para que aparesca el nuevo espiritu. Scrooge abre sus cortinas para que el espiritu que aparesca no lo sorprenda. Suena la campana anunciando la hora esperada, en ese momento de ilumina la parte trasera de la puerta principal, Scrooge espera a que aparesca el nuevo espiritu, pasa media hora y el esiritu no se aparece. Scrooge intrigado por la luz que aparece del otro lado se acerca a la puerta, antes de que la abra suena una voz del otro lado que le dice que pase. Scrooge obedece, en cuanto entra una luz le da en la cara directamente y cuando puede ver bien observa que la habitacion esta llena de objetos navideños, comida y regalos en abundancia y en medio de todo esto, esta un gigante vestido simplemente de una tunica verde de borde blanco y en su mano sostenia un cuerno del cual salia la luz que iluminaba el cuarto. Cuando Scrooge entro completamente el fantasma se presento como "El Espectro de la Navidad Presente", Ebenezer se le acerco al espectro y este le pregunto si alguna vez habia visto a alguno de sus hermanos, Scrooge le dijo que no y le pregunto cuantos eran, el le respondio que eran mas de un millar. Scrooge le dijo que lo lleve a donde deberia ir porque aprendio una leccion con el espiritu anterior y estaba meditandola. El espectro le pidio que tocara sus ropas, Ebenezer obedecio. El espiritu lleva a Scrooge a las afueras de su casa, Ebenezer ve que cuando pasa el espiritu, derrama un polvo encima de las casas y las familias y todas las cosas que ese polvo tocaba se volvia bueno, los pobres se creian ricos, los problemas desaparecian y todo solo por el rocio del polvo. El fantasma lo llevo por todo londres y Scrooge vio como es que todos sonreian y se deseaban la feliz navidad.

Llego un momento en que el fantasma se acerco a la casa delempleado de Scrooge, Bob Cratchit, a la cual el espiritu bendijo rociando su polvo. Ebenezer ve que la familia Cratchit esta que hace los preparativos para la cena de navidad. La señora Cratchit espera a una de sus hijas, llamada marta. En el momento en que la señora pregunta por su hija ella aparece por la puerta principal de la casa. La señora se manda en brazos de su hija, luego de eso, ella pregunta por su padre, la madre le responde que todavia no llega, que se estaba demorando mucho. La señora Cratchit escucho que ya estaba llegando su esposo y le dice a Marta que se esconda, ella obedece y en ese momento aparece su padre, Bob Cratchit quien lleva en hombros a su hijo Tiny Tin, quine tenia que llevar una muleta. Bob pregunta por Marta, su esposa le dice que todavia no llega y Bob se entristece, Marta al ver esto, no soporta mas y se lanza en brazos de su padre saliendo de su esondite. La familia entera se alegra al ver tan bello cuadro y despues, todos se sientan en sus respectivos sitios , la familia se sienta y espera a que la madre traiga el ganso para la cena, despues de esto, la señora partio el animal y despues de eso todos comieron la cena servida en la mesa. Comieron todo lo que se sirvio, las manzanas, el pudding y todo lo que la señora presentava. Despues de la cena, llego el momento de los brindis, la señora sirvio el ponche y el padre dio el saludo de "¡Felices pascuas para todos nosotros!", la familia repitio esta frase pero Tiny Tin se quedo y fue el ultimo en terminar de decir esto. Scrooge le pregunta al fantasma si es que el pequeño Tin vivira, el espiritu le dice que en el futuro hay un asiento vacio en su lugar si nadie hace nada para cambiar su situacion. Huo un momento en el que Bob birndo por la salud de su patron, Ebenezer Scrooge, por hacer posible esa cena, la señora Cratchit protesta, pero dice que solo en esa epoca que puede ser la navidad es posible brindar por un hombre tan vil como Scrooge. Despues de brindar toda la familia se retiro a dormir. El fantasma se llevo a Scrooge de ese esenario.

Vovieron a ver a londres con toda su alegria y confraternidad por motivo de la navidad. Luego de ver el hermoso paisaje el espiritu lo llevo hasta la casa de su sobrino. Scrooge vio como su sobrino se reia de lo que el habia dicho hacia unas horas, pero se dio cuenta que no era el unico que se reia, su esposa tambien y la mayoria de los invitados se reian junto con el. Despues de reirse por un rato mas, la cena se sirvio. Despues de haber comido esa suculenta cena, Fred dijo que la navidad es para los niños, y que mejor manera de celebrarla que con juegos de niños. Los invitados apoyaron la idea y empezaron a jugar. Primero jugaron a las escondillas. Cuando terminaron de jugar, Fred propuso un nuevo juego llamado "Si y no" en el cual el debia pensar en algo y los demas hacian supociciones, y el solo debia decir que si o no. Fred empezo el juego, las pistas acertadas fuero: era un animal, desagradable salvaje, que ruje y gruñe, habla, vive en londres y se pasea por las calles como cualquiera de los demas, que le gustaba el dinero y que vivia en una casa de fieras. La cuñada regordeta de Fred dijo que sabia quien es, muy emocionada, al anfitrion le dijo que lo dijera sin miedos, ante esa autorizacion la cuñada dijo que era su tio Ebenezer, a lo que Fred dijo que habia acertado, todos los congregados en esa habitacion rieron por unos momentos mas. Cuando terminaron de reir, Fred propuso un brindis por su tio Ebenezer por haberles hecho pasar u buen rato y le deseo una feliz navidad, a sus espaldas, ya que si el lo supiera hubiera renegado, comento Fred. Scrooge se habia dejado contagiar por el jubilo general y cuando el sobrino termino su discurso de navidad, el espiritu sin esperar se llevo a Scrooge, los dos pasearon toda la noche. Cuando estaban por acabar, Scrooge vio que el aspecto del espiritu se veia mas viejo de como estaba cuando empezo. Scrgooge nota un detalle extraño en los pies del espiritu y le pregunto que era, el espectro subo su tunica y de ella salieron dos niños horribles. Ebenezer le pregunta si son sus hijos, pero el espiritu responde que son los hijos de los hombres y se acogen a el para reclamar a sus padres. Le presento a los dos niños, eran una pareja, el niño era la ignorancia y la niña era la miseria, el fantasma le dijo que se cuidara de ellos dos y especialmente del niño.

Scrooge quiere hacer una pregunta mas pero en ese momento desaparece el espiritu y en su lugar hay un espectro de aspecto solemne con una tunica negra y una capucha que le cubria la cara, ademas tenia la mano extendida sin se ñalar direccion especifica. Scrooge le pregunta si es el espiritu de las navidades venideras, el espiritu no dijo palabra alguna ni se movio. Scrooge le pregunta si es quele va a mostrar las cosas que van a ocurrir en el tiempo venidero. El fantasmano se mueve, Ebenezer empieza a dudar si el fantasma ha sido enviado para su bien y le dice que le tiene mas miedo que a cualquiera de los anteriores y le pide que lo guie y lo lleve al lugar que le va a mostrar. El espiritu retrocedio y junto con el Scrooge, salieron del cuarto y tuvieron una gran vision de la ciudad. Pararon entre un grupo de negociantes, hablaban de un hombre avaro que habia muerto la noche anterior, no habia sido amado por nadie y su fortuna no la habia dejado a nadie. Los hombre hablaban si iban a ir al funeral, pero no habian sido invitados, pero dijerosn que irian si les daban de comer, luego se retiraron riendo. Scrooge volteo hacia el fantasma, el no se movio, luego ellos se movieron de una calle hasta llegar a otro lugar. Llegaron hasta un lugar en el que se encuentran dos hombres, Ebenezer penso que ellos tendrian las respuestas que Scrooge buscaba. Los dos hombres se saludaron, dijeron que un viejo habia recibido lo que se merecia y se despidieron. Scrooge no entendio esa escena y se puso a reflexionar y llego a la conclucion que debia tener un significado, e iba a esperar el momento en que apreciera su imagen para comprender todo lo que ocurria. Despues de pensar eso, Scrooge volteo hacia el fantasma e imagino que sus ojos lo estavan viendo. El fantasma lo volvio a mover y lo dirigo hacia un lugar muy abandonado al que Scrooge no iba porque sabia cual era su mala fama. Al fondo de una calle habia una tienda donde se compraba todo tipo de cosas, en ese lugar estaba una señora con un gran paquete entre sus manos, en ese momento entra otra señora con un paquete igual de grande junto con un hombre vestido de negro, las dos mujeres y el hombre se conoian y decidiero que iban a entrar uno por uno. La primera señora dejo caer su cargamente y se sento , la señora le pregunto si eso le afectaba a alguien, la otra le respondio que no, porque no le va a afectar ni al muerto, ya que si el queria que se usaran las cosas despues de su muerte se las hubiera dejado a alguin que se lo cuidara, y ahora ellas le van a sacar provecho, como lo hizo el cuando estava vivo. El dueño del local se acerca a las señoras y estas sacan sus paquetes y los abresn, muestran cortinas, camisas, pantalones y reliquias, las señoaras estavan vendiedno todas esas cosas pertenecientes a un hombre que ya habia muerto.

Scrooge le pregunta al espiritu, si eso es lo que le va a pasar a las personas que siguen su mal camino, el fantasma siguio inmovil, pero el ambiente cambio y llegaron a una habitacion en la que habia una persona muerta, cubierta de una manera muy descuidada con un trapo en la cara. Scrooge estava horrorizado ante la imagen que presenciava le pide al espiritu que se fueran de la habitacion, pero este sigue in ovil, luego Ebenezer le pide que le mostrara a alguien a a quien le afecte la muerte de aquel hombre. El ambiente cambio, ahora estabvan en una casa en la que habia una mujer. En esos momentos llego su esposo, su cara demostraba una expresion de un placer tristes que le causaba vergüenza. Su esposa le sirvio la comida y los dos almorzaron. Despues de almorzar, la esposa le pregunto su eran buenas o malas, el hoimbre le dijo que malas, la esposa le pregunto si estaban arruinados, el esposo le dijo que aun no completamente, que todavia habian esperanzas, la esposa le pregunto que pasaria si se conmueve, el hombre le dijo que ya no podia conmoverse porque ya habia muerto, la mujer pidio perdon a Dios por el almadel hombre muerto. El hombre le dijo que lo que le habian dicho la noche anterior no era una excusa, estaba enfermo y agonizando, la mujer pregutno a quien se le transmitira la deuda, el hombre le dijo que cuando encuentren un sucesor ya tendrian el dinero nescesario para poder pagar la deuda. Los esposos junto con sus hijos se alegraron mucho al oir esa noticia, era la unica emocion que la muerte de aquel hombre creaba y el espiritu podia mostrar. Scrooge le pidio que le mostrara algun sentimiento de ternura relacionado con la muerte porque sino esa escena se le quedaria grabada en su mente. El fantasma condujo a Ebenezer a travez de varias calles que le eran conocidas, pero en ninguna aparecia su imagen, llegaron hasta la casa de Bob Cratchit, toda la habitacion estava en silencio, no habia ruido con ecepcion de uno de los niños que estaba leyendo un libro, hasta que se hiso el silencio.
Los niños se habian acercado a la madre que habia empezado a llorar, dio la excusa que el color de la tela que estaba bordando le hacia daño a los ojos. Les dijo que ya le habia pasado porque no queria que Bob la viera llorando. Uno de los niños dijo que ya habia pasado la hora, dijo, ademas, que su padre estaba caminado muy lento ultimamente, luego quedaron en silencio nuevamente. La madre dijo que habia visto a Bob corriendo con Tiny Tn a los hombres, los demas niños dijeron que tambien lo habian visto, luego la madre continuo diciendo que Tiny Tin era muy ligero, ademas Bob lo queria mucho y no le importaba llevarlo en hombros y ya lo estaba escuchando entrar. Sus dos hijos menores se acercaron a su padre y le susurraron al oido que no se preocupe , Bob se sento en la mesa, dio un sorbo a su taza de te previamente preparada y felicito a la señora Cartchit y sus hijas por ese buen trabajo, Bob les dijo que se terminaria todoantes del domingo, la señora Cratchit se sorprendio por lo porximo que estab la fecha, Bob le dijo que el lugar estaba verde, y que le hubiera gustado llevarla. Bob grito dos veces el nombre de Tiny Tin y estallo en llanto. Bob dubio hacia el segundo piso de la casa, llego hasta una habitacion en la que habia una cama que habia sido usada recientemente, luego su familia subio y Bobles conto la extraordinara bondad del sobrino de Scrooge, Fred, que no habia visto por mucho tiempo y lo habia vuelto a ver esa tarde, dijo que lo veia perturbado, Fred le conto que habia ocurrido y Bob le dijo que estava muy apenado por lo que habia ocurrido. Fred le dijo que si podia ayudar en algo lo buscara y le dio su tarjeta a Bob. La señora Cratchit le dijo que era un jove de buen corazon. Bob dijo que Fred podia darle un mejor empleo a uno de sus hijos, pero una de las niñas dijo que se casaria y se iria de su hogar abandonandolos. Se armo una discucion, pero Bob los callo y les dijo que si discutian iban a olvidar al pequeño Tiny Tin, los niños dijeron que eso nunca ocurriria y Bob les dijo que era muy feliz por la familia que le habia tocado.

Scrooge le dijo al fantasma que sentia que ya se iba a acabar su tiempo juntos y le pidio que mostrara al hombre muerto. El fantasma se transporto junto con Scrooge como en la primera vez, viendo todos los lugares a los que iba, pero Ebenezer reconocio el lugar que siempre habia sido su despacho y pidio al espectro que se detuviera en el, Ebenezer se acerco por una ventana y vio que el lugar habia cambiado, habian otros muebles y el sitio en el que siempre solia estar estaba ocupado por otro hombre, scrooge no entendio porque no aparecia suu figura por ningun lado. El espectro despues de ver esto siguio transportando a Scrooge hacia su destino, llegaron hasta un cementerio, en donde veria el nombre del desdichado hombre que habia muerto, el espiritu señalo hacia una tumba, a la que Scrooge se acerco, pero antes de ver el nombre de la persona, le pregunto al fantasma si lo que habia visto podria ser modificado, el espiritu no se movio, Ebenezer pregunto si es que cambiaba las resoluciones de sus acciones podria cambiar lo visto, pero el espiritu siguio inmovil. Scrooge se acerco a la tumba, y en ella vio escrita su propio nombre, Ebenezer Scrooge. Scrooge se arrodillo ante el espiritu y le dijo que eso no podia ser posible, porque ya habia cambiado, por una vez parecio que el dedo del fantasma se habia movido y habia perdido su figura solemne que habia mantenido en todo el trayecto. Scrooge le pidio al espiritu que intercediera por el para cambiar los resultados, la mano temblo por primera vez desde que aparecio, Ebenezer dijo que a partir de ese momento honraria la navidad y la celebraria como nadie lo habia hecho. Scrooge se acerco al espiritu, intento moverlo, pero todo era en vano, el espiritu desaparecio y Scrooge se desperto en su cama.

Scrooge se levanto conun salto de alegria al ver que nada habia cambiado, dio varios brincos en su cama de alegria, luego bajo hacia la sala, reconocio toda la habitacion y lo que haia visto la noche anterior hasta reconocio los sitios en los que habia estado el espectro de Marley. Llego hasta una ventana de su casa, asomo la cabeza y vio a un niño que estaba caminando por alli. Le pregunto que dia era y le dijo que navidad, Scrooge le hiso un alago al niño y le prgunto si habian vendido el pavo grande de la polleria, el niño le dijo que no, Scrooge le dijo que fuera por el y que si regresaba en cinco minutos le iba a dar media corona, el niño corrio muy rapido para llegar hacia la polleria, Scrooge dijo que se lo enviaria a Bob Cratchit, escribio las señas para que lo llevara el mozo de la polleria, salio y vio el llamador, aquel en el que la noche anterior vio la cara de su viejo socio, Jacobo, dijo que lo amaria por siempre, llego el niño junto a un mozo de la polleria, le dio las señas, pago un coche para que lo lleve al mozo hasta la casa de Cratchit, pago el pago y le pago al niño, luego se fue de su casa, en el camino encontro al hombre que pedia limosna para los pobres, Scrooge le susurro al oido y el hombre se exalto al escuchar que Ebenezer iba a dar una cantidad muy conciderable de dinero. Scrooge se dirigio hacia la casa de su sobrino, entro y le pidio permiso a Fred para que pueda pasar ese dia de fiesta junto con su sobrino y su familia, cenaron y pasaron el dia de la mejor manera posible. Al dia siguiente, se sento en su silla de siempre en su despacho, vio que ya eran cuatro minutos tarde y Bob no llegaba, paso el minuto completo y ahora eran cinco minutos que tenia tarde, Scrooge vio que su empleado llegaba, Cratchit entro muy apresurado al despacho, Scrooge imitando su vos anterior llamo a Cratchit a su escritorio, el empleado se acerco, y Ebenezer le dijo que habia llegado cinco minutos tarde, Bob trato de escusarse diciendo que el dia anterior fue un dia de fiesta. Scrooge le dijo que eso no podia seguir asi, asi que le iba a subir el salario, Bob no cree lo que le dice su jefe al comienzo, pero luego ve que lo dice de verdad, salen a la calle para conversar de negocios. Bob Cratchit y Ebenezer Scrooge se hicieron los mejores amigos y Scrooge ayudo a Cratchit en todo lo que podia, incluso ayudo a Tiny Tin a curarse de su enfermedad y Tiny Tin fue el que mas conocio a Scrooge, siempre fueron amigos y Scrooge celebro la navidad como nadie lo habia hecho antes, guardando en su memoria lo que le habian mostredo los tres espiritus, que nuca mas fue nescesario que lo visitaran.


A continuacion un capitulo de "Una Cancion de Navidad":


El segundo de los tres Espíritus


Despertó al dar un estrepitoso ronquido: e incorporándose en el lecho para coordinar sus pensamientos, no tuvo necesidad de que le advirtiesen que la campana estaba próxima a dar otra vez da una. Vuelto a la realidad, comprendió que era el momento crítico en que debía celebrar una conferencia con el segundo mensajero que se le enviaba por la intervención de Jacob Marley. Pero hallando muy desagradable el escalofrío que experimentaba en el lecho al preguntarse cuál de las cortinas separaría el nuevo espectro, las separaría con sus propias manos y, acostándose de nuevo, se constituyó en avisado centinela de lo que pudiera ocurrir alrededor de la cama, pues deseaba hacer frente al Espíritu en el momento de su aparición, y no ser asaltado por sorpresa y dejarse dominar por la emoción.
Así; pues, hallándose preparado para casi todo lo que pudiera ocurrir; no lo estaba de ninguna manera para el caso de que no ocurriera nada; y, por consiguiente, cuando la campana dio la una y Scrooge no vio aparecer ninguna sombra, fue presa de un violento temblor. Cinco minutos, diez minutos, un cuarto de hora transcurrieron y nada ocurría...
Durante todo este tiempo caían sobre el lecho los rayos de una luz rojiza que lanzó vivos destellos cuando el reloj dio la hora; pero, siendo una sola luz, era más alarmante que una docena de espectros, pues Scrooge se sentía impotente para descifrar cuál fuera su significado; y hubo momentos en que temió que se verificase un interesante caso de combustión espontánea, . sin tener el consuelo de saber de qué se trataba. No obstante, al fin empezó a pensar, como nos hubiera ocurrido en semejante caso a vosotros o a mí; al fin, digo, empezó a pensar que el manantial de la misteriosa luz sobrenatural podía hallarse en la habitación inmediata. de donde parecía proceder el resplandor. Esta idea se apoderó de su pensamiento, y suavemente se deslizó Scrooge con. sus zapatillas hacia la puerta.
En el preciso momento en que su mano se posaba en la cerradura, una voz extraña lo llamó por su nombre y le invitó a entrar. El obedeció.
Era su propia habitación. Acerca de esto no había la menor duda. Pero la estancia había sufrido una sorprendente transformación. Las paredes y el techo hallábanse de tal modo cubiertos de ramas y hojas, que parecía un perfecto boscaje, el cual por todas partes mostraba pequeños frutos que resplandecían. Las rizadas hojas de acebo, hiedra y muérdago reflejaban la luz. como si se hubieran esparcido multitud de pequeños espejos, y en la chimenea resplandecía una poderosa llamarada, alimentada por una cantidad de combustible desconocida en tiempo de Marley o de Scrooge y desde hacía muchos años y muchos inviernos. Amontonados sobre el suelo, formando una especie de trono, había pavos, gansos, piezas de caza, aves caseras, suculentos trozos de carne, cochinillos, largas salchichas, pasteles, barriles de ostras, encendidas castañas, sonrosadas manzanas, jugosas naranjas, brillantes peras y tazones llenos de ponche, que obscurecían la habitación con su delicioso vapor. Cómodamente sentado sobre este lecho se hallaba un alegre gigante de glorioso aspecto, que tenía una brillante antorcha de forma parecida al Cuerno de la Abundancia, y que la mantenía en alto para derramar su luz sobre Scrooge cuando éste llegó atisbando alrededor de la puerta.
-¡Entrad!- exclamó el Espectro-. ¡Entrad y conocedme mejor, hombre!
Scrooge penetró tímidamente e inclinó la cabeza ante el Espíritu. Ya no era el terco Scrooge que había sido, y aunque los ojos del Espíritu eran claros y benévolos, no le agradaba encontrarse con ellos.
-Soy el Espectro de la Navidad Presente -dijo el Espíritu-. ¡Miradme!
Scrooge le miró con todo respeto. Estaba vestido con una sencilla y larga túnica o manto verde, con vueltas de piel blanca. Esta vestidura colgaba sobre su figura con tal negligencia, que se veía el robusto pecho desnudo como si no se cuidara de mostrarlo ni de ocultarlo con ningún artificio. Sus pies, que se veían por debajo de los amplios pliegues de la vestidura, también estaban desnudos. y sobre la cabeza no llevaba otra cosa que una corona de acebo, sembrada de pedacitos de hielo. Sus negros rizos eran abundantes y sueltos, tan agradables como su rostro alegre, su mirada viva, su mano abierta, su armoniosa voz, su desenvoltura y su simpático aspecto. Ceñida a la cintura llevaba una antigua vaina de espada; pero en ella no había arma ninguna y la antigua vaina se hallaba mohosa.
-¿Nunca hasta ahora habéis visto nada que se me parezca? -exclamó el Espíritu.
-Nunca- contestó Scrooge.
-¿Nunca habéis paseado en compañía de los más jóvenes miembros de mi familia, quiero decir (pues yo soy muy joven) de mis hermanos mayores nacidos en estos últimos años? -prosiguió el Fantasma.
-Me parece que no -dijo Scrooge-. Temo que no. ¿Habéis tenido muchos hermanos, Espíritu?
-Más de mil ochocientos -dijo el Espectro. -Una tremenda familia a quien atender -murmuró Scrooge.
El Espectro de la Navidad Presente se levantó.
-Espíritu -dijo Scrooge con sumisión-, llevadme a donde queráis. La última noche tuve que salir de casa a la fuerza y aprendí una lección que ahora hace su efecto. Esta noche, si tenéis que enseñarme alguna cosa, permitidme que saque provecho de ella.
-¡Tocad mi vestido!
Scrooge lo tocó apretándolo con firmeza.
Acebo, muérdago, rojos frutos, hiedra, pavos, gansos, caza. aves. carne, cochinillos, salchichas, ostras, pasteles y ponche, todo se desvaneció instantáneamente. Lo mismo ocurrió con la habitación, el fuego, la rojiza brillantez, la noche, y ellos halláronse en la mañana de Navidad y en las calles de la ciudad, donde (como el tiempo era crudo) muchas personas producían una especie de música ruda, pero alegre y no desagradable, al arrancar la nieve del pavimento en la parte correspondiente a sus domicilios y de los tejados de las casas, lo que producía una alegría loca en los muchachos al ver cómo se amontonaba cayendo sobre el piso y a veces se deshacía en el aire, produciendo pequeñas tempestades de nieve.
Las fachadas de las casas parecían negras y más negras aún las ventanas, contrastando con la tersa y blanca sábana de nieve que cubría los tejados y con la nieve más sucia que se extendía por el suelo y que había sido hollada en profundos surcos por las pesadas ruedas de carros y camiones; surcos que se cruzaban y se volvían a cruzar unos a otros, cientos de veces, en las bifurcaciones de las calles amplias, y formaban intrincados canales, difíciles de trazar, en el espeso fango amarillo y en el agua llena de hielo. El cielo estaba sombrío y las calles más estrechas se hallaban ahogadas por la obscura niebla, medio deshelada, medio glacial, cuyas partículas más pesadas descendían en una llovizna de átomos fuliginosos, como si todas las chimeneas de la Gran Bretaña se hubieran incendiado a la vez y estuvieran lanzándose el contenido de sus hogares. Nada de alegre había en el clima de la ciudad, y, sin embargo, notábase un aire de júbilo que el más diáfano aire estival y el más brillante sol del estío en vano habrían intentado difundir.
En efecto, los que maniobraban con las palas en lo alto de los edificios estaban animosos y llenos de alegría; Ilamábanse unos a otros desde los parapetos y de vez en cuando se disparaban bromeando una bola de nieve -proyectil mucho más inofensivo que muchas bromas verbales-, riendo cordialmente si daba en el blanco Y no menos cordialmente si fallaba la puntería.
Las tiendas en que se vendían aves estaban todavía entreabiertas y las fruterías radiantes de esplendor. Había grandes, redondas y panzudas cestas de castañas, cuya figura se asemejaba a los chalecos de los ancianos gastrónomos, recostadas en las puertas y tumbadas en la calle con su opulencia apoplética. Había rojizas, morenas y anchas cebollas de España, brillando en la gordura de su desarrollo. como frailes españoles, y haciendo guiños en sus bazares, con socarronería retozona a las muchachas que pasaban por su lado y mirando humildemente al muérdago que colgaba en lo alto. Había peras y manzanas formando altas pirámides apetitosas: había racimos de uvas, que la benevolencia de los fruteros había colgado de magníficos ganchos para que las bocas de los transeúntes pudieran hacerse agua al pasar; había montones de avellanas, mohosas y obscuras, cuya fragancia hacía recordar antiguo9 paseos por en medio de bosques y agradables marchas hundiendo los pies hasta los tobillos en hojas marchitas: había naranjas y limones, que en la gran densidad de sus cuerpos jugosos pedían con urgencia ser llevados a casa en bolsas de papel y comidos después del almuerzo, y había pescados de oro y de plata.
¿Pues y las tiendas de comestibles? ¡Oh, las tiendas de comestibles! Estaban próximas a cerrar, con las puertas entornadas; pero a través de las rendijas daba gusto mirar. No era solamente que los platillos de la balanza produjesen un agradable sonido al caer sobre el mostrador. ni que el bramante se separase del carrete con viveza, ni que las cajas metálicas resonasen arriba y abajo como objetos de prestidigitación, ni que los olores mezclados del té y del café fuesen muy agradables al olfato, ni que las pasas fuesen abundantes y raras, las almendras exageradamente blancas; las tiras de canela largas y rectas, delicadas las otras especias, las frutas confitadas, envueltas en azúcar fundido, capaces de excitar el apetito y dar envidia a los más fríos espectadores. No era tampoco que los higos se mostrasen húmedos y carnosos, ni que las ciruelas francesas enrojeciesen con alguna acritud en sus cajas adornadas, ni que todo excitase el apetito en su aderezo de Navidad, sino que las parroquianas se apresuraban con tal afán en la esperanzada promesa del día, que se empujaban unas a otras a la puerta, haciendo estallar toscamente los cestos de mimbre, y dejaban los portamonedas sobre el mostrador y volvían corriendo a buscarlos, cometiendo cientos de equivocaciones semejantes, con el mejor humor posible; mientras el tendero y sus dependientes se mostraban tan serviciales y tan fogosos, que se comprendía fácilmente que los corazones que latían detrás de los mandiles no se regocijaban sólo por hacer buenas ventas, sino por el júbilo que les producía la Navidad.
Pero pronto las campanas llamaron a las gentes a la iglesia o la capilla, y todos acudieron luciendo por las calles sus mejores vestidos y con la alegría en los rostros, y al mismo tiempo desembocaron por todas las calles, callejuelas y recodos incontables personas que llevaban sus comidas a las tahonas, para ponerlas en el horno. La vista de aquellas pobres gentes de buen humor pareció interesar muchísimo al Espíritu, pues permaneció detrás de Scrooge a la puerta de una tahona, y levantando las tapaderas de las cazuelas, conforme pasaban por su lado los que las llevaban, rociaba las comidas con el incienso de su antorcha, que era verdaderamente extraordinaria, pues una o dos veces que se cruzaron palabras airadas entre algunos portadores de comidas por haberse empujado mutuamente, el Espíritu derramó sobre ellos algunas gotas de líquido procedente de la antorcha, e inmediatamente recobraron su buen humor, pues decían que era una vergüenza disputar el día de Navidad. ¿Y nada más puesto en razón, Señor?
Cesaron de tocar las campanas y los tahoneros cerraron; y, sin embargo, era de admirar cómo desaparecía, por efecto de la confección de aquellas comidas, la mancha de humedad que coronaba todos los hornos, cuyo pavimento echaba humo como si estuvieran asándose hasta sus piedras.
-¿Hay algún aroma peculiar en el líquido de vuestra antorcha con el que rociáis? -preguntó Scrooge.
-Sí. El mío.
-¿Ejerce influencia sobre las comidas en este día? -preguntó Scrooge.
-En todas, sobre todo en las de los pobres. -¿Por qué sobre todo en las de los pobres? preguntó Scrooge.
-Porque son los que más lo necesitan. -Espíritu -dijo Scrooge, después de reflexionar un momento-. me admira que, de todos los seres que viven en este mundo que habitamos, sólo vos deseéis limitar a estas gentes las ocasiones que se les ofrecen de inocente alegría.
-¿Yo? -gritó el Espíritu.
-Sí, porque les priváis de trabajar cada siete días, con frecuencia el único día en que pueden decir verdaderamente que comen. INo es cierto? -díjo Scrooge.
-¡Yo! -gritó el Espíritu.
-Procuráis que cierren los hornos el Séptimo Día -dijo Scrooge-. Y es la misma cosa.
-¿Yo? -exclamó el Espíritu.
-Perdonadme si estoy equivocado. Se hace en vuestro nombre, o, por lo menos, en nombre de vuestra familia -dijo Scrooge.
-Hay algunos seres sobre la tierra -replicó el Espíritu- que pretenden conocernos, y que realizan sus acciones de pasión, orgullo, malevolencia, odio, envidia, santurronería y egoísmo en nuestro nombre, y que son tan extraños para nosotros y para todo lo que con nosotros se relaciona, como sí nunca hubieran vivido. Acordaos de ello y cargad la responsabilidad sobre ellos y no sobre nosotros.
Scrooge prometió lo que el Espíritu le pedía, y siguieron adelante, invisibles como habían sido antes, hacia los suburbios de la ciudad. Era una notable cualidad del Espectro (que Scrooge había observado a la puerta del tahonero) que, a pesar de su talla gigantesca, podía amoldarse a cualquier sitio con comodidad, y que, como un ser sobrenatural, se hallaba en cualquier habitación baja de techo tan cómodamente como podía haber estado en un salón de elevadísimas paredes.
Y ya fuese por el placer que el buen Espíritu experimentaba al mostrar este poder suyo, ya por su naturaleza amable, generosa y cordial y su simpatía por los pobres, condujo a Scrooge derechamente a casa del dependiente de éste, pues allá fue, en efecto, llevando a Scrooge adherido a su vestidura. A1 llegar al umbral, sonrió el Espíritu y se detuvo para bendecir la morada de Bob Cratchit con las salpicaduras de su antorcha. Bob sólo cobraba quince Bob semanales: cada sábado sólo embolsaba quince ejemplares de su nombre, y. sin embargo, el Espectro de la Navidad Presente no dejó por ello de bendecir su morada, que se componía de cuatro piezas.
Entonces se levantó la señora Cratchit, esposa de Cratchit, vestida pobremente con una bata a la cual había dado ya dos vueltas, pero llena de cintas que no valdrían más de seis peniques. y en aquel momento estaba poniendo la mesa, ayudada por Belinda Cratchit, la segunda de sus hijas. también adornada con cintas, mientras master Pedro Cratchit hundía un tenedor en una cacerola de patatas, llegándole a la boca las puntas de un monstruoso cuello planchado (que pertenecía a Bob y que se lo había cedido a su hijo y heredero para celebrar la festividad del día), gozoso al hallarse tan elegantemente adornado y orgulloso de poder mostrar su figura en los jardines de moda. De pronto entraron llorando dos Cratchit más pequeños: varón y hembra, diciendo a gritos que desde la puerta de la tahona habían sentido el olor del ganso y habían conocido que era el suyo; y pensando en la comida, estos pequeños Cratchít se pusieron a bailar alrededor de la mesa y exaltaron hasta los cielos a master Pedro Cratchit, mientras él (sin orgullo, aunque faltaba poco para que le ahogase el cuello) soplaba la lumbre hasta que las patatas estuvieron cocidas y en dísposición de ser apartadas y peladas.
-¿Dónde estará vuestro padre? -dijo la señora Cratchit-. ¿Y vuestro hermano Tiny Tìm? ¿Y Marta. que el año pasado, el día de Navidad. estaba aquí hace ya media hora?
-¡Aquí está Mazta, mamá! --dijo una muchacha. entrando al mismo tiempo que hablaba. -¡Aquí está Marta. mamá! -gritaron los dos Cratchit pequeños-. ¡Viva! ¡Tenemos un ganso, Marta!
-¿Pero, hija mía, cuánto has tardado? --dijo la señora Cratchit, besándola una docena de veces y quitándole et velo y el sombrero con sus propias manos, solícitamente.
-He tenido que terminar una labor para tener libre la mañana, mamá ---replicó ta muchacha. -Bueno; es que nunca creí que vinieses tan tarde. Acércate a la lumbre, hija mía, y caliéntate. ¡Díos te bendiga!
-¡No, no! ¡Ya viene papá! --.gritaron los dos pequeños Cratchit, que danzaban de un lado para otro-. ¡Escóndete. Marta, escóndete!
Escondióse Marta y entró Bob, el padre, con la bufanda colgándole lo menos tres pies por la parte anterior, y su traje muy usado, pero limpio y zurcido, de modo que presentaba un aspecto muy favorable. Traía sobre los hombros a Tiny Tim. ¡Pobre Tiny Tim! Tenía que llevar una pequeña muleta y los miembros sostenidos por un aparato metálico.
-¿Dónde está Marta? -gritó Bob Cratchit. mirando a su alrededor.
-No ha venido -dijo la señora Cratchit. -¡No ha venido! -dijo Bob, con una repentina desilusión en su entusiasmo, pues había sido el caballo de Tim al recorrer todo el camino desde la iglesia y había llegado a casa dando saltos-. ¡No haber venido. siendo el día de Navidad!
A Marta no le agradó ver a su padre desilusionado a causa de una broma, y salió prematuramente de detrás de la puerta, echándose en sus brazos, mientras los dos pequeños Cratchit empujaron a Tíny Tim y le llevaron a la cocina, para que oyese cantar el pudding en la cacerola.
-¿Y cómo se ha portado Tíny Tim? -preguntó la señora Cratchít, después de burlarse de la credulidad de Bob y cuando éste hubo estrechado a su hija contra su corazón.
-Muy bien -dijo Bob-, muy bien. Se ha hecho algo pensativo y se le ocurren las más extrañas cosas que ha oído. A1 venir a casa me decía que quería que la gente le viese en la iglesia, porque él era un inválido, y sería muy agradable para todos recordar el día de Navidad al que había hecho andar a los cojos y había dado vista a los ciegos.
La voz de Bob era temblorosa al decir eso y tembló más cuando dijo que Tiny Tim crecía en fuerza y vigor.
Oyóse su activa muleta sobre el pavimento, y antes de que se oyera una palabra más, reapareció Tiny Tim escoltado por su hermano y su hermana, que le llevaron a su taburete junto a la lumbre. Mientras Bob, remangándose los puños -¡pobrecíllo!, como si fuese posible estropearlos más -, confeccionaba una mixtura con ginebra y limón y la agitaba una y otra vez, colocándola después en el antehogar para que cociese a fuego lento, master Pedro y los dos ubicuos Cratchit pequeños fueron en busca del ganso, con el cual aparecieron en seguida en solemne procesión:
Tal bullicio se produjo entonces, que creyérase al ganso la más rara de todas las aves, un fenómeno con plumas, ante el cual fuese cosa corriente un cisne negro, y en verdad que en aquella casa era ciertamente extraordinario. La señora Cratchit calentó la salsa (ya preparada en una cacerolita) ; master Pedro mojó las patatas con vigor increíble; la señorita Belinda endulzó la salsa de manzanas; Marta quitó el polvo a la vajilla; Bob sentó a Tíny Tim a su lado en una esquina de la mesa; los dos pequeños Cratchit pusieron sillas para todos, sin olvidarse de ellos mismos, y montando la guardia en sus puestos. se metieron la cuchara en la boca, para no gritar pidiendo el ganso antes de que llegara el momento de servirlo. Por fin se pusieron los platos, y se dijo una oración, a la que siguió una pausa, durante la cual no se oía respirar, cuando la señora Cratchit, examinando el trinchante, se disponía a hundirlo en la pechuga; pero cuando lo hizo y salió del interior del ganso un borbotón de relleno, un murmullo de placer se alzó alrededor de la mesa, y hasta Tíny Tim, animado por los pequeños Cratchit, golpeó en la mesa con el mango de su cuchillo y gritó débilmente: -¡Viva!
Nunca se vio ganso como aquél. Bob dijo que jamás creyó que pudiera existir un manjar tan delicioso. Su blandura y su aroma, su tamaño y su baratura fueron los temas de la admiración general; y añadiéndole la salsa de manzanas y las patatas deshechas, constituyó comida suficiente para toda la familia; en efecto, como la señora Cratchit dijo (al observar que había quedado un hueseçillo en el plato), no habían podido comérselo todo. Sin embargo, todos quedaron satisfechos, particularmente los Cratchit más pequeños, que tenían salsa hasta en las cejas. La señorita Belinda cambió los platos y la señora Cratchit salió del comedor muy nerviosa porque no quería que la viesen ir en busca del .pudding.
Entonces los comensales supusieron toda clase de horrores: que no estuviera todavía bastante hecho; que se rompiera al llevarlo a la mesa; que alguien hubiera escalado la pared del patio y lo hubiera robado, mientras estaban entusiasmados con el ganso... Ante esta suposición los dos pequeños Cratchit se pusieron pálidos.
¡Atención! ¡Una gran cantidad de vapor! El pastel estaba ya fuera del molde. Un olor a tela mojada. Era el paño que lo envolvía. Un olor apetitoso, que hacía recordar al fondista. al pastelero de la casa de al lado y a la planchadora. ¡Era el pudding!. A1 medio minuto entró la señora Cratchit con el rostro encendido, -pero sonriendo orgullosamente- con el pudding, que parecía una bala de cañón. duro y macizo, lanzando las llamas que producía la vigésima parte de media copa de aguardiente inflamado, y embellecido con una rama del árbol de Navidad clavada en la cúspide.
¡Oh, admirable pudding! Bob Ccatchit dijo con toda seriedad que lo estimaba como el éxito más grande conseguido por la señora Cratchit desde que se casaron. La señora Cratchit dijo que no podía calcular lo que pesaba el pudding, y confesó que había tenido sus dudas acerca de la cantidad de harina. Todos tuvieron algo que decir respecto de él, pero ninguno dijo (ni lo pensó siquiera) que era un pudding pequeño para una familia tan numerosa. Ello habría sido una gran herejía. Los Cratchit hubiéranse ruborizado de insinuar semejante cosa.
Por fin se terminó la comida, alzóse el mantel, se limpió el hogar y se encendió fuego; y después de beber en el jarro el ponche confeccionado por Bob, y que se consideró excelente, pusiéronse sobre la mesa manzanas y naranjas y una pala llena de castañas sobre la lumbre. Después, toda la familia Cratchit se colocó alrededor del hogar, formando lo que Bob llamaba un círculo, queriendo decir semicírculo; y cerca de él se colocó toda la cristalería: dos vasos y una flanera sin mango.
No obstante, tales vasijas servían para beber el caliente ponche, tan bien como habrían servido copas de oro, y Bob lo sirvió con los ojos resplandecientes, mientras las castañas sobre la lumbre crujían y estallaban ruidosamente. Entonces Bob brindó:
-¡Felices Pascuas para todos nosotros, hijos míos, y que Díos nos bendiga!
Lo cual repitió toda la familia..
-¡Que Dios nos bendiga! -dijo Tiny Tim, el último de todos.
Estaba sentado, arrimadito a su padre, en su taburete. Bob puso la débil manecita del niño en la suya, con todo cariño, deseando retenerle junto a sí, como temiendo que se lo pudiesen arrebatar.
-Espíritu -dijo Scrooge, con un interés que nunca había sentido hasta entonces-. Decidme si Tiny Tim vivirá.
-Veo un asiento vacante -replicó el Espectro en la esquina del pobre hogar y una muleta sin dueño, cuidadosamente preservada. Si tales sombras permanecen inalteradas por el futuro, el niño morirá.
-¡No, no! --dijo Scrooge-. ¡Oh, no, Espíritu amable! Decid que se evitará esa muerte.
-Si tales sombras permanecen inalteradas por el futuro, ningún otro de mi raza -replicó el Espectro le encontrará aquí. ¿Y qué? Si él muere, hará bien, porque así disminuirá el exceso de población.
Scrooge bajó la cabeza al oír sus propias palabras, repetidas por el Espíritu, y se sintió abrumado por el arrepentimiento y el pesar.
-Hombre -dijo el Espectro-, si sois hombre de corazón y no de piedra, prescindid de esa malvada hipocresía hasta que hayáis descubierto cuál es el exceso y dónde está. ¿Vais a decir cuáles hombres deben vivir y cuáles hombres deben morir? Quizás a los ojos de Dios vos sois más indigno y menos merecedor de vivir que millones de niños como el de ese pobre hombre. ¡Oh, Dios? ¡Oír al insecto sobre la hoja decidir acerca de la vida de sus hermanos hambrientos!
Scrooge se inclinó ante la reprensión del Espíritu y, tembloroso, bajó la vista hacia el suelo. Pero la levantó rápidamente al oír pronunciar su nombré.
-¡El señor Scrooge! -dijo Bob-. ¡Brindemos por el señor Scrooge, que nos ha procurado esta fiesta! -En verdad que nos ha procurado esta fiesta- exclamó la señora Cratchit, sofocada-. Quisiera tenerle delante para que la celebrase, y estoy segura de que se le iba a abrir el apetito.
-¡Querida -dijo Bob-, los niños! Es el día de Navidad.
-Es preciso, en efecto, que sea el día de Navidad -dijo ella-, para beber a la salud de un hombre tan odioso, tan avaro, tan duro, tan insensible, como el señor Scrooge.. Ya le conoces, Roberto. Nadie le conoce mejor que tú, pobrecillo.
-Querida -fue la dulce respuesta de Bob-. Es el día de Navidad.
-Beberé a su salud por ti y por ser el día que es -dijo la señora Cratchit-, no por él. ¡Qué viva muchos años! ¡Que tenga Felices Pascuas y Feliz Año Nuevo! ¡El vivirá muy alegre y muy feliz, sin duda alguna!
Los niños brindaron también. Fue de todo lo que hicieron lo único que no tuvo cordialidad. Tiny Tím brindó el último de todos, pero sin poner la menor atención. Scrooge era el ogro de la familia. La sola mención de su nombre arrojó sobre los reunidos una sombra obscura, que no se disipó sino después de cinco minutos.
Pasada aquella impresión, estuvieron diez veces más alegres que antes, al sentirse aliviados del maleficio causado por el nombre de Scrooge. Bob Cratchit les contó que tenía en perspectiva una colocación para master Pedro, que podría proporcionarle, si la conseguía, cinco chelines y seis peniques semanales. Los dos pequeños Cratchít rieron atrozmente ante la idea de ver a Pedro hecho un hombre de negocios, y el mismo Pedro miró pensativamente al fuego, sacando la cabeza entre las dos puntas del cuello, como si reflexionara sobre la notable investidura de que gozaría cuando llegase a percibir aquel enorme ingreso. Marta, que era una pobre aprendiza en un taller de modista, les contó la clase de labor que tenía que hacer y cómo algunos días trabajaba muchas horas seguidas. Dijo que al día siguiente pensaba levantarse tarde de la cama, pues era un día festivo que iba a pasar en casa. Contó que hacía pocos días había visto a una condesa con un lord y que el lord era casi tan alto como Pedro, y éste, al oírlo, se alzó tanto el cuello, que, si hubierais estado presentes, no habríais podido verle la cabeza. Durante: todo este tiempo no cesaron de comer castañas y beber ponche, y de aquí a poco escucharon una canción referente a un niño perdido que caminaba por la nieve, cantada por Tiny Tim, que tenía una quejumbrosa vocecita, y la cantó muy bien, ciertamente.
Nada había de aristocrático en aquella familia. Sus individuos no eran hermosos, no estaban bien vestidos, sus zapatos hallábanse muy lejos de ser impermeables, sus ropas eran escasas, y Pedro conocería muy probablemente el interior de las prenderías. Pero eran dichosos, agradables, se querían mutuamente y estaban contentos con su suerte; y cuando ya se desvanecían ante Scrooge, pareciendo más felices a los brillantes destellos da la antorcha del Espíritu al partir, Scrooge los miró atentamente, sobre todo a Tinp Tim, de quien no apartó la mirada hasta el último instante.
Mientras tanto, había anochecido y nevaba copiosamente; y conforme Scrooge y el Espíritu recorrían las calles, la claridad de la lumbre en las cocinas, en los comedores y en toda clase de habitaciones era admirable. Aquí, el temblor de la llama mostraba los preparativos de una gran comida familiar, con fuentes que trasladaban de una parte a otra junto a la lumbre, y espesas cortinas rojas, prontas a caer para ahuyentar el frío y la obscuridad. Allá, todos los niños de la casa salían corriendo sobre la nieve al encuentro de sus hermanas casadas, de sus hermanos, de sus primos; de sus tíos, de sus tías, para ser los primeros en saludarles. En otra parte, veíanse en la ventana las sombras de los comensales reunidos; y más allá, un grupo de hermosas muchachas, todas con caperuzas y con botas de abrigo y charlando todas a la vez, marchaban alegremente a alguna casa cercana. ¡Infeliz del soltero (las astutas hechiceras bien lo sabían) , que entonces las hubiera visto entrar, con la tez encendida por el frío!
Si hubierais juzgado por el número de personas que iban a reunirse con sus amigos, habríais pensado que no quedaba nadie en las casas para recibirlas cuando llegasen, aunque ocurría lo contrario: en todas las casas se esperaban visitas y se preparaba el combustible en la chimenea. ¡Cuán satisfecho estaba el Espectro! ¡Cómo desnudaba la amplitud de su pecho y abría su espaciosa mano, derramando con generosidad su luciente y sana alegría sobre todo cuanto se hallaba a su alcance! El mismo farolero, que corría delante de él salpicando las sombrías calles con puntos de luz, y que iba vestido como para pasar la noche en alguna parte, se echó a reír a carcajadas cuando pasó el Espíritu por su lado, aunque fácilmente se adivinaba que el farolero ignoraba que su compañero del momento era la Navidad en persona.
De pronto, sin una palabra de advertencia por parte del Espectro, halláronse en una fría y desierta región pantanosa. en la que había derrumbadas monstruosas masas de piedra, como si fuera un cementerio de gigantes: el agua se derramaba por dondequiera, es decir, se habría derramado, a no ser por la escarcha que la aprisionaba, y nada había crecido sino el moho, la retama y una áspera hierba. En la concavidad del Oeste, el sol poniente había dejado una ardiente franja roja que fulguró sobre aquella desolación durante un momento, como un ojo sombrío que, tras el párpado, fuese bajando, bajando, bajando, hasta perderse en las densas tinieblas de la obscura noche.
-¿Qué sitio es éste? -preguntó Scrooge. -Un sitio donde viven los mineros, que trabajan en las entrañas de la tierra --contestó el Espíritu-. Pero me conocen. ¡Mirad!
Brillaba una luz en la ventana de una choza y rápidamente se dirigieron hacía ella. Pasando a través de la pared de piedra y barro, hallaron una alegre reunión alrededor de un fuego resplandeciente , un hombre muy viejo y su mujer, con sus hijos y los hijos de sus hijos y parientes de otra generación más, todos con alegres adornos en su atavío de fiesta. El anciano, con una voz que rara vez se distinguía entre los rugidos del viento sobre la desolada región, entonaba una canción de Navidad, que ya era una vieja canción cuando él era un muchacho, y de vez en cuando todos los demás se le unían al coro. Cuando ellos levantaban sus voces, el anciano hacía lo mismo y sentíase con nuevo vigor, y cuando ellos se detenían en el canto, el vigor del anciano decaía de nuevo.
El Espíritu no se detuvo allí, sino que dejó a Scrooge que se agarrase a su vestidura y, cruzando sobre la región pantanosa, se dirigió... ¿adónde? ¿No sería al mar? Pues, sí, al mar. Horrorizado, Scxooge vio que se acababa la tierra y contempló una espantosa serie de rocas detrás de ellos, y ensordeció sus oídos el fragor del agua, que rodaba y rugía y se encrespaba entre medrosas cavernas abiertas por ella y furiosamente trataba de socavar la tierra.
Edificado sobre un lúgubre arrecife de las escarpadas rocas, próximamente a una legua de la orilla, y sobre el cual se lanzaban las aguas irritadas durante todo el año, se erguía un faro solitario. Grandes cantidades de algas colgaban hasta su base, y pájaros de las tormentas -nacidos del viento, se puede suponer, como las algas nacen del agua- subían y bajaban en torno de él como las olas que ellos rozaban con las alas.
Pero aun allí, dos hombres que cuidaban del faro habían encendido una hoguera que, a través de la tronera abierta en el espeso muro de piedra, lanzaba un rayo de luz resplandeciente sobre el mar terrible. Los dos hombres, estrechándose las callosas manos por encima de la tosca mesa a la cual hallábanse sentados, se deseaban mutuamente Felices Pascuas al beber su jarro de ponche, y uno de ellos, el más viejo, que tenía la cara curtida y destrozada por los temporales como pudiera estarlo el mascarón de proa de un barco viejo, rompió en una robusta canción, semejante al cantar del viento.
De nuevo siguió adelante el Espectro, por encima del negro y agitado mar -adelante, adelante-, hasta que, hallándose muy lejos, según dijo a Scrooge, de todas las orillas, descendieron sobre un buque. Colocáronse tan pronto junto al timonel, que estaba en su puesto, tan pronto junto al vigía en la proa, o junto a los oficiales de guardia, obscuras y fantásticas figuras en sus varias posiciones; pero todos ellos tarareaban una canción de Navidad o tenían un pensamiento propio de Navidad. o hablaban en voz baja a su compañero de algún día de Navidad ya pasado, con recuerdos del hogar referentes a él. Y todos cuantos se hallaban a bordo, despiertos o dormidos, buenos o malos, habían tenido para los demás una palabra más cariñosa aquel día que otro cualquiera del año, y habían tratado extensamente de aquella festividad, y habían recordado a las personas queridas a través de la distancia y habían sabido que ellas tenían un placer en . recordarlos.
Sorprendióse grandemente Scrooge mientras escuchaba el bramido del viento y pensaba qué solemnidad tiene su movimiento a través de la aislada obscuridad sobre un ignorado abismo, cuyas honduras son secretos tan profundos como la muerte; sorprendíóse grandemente Scrooge cuando, reflexionando así, oyó una estruendosa carcajada. Pero se sorprendió mucho más al reconocer que aquella risa era de su sobrino, y al encontrarse en una habitación clara, seca y luminosa, con el Espíritu sonriendo a su lado y mirando a su propio sobrino con aprobadora afabilidad.
-¡Ja, ja! -rió el sobrino de Scrooge-. ¡Ja, ja, ja!
Si por una inverosímil probabilidad sucediera que conocieseis un hombre de risa más sana que et sobrino de Scrooge, me agradaría mucho conocerle. Presentadme a él y cultivaré su amistad.
Es cosa admirable, demostradora del exacto mecanismo de las cosas, que así como hay contagio en la enfermedad y en la tristeza, no hay nada en el mundo tan irresistiblemente contagioso como la risa y el buen humor. Cuando el sobrino de Scrooge se echó a reír de esta manera, sujetándose las caderas, dando vueltas a la cabeza y haciendo muecas, con las más extravagantes contorsiones, la sobrina de Scrooge, sobrina política, se echó a reír tan cordialmente como él. Y los amigos que se hallaban con ellos también rieron ruidosamente.
-¡Ja, ja! ¡Ja, ja, ja!
-¡Dijo que la Navidad era una patraña, como tengo que morirme! -gritó el sobrino de Scrooge-. ¡Y lo creía!
-¡Qué vergüenza para él! -dijo la sobrina de Scrooge, indignada.
Era muy linda, extraordinariamente linda, de cara agradable y cándida, de sazonada boquita, que parecía hecha para ser besada, como lo era, sin duda; con toda clase de hermosos hoyuelos en la barbilla, que se mezclaban unos con otros cuando se reía, y con los dos ojos más esplendorosos que jamás habéis visto en una cabecita humana. Era enteramente lo que habrían llamado provocativa, pero intachable. ¡Oh, perfectamente intachable!
-Es un individuo cómico -dijo el sobrino de Scrooge-; eso es verdad, y no tan agradable como debiera ser. Sin embargo, sus deectos llevan el castigo de ellos mismos, y yo no tengo nada que decir contra él.
-Sé que es muy rico, Fred -insinuó la sobrina de Scrooge-. A1 menos siempre me has dicho que lo era.
-¿Y qué, amada mía? -dijo el sobrino-. Su riqueza es inútil para él. No hace nada bueno con ella. No se procura comodidades con ella. No ha tenido la satisfacción de pensar -¡ja, ja, ja!- que va a beneficiarnos con ella.
-Me falta la paciencia con él -indicó la sobrina de Scrooge. Las hermanas de la sobrina de Scrooge y todas las demás señoras expresaron la misma opinión.
-¡Oh! -dijo. el sobrino de Scrooge-. Yo lo siento por él. No puedo irritarme contra él aunque quiera. ¿Quién sufre con sus genialidades? Siempre él. Se le ha metido en la cabeza no complacernos y no quiere venir a comer con nosotros. ¿Cuál es la consecuencia? Es verdad que perder una mala comida no es perder mucho.
-Pues yo creo que ha perdido una buena comida -interrumpió la sobrina de Scrooge. Todos los demás dijeron lo mismo, y se les debía considerar como jueces competentes, porque en aquel momento acababan de comerla; los postres estaban ya sobre la mesa, y todos habíanse reunido alrededor de la lumbre.
-¿Bueno! Me alegra mucho oírlo -dijo el sobrino de Scrooge-, porque no tengo mucha confianza en estas jóvenes amas de casa. ¿Qué opinas, Topper?
Topper tenía francamente fijos los ojos en una de las hermanas de la sobrina de Scrooge, y contestó que un soltero era un infeliz paria que no tenía derecho a emitir su opinión respecto del asunto; y en seguida la hermana de la sobrina de Scrooge -la regordeta, con el camisolín de encaje, no la de las rosas- se ruborizó.
-Continúa, Fred -dijo la sobrina de Scrooge, palmoteando-. Ese nunca termina lo que empieza a decir. ¡Es un muchacho ridículo!
E1 sobrino de Scrooge soltó otra carcajada, y como era imposible evitar el contagio, aunque la hermana regordeta trató con dificultad de hacerlo, oliendo vinagre aromático, el ejemplo de él fue seguido unánimemente.
-Solamente iba a decir -continuó el sobrino de Scrooge- que la consecuencia de disgustarse con nosotros y no divertirse con nosotros es, según creo, que pierde algunos momentos agradables que no le habrían perjudicado. Estoy seguro de que pierde más agradables compañeros que los que puede encontrar en sus propios pensamientos, en su viejísimo despacho o en sus polvorientas habitaciones. Me propongo darle igual ocasión todos los años, le agrade o no le agrade, porque le compadezco. Que se burle de la Navidad hasta que se muera; pero no puede menos de pensar mejor de ella, le desafío, si se encuentra conmigo de buen humor, año tras año, diciéndole: "Tío Scrooge, ¿cómo estáis?" Si sólo eso le hace dejar a su pobre dependiente cincuenta libras, ya es algo; y creo que ayer le conmoví.
A1 oír que había conmovido a Scrooge, rieron los demás. Pero como Fred tenía corazón sencillo y no se preocupaba mucho del motivo de la risa con tal de ver alegres a los demás, el sobrino de Scrooge les animó a divertirse, haciendo circular la botella alegremente.
Después del té hubo un poco de música, pues formaban una familia de músicos, y os aseguro que eran entendidos. especialmente Topper, que hizo sonar el bajo como los buenos, sin que se le hincharan las venas de la frente ni se le pusiera roja la cara. La sobrina de Scrooge tocó bien el arpa, y entre otras piezas tocó un aria sencilla (una nonada; aprenderíais a tararearla en dos minutos), que había sido la canción favorita de la niña, que sacó Scrooge de la escuela, como recordó el Espectro de la Navidad Pasada. Cuando sonó aquella música, todas las cosas que el Espectro habíale mostrado se agolparon a la imaginación de Scrooge; se enterneció más y más, y pensó que si hubiera escuchado aquello con frecuencia años antes, podía haber cultivado la bondad de la vida con sus propias manos para su felicidad, sin recurrir a la azada del sepulturero que enterró a Jacob Marley.
Pero no dedicaron toda la noche a la música. Al poco rato jugaron a las prendas, pues es bueno sentirse niños algunas veces, y nunca mejor que en Navidad, cuando su mismo poderoso fundador era un niño. ¿Basta? Luego se jugó a la gallina ciega, y, sin duda, alguien parecía no ver. Y tan pronto creo que Topper estaba realmente ciego, como creo que tenía ojos hasta en las botas. Mi opinión es que había acuerdo entre él y el sobrino de Scrooge, y que el Espectro de la Navidad Presente lo sabía. Su proceder respecto a la hermana regordeta, la del camisolín de encaje. era un ultraje a la credulidad de la naturaleza humana. Dando puntapiés a los utensilios del hogar, tropezando con las sillas, chocando contra el piano, metiendo la cabeza entre los cortinones, adondequiera que fuese ella, siempre ocurría lo mismo. Siempre sabía dónde estaba la hermana regordeta. Nunca cogía a otra cualquiera. Si os hubierais puesto delante de él (como hicieron algunos de ellos) con intención, habría fingido que iba a apoderarse de vosotros, lo cual habría sido una afrenta para vuestra comprensión, e instantáneamente se habría ladeado en dirección de la hermana regordeta. A menudo gritaba ella que eso no estaba bien, y realmente no lo estaba. Pero cuando por fin la cogió; cuando, a pesar de todos los crujidos de la seda y de los rápidos revoloteos de ella para huir, consiguió alcanzarla en un rincón donde no tenía escape, entonces su conducta fue verdaderamente execrable. Porque, con el pretexto de no conocerla, juzgó necesario tocar su cofia y además asegurarse de su identidad oprimiendo cierto anillo que tenía en un dedo y cierta cadena que le rodeaba el cuello; ¡todo eso era vil, monstruoso! Sin duda ella le dijo su opinión respecto de ello, pues cuando le correspondió a otro ser el ciego, ambos se hallaban contándose sus confidencias detrás de un cortinón.
La sobrina de Scrooge no tomaba parte en el ,juego de la gallina ciega; permanecía sentada en una butaca con un taburete a los pies en un cómodo rincón de la estancia, donde el Espectro y Scrooge estaban en pie detrás de ella; pero participaba en el juego de prendas, y era de admirar particularmente en el juego de ¿cómo os gusta?, combinación amorosa con todas las letras del alfabeto, y la misma habilidad demostró en el de ¿cómo, dónde y cuándo?, y, con gran alegría interior del sobrino de Scrooge, derrotaba completamente a todas sus hermanas, aunque éstas no eran tontas, como hubiera podido deciros Topper. Habría allí veinte personas, jóvenes y viejos; pero todos jugaban, y lo mismo hizo Scrooge, quien. olvídando enteramente (tanto se interesaba por aquella escena) que su voz no sonaba en los oídos de nadie, decía en alta voz las palabras que había que adivinar, y muy a menudo acertaba, pues la aguja más afilada, la mejor Whitechapel, con la garantía de no cortar el hilo, no era más aguda que Scrooge, aunque le conviniera aparecer obtuso ante el mundo.
Al Espectro le agradaba verle de tan buen humor, y le miró con tal benevolencia, que Scrooge le suplicó, como lo hubiera hecho un niño, que se quedase allí, hasta que se fuesen los convidados. Pero el Espíritu le dijo que no era posible.
-He aquí un nuevo juego -dijo Scrooge-. ¡Media hora, Espíritu, sólo media hora!
Era un juego llamado sí y no, en el cual el sobrino de Scrooge debía pensar una cosa y los demás adivinar lo que pensaba, contestando a sus preguntas solamente sí o no, según el caso. El vivo juego de preguntas a que estaba expuesto le hizo decir que pensaba en un animal, en un animal viviente, más bien un animal desagradable, un animal salvaje, un animal que unas veces rugía y gruñía y otras veces hablaba, que vivía en Londres y se paseaba por las calles, que no se enseñaba por dinero, que nadie le conducía, que no vivía en una casa de fieras, que nunca se llevaba al matadero, y que no era un caballo, ni un asno, ni una vaca, ni un toro, ni un tigre, ni un perro. ni un cerdo, ni un gato, ni un oso. A cada nueva pregunta que se le dirigía, el sobrino soltaba una nueva carcajada, y llegó a tal extremo su júbilo, que se vio obligado a dejar el sofá y echarse en el suelo. Al fin, la hermana regordeta, presa también de una risa loca, exclamó:
-¡He dado con ello! ¿Ya sé lo que es, Fred! ¡Ya sé lo que es!
-¿Qué es? -preguntó Fred.
-¿Es vuestro tío Scro-o-o-ge!
Eso era, efectivamente. La admiración fue el sentimiento general, aunque algunos hicieron notar que la respuesta a la pregunta "¿Es un oso?" debió ser "Sí", tanto más cuanto que una respuesta negativa bastó para apartar sus pensamientos de Scrooge, suponiendo que se hubiera dirigido a él desde luego.
-Ha contribuido en gran manera a divertirnos- dijo Fred- y seríamos ingratos si no bebiéramos a su salud. Y puesto que todos tenemos en la mano un vaso de ponche con vino. yo digo: ¡Por el tío Scrooge!
-¡Bien! ¿Por el tío Scrooge! -exclamaron todos.
-¡Felices Pascuas y feliz Año Nuevo al viejo, sea lo que fuere! -dijo el sobrino de Scrooge-. No aceptaría él tal felicitación saliendo de mis labios, pero que la reciba, sin embargo. ¡Por el tío Scrooge!
E1 tío Scrooge habíase dejado poco a poco conquistar de tal modo por el júbilo general, y sentía tan ligero su corazón, que hubiera correspondido al brindis de la reunión, aunque ésta no podía advertir su presencia, dándole las gracias , en un discurso que nadie habría oído, si el Espectro le hubiera dado tiempo. Pero toda la escena desapareció con el sonido de la última palabra pronunciada por su sobrino, y Scrooge y el Espíritu continuaron su viaje.
Vieron muchos países, fueron muy lejos y visitaron muchos hogares, y siempre con feliz resultado. El Espíritu se colocaba junto al lecho de los enfermos; y ellos se sentían dichosos: si visitaba a los que se hallaban en país extranjero, creíanse en su patria; si a los que luchaban contra la suerte, sentíanse resignados y llenos de esperanza; si se acercaba a los pobres, se imaginaban ricos. En las casas de caridad, en los hospitales, en las cárceles, en todos los refugios de la miseria, donde el hombre, orgulloso de su efímera autoridad. no había podido prohibir la entrada y cerrar la puerta, al Espíritu dejaba su bendición e instruía a Scrooge en sus preceptos.
Fue una larga noche, si es que todo aquello sucedió en una sola noche; pero Scrooge dudó de ello, porque le parecía que se habían condensado varias Navidades en el espacio de tiempo que pasaron juntos. Era extraño, sin embargo, que mientras Scrooge no experimentaba modificación en su forma exterior, el Espectro se hacía más viejo, visiblemente más viejo. Scrooge había advertido tal cambio, pero nunca dijo nada, hasta que al salir de una reunión infantil donde se celebraban los Reyes, mirando al Espíritu cuando se hallaban solos, notó que sus cabellos eran grises.
-¡Es tan corta la vida de los Espíritus? -preguntó Scrooge.
-Mi vida sobre este globo es muy corta -replicó el Espectro-. Esta noche termina.
-¡Esta noche! --gritó Scrooge.
-Esta noche, a las doce. ¡Escuchad! La hora se acerca.
En aquel momento las campanas daban las once y tres cuartos.
-Perdonadme sí soy indiscreto al hacer tal pregunta -dijo Scrooge. mirando atentamente la túnica del Espíritu-, pero veo algo extraño, que no os pertenece saliendo por debajo de vuestro vestido. ¿Es un pie o una garra?
-Pudiera ser una garra. a juzgar por la carne que hay encima -contestó con tristeza el Espíritu-. ¡Mirad!
De los pliegues de su túnica hizo salir dos niños miserables, abyectos, espantosos, horribles, repugnantes. que cayeron de rodillas a sus pies y se agarraron a su vestidura.
-¡Oh, hombre! ¡Mira, mira, mira a tus pies! exclamó el Espectro.
Eran un niño y una niña, amarillos. flacos, cubiertos de harapos. ceñudos, feroces, pero postrados, sin embargo, en su abyeccíón. Cuando una graciosa juventud habría debido llenar sus mejillas y extender sobre su tez los más frescos colores, una mano marchita y desecada, como la del tiempo, las había arrugado, enflaquecido y decolorado. Donde los ángeles habrían debido reinar, los demonios se ocultaban para lanzar miradas amenazadoras. Ningún cambio, ninguna degradación, ninguna perversión de la humanidad, en ningún grado, a través de todos los misterios de la admirable creación, ha producido, ni con mucho, monstruos tan horribles y. espantosos.
Scrooge retrocedió, pálido de terror. Teniendo en cuenta quien se los mostraba, intentó decir que eran niños hermosos; pero las palabras se detuvieron en su garganta antes que contribuir a una mentira de tan enorme magnitud.
-Espíritu, ¿son hijos vuestros? -Scrooge no pudo decir más.
--Son los hijos de los hombres -contestó el Espíritu, mirándolos-. Y se acogen a mí para reclamar contra sus padres. Este niño es la Ignorancia. Esta niña es la Miseria. Guardaos de ambos y de toda su descendencia. pero sobre todo del niño, pues en su frente veo escrita la sentencia, hasta que lo escrito sea borrado. ¡Niégalo! -gritó el Espíritu, extendiendo una mano hacia la ciudad-. ¡Calumnia a los que te lo dicen! Eso favorecerá tus designios abominables. ¡Pero el fin llegará!
-¿No tienen ningún refugio ni recurso? -exclamó Scrooge.
-¿No hay cárceles? -dijo el Espíritu, devolviéndole por última vez sus propias palabras-. ¿No hay casas de corrección?
La campana dio las doce.
Scrooge miró a su alrededor en busca del Espectro, y ya no le vio. Cuando la última campanada dejó de vibrar, recordó la predicción del viejo Jacob Marley, y, alzando los ojos, vio un fantasma de aspecto solemne, vestido con una túnica con capucha y que iba hacia él deslizándose sobre la tierra como se desliza la bruma.

Oliver Twist (Oliver Twist)


Publicada en partes entre los años 1837 y 1839, narra las aventuras que tiene que sufrir un huerfano. Comienza cuando nace Oliver, después de alumbrar, la madre pide que le den a su hijo, lo carga, le da un beso y la pobre mujer muere, los doctores le revisan la mano y ven que no tenia anillo de matrimonio, así que los doctores tuvieron que enviarlo a un horfanato. Cuando cumplió nueve años, Oliver seguía en el horfanato, un lugar en donde a los huerfanos los maltrataban y no les daban mucho que comer. El encargado de ese horfanato era el Sr. Bumble, quien les daba muy poco de comer a los huerfanos para comer lo que quedaba después. Cierto día a la hora del almuerzo, Oliver se pone de pie, se acerca al Sr. Bumble y le pide mas, el Sr. Bumble se sorprende y le grita. El le informa a sus superiores, ellos le dicen que lo encierre en el calabozo, porque no había otro lugar para los niños que pedían mas. Oliver se quedo varios días encerrado con apenas unos minutos para dormir. Oliver estaba asustado por la oscuridad que en el habla y se tapaba la cara con las manos, para tener el consuelo de que aunque sea la oscuridad era producida por el y si no funcionaba, sacaba el pañuelo de su madre y lo besaba. Llego el glorioso día en que el Sr. Bumble dejo que saliera, le dijo que había un señor que lo quería, el señor se llevo a Oliver, pero en su casa siguieron los maltratos hacia la figura de Oliver y el pobre niño, cansado de abusos decidido escapar. Oliver camino hacia Londres, se fue por un sendero, descubierto a la lluvia y al frío. Oliver llego a Londres, quedo maravillado al ver la gran ciudad.
De pronto, Oliver vio a un chico de su edad, el chico se le acerco y le pregunto de donde era, Oliver le dijo que había caminado por siete días pera llegar a donde estaba. El chico sorprendido le dice que lo acompañe, Oliver le pregunta quien es y le dice que lo llaman el Dodger. Oliver siguió al Dodger por varias calles, llegaron a una calle en donde Oliver pensó en escapar, pero el Dodger lo agarro por la muñeca, se acerco a una casa, dio un silbido, una voz salio de la ventana a la que salvaba y el Dodger dio una contraseña. Oliver se asusto mas cuando escucho esta contraseña, la voz pregunto con quien venia y el Dodger respondió que era un amigo, los dejaron entrar. Entraron a un cuarto grande y oscuro, en una cocina, friendo salchichas estaba un hombre que era viejo y lo único que le brillaban eran los ojos, y le brillaron mas cuando vio al nuevo niño, se le acerco y le dio la bienvenida al nuevo niño, Oliver se sentó junto a los demás niños y cenaron, después de cenar Oliver se echo a dormir en el lugar mas cercano que tenia. Cuando Oliver se despertó, vio que algo se movía a lo lejos, era el viejo Fagin, que así se llamaba el viejo que lo recibió. Oliver pensó que era mejor que no lo viera despierto, pero fue muy tarde, Fagin se le estaba acercando de una forma muy amenazadora. Fagin empezó a acusar a Oliver de cargos falsos, Fagin se dio cuenta que Oliver no había visto nada así que lo dejo tranquilo. Después de ese mal rato, Fagin le da a Oliver unos pañuelos y le dice que le quite las iniciales bordadas en el, pero sin dañar la tela. En ese momento, Dodger entra en la habitación, le pregunta a Oliver si quiere ir con el, Oliver sin pensarlo dos veces, asiente con la cabeza, el Dodger le dice a Fagin que se lo va a llevar a trabajar y Fagin le dice a Oliver, que vaya con el Dodger. Los dos niños salieron a la calle, Oliver vio a un hombre viejo de cara amigable, amistoso y bondadoso, sin saber porque a Oliver le dieron ganas de hablarle pero no se atrevió, el señor caminaba adelante de los niños, evitandolos. Mientras están caminando, Oliver ve que el Dodger se adelanta, llega a la altura del señor y le saca el reloj de su bolsillo, luego se aleja caminando tranquilamente mientras guarda el reloj en su bolsillo, al ver esto, Oliver comprendio todo lo que había, comprendio que había llegado a un refugio de ladrones.

El señor que había sido robado, noto que le faltaba el reloj y empezó a gritar por su reloj, Oliver ve que el Dodger corre, y el, asustado, también corre. Todas las personas de los alrededores pensaron que Oliver era el ladrón y empezaron a perseguirlo, el señor atrapa a Oliver y le pregunta si es el quien le ha robado, cuando llega un policía le pregunta al señor si el niño que ha atrapado es el responsable del robo, el señor dice que no esta seguro completamente. El señor ve a Oliver detenidamente y ve su cara pálida del susto, le dice que lo acompañe y que el responsable del robo le saque provecho al reloj, porque ya no le importaba, Oliver le agradece por lo que ha hecho, el señor le pregunta si tiene un hogar en donde vivir o si tiene una familia, Oliver le dice que no tiene nada ni a nadie, entonces el señor le dice que lo va a llevar a su casa y se puede quedar a vivir allí, el hombre se presenta como el señor Brownlow. El señor vivía solo con sus sirvientes y no tenia familia alguna. El señor Brownlow le dijo a Oliver que a partir de ese momento iba a ser parte de su familia, iba a tener su cuarto personal e iba a estudiar. El señor Brownlow cumplió con sus promesas y Oliver estaba muy feliz por todo lo que tenia, lo único que extrañaba era el pañuelo que su madre lo había dejado en la guarida de Fagin.

El Dodger no le había dicho nada a Fagin sobre el paradero de Oliver, solo sabia que había corrido el día del robo. Cierto día, Fagin ve al Dodger pensativo, le pregunta que le ocurre, Dodger no quiere decir nada, a esto el le pregunta por Oliver, el Dodger le dice que se lo había llevado la policía, Fagin se molesta con el Dodger por no haber avisado, el Dodger insulta a Fagin y lo amenaza. En ese momento entra un hombre robusto grande, de cara grande y barba de tres días, con cara de muy disgustado y parecía que se había peleado unos días antes, este hombre malvado se llamaba Bill Sikes. Fagin le dice que tienen problemas, Sikes le pregunta que problema. Pero en ese momento entra Nancy, una joven de cara fina y rasgos muy definidos, era una joven delicada, era la novia de Bill. Le pregunta a Fagin que ha ocurrido, el taramudea, Sikes, al ver esto se le acerca y lo toma por el cuello, Nancy le pide que lo suelte, pero el solo se rie y despues de unos segundos lo suelta. Bill le dice a Fagin que ecplique lo que ha ocurrido claramente, Fagin le dice que la policia se ha llevado a Oliver pensando que el era el responsable del robo que cometio el Dodger, Sikes le dice que deben ir a buscarlo, porque mientras este con los policias puede decir donde queda su refugio. Fagin le dice que nadie del refugio puede ir a buscarlo, pero habia pensado que Nancy podia ir a reclamarlo como su hermano, ella se opuso, pero ante la insistencia de Sikes no tuvo otra opcion, ella se dirigio a la comisaria y averiguo que vivia con el señor Brownlow, luego regresa al refugio para informar a Fagin y a Sikes.

Mientras, en la casa del señor Brownlow, el se encuentra en su biblioteca con un viejo amigo, que no acepta la idea de dar alojamiento a un chico de la calle, el señor Brownlow le dice que es un buen niño y lo puede demostrar. El señor llama a Oliver, le entrega unos libros y dinero para que lo entregue en la libreria, le da las indicaciones y lo deja que se caya, su amigo le dice que se olvide de lo que le ha dado al niño. En cuanto Oliver da la vuelta a la casa del señor Brownlow, aparecen el Dodger y el resto de la pandilla, ellos se llevan a Oliver contra su voluntad hacia el refugio de Fagin. El amigo del señor Brownlow le dice que se debe olvidar definitivamente de las cosas que le dio a ese niño, porque ya nunca mas las iba a ver, el señor Bronlow se lamenta diciendo que el niño tenia cara amable e inocente.

En el refugio, Oliver habia sido recibido por Fagin, Nancy, que estava presente le pidio disculpas a Oliver por haberlo delatado y haber dicho que se encontraba en la casa del Sr. Brownlow, Oliver le dijo que no tenian que preocuparse, porque no iba a mencionar nada de su guarida y las personas que lo habitan. En ese momento entra Sikes que saluda a Oliver despues de haber regresado. Oliverle dice a Bill que deje que regrese a su casa con su familia, Sikes le dice que ahora esa era su casa y que ellos eran si familia, pero Oliver le dijo que eso no era verdad, que su verdadera casa y familia estaba en la casa del Sr. Brownlow, y pedia qu elo dejaran regresar, porque el Sr. Brownlow iba a pensar que se habia robado sus libros y su dinero. Sikes al escuchar que tenia dinero se acerca a Oliver y dandole un golpe le quita el dinero que tenia, Nancy le dice a Bill que era un cobarde, por golpear a un niño de una forma tan vill y despreciable, Sikes le dice que asi como le ha pegado a Oliver le podia pegar a ella, despues de decir eso le da un golpe a Nancy. El Dodger intenta calamarlo, pero Bill lo amenaza con golperalo tambien a el. Despues de esto, Bill se lleva a Oliver y al Dodger a otro cuarto, en el, le dice a Oliver que los iba a ayudar a robar la casa del Sr. Brownlow, porque el es el que mejor la conocia, Oliver se nego, pero Bill apuntandole con una pistola le dice que esa era una prueba de lealtad y si no la pasa iba a tener problemas. Sikes le dice a Oliver que esa casa tenia cosas de mucho valor que iban a ser utiles en su refugio, que el se iba a meter por la ventan y les iba a abrir la puerta, el resto era cosa de Sikes y Dodger, si no podia hacer eso, el lo lanzaria al rio. Oliver le dijo que no lo haria, Bill comienza a respirar mas rapido y su cara muestra una amargura que va creciendo muy violentamente. El dodger le pide a Sikes que lo deje hablar con Oliver a solas, el accede. El Dodger le dice a Oliver que debe aceptar porque si no Sikes es capas de tirarlo al rio o peor, Oliver al escuchar esto accede, Bill queda satisfecho con la decicion y le dice que esa noche iban a dar el golpe. Esa noche, Bill, el Dodger y Oliver se fueron a la casa del Sr. Brownlow. Oliver rompio una ventana con una piedar cubierta con tela, entra a la casa, pero en el momento que entra una de las empleadas de la casa se despierta, Oliver al escuchar la voz de la empleada se acerca a la puerta, la abre y corre sin rumbo seguido por el Dodger y Sikes.

Cuando llegan a la guarida, Sikes golpea fuertemente a Oliver y al Dodger, despues de golperalos dice que se va a la taberna para buscar a una verdadera novia, y le dice a Nancy que esta harto de sus sentimentalismos. Despues que salio, Nancy se acerca para consolar a Oliver y Sikes. Despues de que Bill vuelve y todos estan dormidos, Nancy quizo ver el pañuelo de la madre de Oliver, se acerco a las pocas cosas que tenia Oliver, vio el pañuelo y decidio que iba a hacer algo que debia haber hecho hace dias. Nancy sale a la calle con el pañuelo en la mano, se dirige a la casa del Sr. Brownlow, lo recibe una criada y le da aviso a su amo. En cuanto sale, Nancy le dice que tiene noticias sobre Oliver Twist, el señor le pregunta como sabe su nombre y ella le dice que Oliver le ha contado mucho sobre el y su casa, cuando estaba en el refugio de los chicos que se lo llevaron contra su voluntad, el Sr. Brownlow pregunto quienes, Nancy le dijo que eran hombres malos y ella les habia dicho en donde se encontraba su casa el Sr. Brownlow le dijo que pudo haber evitado eso, Nancy le dice que estava en un refugio de ladrones y Oliver no debia estra lli porque era un chico bueno, dijo que en ese lugar lo podian matar. El Sr. Brownlow le pregunta que, como puede confiar en ella, Nancy le dice que traia una de sus pertenencias personales, talvez el señor la habia visto, pero el nunca lo habia visto en manos de Oliver. Aun asi, Nancy le mostro el pañuelo y le dijo que era de su madre, le dijo que es un niño muy especial. Nancy le entrega el pañuelo y le enseña las iniciales bordadas en una de las esquinas, en cuanto el Sr. Brownlow ve las iniciales bordadas se queda atonito. Nancy le pregunta que le ocurre, el Sr. Brownlow le dice que ese es el pañuelo de su hija que huyo diez años atras cuando se entero que estaba embarazada, entonces Oliver era su nieto, por eso se le parecia mucho y se sentia muy encariñado con el. El Sr. Brownlow le pregunto si era posible que lo llevara a donde sta Oliver, Nancy le dice que no es posible, podria salir muerto de alli, ella misma se estaba arriesgando al salir. Le dijo que si su novio se enteraba que habia ido a hablar con el seria capaz de matarla, era un hombre muy malo y sentia que su deber era acompañarlo. El Sr. Brownlow le pregunto si queria ayudar a Oliver, ella le dijo que si, el Sr. Brownlow le pregunto si podria facilitarle la huida a Oliver, ella le dijo que si, le dijo que se encontraran en el peunte de londres a las once de la noche y que alli le iba a dar a Oliver, y le pidio que no le dijera nada a nadie, porque si alguien se enteraba la iban a matar, Nancy se despidio del Sr. Brownlow y regreso a la guarida.

Nancy devolvio el pañuelo a su ubicacion orginal observando cuidadosamente que nadie la estuvira viendo, despues de dejar el pañuelo voltea y ve a Sikes parado junto a la escalera. Nancy, sin perder tiempo le dice a Bill que habia salido a caminar cono lo hacia antes, cuando era joven, cuando el la queria. Sikes le dice a Nancy que esa noche iba a ir a la teberna y queria que ella estuvier alli, como lo hacia antes, cuando la queria. Nancy se desespero al no saber que hacer, pero decidio que iba a acompañar a Sikes. Esa noche, en la taberna, Bill se estava distrayendo con sus amigos, mientras Nancy miraba el reloj que ya iba a dar las once de la noche. Nancy aprovecho un momento en que Bill se distrajo y salio a la calle, en cuanto salio, corrio a la guarida. Entro y Oliver estaba dormido, Nancy lo despierta, Oliver se viste de inmediato y salen corriendo en direccion al puente de Londres. En el trayecto, Oliver le muestra a Nancy el pañuelo de su madre y le dice que se lo quede, que si alguna ves encontraba a alguien que la conociera que se lo dieray le dijera que tuvo una vida, corta pero infeliz, Nancy accede y se guarda el pañuelo. Mientras, en la taberna, Sikes ya habia notado la ausencia de Nancy y salio corriendo a la calle, pero no vio nada. Cuando Nancy estava por llegar al puente, ve que el Sr. Brownlow ya los esta esperando, pero cuando estaban a pocos metros para llegar al puente se encuentra con el Dodger, el le pregunta a donde llevava a Oliver, Nancy le dice que lo iba a llevar a donde iba a ser mas feliz y le señala el puente, el Dodger no lo permite, le da un golpe a Oliver que lo desmaya, luego aparecen tres de sus amigos y se lo llevan a Oliver en homros, el Sr. Brownlow ha visto todo lo que ha sucedido. En la guarida, Fagin espera a Sikes, cuando el llega le pregunta por Nancy, Fagin le dice que iba a devolver a Oliver, Bill se enfurece mucho,Fagin le pide que se tranquilice un poco, pero es en vano. Sikes se acerca a Nancy y le pide que se acerque a su cuarto, ella accede a esa propuesta.

Cuando entran al caurto, Sikes le dice a Nancy que ya sabia lo que iba a hacer, Nancy le dice que protegiera su vida como ella protegio la suya al no mencianar la guarida y no haberle delatado, Bill la insulta y se enfurece mas. Nancy, entre llantos, le dice que habia hablado con ellos para que los ayuden a conseguir una casa y tener una damilia, para que tengan una vida distinta a la que viven y tener una buena vida. Sikes se enfurece mucho al oir estas palabras, saca su pistola, le da a Nancy un golpe en la cabeza con la culata de la pistola, Nancy cae, le sangra la cabeza, pero se vuelve a levantar, coge el pañuelo de Oliver y se limpia la sangre de la cabeza, luego reza una oracion, Sikes ciego a todo menos a su fueria agarra una tabla y la golpea contra la caebeza de Nancy, cae muerta al suelo. En ese momento, se escuchan varias voces desde la calle. El Sr. Brownlow ha seguido a los niños a la guarida y luego regreso con la policia y un grupo de personas. Sikes se dirige a la otra habitacion, ve a Oliver esondido por el miedo, porque ha escuchado lo que ha ocurrido. Bill agarra a Oliver por los brazos, lo saca por la fuerza por la ventana, todas las personas ven como Sikes lleva a Oliver contra su voluntad hacia el techo del edificio, llegan hasta un tejado, llegan hasta el punto evacio entre un tejado y otro, ve una cuerda que esta colgando, deja a Oliver en el tejado y se lanza para agarrar la cuerda, pero se enrieda con esta, se hace un nudo alrrededor de su cuello, cuando intenta sujetarse cae y se ahorca. La policia recoge el cuerpo y Oliver se encuentra con su abuelo. Fagin es capturado y los niños huyen por todo Londres. Desde ese dia, Oliver vive con su avuelo, el Sr. Brownlow, y su vida cambia muy drasticamente. Cierto tiempo mas tarde, Oliver va con el Sr. Brownlow ha visitar una tumba, visitaron la tumba de la hija del Sr. Brownlow, la madre de Oliver, a quien le dejo un ramo de flores, contemplando el cuerpo de su madre, sin vida que la habia dado por darsela a el.


A continuacion un capitulo de "Oliver Twist":


Oliver decidió ir Londres, aunque la gran ciudad se encon­traba a más de setenta millas. Anduvo una semana sin comer apenas, al cabo de la cual, llegó al pequeño pueblo de Barnet, cubierto de polvo y con los pies ensangrentados. Ago­tado, se sentó a descansar en un portal, y allí permaneció inmó­vil y silencioso. De pronto se fijó en muchacho de su misma edad, sucio y desaseado, que no paraba de mirarle desde el otro lado de la calle. El desconocido, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón, cruzó y, plantándose delante de Oliver, le dijo:
‑¿Qué haces aquí, coleguilla? ¿Tienes problemas?
‑Tengo hambre y estoy muy cansado ‑contestó Oliver sin poder contener el llanto‑. Llevo siete días andando.
‑¡Siete días o pata! ‑exclamó el jovencito‑. ¡Madre mía! Tú lo que necesitas es una buena jola. Yo también ando pelao pero algo conseguiré.
El muchacho compró jamón y pan en una tienducha y Oliver hizo una larga y abundante comida.
‑Me llamo Jack Dawkins, pero todos me llaman et P¡llastre. Seguro que vas a Londres, ¿a que sí?
‑Eso pretendo ‑contestó Oliver‑, pero no tengo dinero, ni sé dónde me podré alojar.
‑No te comas el coco con eso, sé dónde te darán alojamien­to gratis. Si te parece, haremos el resto del camino juntos.
‑¡Sería estupendo! ‑exclamó Oliver sorprendido‑. Llevo sin dormir bajo techo desde que salí de la casa de mi amo.
Jack y Oliver llegaron a Londres avanzada la noche. Camina­ron por calles sucias y miserables hasta una casa donde el P¡llas­tre entró con decisión..
‑¿Quién es? ‑gritó una voz desde el interior.
Jack dijo algo parecido a una contraseña. En ese momento, la cabeza de un hombre asomó por la barandilla.
‑Vengo con un nuevo compinche ‑anunció.
‑¡Sube, anda! Dime, ¿de dónde lo has sacado?
‑De la inopia ‑contestó Jack mientras subían la escalera.
Los dos entraron en una habitación de paredes negras y sucias donde un viejo judío de aspecto repugnante estaba frien­do salchichas. Alrededor de la mesa estaban sentados varios muchachos que tendrían más o menos la edad del P¡llastre. Todos fumaban en pipa y bebían cerveza,
‑Este es Fagin ‑dijo Jack Dawkins señalando al anciano‑; y éste, mi amigo Oliver Twist.
‑Espero que seamos amigos ‑dijo el hombre estrechándole la mano‑. Siéntate a cenar con nosotros.
Oliver no salió de aquella habitación durante varios días. Observaba lo que sucedía a su alrededor con gran extrañeza y, por más que lo intentaba, no lograba comprender cómo se ganaban la vida aquellos chicos; por qué salían por la mañana y regresaban por la noche con carteras, pañuelos de seda o joyas que entregaban a su protector. Tampoco entendía por qué Fagin los mandaba a la cama sin cenar cuando volvían a casa con las manos vacías. Ni se podía explicar el motivo por el cual vivía en aquel antro sucio y desolado un hombre tan rico.
Un día, el señor Fagin reunió al P¡llastre, a uno de los chicos llamado Charley Bates y a Oliver, y les dijo:
‑Este jovencito saldrá hoy a trabajar con vosotros. Es hora de que vaya aprendiendo el oficio.
Iban los tres caminando por la calle cuando, de pronto, el P¡llastre se paró en seco y dijo en voz baja:
‑¿Veis al viejo que está en el puesto de libros? ¡A por él!
Oliver observó horrorizado cómo sus compañeros se colo­caban detrás del respetable anciano; luego, el P¡llastre le metía la mano en el bolsillo y le robaba un pañuelo, para desaparecer finalmente, en un abrir y cerrar de ojos. Fue entonces cuando Oliver entendió que había estado viviendo con una pandilla de ladrones. El terror y la confusión se apoderaron de él y no supo hacer otra cosa que echar a correr. La mala suerte quiso que, en aquel momento, el anciano se diera cuenta del hurto y, al ver a Oliver corriendo, lo tomó por el ratero. Así es que salió en su persecución gritando: “¡Al ladrón! ¡Al ladrón!” Pronto, decenas de personas empezaron a perseguirlo y, aunque OI¡­ver corrió y corrió, finalmente lograron alcanzarlo.
‑¿Es éste el muchacho? ‑preguntaron al caballero.
‑Sí, me temo que sí ‑contestó el anciano.
En aquel momento, llegó un agente y agarró a Oliver por e¡ cuello de la camisa.
‑¡No he sido yo! ¡Se lo prometo! ‑dijo Oliver juntando las manos en tono suplicante.
‑¡Levántate de una vez, demonio! ‑ordenó el agente.
Oliver se incorporó a duras penas a inmediatamente se vio arrastrado por el policía.
‑Aquí traigo a un joven cazapañuelos ‑dijo el agente al entrar a la comisaría.
‑Señores ‑dijo el caballero víctima del robo‑, no estoy seguro de que este muchacho haya sido el ladrón. Yo prefiriría dejar este asunto...
Sin hacer caso de sus argumentos, el anciano fue conducido a una sala donde se encontraba el juez Fang. Tenía aspecto de hombre autoritario y estaba sentado detrás de una mesa situa­da sobre un estrado. Al lado de la puerta, había una jaula de madera y, en ella, estaba encerrado Oliver.
‑¿Quién es usted? ‑preguntó el señor Fang.
‑Mi nombre es Brownlow, señor ‑contestó el anciano‑. Y antes de prestarjuramento roganá a su señoná que me permi­tiera decir algo...
‑¡Cállese! ‑ordenó bruscamente el juez.
‑¿Cómo? ‑preguntó el señor Brownlow rojo de ira. Pero comprendió que se tenía que dominar para no perjudicar al pobre Oliver Cuando llegó su turno, expuso su caso y conclu­yó diciendo:
‑Ruego a su señoría que traten a este muchacho con indul­gencia. Me temo que se encuentra muy mal.
‑¿Cómo te llamas, pequeño ratero? ‑preguntó el juez Fang.
Oliver se sentía incapaz de responder porque todo le daba vueltas y más vueltas. Entonces, Fang se dirigió a un anciano que estaba de pie junto al estrado y preguntó:
‑Oficial, ¿cómo se llama este pilluelo?
Éste, al ver que iba a ser imposible sacarle una palabra al muchacho, improvisó un nombre:
‑Se llama Tom White.
En aquel punto del interrogatorio, Oliver, con un hilo de voz, suplicó que le dieran un poco de agua.
‑¡Cuidado, se va a caer! ‑gritó el señor Brownlow al ver a Olivertambalearse. Al instante, Oliver cayó al suelo.
‑Ya se levantará cuando se canse ‑dijo el juez‑. Queda con­denado a tres meses de trabajos forzados. ¡Despejen la sala!
De repente, un anciano, de digna aunque pobre apariencia, irrumpió en la sala y avanzó hasta el estrado.
‑¡No se lleven al muchacho! ‑gritó‑. Yo soy el dueño del puesto de libros donde sucedió el robo. Lo vi todo y juro que él no es el ladrón.
El juez miró con cara de desconfianza a todos los que se encontraban en la sala y dijo con indiferencia:
‑El muchacho queda absuelto.
El señor Brownlow, ayudado por el librero, montó a OI¡ver en su coche y lo llevó a su casa; allí, por primera vez, el mucha­co fue cuidado con cariño y bondad.

David Copperfield (David Copperfield)


Publicada en 1850 y narrada en primera persona, cuenta las vivencias de David Copperfield desde que era niño hasta su segundo matrimonio. La historia empieza cuando nace David, su padre había fallecido seis meses antes. Unos días antes de su nacimiento, había llegado su tía abuela Betsy Trotwood, quien creía profundamente que iba a nacer una mujer y le pedía a su madre que le llame como ella y que fuera su madrina. El día del nacimiento, el doctor le dijo a Betsy que había nacido un hombre, en ese momento, la señora, cogió su sombrero y se fue. David creció con su madre y con Peggotty, su niñera. Cuando David tenia cinco años, Peggotty llevo a David a Yarmouth, para visitar a su hermano. Dan, el hermano de Peggotty, tenia la tutela de dos niños, Emily y Ham. David se enamoro inmediatamente de Emily y se declaro, le dijo a Emily que estaba muy enamorado de ella y que si no lo aceptaba se mataría, pero Emily le dijo que ella también lo amaba y no era necesario que se mate. David estuvo quince días en la casa de Dan, pero se dio cuenta que extrañaba a su madre así que regreso con Peggotty a su casa. Cuando regresaron, Peggotty le dijo a David que ahora tenia un nuevo padre. Después de haberle dicho eso, Peggotty llevo a David al salón, en donde estaba el nuevo padre junto con su madre, David reconocido al señor, era el señor Murdstone. En cuanto la madre lo vio trato de decirle algo, pero el señor Murdstone le dijo que no halara nada, que el trataba de manipularla.Desde ese momento, el señor Murdstone ejerció todo el poder sobre esa familia y abusaba varias veces de David, además lo insultaba a el y a su madre. Además de disciplinar a David, era su maestro, pero no le enseñaba nada, David se aburría y quería aprender algo, encontró unos libros que eran de su padre en una habitación del ultimo piso de su casa.

Paso el tiempo, y la madre de David tuvo un hijo, pero el señor Murdstone no dejaba que David viera al bebe. Cierto día, solamente porque David no había aprendido bien unas lecciones el señor Murdstone comenzó a azotarlo, David, para protegerse, le mordió la mano, pero el señor Murdstone, aumento los azotes y lo golpeaba cada vez mas fuerte hasta hacerlo caer medio muerto. Encerraron a David en su habitación por cinco días. Peggotty se acerco al cuarto y por la puerta le dijo que lo iban a internar en un colegio.El señor Murdstone se llevo a David al internado, pero el día en que dejo a David, le puso un papel en la espalda diciendo que tengan cuidado porque muerde, todos los niños se reían de el, excepto uno, se llamaba Steerforth, era el mayor de todos y todos lo respetaban. Steerforth decidió proteger a David, y desde ese momento, nadie volvió a fastidiar a David. Desde ese momento, David y Steerforth se volvieron buenos amigos, David le contaba las historias que había leído en la habitación de su padre, mientras que Steerforth le enseñaba matemáticas. El día de su cumpleaños, el director del internado llama a David a su oficina. Le dice que su madre estaba muy enferma, que es posible que ya haya muerto. David salio de la oficina y se echo en su cama a llorar toda la tarde hasta que se quedo dormido, cuando despertó lloro un rato mas. David regreso a su casa, y se entero que no solo su madre había muerto, también había muerto el bebe. El señor Murdstone echo a Peggotty de su casa, ella se caso con un cochero. El señor Murdstone, mando a David a trabajar al almacén de su amigo, David se hospedo en un cuarto en la casa de un señor Micawber, el vivía con su esposa y tres hijos, ellos atravesaban varias dificultades económicas y vivían empeñando los muebles de su casa. Conforme paso el tiempo, David se unió mas a esa familia, hasta que cierto día, para escapar de sus deudas, los Micawber se mudaron. David no quería regresar con el señor Murdstone, así que decidió escapar.David se dirigió a la casa de la uncia parienta viva, su tía abuela, Betsy Trotwood, camino por seis días hasta llegar a Dover, después de preguntar, llego hasta la casa y encontró a su tía. David se le acerco y le dijo que el era su sobrino, al que había dejado el día de su nacimiento porque no fue mujer. Betsy cayó sentada, después de un rato, llevo a David a su casa, lo baño y le dijo que desde ese momento ella seria su tutora, además ahora se llamaría David Trotwood Copperfield, como siempre se debió llamar, según su tía.

La tía Betsy mando a David a estudiar en un colegio de Canterbery, lo llevo a ese poblado y lo hospedo en la casa de Mr. Wickfield, un buen amigo suyo. Lo primero que hizo Mr. Wickfield, fue mostrarle a David quien era la ama de llaves. David se sorprendió al ver que era una niña de casi su edad, Mr. Wickfield le dijo que la conociera bien, porque ella era la única ama de llaves y la única razón de vivir de el, era su hija, Ines. Además de ellos, en esa casa también vivía un joven de figura cadavérica que se asomaba de rato en rato. Esa noche, el señor Wickfield bebió hasta quedar ebrio, Ines tocaba el piano, pero en un momento dejo el piano y se asomo a su padre y le dijo que ya era tarde y que era hora de dormir. Se despidieron y David se fue a su habitación, mientras subía, se encontró con el joven de figura cadavérica, se presento como Uriah Heep, era empleado del señor Wickfield, le dijo que quería instruirse en leyes, David le dijo que entonces quería ser socio del señor Wickfield, pero Uriah le dijo que no, que era muy humilde para eso, que le debía mucho al señor Wickfield, al haberle dado cosas que su pobre madre no podría, le dio que tal vez David llegara a ser el socio del Sr. Wickfield. David le dijo que no quería estudiar leyes, así que se despidió y le estrecho la mano, David sintió que su mano era fría húmeda y blanda, se sentía como la mano de un muerto. En el colegio, David siempre ocupo los primeros puestos. Cierto día, Uriah invito a David a comer a la cada de su madre, David acepto. Cuando regresaba a la casa del Sr. Wickfield, se encontró con el señor Micawber, parado frente a la puerta de los Heep, tenia cara de hombre abatido, endeudado, como si ya hubiera empeñado su ultimo mueble, David se acerco y se saludaron, luego de conversar unos segundos, se despidieron y cuando David estaba a distancia, voltea y ve que el señor Micawber entra a la casa de los Heep.

Paso el tiempo y David termino el colegio. Se sentía muy triste, porque eso significaba que se debía alejar de Ines. David quería estudiar para ser independiente y no vivir bajo el mismo techo que su tía. Betsy le recomienda a David que viaje a Yarmouth, para visitar a Peggotty, su niñera. David se despidió de Ines antes de viajar, le dijo que siempre pensara en ella, que le pediría consejo y que le diría el día que se enamore. Ines le dijo que le quería preguntar algo, ella le dijo que si había notado algo extraño en su papa, David le dijo que lo dañaba el vicio que le vio desde el día que llego, la bebida lo estaba enfermando, David le dijo a Ines que hace algún tiempo vio llorar a su padre como un niño, pero en ese momento entra Mr. Wickfield y tuvieron que romper la conversación.

Cuando David estaba en mitad del camino para ir a la casa de Peggotty, se encontró con Steerforth, su amigo del colegio al que llego con fama de saber morder, David se emociono tanto al ver a su antiguo amigo que lo invita a la casa de Peggotty, Steerforth acepta y lo acompaña. Cuando pasan por la casa de Dan son recibidos muy alegremente por la noticia que Emily había aceptado casarse con Ham, eran casi hermanos, pero no lo eran verdaderos. Dan estaba muy feliz y Ham estaba muy sonriente. Después de la noticia, David y Emily recuerdan cuando eran niños y se sonrojan, Steerforth estaba viendo como conversaban los dos amigos. Cuando llegaron a la casa de Peggotty, David noto en Steerforth algo extraño. Steerforth le dijo que Emily era muy bella como para estar comprometida con un hombre como Ham, David le recordó que había estado conversando con el, abrazado, como si fuera su amigo. David se acerco a su amigo, después de unos segundos le dijo que desearia haber crecido con un padre a su lado, alguien que lo apoye, deseaba ser mas bueno, David no supo que contestar, así que no hablo.

Cuando regreso de su visita a la casa de Peggotty, David aun no sabia que estudiar, su tía Betsy le recomendo que sea porcurador del tribunal de porcuradores y le explico que era un porcurador. Betsy le compro un departamento de soltero a David. David, para estrenarlo, nvito a Steerford y unos de sus amigos, David se enborracho con vino, despues de esa reunion, se fueron al teatro. David se encontro con Ines en el teatro, como estava fuera de si, grito varias cosas, avergonzando a Ines. Al dia siguiente, Ines le escribe una carta pidiendo que vaya a su casa. David, se disculpa con ella cuando la ve, le dice que ella es su angel bueno, ella le respondio dici9endole que si fuera verdad no haria maldades, David entendio que era por lo que habia pasado la noche anterior. Despues de conversar y de que Ines perdonara a David, ella le pregunta si ha visto a Uriah, David no sabia que estava en Londres, Ines le dijo que si, que ahora el se hacia cargo de los negocios de su padre, que ahora eran socios, pero Uriah se aprovechava de la debilidad de Mr. Wickfield y el le tenia miedo a Uriah, Ines estava desesperada. Esa noche, David se econtro con Uriah, el le dio que fue un buen profeta, que habia adivinado el futuro. Uriah dijo que se sentia muy honrado por ser socio de Mr. Wickfield, pero el habia cometido varias inprudencias, despues, Uriah le dijo que queria hacerle una confecion. Le dijo que estaba muy enamorado de Ines y le pergunto si es que creia que ella podria ser su esposa. David se sintio furioso contra Uriah, solo pensaba en que Ines iba a ser ultrajada por ese ser miserable.

David comenzo a trabajar en el tribunal de procuradores, su jefe, un dia, invito a David a cenar a su casa y le persento a su Dora, su hija, David se enamoro completamente de ella. Durante las siguientes semanas, David esperaba que lo invitaran nuevamente a la casa de su jefe, pero no recibio ninguna invitacion. En cambio, se encontro con Steerforth, que lo invito a cenar a su casa. Mientras cenaban, Steerforth le cono que venia de Yarmouth, que se habia ido a descansar cerca al mar, y le conto que el esposo de Peggotty estava muy enfermo, David le dijo que iba a viajar, pero antes de irse, Steerforth le pidio que pensara de el lo mejor posible. David partio inmediatamente a la casa de Peggotty, pero era muy tarde, su esposo ya habia muerto. Cuando paso por la casa de Dan, vio que el humilde hogar, estava muy entristecido, Emily habia huido de su casa, Ham le entrego una carta de Emily que habia escrito antes de irse. En la carta decia que se iba de su hogar para irse con el hombre que ama, ademas decia que ella regresaria si su esposo deja que regrese a su hogar con una nueva honra. Cuando termino de leer al carta, David pregunto si sospechaban de alguien y le dijeron que el hombre lo habia conocido la ultima vez que el vino, David entendio que Steerforth habia huido con Emily. David vio que Dan se vestia para viajar y dijo que viajaria por todo el mundo si es nesesario para encontrar a Emily, para rescatarla de su vergüenza y regresarla a su hogar.
David y Dan viajaron juntos a Londres, en la estacion, David se despide de Dan. Cuando David llega a su trabajo, su jefe lo invita a la fiesta de cumpleaños de Dora, siempre habia estado pensando en ella, y vio que ella tambien le tenia afecto, hasta que un dia, David le declaro su amor a Dora, ella le dijo que tambien lo amaba. Pero cierta tarde, Betsy se presento en la casa de David con una maleta. Betsy le dijo que esa maleta era lo unico que tenia, que habia invertido su pequeña fortuna y lo habia perdido todo, lo que mas lamentaba era que David no heredaria nada. Decidieron vivir juntos en el departamento de David hasta que se venciera el alquiler. David no podia dormir, pensando que su pobrza haria imposible su matrimonio con Dora. David comenzo a trabajar mas tiempo y estudio taquigrafia para ganar mas. David regreso a Cantervery, se encontro con el Sr. Micawber, estava muy feliz, como su hubiera recuperado todo el dinero que habia empeñado en sus muebles. Micawber le dijo que se habia unido por contrato a Uriah Heep que lo habia librado de varias deudas. David fue al dia siguiente a la casa de Mr. Wickfield y vio que era verdad lo que le habia dicho Micawber. Llego para la cena, tambien estava presente Uriah Heep. Uriah le estava dando de beber mucho vino a Mr. Wickfield, ademas comenzo a proponer varios brindis. Minutos despues de haber empezado los brindis, Ines se retiro a la cocina. Uriah aprovecho en ese momento para proponer un brindis por Ines, comenzo diciendo que era un verdadero honor ser su padre, pero iba a ser un honor mas grande el ser su esposo. Mr. Wickfield, al escuchar esto, detuvo el brindis de Uriah dando un grito y levantandose bruscamente de la mesa, Uriah le dijo que el tenia tanto derecho como otro de ser esposo de Ines. Wickfield le dijo a David que viera bien a su verdugo, que poco a poco habia hecho que perdiera todo lo que tenia. David intento hablar, pero Uriah lo callo diciendole que lo que dijera podia pesarle. Despues de eso, entro Ines y se llevo a su padre, David se estava llenando de odio contra Uriah.

Cierto dia, el jefe de David se acerco a su oficina y le enseño una carta que David habia escrito para Dora, su jefe le pidio una explicacion. David le confeso que amaba a Dora y que estava dispuesto a dejar todo para casarse con ella, pero el no accedio a la propuesta. Pero David y Dora se siguieron viendo a escondidas. El padre de Dora murio unas semanas despues, los amantes aprovecharon esa tragica circunstancia para casarse. David podia mantener su casa como taquigrafo. Vivieron felices, pero cierto dia, Dora comenzo a quejarce de dolores y de cansancio. Poco a poco Dora se estava debilitando cada vez mas, David tenia que llevarla en brazos. Cierto dia, David se encontro con Dan, que habia recorrido la mayor parte de Europa buscando Emily. En ese momento, David se acordo de una pordiosera llamada Marta, que era amiga de Ines, penso que si Ines ya habia llegado se lo hubiera dicho a Marta. Cuando la encontraron, ella los guio hacia una calle vieja y oscura, donde alquilaban cuartos. Dan entro en una casa muy pobre, Marta les indico la puerta de un cuarto, Dan entro, David no entro por miedo a lo que podia haber alli. Despues de unos segundos de que Dan entro, David escucho la exclamacion de una mujer y David entro. En el cuarto vio que Dan tenia a Emily entre brazos, se habia desmayado y Dan estava dandole un dulce beso en su mejilla. Emily, despues que dejo a Steerforth, se vio obliada a prostituirse, pero ahora ya habia regresado y Dan la habia encontrado, ya estaba bien. Dan se llevo a Emily en sus brazos. Dos dias despues, Dan le conto a David que Steerforth habia abandonado a Emily y que el y Emiluy, se van de viaje a Australia para empezar una nueva vida.
Dias despues, Mr. Micawber cito a David y a su tia a la casa de Mr. Wickfield. Tambien estavan presente, Ines y Uriah. Micawber, dijo que Uriah era un hombre vil, habia alterado todas las transacciones ademas, habia hecho que el Sr. Wickfield firmara un acta en la que renunciaba de su cargo en la sociedad y legandole todo a Uriah. Uriah dijo que no era posible, que el no podia probarlo, pero Micawber le dijo que el llevava los libros en su casa. Betsy, al escuchar esto, se puso de pie, primero le dijo a Ines que habia dejado su dinero a cargo de su padre y que todo el tiempo que penso que el era el que habia hecho sud desgracia, en relidad fue Uriah Heep, esto lo dijo mientras se acercaba a Uriaha, para luego agarrarle por el cuello y apretandolo fuertemente, le pidio su fortuna, Uriah, antes de morir ahoracod, confeso todo.
El doctor, le habia dicho a David, que su esposa etava muy enferma, que ya no le quedaba mucho tiempo de vida, el dia de su muerte, Ines estava en su casa. Dora le dijo a David, que ella era demasiado joven para ser esposa, que con el tiempo el se iba a aburrir de ella asi que era rpeferible que pasara eso. David le dijo que no sabia lo que decia, le dijo que el poco tiempo que pasaron juntos lo pasaron muy felices. Cuando terminaron de hablar, Dora le dijo a David que queria hablar con Ines. David fue a buscarla, David no queria dejarla, Dora le dijo que era para bien y era nescesario que hablara con Ines. david accedio y llamo a Ines. David se quedo en el pasadiso, recordando todo lo que habia vivido. Cuando salio Ines, miro a David con un rostro lleno de compasion y levanto su mano al cielo, David entendio lo que habia ocurrido.
Paso el tiempo, Uriah fue encarcelado, Ines fundo un colegio de niñas, Betsy recupero su fortuna y regreso a su casa, Wickfield recupero su posicion. Ines le recomendo a David que viajara por un tiempo, David accedio. David fue a Yarmouth para despedirse de Ham. Como Ham no estava e su casa, David se hospedo en una posada. En la noche, mientras dormia, un hombre toco su puerta diciendo que habia un naufragio. En la playa, las personas se habian asomado para ver el terrible espectaculo, algunos marineros habian saltado del barco y lograron salvarse. Las personas estaban apuntando a un hombre, el ultimo que quedaba en el barco. David vio como Ham se lanzaba al mar para ir y ayudar al pobre hombre. Las personas vieron a Ham nadar hacie l barco y llegar hasta el, pero cuando estaba subiendo, una inmensa ola arremte contra el barco. Despues de un rato, David vio como el cuerpo sin vida de Ham regresaba a la orilla. David se sento al costado de su amigo. Un pescador se acerco a David y le dijo que habia otro hombre muerto. David se dirigio hacia donde estava el muerto y vio que el otro hombre muerto, por el que Ham habia perdido la vida, era Steerforth. Dias despues, David y Peggotty, fueron al puerto para despedir a Ham y Emily que se iban para no regresar, nunca les contaron lo que paso con Ham.
David viajo a Suiza, Ines le escribia muy seguido, todo el tiempo que estuvo de viaje, David pensaba que toda su juventud habia despreciado el amor de Ines y que si ella en algun momento lo amo, ya era tarde. Despues de tres años, David regreso a su hogar. Betsy le dijo a David que Ines estava comprometida, el se fue a buscarla. Concersaron por largo rato. Terminando la conversacion, David le dijo que siempre confiaria en ella, le dijo que se lo habian prometido cuando eran niños y si ella no le habia dicho, el reclamaba su derecho, le dijo que no se preocupara, que si estava comprometida, que le dijera. Ines se puso de pie, le dijo que su honestidad y su amistad hacia que confiese que si tenia un secreto que siempre fue de ella, cuando se lo iba a decir, David le dijo que no hablara, David abrazo a Ines por la cintura y le dijo que si algun dia podria llamarla algo mas que amiga. Ines le dijo que lo ha amado toda su vida, se besaron , David le propuso matrimonio y se casaron despues de quince dias. El dia del matrimonio, Ines le dijo que el dia que murio Dora, le habia dicho que solo ella podria ocupar su lugar.

A Continuacion un capitulo de "David Copperfield":


CAPÍTULO XIV

LAS OPERACIONES DE MÍSTER MICAWBER

No voy ahora a describir mi estado de ánimo bajo el peso de aquella desgracia. Pensaba que el porvenir no existía para mí; que la energía y la acción se me habían terminado, y que no podría encontrar mejor refugio que la tumba. Digo que llegué a pensar en todo esto; pero no fue en el primer momento de mi pena. Aquellas ideas fueron germinando poco a poco en mí. Si los acontecimientos que voy a narrar ahora no me hubieran envuelto desde el primer instante, distrayendo mi aflicción, y más tarde aumentándola, es posible (aunque no lo creo probable) que hubiese caído enseguida en aquel estado. Pero hubo un intervalo antes de que me diera cuenta bien de toda mi desgracia; un intervalo durante el cual hasta supuse que sus más agudos sufrimientos habían pasado ya y en el que pude consolar mi memoria, descansándola en todo lo más hermoso a inocente de la tierna historia que se me había cerrado para siempre.

Todavía hoy no sé cuándo se habló por primera vez de que yo debía ir al continente, ni cómo llegamos a estar todos de acuerdo en que debía buscar el restablecimiento de mi calma en el cambio y los viajes. El espíritu de Agnes dominaba de tal modo todo lo que pensamos, dijimos a hicimos en aquella época de tristeza, que puedo achacar el proyecto a su influencia. Pero aquella influencia era tan serena, que ya no sé más.

Y ahora pienso que mi modo de asociarla en la infancia con la vidriera de la iglesia era como una visión profética de lo que iba a ser para mí en la desgracia que debía agobiarme un día. En efecto; desde el momento inolvidable en que se presentó ante mí, con la mano levantada, su presencia fue como la de una santa en mi solitaria morada: y cuando el ángel de la muerte entró en ella, mi «mujer-niña» se durmió con una sonrisa sobre su pecho. Me lo contaron cuando ya pude soportar el oírlo.

De mi inconsciencia desperté para ver sus lágrimas de compasión, para oír sus palabras de esperanza y de paz, para ver su dulce rostro inclinado, como desde una región más pura y más cercana al cielo, sobre mi indisciplinado corazón, dulcificando sus dolores.

Pero voy a proseguir mi relato.

Iba a marcharme para el continente. Esto parecía cosa decidida desde el primer momento. La tierra cubría ya los restos mortales de mi mujercita, y sólo esperaba por lo que míster Micawber llamaba la «pulverización final de Heep» y «la marcha de los emigrantes».

Volvimos a Canterbury, llamados por Traddles (el más cariñoso y mejor de los amigos en mi desgracia), mi tía, Agnes y yo, y nos citamos todos en casa de míster Micawber; allí y en casa de míster Wickfield había estado trabajando sin cesar mi amigo desde nuestra reunión « explosiva» . Cuando la pobre mistress Micawber me vio entrar de luto, lo sintió muy sinceramente. Había mucha bondad en el corazón de mistress Micawber que no le había sido arrancada en el transcurso de los años.

-Muy bien, míster y mistress Micawber -saludó mi tía en cuanto nos sentamos-. ¿Hacen ustedes el favor de decirme si han pensado bien en mi proposición de emigrar'?

-Querida señora -contestó míster Micawber-, quizá no pueda expresar mejor la conclusión a la que mistress Micawber, su humilde servidora, y puedo añadir nuestros hijos, hemos junta y separadamente llegado, sino, adoptando el lenguaje de un ilustre poeta, contestando que nuestro bote está en la playa y nuestra barca está en el mar.

-Eso está muy bien -dijo mi tía-. Auguro toda clase de cosas buenas por esta decisión tan sensata.

-Señora, nos honra usted mucho -afirmó. Y enseguida, consultando el memorándum, dijo: -Respecto a la ayuda pecuniaria que nos permita lanzar nuestra frágil canoa sobre el océano de las empresas, he vuelto a considerar detenidamente este punto importante del negocio, y me atrevo a proponer mis notas de mano, hechas (no necesito decirlo) en papel timbrado, como lo requieren varios actos del Parlamento relativos a estas garantías. Ofrezco el reembolso a dieciocho, veinticuatro y treinta meses. La proposición que primeramente expuse era doce, dieciocho y veinticuatro meses; pero temí no tener tiempo suficiente para reunir la cantidad necesaria. Podría suceder -dijo míster Micawber, mirando alrededor de la habitación, como si representara varios cientos de áreas de tierra cultivada- que al primer vencimiento no hubiéramos tenido éxito en nuestra cosecha, o no la hubiéramos recogido aún. Creo que la labor es difícil en esa parte de nuestras posesiones coloniales, donde nos será forzoso luchar contra la tierra inculta.

-Arréglelo usted como quiera -dijo mi tía.

-Señora -contestó él-, mistress Micawber y yo estamos profundamente agradecidos por la consideración y bondad de nuestros amigos y patronos. Lo que deseo es poder ser exactamente puntual y un perfecto negociante. Volviendo, como estamos a punto de volver, una hoja completamente nueva, y retrocediendo, como estamos ahora en el acto de retroceder, hacia una primavera de tranquilidad no común, es importante para mi sentido de la dignidad, además de ser un ejemplo para mi hijo, que estos arreglos se hagan entre nosotros como de hombre a hombre.

No sé qué sentido prestaría míster Micawber a esta última frase; no creo que ninguno de los que la emplearon se lo haya dado nunca; pero a él le gustó mucho y la repitió, con una tos expresiva: «como de hombre a hombre» .

-Propongo -continuó míster Micawber- pagarés; están muy en uso en el mundo comercial, y creo que debemos su origen a los judíos, que me parece han tenido mucho que ver con ello desde entonces, y los propongo porque son negociables. Pero si una letra o cualquier otra garantía es preferida, me sentiré dichoso conformándome a lo que ustedes decidan sobre ello, « como de hombre a hombre».

Mi tía observó que en el caso en que estaban las dos partes, de convenir en cualquiera cosa que fuera, estaba segura de que no habría dificultades para resolver aquel punto. Míster Micawber fue de su misma opinión.

-En cuanto a nuestras preparaciones domésticas, señora -dijo míster Micawber con alguna vanidad-, para hacer frente al destino a que debemos consagramos, pido permiso para referirlas. Mi hija mayor va todas las mañanas, a las cinco, a un establecimiento cercano para adquirir el talento (si se puede llamar así) de ordeñar vacas. Mis hijos más pequeños tienen instrucciones para que observen, tan de cerca como las circunstancias se lo permitan, las costumbres de los cerdos y aves de corral que hay en los barrios más pobres de esta ciudad; persiguiendo este objetivo, los han traído a casa en dos ocasiones a punto de ser atropellados. Yo mismo he prestado alguna atención, durante la semana pasada, al arte de fabricar pan; y mi hijo Wilkins se ha dedicado a conducir, con un cayado, el ganado, cuando se lo permiten los zafios que lo cuidan. Los ayudaba voluntariamente; pero siento decir que no era muy a menudo, porque generalmente le insultaban con palabrotas, para que desistiera.

-Muy bien, muy bien -dijo mi tía para animar-. No dudo que mistress Micawber también habrá tenido algo que hacer...

-Querida señora -contestó mistress Micawber con su expresión atareada-, le confieso que no me he dedicado activamente a nada que se relacione directamente con el cultivo y el almacenaje, a pesar de estar enterada de que ello ha de reclamar mi atención en playas extrañas. Todas las oportunidades que he podido restar a mis quehaceres domésticos las he consagrado a una correspondencia algo extensa con mi familia; porque me parece a mí, mi querido míster Copperfield -dijo mistress Micawber, que siempre se volvía hacia mí (supongo que por su antigua costumbre de pronunciar mi nombre al empezar sus discursos)-, que ha llegado el momento de enterrar el pasado en el olvido, y que mi familia debe dar a míster Micawber la mano, y míster Micawber dársela a mi familia. Ya es hora de que el león se acueste con el cordero y de que mi familia se reconcilie con míster Micawber.

Dije que pensaba lo mismo.

-Ese es, por lo menos, el modo como yo considero el asunto. Mi querido míster Copperfield -continuo mistress Micawber-, cuando vivía en mi casa con mi papá y mi mamá, mi papá tenía la costumbre de consultarme cuando se discutía cualquier punto en nuestro estrecho círculo: «¿Desde qué aspecto ves tú el asunto, Emma mía?». Ya sé que papá era demasiado parcial-, sin embargo, respecto a la frialdad que ha existido siempre entre míster Micawber y mi familia, me he formado necesariamente una opinión, por falsa que sea.

-Sin duda. Claro que la tiene usted que habérsela formado, señora -dijo mi tía.

-Precisamente -asintió mistress Micawber-. Sin embargo, puedo estar equivocada en mis conclusiones; es muy probable que lo esté; pero mi impresión individual es que el abismo que hay entre mi familia y míster Micawber puede haberse abierto por el temor, por parte de mi familia, de que míster Micawber necesitara algún auxilio pecuniario. No puedo por menos de pensar -dijo mistress Micawber con expresión de profunda sagacidad- que hay miembros de mi familia que han temido que míster Micawber les pidiera el nombre para algo. Y no me refiero para el caso de bautizar a nuestros hijos, sino para inscribirlo en letras de cambio y negociarlo en la Banca.

La mirada penetrante con que mistress Micawber enunció aquel descubrimiento, como si nadie hubiera pensado en ello, pareció extrañar mucho a mi tía, quien contestó de repente

-Bien, señora; en el fondo, no me chocaría que tuviera usted razón.

-Como míster Micawber está en vísperas de soltar las cadenas que le han atado durante tanto tiempo -continuo mistress Micawber- y de empezar una nueva carrera, en una tierra donde hay campo abierto para sus habilidades (lo que, en mi opinión, es muy importante, porque las habilidades de míster Micawber requieren mucho espacio), me parece a mí que mi familia debía señalar esta ocasión adelantándose la primera. Lo que yo desearía es ver reunidos a míster Micawber y a mi familia en una fiesta dada y costeada por mi familia; donde, al proponer algún miembro importante de mi familia un brindis a la salud de míster Micawber, míster Micawber pudiera tener ocasión de desarrollar sus puntos de vista.

-Querida mía -dijo míster Micawber con cierta pasión-, quizá sea mejor que yo declare ahorra mismo aquí que si desarrollara mis puntos de vista ante esta reunión, probablemente los encontrarían ofensivos, porque mi impresión es que todos los miembros de tu familia son, en general, unos impertinentes snobs, y en detalle, unos bribones sin paliativo.

-Micawber -dijo mistress Micawber, sacudiendo la cabeza-, nunca les has comprendido, y ellos nunca lo han comprendido a ti.

Míster Micawber tosió.

-Nunca lo han comprendido -dijo su mujer-. Puede que sean incapaces de ello. Si es así, esa es su desgracia, y soy muy dueña de compadecerlos.

-Siento mucho, mi querida Emma -dijo, con mayor lentitud míster Micawber-, el haberme traicionado en expresiones que puedan, aunque sea remotamente, tener la apariencia de ofensivas. Todo lo que digo es que puedo irme al continente sin que tu familia se adelante a favorecerme; en resumen, con una última sacudida de sus hombros; y que prefiero dejar Inglaterra con el ímpetu que poseo, que deberles la menor ayuda. Eso no quita, querida mía, que si llegaran a contestar a tus comunicaciones (lo que nuestra experiencia hace muy improbable), lejos de mí está el ser una barrera para tus deseos.

Habiendo arreglado este asunto amigablemente, míster Micawber dio su brazo a mistress Micawber, y mirando al montón de libros y papeles que había encima de la mesa, ante Traddles, dijo que nos dejaban solos, lo que ceremoniosamente llevaron a cabo.

-Mi querido Copperfield --dijo Traddles, apoyándose en su silla, cuando se fueron, y mirándome con tanto cariño que se le enrojecieron los ojos y el pelo se le puso de mil formas raras-, no me disculpo por molestarte con negocios, porque sé que lo interesan profundamente y que hasta podrán distraerte. Y espero, amigo mío, que no estés cansado.

-Estoy completamente repuesto -le dije después de una pausa-. Tenemos que pensar en mi tía antes que en nadie. ¡Ya sabes todo lo que ha hecho!

-¡Claro, claro! -contestó Traddles-. ¿Quién puede olvidarlo?

-Pero no es eso todo -dije-. Durante estos últimos días le atormentaban preocupaciones nuevas, y ha ido y vuelto a Londres todos los días. Varias veces ha salido temprano y no ha vuelto hasta el anochecer. Anoche, Traddles, sabiendo que tenía que hacer este viaje y todo, era casi media noche cuando volvió a casa. Ya sabes hasta qué punto es considerada con los demás, y por eso no quiere decirme lo que ha ocurrido ni lo que le hace sufrir.

Mi tía, muy pálida y con arrugas profundas en su frente, permanecía inmóvil escuchándome; algunas lágrimas extraviadas corrían por sus mejillas, y puso su mano en la mía.

-No es nada, Trot; no es nada. Ya ha terminado todo, y lo sabrás un día de estos. Ahora, Agnes, querida mía, vamos a dedicamos a estos asuntos.

-Tengo que hacer justicia a míster Micawber -empezó Traddles- diciendo que, aunque parece que para sí mismo no ha conseguido trabajar con éxito, es el hombre más incansable cuando trabaja para los demás. Nunca he visto cosa semejante. Si siempre ha hecho lo mismo, a mi juicio, es como si tuviera ya doscientos años. El calor con que lo ha hecho todo y el modo impetuoso con que ha estado excavando noche y día entre papeles y libros, sin contar el inmenso número de cartas suyas que han venido a esta casa desde la de míster Wickfield; y a veces hasta de un lado a otro de la mesa en que estábamos sentados, cuando le hubiera sido más cómodo hablar, es extraordinario.

-¿Cartas? --exclamó mi tía-. ¡Yo creo que sueña con cartas!

-También míster Dick ---dijo Traddles- ha hecho maravillas. Tan pronto como le descargamos de observar a Uriah Heep, cosa que hizo con un celo que nunca vi excedido, empezó a dedicarse a míster Wickfield; y realmente, su ansia de ser útil en nuestras investigaciones, y su verdadera utilidad en extraer y copiar, y traer y llevar, han sido un estímulo para nosotros.

-Dick es un hombre muy notable -exclamó mi tía-; yo siempre lo he dicho. Trot, tú lo sabes.

-Me alegra mucho decirle, miss Wickfield -continuó Traddles, con una delicadeza y seriedad conmovedoras-, que, en su ausencia, míster Wickfield ha mejorado considerablemente. Libertado del peso que le agobiaba desde hacía tanto tiempo, y de los horribles temores bajo los que ha vivido, ahora no es el mismo de antes. A veces hasta recobraba su fuerza mental para concentrar su memoria y atención en algunos puntos del asunto; y ha podido ayudamos a esclarecer algunas cosas que sin su ayuda habrían sido muy difíciles, si no imposibles, de desenredar. Pero quiero llegar cuanto antes al resultado, en lugar de charlar de todas las circunstancias que he observado, pues si no, no acabaría nunca.

Su sencillez dejaba traslucir que decía todo aquello para ponernos contentos y preparar a Agnes a oír nombrar a su padre en cosas más confidenciales; pero no por eso era menos agradable su naturalidad.

-Ahora vamos a ver -continuó Traddles mirando entre los papeles de la mesa-. Después de saber con lo que contamos, y de haber contado en primer lugar con una cantidad grande de confusión involuntaria, y en segundo con una confusión y falsificación voluntarias, queda demostrado que míster Wickfield puede cerrar ahora su negocio y su notaría sin ningún déficit ni desfalco.

-¡Oh, gracias, Dios mío! --exclamó Agnes con fervor.

-Pero -dijo Traddles- lo que quedaría entonces para subvenir a sus necesidades (y al decir esto supongo la casa ya vendida) sería tan exiguo, que probablemente no excedería a unos cientos de libras. Por lo tanto, miss Wickfield, convendría reflexionar si no se podría conservar la notaría abierta. Sus amigos podrían aconsejarle, ya sabe usted, ahora que está libre. Usted misma, miss Wickfield, Copperfield, yo.

-Ya lo he pensado, Trotwood -dijo Agnes mirándome-, y siento que no debe ser, y que no será, aunque me lo aconseje un amigo a quien agradezco y debo tanto.

-No diré que te he aconsejado -observó Traddles-. Me parecía bien sugerirlo nada más.

-Me alegra el oírselo decir --contestó Agnes con tranquilidad-; esto me hace esperar, casi me da la seguridad de que opinamos del mismo modo. Querido míster Traddles y querido Trotwood, papá libre y con honra, ¡qué más puedo desear! Siempre he aspirado, de poder ser, a disminuir los embrollos en que se había metido, a devolverle un poco de los cuidados y cariños que le debo, y dedicarle mi vida. Esta ha sido durante muchos años mi mejor esperanza. Tener la responsabilidad de nuestro porvenir sobre mí será mi segunda gran alegría después de librarle de toda preocupación y responsabilidad.

-¿Has pensado cómo, Agnes?

-Muchas veces. No tengo miedo, querido Trotwood. Estoy segura del éxito. Tanta gente me conoce aquí y me aprecia, que estoy segura. No dudes de mí. Nuestras necesidades no son muchas. Si alquilo nuestra querida y vieja casa, y pongo una escuela, seré útil y feliz.

El fervor tranquilo de su alegre voz me trajo a la memoria tan vivamente la querida casa vieja primero, y luego mi hogar solitario, que mi corazón estaba demasiado lleno para poder hablar. Traddles hizo como que estaba muy ocupado, buscando entre los papeles durante un rato.

-Ahora, miss Trotwood -dijo Traddles-, esa propiedad es suya.

-¡Bueno! Lo que tengo que decir es que si desapareció puedo sobrellevarlo, y que si aun existe, me alegraré mucho de recobrarla.

-En su origen creo que eran ocho mil libras -dijo Traddles.

-Eso era ---contestó mi tía.

-No he conseguido encontrar más de cinco -dijo Traddles, perplejo.

-¿Miles quiere usted decir -inquirió mi tía con compostura nada vulgar-, libras?

-Cinco mil libras -dijo Traddles.

-Eso es lo que quedaba --contestó mi tía-. Yo misma vendí tres mil; pagué mil por tus cosas, Trot querido, y llevo conmigo las otras dos mil. Cuando perdí lo demás me pareció prudente no hablar de esta cantidad y guardarla en secreto para algún día de apuro. Quería ver cómo saldrías de la prueba, Trot; saliste de ella noblemente, con perseverancia, abnegación, confiando en ti mismo. ¡Lo mismo se ha portado Dick! ¡No me hablen, porque tengo los nervios alterados

Nadie lo hubiera creído viéndola tan tiesa, sentada, con los brazos cruzados; pero es que se dominaba maravillosamente.

-Pues no saben lo que me alegro decirles -exclamó Traddles radiante de alegría- que hemos recobrado todo el dinero.

-Que nadie me dé la enhorabuena --exclamó mi tía---. ¿Y cómo es eso, caballero?

-¿Usted creía que míster Wickfield lo había malversado? --dijo Traddles.

-Claro que lo creía -dijo mi tía-, y por eso me lo callaba. Agnes, ni una palabra.

-Y se vendió --dijo Traddles-, ¡vaya si se vendió!, en virtud de un poder suyo que él tenía; pero no necesito decir por quién fue vendido o bajo qué firma. Luego el vendedor lo fingió a míster Wickfield (y probó con números el muy canalla) que él mismo se había apoderado del dinero (dándole instrucciones generales, decía) para ocultar otros déficit y deudas. Míster Wickfield, desamparado, fue tan débil en sus manos, que llegó a pagarle a usted varias cantidades de intereses de un capital que sabía que no existía, haciéndose así, desgraciadamente, cómplice del fraude.

-Y por fin cargó con toda la culpa -añadió mi tía---, y me escribió una carta loca, culpándose de robo y maldades que nadie puede imaginar. Entonces fui a visitarle una mañana temprano, pedí una vela, quemé la carta y le dije que si alguna vez podía justificarse ante mí y ante sí mismo, que lo hiciera, y que si no podía, se callara por amor a su hija. Si alguien me habla, me marcho ahora mismo.

Todos nos quedamos silenciosos; Agnes se tapaba la cara.

-Bien, amigo mío --dijo mi tía después de una pausa-, ¿y por fin le ha vuelto usted a sacar el dinero?

-El hecho es --contestó Traddles- que míster Micawber le había cercado de tal modo, que tenía siempre preparados argumentos nuevos por si alguno fallaba, y no se nos pudo escapar. Una de las circunstancias más notables es que no creo que se apoderara de la cantidad por satisfacer su avaricia desordenada, sino más bien por el odio que sentía contra Copperfield. Me lo dijo claramente. Dijo que hubiese gastado otro tanto por hacer daño a Copperfield.

-¡Ah! -exclamó mi tía frunciendo su entrecejo y mirando hacia Agnes-. ¿Y qué ha sido de él?

-No lo sé -dijo Traddles-. Se marchó de aquí con su madre, que no había cesado de clamar, descubrirse y amenazarnos. Se marcharon en una de las diligencias de la noche, y ya no he vuelto a saber de él, excepto que su odio hacia mí al despedimos fue inmenso. Se considera poco más o menos tan deudor contra mí como contra míster Micawber, lo que considero (como se lo dije) un cumplido.

-¿Supones que tendrá algún dinero, Traddles? -pregunté.

-Creo que sí, querido --contestó, sacudiendo muy serio la cabeza- Estoy seguro de que, de un modo o de otro, se ha metido en el bolsillo buenas cantidades. Pero, Copperfield, creo que si pudieras observar a ese hombre en el transcurso de su vida, verías que el dinero no le impedirá que sea dañino. Es tan profundamente hipócrita, que cualquier fin que persiga tiene que perseguirlo por caminos torcidos. Es su única compensación, por lo que se domina exteriormente. Como siempre se arrastra para conseguir cualquier fin pequeño, siempre le parece monstruoso cualquier obstáculo que halle en su camino; en consecuencia, odiará y sospechará de todo el mundo que se coloque, del modo más inocente, entre él y su objetivo. Así, los caminos tortuosos se volverán más torcidos en cualquier momento y por cualquier razón o por ninguna. No hay más que fijarse en su historia de aquí -dijo Traddles- para saberlo.

-Es un monstruo de mezquindad -dijo mi tía.

-Realmente, no sé -observó Traddles pensativo-. Cualquiera puede ser un monstruo de mezquindad proponiéndoselo.

-Y ahora, respecto a míster Micawber... --dijo mi tía.

-Bien -dijo Traddles alegremente-. Debo una vez más alabar a míster Micawber, pues si no hubiera sido por su paciencia y perseverancia durante todo este tiempo nunca hubiese conseguido nada que mereciese la pena; y creo que debemos considerar que mister Micawber ha hecho el bien por amor a la justicia, si consideramos las condiciones que podía haberle propuesto a Uriah Heep por su silencio

-Lo mismo pienso yo --dije.

-Y usted ¿qué le daría? -insistió mi tía.

-¡Oh! Antes de tratar de esto ---dijo Traddles, un poco desconcertado- temo haber omitido (como no podía exponer todo a un tiempo) dos puntos al hacer este arreglo ilegal (porque es perfectamente ilegal desde el principio hasta el fin) de un negocio difícil. Las letras y demás que mister Micawber le dio por los adelantos a Uriah...

-Bien. Hay que pagarlos -dijo mi tía.

-Sí; pero no sé cuándo se podrán encontrar, no sé dónde estarán -contestó Traddles abriendo los ojos-; y les advierto que desde ahora hasta su marcha se verá arrestado constantemente y puesto en la prisión por deudas.

-Pues habrá que ponerlo en libertad cada vez y pagar lo que sea -dijo mi tía-. ¿A cuánto asciende el total?

-Mister Micawber tiene apuntadas en un libro, con el mayor orden, todas las operaciones (las llama operaciones) -comentó Traddles sonriendo-, y la suma total asciende a ciento tres libras y cinco chelines.

-¿Y qué le daríamos además, incluyendo esa suma? -dijo mi tía- Agnes, querida mía, tú y yo hablaremos después de repartírnoslo. ¿Cuánto le daremos? ¿Quinientas libras?

A esto Traddles y yo contestamos a un tiempo. Los dos recomendábamos una pequeña cantidad en dinero, y el pago, sin condiciones, de las reclamaciones de Uriah según fueran viniendo. Propusimos que se pagara a la familia el pasaje y los gastos y que se les diera cien libras, y también que se debía atender con seriedad a los arreglos de míster Micawber para el pago de los adelantos, ya que el suponerse bajo una responsabilidad así podía ser beneficioso para él. A esto añadí la idea de dar explicaciones de su carácter a historia a mister Peggotty, en quien yo sabía que se podía confiar, y dejar a su discreción el poderle adelantar otras cien libras. Luego propusimos interesar a míster Micawber por mister Peggotty, contando a aquel parte de la historia de este, lo que yo creyera justo y conveniente, a intentar que cada uno de ellos ayudara al otro para su beneficio común. Todos estábamos de acuerdo en ello, y también los interesados lo hicieron poco después, con una muy buena voluntad y en perfecta armonía.

Viendo que Traddles volvía a mirar con ansiedad a mi tía, le recordé el segundo y último punto que había prometido.

-Tú y tu tía me disculparéis, Copperfield, si toco, como temo, un asunto doloroso --dijo Traddles vacilando--; pero creo necesario recordároslo. El día de la memorable denuncia de míster Micawber, Uriah Heep hizo una alusión amenazadora al marido de tu tía.

Mi tía, manteniéndose en su tiesa postura y aparente serenidad, asintió con la cabeza.

-Quizá -observó Traddles- fuera sólo una impertinencia voluntaria.

-No -contestó mi tía.

-¿Existía, perdóneme, de verdad esa persona y estaba en su poder? -insinuó Traddles.

-Sí, amigo mío --dijo mi tía.

A Traddles se le alargó la cara perceptiblemente y explicó que no había podido tocar aquel asunto; que había compartido la suerte de las habilidades de míster Micawber al no ser comprendido en cuantos términos había usado; que ya no teníamos ninguna autoridad sobre Uriah Heep, y que si nos podía hacer a cualquiera de nosotros algún daño o causarnos alguna molestia, nos lo haría seguramente.

Mi tía permaneció inmóvil hasta que otra vez algunas lágrimas rebeldes rodaron por sus mejillas.

-Tiene usted razón --dijo, Estaba bien pensado el aludir a ello.

-¿Podernos Copperfield o yo hacer algo? -preguntó Traddles suavemente.

-Nada -dijo mi tía-. Muchísimas gracias, Trot, querido mío. ¡Era una amenaza vana! ¡Que vuelvan míster y mistress Micawber, y que ninguno de vosotros me hable!

Al decir esto se arregló su traje y se sentó, con su porte erguido, mirando hacia la puerta.

-Bien, míster y mistress Micawber --dijo mi tía cuando entraron-. Hemos estado discutiendo su emigración, y les pedimos mil perdones por haberlos tenido fuera durante tanto rato; y ahora les diré las condiciones que les proponemos.

Les explicó todo, para satisfacción indudable de toda la familia; y como los niños estaban presentes, se despertaron en míster Micawber sus costumbres puntillosas en cuestiones de deudas, y no pudimos disuadirle de salir corriendo, con alegría, a comprar pólizas para sus pagarés. Pero su alegría recibió un gran golpe. A los cinco minutos volvió, custodiado por un oficial del sheriff, informándonos, con un diluvio de lágrimas, de que todo se había perdido. Nosotros, que estábamos preparados a esto, que era, naturalmente, un procedimiento de Uriah Heep, pagamos enseguida, y al momento ya estaba míster Micawber, sentado ante la mesa, llenando el papel sellado con esa expresión de perfecta alegría que sólo esta ocupación y el hacer ponche podían prestar a su reluciente cara. Era graciosísimo verle trabajar en sus pólizas con la delicadeza de un artista, retocándolas como si fueran estampas, mirándolas de lado y recogiendo en su cuaderno de bolsilo apuntes de fechas y cantidades y contemplándolas al terminar, muy convencido de su precioso valor.

-Ahora, lo mejor que puede usted hacer, caballero, si me permite aconsejarle ---dijo mi tía después de observarle en silencio-, es renunciar para siempre a esta clase de ocupaciones.

-Señora -contestó míster Micawber-, mi intención es consultar este voto en la página virgen del futuro. Mistress Micawber lo atestiguará. Confío ---dijo míster Micawber solemnemente- en que mi hijo Wilkins se acordará siempre de que es infinitamente mejor poner el puño en el fuego que usarlo para manejar las serpientes que han envenenado la sangre y la vida de su desgraciado padre.

Profundamente afectado y transformado en un momento en la imagen de la desesperación, míster Micawber miraba a las serpientes con una cara de aborrecimiento horroroso (en el que no se dejaba traslucir su no muy antigua admiración); después dobló el papel y se lo metió en el bolsillo. Esto terminó los asuntos de la tarde. Estábamos cansados y tristes, y mi tía y yo teníamos que volver a Londres al día siguiente. Se había decidido que los Micawber nos seguirían después de efectuar la venta de sus cosas a algún corredor-, que los negocios de míster Wickfield debían llegar a un arreglo con la prisa conveniente y bajo la dirección de Traddles, y que mientras estos negocios estaban pendientes Agnes vendría también con nosotros a Londres. Pasamos la noche en la casa vieja, que, libre de la presencia de los Heeps, parecía curada de una enfermedad. Dormí en mi antigua habitación como un náufrago aventurero que vuelve a su hogar.

Al día siguiente volvimos a casa de mi tía (no a la mía), y cuando estábamos sentados solos, como antiguamente, antes de acostamos, me dijo:

-Trot, ¿quieres de veras saber lo que últimamente me ha preocupado?

-Ya lo creo, tía. Si ha habido algún tiempo en que he querido compartir tus penas y tus ansiedades, es ahora.

-Bastantes penas has tenido ya, niño -me contestó cariñosamente-,sin necesidad de aumentarlas con las mías. No había más motivo que este para que te las ocultara.

-Lo sé -dije-; pero, cuéntamelas ahora.

-¿Quieres acompañarme mañana? Saldremos en coche -me dijo mi tía.

-¡Claro que sí!

-¡A las nueve! --dijo ella-. Y entonces te lo contaré, hijo mío.

A la mañana siguiente, a las nueve, salimos en el coche y nos dirigimos a Londres. Paseamos en coche entre calles mucho rato hasta que llegamos a una en que están los grandes hospitales. Junto al edificio había un coche fúnebre sencillo. El cochero reconoció a mi tía, y obedeciendo a una seña que por la ventanilla le hizo mi tía, echó a andar despacio. Nosotros le seguíamos.

-¿Lo comprendes ahora, Trot? -dijo mi tía-. ¡Se fue!

-¿Murió en el hospital?

-Sí.

Estaba inmóvil a mi lado; pero otra vez volví a ver las lágrimas rebeldes correr por sus mejillas.

-Primero volvió a verme -dijo mi tía---. Llevaba bastante tiempo enfermo; era un hombre destrozado, roto, estos últimos años. Cuando supo el estado en que estaba pidió que me llamaran. Estaba arrepentido, muy arrepentido.

-¡Y tú fuiste, tía; lo sé!

. -Fui. Y estuve con él varias veces.

-¿Y se murió la noche anterior a nuestro viaje a Canterbury? -le dije.

Mi tía afirmó con la cabeza.

-Nadie le puede hacer daño ahora -dijo-. Era una amenaza vana.

Salimos de la ciudad, y llegamos al cementerio de Homsey.

-Mejor aquí que entre calles -dijo mi tía---. Aquí nació.

Bajamos, y seguimos al féretro sencillo a un rincón que recuerdo muy bien, donde leyeron las oraciones del ritual y le cubrieron de tierra.

-Hoy hace treinta y seis años, querido mío --dijo mi tía cuando volvíamos al coche-, que me casé. ¡Dios nos perdone a todos!

Nos sentamos en silencio, y así seguimos mucho rato, con su mano en la mía. Por fin se echó a llorar y dijo:

-Era un hombre muy guapo cuando me casé con él, Trot. ¡Ahora había cambiado tanto!

Después del alivio de las lágrimas, se serenó pronto y hasta estuvo alegre.

-Estoy mal de los nervios -me dijo-; por eso me he dejado llevar por mi pena. ¡Que Dios nos perdone a todos!

Volvimos a su casa de Highgate, donde encontramos la siguiente carta, de míster Micawber, que había llegado en el correo de la mañana:


«Canterbury.

Mi querida señora, y Copperfield: La tierra prometida que brillaba hace poco en el horizonte está otra vez envuelta en niebla impenetrable y desaparece para siempre a los ojos de un infeliz que va a la deriva y cuya sentencia está sellada.

Una nueva orden ha sido dada (en el Tribunal Supremo de Su Majestad, en King's Bench Westminster) sobre la causa de Heep y Micawber, y el demandado de esta causa es la presa del sheriff, que tiene legal jurisdicción en esta bailía.

Ahora es el día, y ahora es la hora;

ved el frente de la batalla más bajo,

ved acercarse el poder de Eduardo el vanidoso.



¡Cadenas y esclavitud!

Por consiguiente, y para un fin rápido (porque la tortura mental sólo se puede soportar hasta cierto punto, al que siento que he llegado) mi carrera durará poco. ¡Los bendigo, los bendigo! Algún viajero futuro, que visite por curiosidad, y espero que también por simpatía, el sitio que dedican en esta ciudad a los deudores, confío en que reflexionará cuando vea en sus muros, inscritas con un clavo mohoso,

Las oscuras iniciales

W M.


P S. -Vuelvo a abrir esta carta para decirles que nuestro común amigo míster Thomas Traddles (que aún no nos ha dejado y que sigue muy bien) ha pagado la deuda y costes en nombre de la noble miss Trotwood, y que yo mismo y mi familia estamos en la cúspide de la felicidad humana. »