lunes, 21 de septiembre de 2009

La Metamorfosis (Die Verwandlung)


Publicada en 1915, narra la historia de como Gregorio Samsa sufre discriminación por parte de su entorno cuando se convierte en un insecto. La historia empieza cuando Gregorio Samsa se despierta después de una noche de sueño profundo, mira el reloj que esta sobre el baúl que esta al costado de su cama y se da cuenta de que son las siete menos cinco de la mañana, cuando debía despertarse a las cuatro de la mañana para ir a su trabajo, el piensa que es porque la noche anterior no había podido dormir bien. Cuando de repente, se da cuenta de que algo muy raro ha ocurrido, ve unas varias patas que salen de su cuerpo y que esta acostado en su cama con la cara hacia el techo cuando y tenia un torso convexo. Pensó que estaba soñando todavía, pero no era así. Pensó en su trabajo y la deuda que le tenia a sus padres se imaginaba como era que su jefe lo despida porque el decía que las personas que no van a trabajar no se enferman, si no que son holgazanas. Volvió a ver el reloj y ve que ya son las siete menos cuatro y su madre se acerca a su cuarto y le toca la puerta. La madre le preguntaba a Gregorio que le pasaba que ya era muy tarde para recibir el tren de las siete. Gregorio le dijo que ya se estaba levantando pero que no podía abrir, pero añadiéndose a las suplicas de su madre, Grete, su hermana, empezó a tocar por la otra puerta y preguntar lo mismo que le había preguntado su madre, Gregorio respondió lo mismo. Pero parecía que su mama y su hermana no entendieron y rompieron en llanto pensando que Gregorio tenia una enfermedad muy grave.


Gregorio empezó a pensar mas en su trabajo, donde la falta de un solo empleado se hacia notar con gran extremismo. Cuando escucha el sonido de alguien que llamaba a la puerta principal de su casa, lo peor que le podía pasar a Gregorio ocurrió, el que tocaba a la puerta, era su jefe que había ido a preguntar por Gregorio que hasta ese momento no había ido a el trabajo y el era por lo general muy puntual. El jefe de Gregorio sube junto con su padre, apartan a la madre de la puerta y tocan llamando a Gregorio, el responde que ya se estaba levantando. El padre al ver que Gregorio no abría la puerta, mando a llamar a un doctor y a un cerrajero. En ese momento, intenta levantarse de la cama y lo logra, pero con mucha dificultad. Se acerca a la puerta y con mucho esfuerzo mueve la cabeza hacia la cerradura, la muerde y la abre, se asoma por uno de los lados de la puerta y la madre muy emocionada se acerca a ver a su hijo, pero al ver el terrible monstruo que estaba allí se desmaya. Su padre se le acerca, pero al ver que el en realidad si es su hijo, se dirige a la sala, se sienta en un mueble y rompe a llorar. El jefe estaba viendo la terrible y repulsiva figura que también lo estaba mirando, el no aguanta mas y se retira muy lentamente, Gregorio al ver esto se desespera e intenta salir, pero el duro caparazón que cubría su espalda no lo dejaba salir, en ese momento, la madre se levanta del desmayo que había sufrido y vuelve a ver a Gregorio y empieza a gritar y se dirige a la cocina. El padre al escuchar los intentos de Gregorio de salir de su habitación, agarra el periódico que tenia cerca y el bastón del jefe, que aun no se iba, sube apresuradamente a la habitación de Gregorio y lo amenaza con los dos objetos, Gregorio se asusta al ver eso, pero aun no se puede mover. El padre no resiste mas y lo empuja hacia adentro de su habitación y Gregorio entra con mucha dificultad y logra entrar, pero se hace una herida en la parte lateral del caparazón se lastima en sus patas El padre cierra la puerta con fuerza y se retira, Gregorio se vuelve a acostar y se despierta en la noche, sintió la terrible herida que tenia, producto de la reacción violenta de su padre.


Sus antenas se movieron de un lado a otro y solo por instinto empezó a caminar hacia una parte de su habitación sin que el se diera cuenta de cual era. Cuando llego a su destino se dio cuenta de que era una cazoleta llena de comida preparada especialmente para el, eran desperdicios de comida, había desde comida de la semana pasada hasta comida del dia anterior. Gregorio solo por instinto empezó a comer, rechazo la comida mas fresca, mientras que la mas rancia era la que devoraba con mas gusto. En la noche, Gregorio estaba sumido en sus pensamientos y vio que la puerta principal de su cuarto se abría y aparecio Grete se acerco a la cazoleta y la limpio, pero se lamentaba al ver que no había comido todo. Y así empezó una rutina que nunca iba a parar, la familia de Gregorio se las arreglo para poder subsistir sin Gregorio, cambiaron de sirvienta dos veces, y ellas juraron no contar nada sobre Gregorio, porque si alguien se enteraba, la familia Samsa iba a ser humillada. El padre consiguió un trabajo para poder manutener a su familia, conforme pasaba el tiempo, Gregorio aprendió a dominar su nuevo cuerpo y su familia se preguntaba que era lo que hacia. El padre a veces asomaba la cabeza para poder presenciar como en que se había convertido su hijo. Grete todos los idas le daba su alimento, pero cierto dia, ella entro mas temprano que de costumbre y Gregorio al verla se escondió rápidamente bajo el mueble de su habitación, desde ese momento, la parta inferior del mueble iba a ser su nuevo lugar de residencia en su cuarto, Gregorio, para que no lo vieran, cogió una sabana de su cama que ya no usaba y la puso en el mueble de tal forma que tapara todo lo que estaba debajo hasta la tocar el suelo. Con el paso del tiempo, Gregorio aprendió a trepar las paredes y los techos con sus varios pares de patas que tenia ahora. Algunas veces escuchaba como hablaba su familia sobre Gregorio y su economía, mas de una vez había escuchado la idea de abandonar a Gregorio en la intemperie.


Cierto dia, la madre tuvo ganas de ir a ver a su hijo a su habitación, coordino con Grete para que pudiera entrar y le ayudara a limpiar, aprovecharon que el padre había salido y entraron la habitación, Gregorio, en ese momento estaba trepando el techo, Grete lo vio rápidamente y antes que la madre, intento hacer que su madre volteara la mirada hacia el lugar, pero no lo logro y sin que Grete se diera cuenta, la madre vio a Gregorio y se desmayo de la gran sorpresa que obtuvo al ver a Gregorio, su único y amado hijo varón, convertido en ese repugnante monstruo. Grete después de ver esto, se fue hacia la cocina a buscar un medicamento para su madre, Gregorio, pensando que podía ayudar, se fue hacia la cocina para ver a su hermana, pero se puso tan cerca de ella, que cuando se volteo para ir a auxiliar a su madre, vio a Gregorio y del susto soltó el frasco seleccionado con el medicamento para su madre y se rompió. Grete le hizo una seña a Gregorio para que se retirara hacia su habitación y el obedeció. Grete busco y encontró otro medicamento para su madre, pero cuando estaba dispuesta a ir a auxiliarla, se escuchó la puerta principal de la casa que se abría, dejo el frasco sobre la mesa y fue a ver quien era.


Cuando llego hasta la puerta, se encontró con su padre, este al ver la cara de Grete le pregunto que era lo que ocurría y ella le respondió que Gregorio se había escapado, el padre al oír esto se molesto y le dijo a Grete que subiera a auxiliar a su madre, ella obedeció. Se dirigió a la cocina y agarro el frasco que había dejado sobre la mesa y se fue en dirección a su madre por la puerta que da de la cocina hacia la habitación de Gregorio. Gregorio se haya subido a la pared mientras su hermana auxiliaba a su madre, pero cuando estaba en medio de la ayuda, aparece su padre por la puerta principal y su cara revela que esta lleno de cólera hacia su hijo. Grete al ver esto, se lleva a su madre hacia la cocina, para que no presenciara lo que iba a ocurrir. Cuando se retiraron, el padre saco una manzana del bolsillo de su pantalón y se la lanzo a Gregorio Gregorio no entendió en ese momento, pero lo logro entender cuando su padre siguió lanzando mas manzanas y una de ellas le impacto en la parte de atrás, la terrible manzana le estaba causando un dolor tan fuerte que Gregorio ya se había resignado a dejar de entretenerse trepando las paredes y el techo de su cuarto. Mientras el padre seguía lanzando las manzanas, la madre salio gritando desde la cocina hacia la habitación de Gregorio, con los pechos descubiertos, porque Grete le había quitado su camisa para que pudiera respirar con mayor facilidad, iba corriendo en dirección al padre y cuando llego a su lado lo agarro y le pidió entre llantos que no hiriera mas a su hijo, pero Gregorio cayó desmayado en el suelo.

La herida de Gregorio tardo mas de un mes en curar, pero aun así, ya no podía subirse a las paredes y al techo de su cuarto, cuando escuchaba a su familia hablar de el, solo se acercaba a la puerta del cuarto correspondiente y escuchaba lo que hablaban. Con el tiempo, el padre tuvo que conseguirse otro empleo y la madre, para ganar mas dinero, lavaba la ropa de los demás empleados de la empresa en donde trabajaba el padre. Cuando pasaron un par de meses, consiguieron una sirvienta que no le tenia miedo a Gregorio, cuando no había nadie en la casa, ella se acercaba a la habitación de Gregorio para limpiarala y el cuando la veía, se le acercaba, pero ella al ver eso agarraba la silla y le amenazaba con golpearle, y Gregorio solo retrocedía. Cierto dia, la madre entro a la habitación de Gregorio para limnpiarla completamente, Gregorio estaba debajo el mueble y escondido detrás de la sabana. Cuando la madre termino de limpiar, trato de mover las cosas de Gregorio, pero en ese momento, llego Grete y le dijo que no lo moviera, porque Gregorio ya se había acomodado a su habitación tal como estaba. Desde ese dia, la madre, la hermana y la sirvienta empezaron a guardar las cosas que sobraban en la casa en la habitación de Gregorio y entraban sin tocar la puerta o anunciarse, lo que hacia cada vez mas difícil a Gregorio esconderse.


Cierto dia, Gregorio escucha voces nuevas en su casa, y entiende que esas voces son porque han conseguido inquilinos en su casa y Gregorio solo se abstuvo a acostumbrarse a esas nuevas voces. Cierto dia, la madre les habia servido la cena a los inquilinos y Grete estaba en la sala principal de la casa tocando su violín. El padre le pregunta a los inquilinos si es que quieren que Grete deje de tocar el violín, pero ellos dicen que no y quieren que Grete entre en la cocina para que anime un poco la cena. El padre salio por la puerta del cuarto de Gregorio y unos minutos después llego por la misma puerta con la madre y Grete, dispusieron las cosas para que Grete pudiera tocar, y empezó el espectáculo, pero no habían cerrado bien la puerta del cuarto de Gregorio. Los inquilinos empezaron a admirar la forma en que Grete tocaba el violín, pero después se aburrieron. Gregorio al escuchar el violin de su hermana se asoma por la puerta mal cerrada y observa como es que los inquilinos no disfrutan del espectaculo, sale para llevarsea Grete de ese lugar, pero sin darse cuenta se habia hecho notar y los inquilinos se desesperaron al ver a Gregorio y el padre los empuja hacia afuera de la habitacion y la madre y Grete meten a Gregorio a su habitacion. Los inquilinos se molestan con la familia y amenazan e denunciarlos, pero el padre se disculpa y los inquilinos se van a dormir. La familia piensa en botar a Gregorio al dia siguiente y se van a dormir. Gregorio, ya muy deprimido por el destino que le ha tocado se hecha a dormir. A la mañana siguiente, la sirvienta se despierta temprano y se acerca al dormitorio de Gregorio para limpiar la habitacion, pero ve que no estaba el monstruo, se acerca al mueble, muebe la sabana que lo cubria y ve que el ya habia muerto, corre a avisarle a sus patrones y ellos corren hasta la habitacion de Gregorio, Grete ue los ha escuchado, se acerca a la habitacion de Gregorio donde estan sus padres, cuando ven el cuerpo sin vida de Gregorio salen de la habitacion y dejan sola a la sirvienta con el cadaver. Minutos despues, regresan y se les notaba en la cara que habia llorado, vn hacia la cocina y desayunan, despues se despiertan los inquilinos y cuando estos les piden desayuno, y la familia Samsa dice que sepueden retirar, y ellos se van para no regresar. La familia Samsa pasa el resto del dia pensando en lo que habia ocurrido.

A continucacion un fragmento de "La Metamorfosis":


Gregor tenía mucha curiosidad por saber lo que le traería en su lugar, e hizo al respecto las más diversas conjeturas. Pero nunca hubiese podido adivinar lo que la bondad de la hermana iba realmente a hacer.
Para poner a prueba su gusto, le trajo muchas cosas donde elegir, todas ellas extendidas sobre un viejo periódico. Había verduras pasadas medio podridas, huesos de la cena, rodeados de una salsa blanca que se había ya endurecido, algunas uvas pasas y almendras”, un queso que, hacía dos días, Gregor había calificado de incomible, un trozo de pan, otro trozo de pan untado con mantequilla y otro trozo de pan untado con mantequilla y sal.
Además añadió a todo esto la escudilla, que, a partir de ahora, probablemente estaba destinada a Gregor, en la cual había echado agua.Y por delicadeza, como sabía que Gregor nunca comería delante de ella, se retiró rápidamente e incluso echó la llave, para que Gregor se diese cuenta de que podía ponerse todo lo cómodo que desease.
Las patitas de Gregor zumbaban cuando se acercaba el momento de comer. Por cierto, que sus heridas ya debían estar curadas del todo, ya no notaba molestia alguna, se asombró y pensó en cómo, hacía más de un mes, se había cortado un poco un dedo y esa herida, todavía anteayer, le dolía bastante. ¿Tendré ahora menos sensibilidad?, pensó, y ya chupaba con voracidad el queso, que fue lo que más fuertemente y de inmediato le atrajo de todo.
Sucesivamente, a toda velocidad, y con los ojos llenos de lágrimas de alegría, devoró el queso, las verduras y la salsa; los alimentos frescos, por el contrario, no le gustaban, ni siquiera podía soportar su olor, e incluso alejó un poco las cosas que quería comer.
Ya hacía tiempo que había terminado y permanecía tumbado perezosamente en el mismo sitio, cuando la hermana, como señal de que debía retirarse, giró lentamente la llave.
Esto le asustó, a pesar de que ya dormitaba, y se apresuró a esconderse bajo el canapé, pero le costó una gran fuerza de voluntad permanecer debajo del canapé aún el breve tiempo en el que la hermana estuvo en la habitación, porque, a causa de la abundante comida, el vientre se había redondeado un poco y apenas podía respirar en el reducido espacio.
Entre pequeños ataques de asfixia, veía con ojos un poco saltones, cómo la hermana, que nada imaginaba de esto, no solamente barría con su escoba los restos, sino también los alimentos que Gregor ni siquiera había tocado, como si éstos ya no se pudiesen utilizar, y cómo lo tiraba todo precipitadamente a un cubo, que cerró con una tapa de madera, después de lo cual se lo llevó todo.
Apenas se había dado la vuelta, cuando Gregor salía ya de debajo del canapé, se estiraba y se inflaba. De esta forma recibía Gregor su comida diaria una vez por la mañana, cuando los padres y la criada todavía dormían, y la segunda vez después de la comida del mediodía, porque entonces los padres dormían un ratito y la hermana mandaba a la criada a algún recado.
Sin duda los padres no querían que Gregor se muriese de hambre, pero quizá no hubieran podido soportar enterarse de sus costumbres alimenticias, más de lo que de ellas les dijese la hermana; quizá la hermana quería ahorrarles una pequeña pena porque, de hecho, ya sufrían bastante.
Gregor no pudo enterarse de las excusas con las que el médico y el cerrajero habían sido despedidos de la casa en aquella primera mañana, puesto que, como no podían entenderle, nadie, ni siquiera la hermana, pensaba que él pudiera entender a los demás, y, así, cuando la hermana estaba en su habitación, tenía que conformarse con escuchar de vez en cuando sus suspiros y sus invocaciones a los santos.
Sólo más tarde, cuando ya se había acostumbrado un poco a todo – naturalmente nunca podría pensarse en que se acostumbrase del todo –, cazaba Gregor a veces una observación hecha amablemente o que así podía interpretarse: «Hoy sí que le ha gustado», decía, cuando Gregor había comido con abundancia, mientras que, en el caso contrario, que poco a poco se repetía con más frecuencia, solía decir casi con tristeza: «Hoy ha sobrado todo.» Mientras que Gregor no se enteraba de novedad alguna de forma directa, escuchaba algunas cosas procedentes de las habitaciones contiguas, y allí donde escuchaba voces una sola vez, corría enseguida hacia la puerta correspondiente y se estrujaba con todo su cuerpo contra ella.
Especialmente en los primeros tiempos no había ninguna conversación que de alguna manera, si bien sólo en secreto, no tratase de él.A lo largo de dos días se escucharon durante las comidas discusiones sobre cómo se debían comportar ahora; pero también entre las comidas se hablaba del mismo tema, porque siempre había en casa al menos dos miembros de la familia, ya que seguramente nadie quería quedarse solo en casa, y tampoco podían dejar de ningún modo la casa sola.
Incluso ya el primer día la criada (no estaba del todo claro qué y cuánto sabía de lo ocurrido) había pedido de rodillas a la madre que la despidiese inmediatamente, y cuando, cuarto de hora después, se marchaba con lágrimas en los ojos, daba gracias por el despido como por el favor más grande que pudiese hacérsele, y sin que nadie se lo pi diese hizo un solemne juramento de no decir nada a nadie.
Ahora la hermana, junto con la madre, tenía que cocinar, si bien esto no ocasionaba demasiado trabajo porque apenas se comía nada. Una y otra vez escuchaba Gregor cómo uno animaba en vano al otro a que comiese y no recibía más contestación que: «¡Gracias, tengo suficiente!», o algo parecido.
Quizá tampoco se bebía nada. A veces la hermana preguntaba al padre si quería tomar una cerveza, y se ofrecía amablemente a ir ella misma a buscarla, y como el padre permanecía en silencio, añadía, para que él no tuviese reparos, que también podía mandar a la portera, pero entonces el padre respondía, por fin, con un poderoso «no», y ya no se hablaba más del asunto.
Ya en el transcurso del primer día el padre explicó tanto a la madre como a la hermana toda la situación económica y las perspectivas. De vez en cuando se levantaba de la mesa y recogía de la pequeña caja marca Wertheim*, que había salvado de la quiebra de su negocio ocurrida hacía cinco años, algún documento o libro de anotaciones. Se oía cómo abría el complicado cerrojo y lo volvía a cerrar después de sacar lo que buscaba.
Estas explicaciones del padre eran, en parte, la primera cosa grata que Gregor oía desde su encierro. Gregor había creído que al padre no le había quedado nada de aquel negocio, al menos el padre no le había dicho nada en sentido contrario y, por otra parte, tampoco Gregor le había preguntado.
En aquel entonces la preocupación de Gregor había sido hacer todo lo posible para que la familia olvidase rápidamente el de sastre comercial que les había sumido a todos en la más com pleta desesperación, y así había empezado entonces a trabajar con un ardor muy especial y, casi de la noche a la mañana, ha bía pasado a ser de un simple dependiente a un viajante que, naturalmente, tenía otras muchas posibilidades de ganar dinero, y cuyos éxitos profesionales, en forma de comisiones, se convierten inmediatamente en dinero contante y sonante, que se podían poner sobre la mesa en casa ante la familia asombra da y feliz.
Habían sido buenos tiempos y después nunca se habían repetido, al menos con ese esplendor, a pesar de que Gregor, después, ganaba tanto dinero, que estaba en situación de cargar con todos los gastos de la familia y así lo hacía. Se habían acostumbrado a esto tanto la familia como Gregor, se aceptaba el dinero con agradecimiento, él lo entregaba con gusto, pero ya no emanaba de ello un calor especial.
Solamente la hermana había permanecido unida a Gregor, y su intención secreta consistía en mandarla el año próximo al conservatorio sin tener en cuenta los grandes gastos que ello traería consigo y que se compensarían de alguna otra forma, porque ella, al contrario que Gregor, sentía un gran amor por la música y tocaba el violín de una forma conmovedora.
Con frecuencia, durante las breves estancias de Gregor en la ciudad, se mencionaba el conservatorio en las conversaciones con la hermana, pero sólo como un hermoso sueño en cuya realización no podía ni pensarse, y a los padres ni siquiera les gustaba escuchar estas inocentes alusiones; pero Gregor pensaba decididamente en ello y tenía la intención de darlo a conocer solemnemente en Nochebuena.
Este tipo de pensamientos, completamente inútiles en su estado actual, eran los que se le pasaban por la cabeza mientras permanecía allí pegado a la puerta y escuchaba.
A veces ya no podía escuchar más de puro cansancio y, en un descuido, se golpeaba la cabeza contra la puerta, pero inmediatamente volvía a levantarla, porque incluso el pequeño ruido que había producido con ello, había sido escuchado al lado y había hecho enmudecer a todos.¿Qué es lo que hará? – decía el padre pasados unos momentos y dirigiéndose a todas luces hacia la puerta; después se reanudaba poco a poco la conversación que había sido interrumpida.
De esta forma Gregor se enteró muy bien – el padre solía repetir con frecuencia sus explicaciones, en parte porque él mismo ya hacía tiempo que no se ocupaba de estas cosas, y, en parte también, porque la madre no entendía todo a la primera – de que, a pesar de la desgracia, todavía quedaba una pequeña fortuna, que los intereses, aún intactos, habían hecho aumentar un poco más durante todo este tiempo.
Además, él no dormía ni un momento, y se restregaba durante horas sobre el cuero.O bien no retrocedía ante el gran esfuerzo de empujar una silla hasta la ventana, trepar a continuación hasta el antepecho y, subido en la silla, apoyarse en la ventana y mirar a través de la misma, sin duda como recuerdo de lo libre que se había sentido siempre que anteriormente había estado apoyado aquí.
Porque, efectivamente, de día en día, veía cada vez con menos claridad las cosas que ni siquiera estaban muy alejadas: ya no podía ver el hospital de enfrente, cuya visión constante había antes maldecido, y si no hubiese sabido muy bien que vivía en la tranquila pero central Charlottenstrasse, podría haber creído que veía desde su ventana un desierto en el que el cielo gris y la gris tierra se unían sin poder distinguirse uno de otra.
Sólo dos veces había sido necesario que su atenta hermana viese que la silla estaba bajo la ventana para que, a partir de entonces, después de haber recogido la habitación, la colocase siempre bajo aquélla, e incluso dejase abierta la contraventana interior.
Si Gregor hubiese podido hablar con la hermana y darle las gracias por todo lo que tenía que hacer por él, hubiese soportado mejor sus servicios, pero de esta forma sufría con ellos. Ciertamente, la hermana intentaba hacer más llevadero lo desagradable de la situación, y, naturalmente, cuanto más tiempo pasaba, tanto más fácil le resultaba conseguirlo, pero también Gregor adquirió con el tiempo una visión de conjunto más exacta.
Ya el solo hecho de que la hermana entrase le parecía terrible. Apenas había entrado, sin tomarse el tiempo necesario para cerrar la puerta, y eso que siempre ponía mucha atención en ahorrar a todos el espectáculo que ofrecía la habitación de Gregor, corría derecha hacia la ventana y la abría de par en par, con manos presurosas, como si se asfixiase y, aunque hiciese mucho frío, permanecía durante algunos momentos ante ella y respiraba profundamente.
Estas carreras y ruidos asustaban a Gregor dos veces al día; durante todo ese tiempo temblaba bajo el canapé y sabía muy bien que ella le hubiese evitado con gusto todo esto, si es que le hubiese sido posible permanecer con la ventana cerrada en la habitación en la que se encontraba Gregor.
Una vez, hacía aproximadamente un mes de la transformación de Gregor, y el aspecto de éste ya no era para la hermana motivo especial de asombro, llegó un poco antes de lo previsto y encontró a Gregor cuando miraba por la ventana, inmóvil y realmente colocado para asustar.
Para Gregor no hubiese sido inesperado si ella no hubiese entrado, ya que él, con su posición, impedía que ella pudiese abrir de inmediato la ventana, pero ella no solamente no entró, sino que retrocedió y cerró la puerta; un extraño habría podido pensar que Gregor la había acechado y había querido morderla. Gregor, naturalmente, se escondió enseguida bajo el canapé, pero tuvo que esperar hasta mediodía antes de que la hermana volviese de nuevo, y además parecía mucho más intranquila que de costumbre.
Gregor sacó la conclusión de que su aspecto todavía le resultaba insoportable y continuaría pareciéndoselo, y que ella tenía que dominarse a sí misma para no salir corriendo al ver incluso la pequeña parte de su cuerpo que sobresalía del canapé.
Para ahorrarle también ese espectáculo, transportó un día sobre la espalda – para ello necesitó cuatro horas – la sábana encima del canapé, y la colocó de tal forma que él quedaba tapado del todo, y la hermana, incluso si se agachaba, no podía verlo.
Si, en opinión de la hermana, esa sábana no hubiese sido necesaria, podría haberla retirado, porque estaba suficientemente claro que Gregor no se aislaba por gusto, pero dejó la sábana tal como estaba, e incluso Gregor creyó adivinar una mirada de gratitud cuando, con cuidado, levantó la cabeza un poco para ver cómo acogía la hermana la nueva disposición. Durante los primeros catorce días, los padres no consiguieron decidirse a entrar en su habitación, y Gregor escuchaba con frecuencia cómo ahora reconocían el trabajo de la hermana, a pesar de que anteriormente se habían enfadado muchas veces con ella, porque les parecía una chica un poco inútil.
Pero ahora, a veces, ambos, el padre y la madre, esperaban ante la habitación de Gregor mientras la hermana la recogía y, apenas había salido, tenía que contar con todo detalle qué aspecto tenía la habitación, lo que había comido Gregor, cómo se había comportado esta vez y si, quizá, se advertía una pequeña mejoría.
Por cierto, que la madre quiso entrar a ver a Gregor relativamente pronto, pero el padre y la hermana se lo impidieron, al principio con argumentos racionales, que Gregor escuchaba con mucha atención, y con los que estaba muy de acuerdo, pero más tarde hubo que impedírselo por la fuerza, y si entonces gritaba.«¡Dejadme entrar a ver a Gregor, pobre hijo mío! ¿Es que no comprendéis que tengo que entrar a verle?» Entonces Gregor pensaba que quizá sería bueno que la madre entrase, naturalmente no todos los días, pero sí una vez a la semana; ella comprendía todo mucho mejor que la hermana, que, a pesar de todo su valor, no era más que una niña, y, en última instancia, quizá sólo se había hecho cargo de una tarea tan difícil por irreflexión infantil. El deseo de Gregor de ver a la madre pronto se convirtió en realidad.
Durante el día Gregor no quería mostrarse por la ventana, por consideración a sus padres, pero tampoco podía arrastrarse demasiado por los pocos metros cuadrados del suelo; ya soportaba con dificultad estar tumbado tranquilamente durante la noche, pronto ya ni siquiera la comida le producía alegría alguna y así, para distraerse, adoptó la costumbre de arrastrarse en todas direcciones por las paredes y el techo.
Le gustaba especialmente permanecer colgado del techo; era algo muy distinto a estar tumbado en el suelo; se respiraba con más libertad; un ligero balanceo atravesaba el cuerpo; y sumido en la casi feliz distracción en la que se encontraba allí arriba, podía ocurrir que, para su sorpresa, se dejase caer y se golpease contra el suelo.
Pero ahora, naturalmente, dominaba su cuerpo de una forma muy distinta a como lo había hecho antes y no se hacía daño, incluso después de semejante caída.
La hermana se dio cuenta inmediatamente de la nueva diversión que Gregor había descubierto – dejaba tras de sí al arrastrarse por todas partes huellas de su substancia pegajosa – y entonces se le metió en la cabeza proporcionar a Gregor la posibilidad de arrastrarse a gran escala y sacar de allí los muebles que lo impedían, es decir, sobre todo el armario y el escritorio, ella no era capaz de hacerlo todo sola; tampoco se atrevía a pedir ayuda al padre; la criada no la hubiese ayudado seguramente, porque esa chica, de unos dieciséis años, resistía ciertamente con valor desde que se despidió la cocinera anterior, pero había pedido el favor de poder mantener la cocina constantemente cerrada y abrirla solamente a una señal determinada, Así pues, no sólo Gregor era dueño y señor de las paredes vacías, no se atrevería a entrar ninguna otra persona más que Grete.
Así pues, no se dejó disuadir de sus propósitos por la madre, que también, de pura inquietud, parecía sentirse insegura en esta habitación; pronto enmudeció y ayudó a la hermana con todas sus fuerzas a sacar el armario.
Bueno, en caso de necesidad, Gregor podía prescindir del armario, pero el escritorio tenía que quedarse; y apenas habían abandonado las mujeres la habitación con el armario, en el cual se apoyaban gimiendo, cuando Gregor sacó la cabeza de debajo del canapé para ver cómo podía tomar cartas en el asunto lo más prudente y discretamente posible.
Pero, por desgracia, fue precisamente la madre quien regresó primero, mientras Grete, en la habitación contigua, sujetaba el armario rodeándolo con los brazos y lo empujaba sola de acá para allá, naturalmente, sin moverlo un ápice de su sitio.
Pero la madre no estaba acostumbrada a ver a Gregor, podría haberse puesto enferma por su culpa, y así Gregor, andando hacia atrás, se alejó asustado hasta el otro extremo del canapé, pero no pudo evitar que la sábana se moviese un poco por la parte de delante. Esto fue suficiente para llamar la atención de la madre.
Ésta se detuvo, permaneció allí un momento en silencio y luego volvió con Grete. A pesar de que Gregor se repetía una y otra vez que no ocurría nada fuera de lo común, sino que sólo se cambiaban de sitio algunos muebles, sin embargo, como pronto habría de confesarse a sí mismo, este ir y venir de las mujeres, sus breves gritos, el arrastrar de los muebles sobre el suelo, le producían la impresión de un gran barullo, que crecía procedente de todas las direcciones y, por mucho que encogía la cabeza y las patas sobre sí mismo y apretaba el cuerpo contra el suelo, tuvo que confesarse irremisiblemente que no soportaría todo esto mucho tiempo.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Gastón Leroux (Francia; París, 06/05/1868 - Niza, 15/04/1927)


Nacido en París el 6 de mayo de 1868 y fallecido en Niza el 15 de abril de 1927, Gastón Luis Alfred Leroux, es considerado uno de los mas grandes escritores de historias policíacas y de misterio. De niño estudio en una escuela en Normandia, donde destaco mucho en los estudios y adopto un gran amor por la literatura y el mar. Cuando termina sus estudios secundarios, viaja a París para estudiar derecho, donde participa de los diarios y además escribía diversos poemas. A los 18 años da su primera conferencia hablando sobre "Mujeres Destacadas a lo Largo de la Historia". Consigue su licencia en 1889 y al año siguiente, cuando muere su padre hereda un millón de francos, lo cual le permitirá retirarse y dedicarse completamente a la literatura, pero perdió todo en una noche en la que jugaba poker, por lo cual se ve obligado a hacer periodismo nuevamente. Relativa mente a ese oficio, también ejerce el papel de abogado, pero muy pronto perdería el interés y el encanto que la había encontrado anteriormente. El mismo año se une al diario "L'Écho" en el que ejerce el papel de cronista judicial y critico teatral, por lo que también gana una pasión por el teatro y lo ayuda a escribir su obra mas conocida: "El Fantasma de la Opera". Mientras se desarrolla en este diario, es uno de los reporteros mas hábiles de todos, siempre tenia el reportaje que el publico mas quería. En 1894, hace dos reportajes de gran valor para el diario para el que trabajaba y gana una gran suma de dinero y le permite viajar por el mundo.

En 1904, publica su primera obra, una de teatro la que titula: "La Doble Vida de Teofrasto Longet", pero no llega a tener el éxito deseado por el autor y en 1907 si llega el éxito cuando publica la novela : "El Misterio del Cuarto Amarillo", obra por la cual deja el periodismo y se dedica a escribir y se convierte en un autor exitoso, y desde ese momento, se dedica completamente a escribir, siendo mas recurrido las historias de misterios, detectives y soluciones de crímenes.

Entre sus obras mas importantes están : El Fantasma de la Opera, El misterio del Cuarto Amarillo, El Perfume de la Dama de Negro, La Reina de Ssabat, La maquina de Asesinar, La Muñeca Sangrienta, El Hacha de Oro, La Doble Vida de Teofrasto Longet y El Esposo del Sol.

Leroux, se dedica completamente a escribir para su publico y le coge un gran cariño a sus lectores y siempre le fue fiel al genero policíaco creado por Jean Cocteau, incluso en el prologo original de la obra "El Misterio del Cuarto Amarillo" escribe sobre el: "Le agradezco esta integridad, ya que otros autores del genero que intentan abordar una novela mas heterogenea y sin etiquetas cayeron en una presuntuosidad facilitona de resultados mucho mas ingenuo que el conseguido en las narraciones policíacas". Gaston Leroux Fallece el 15 de abril de 1927 después de una intervención quirurgica a su tracto urinario.
El Fantasma de la Opera (Le Fantôme de l'Opéra)


Publicada en 1910, narra la historia de Erik, un arquitecto al que le apasiona la opera y es un gran maestro, y de como se enamora de la actriz y cantante Christine Daae, quien a su vez esta enamorada de Raúl. Comienza cuando las bailarinas del teatro de la opera de París, creen haber visto al "Fantasma de la Opera" y se van corriendo hasta el camerino de la Sorelli a quien le molesta mucho el que las bailarinas crean que han visto a un fantasma, además la ubicación del teatro ayuda mucho, esta cerca al río Sena y tiene tantos subsuelos que la neblina llega a entrar al teatro. La Sorelli, esta muy molesta por que las bailarinas han entrado precipitadamente a su camerino y se han encerrado por temor al fantasma. La Sorelli pide explicaciones y todas responden a la vez que era el fantasma de la opera, la Sorelli les pregunta si es que de verdad lo han visto, Meg Giry le responde que Joseph Bouquet, el tramoyista lo ha visto y ella empieza a describirlo, pero de repente, se escucha un sonido muy extraño. Meg sale a la puerta y no había nadie, las demás bailarinas, le preguntan si ha visto al fantasma, ella responde que no, pero que sabia que estaba ahí. Las bailarinas se exaltan, le preguntan como es que sabe, pero ella se niega, sin embargo, las bailarinas siguen insistiendo y ante tanta insistencia, Meg les cuenta. Les dice que ella lo sabe por lo del palco del Fantasma, que era de el y que por eso la administración no lo alquilaba. Las bailarinas no creen en las palabras de Meg, la Sorelli le pregunta como es que sabe tanto, ella responde que su mama era quien estaba mas comunicada con el fantasma y además decía que Joseph Bouquet debía dedicarse mas a su trabajo de tramoyista, en vez de estar contando historias falsas sobre el fantasma. En ese momento, una de la madre de Meg entra, informa que Joseph Bouquet, ha sido encontrado en el tercer fozo ahorcado, las bailarinas se exaltan y gritan.

Esa noche, el teatro de la opera presenta la obra "Fausto", y el papel principal femenino lo obtiene Christine Daae, quien esta reemplazando a Carlota, porque esta indispuesta. Después de haber actuado, se va a su camerino para descansar, pero un hombre la espera en su puerta, el hombre se presento bajo el nombre de Raúl, y le dijo que era el hombre que se acerco al mar a recoger su chal, Christine se hace la desentendida, se despide y entra en su camerino. Raúl se pone a recordar sus tiempos de infancia, donde efectivamente Raúl le había recogido su chal del mar. Raúl esta a punto de retirarse, pero escucha una voz saliendo de ese cuarto. Cuando termina de hablar se dispone a entrar, pero en ese momento, sale Christine y nadie mas, Raúl entra y no ve a nadie. Dos noches después, en el teatro se esta dando una cena de bienvenida a los nuevos directores de la opera, Armand Moncharmin y Firmin Richard. El señor Poligny, un ex director, les esta dando la bienvenida y les cuenta a los nuevos directores del Fantasma de la opera, en cuanto ellos escuchan esto, revientan en carcajadas. Pero Poligny sigue explicando el tema del Fantasma, Firmin le pregunta cuales son los requisitos que ese fantasma da (pregunta hecha a modo de reto). Poligny les responde diciendo que lo único que pedía era una pensión de 2000 francos y la reservacion exclusiva del palco numero cinco en todas las funciones, porque le encantaba la opera, los nuevos directores, nuevamente se echaron a reír, pero Poligny, seguía serio, les desea suerte a los nuevos directores y se retira. A la mañana siguiente, el nuevo director Firmin Richard, recibe una carta escrita en tinta roja, escrita por el fantasma de la opera, en ella el Fantasma pedía que no usaran su palco y que esa noche no cantara Carlota, como estaba planeado, sino Christine Daae. Los nuevos directores ignoran esa carta, pensando que eran los antiguos directores, y deciden vendar el palco numero cinco esa noche.
A la mañana siguiente, el inspector Milfred se acerca a los nuevos directores para informarles que la noche anterior había ocurrido un incidente en el palco numero cinco, llamaron al inspector para que informarle que había unos ruidos extraños alrededor de ese palco, el inspector se fue a buscar al palco de la derecha y al de la izquierda, pero no encontró nada. Los nuevos directores estaban anonadados por ese informe, ellos preguntaron, si le habían consultado a la acomodadora de ese palco el inspector dijo que si, pero que ella le respondió que el causante de esos sonidos era el Fantasma de la opera, al oír eso, los directores se enfurecieron y mandaron a llamar a la acomodadora. Cuando llega, los directores le preguntan su nombre, ella les dice que se llama Madame Giry, la madre de Meg y les cuenta que ella conversa con el fantasma y le pasa el programa de mano y el fantasma, en recompensa le da unas monedas o bombones, los directores furicundos, suspenden a Madame Giry de sus ocupaciones y después de eso deciden que ellos van a estar en el palco numero cinco. El dia de la presentación en la mañana, reciben otra carta con el nombre del Fantasma, en la que recalca los detalles dichos en la carta anterior, pero los directores ignoran esta nueva advertencia. Esa noche, todo estaba normal hasta el segundo acto. Los directores regresan al palco, se sorprenden al ver que en los asientos, ahí una caja de Bombones. Los Directores ignoraron el indicio y se sentaron, para seguir escuchando como cantaba Carlota, cuando de repente, de la boca de Carlota, sale un sapo. El publico, el elenco y los directores se escandalizan. Los directores sienten un viento pasar atrás de ellos, pero no hay nada, al ver eso, Firmin Richard, le grita a Carlota desde su palco que siquiera cantando. Carlota obedece, y sigue cantando, pero nuevamente sale un sapo de su boca. Los directores no tienen explicacion alguna par tal fenómeno, cuando de repente, se escucha una voz proveniente del palco en el que estaban, pero no había nadie, la voz misteriosa dice que Carlota esta cantando como para hacer caer la araña central, los directores se sorprenden y de un momento a otro, ven como es que la araña central se cae. Los resultados son terribles, hay varios heridos y a la mujer que estaba reemplazando a madame Giry le cae la araña en la cabeza y muere.

Al dia siguiente, Christine Daae le escribe una carta a Raúl diciéndole que no lo había olvidado y que quería reunirse con el en el pueblo de Peró, donde estaba enterrado su padre y donde se habían dado el ultimo adiós cuando eran niños. A Raúl le vuelve el alma cuando lee la carta de Christine e inmediatamente se dirige a Peró. Cuando se encontraron, Raúl le pregunta a Christine porque es que lo había desconocido en el teatro, pero antes de que Christine diera su respuesta, le pregunto quien era el hombre con quien estaba hablando en su camerino y si es que lo amaba, porque el la amaba aun mas que cualquier otro. Christine, le empieza a contar a Raúl sobre el "Ángel de la Música" del que su padre les había contado cuando eran niños, aquel que visitaba a los grandes músicos de buen corazón. Raúl no entiende, pero Christine sigue contándole y le dice que su padre le había prometido que cuando el muera iba a mandar al Ángel de la música, y así lo haba hecho, el ya estaba muerto y el Ángel de la música estaba entrenándola. Raúl le dice que cree que la están engañando, pero Christine no le hace caso y se retira. Raúl se queda muy confundido por las palabras que le había dicho Christine, y empieza a odiar al Ángel de la música, sin siquiera conocerlo.

Días después, a Raúl le llega otra carta firmada por Christine Daae, en la que le dice que no vaya a faltar al baile de disfraces que estaba ofreciendo la opera, y que vaya con un domino blanco. Raúl asiste al baile con el domino blanco tal y como se lo había dicho Christine, de pronto aparece un domino negro que le aprieta la punta de los dedos y entiende que es Christine y la sigue. La sigue hasta su camerino y le dice que tiene que contarle algo, pero que no se lo debía contar a nadie y le pidió que no se esforzara en conocer la identidad del hombre que había estado conversando con ella el otro dia en su camerino. Raúl se sorprende y le reclama el porque lo había llamado para proteger a su amante cuando el quería casarse con ella. Christine le responde que era imposible, pero que si queria se podían comprometer sin que nadie más se entere, Raúl le pregunta si es que aun lo quería y ella le responde que si, pero Raúl no entendía y le pide explicaciones a Christine, pero ella no se las puede dar. Christine le dice que tenia disponible solo un mes y nada mas. Raúl piensa que ese es un tiempo mas que necesario para hacerla olvidar del Fantasma y le pide su mano, pero solo por el mes siguiente. Desde ese momento, los dos amantes empiezan uno de los juegos mas tiernos de todos, se declaran amor incondicional y se mandan cartas con palabras muy apasionantes. Al octavo dia, Christine le dice a Raúl para que salieran a pasear, Raúl piensa que iban a salir a un parque o al campo, pero no es así, lo lleva al escenario del teatro, Raúl le pregunta porque no podía salir del teatro y además le pregunta si es que era por el fantasma, que si era así el podía arrancarla de su poder, y Christine cree que puede ser posible. Para Raúl, esto es una buena señal. Después de esta conversacion, Christine se lleva a Raúl a la parte mas alta del teatro y le pide que se la lleve y que si llegado el dia, ella se opone, el debía raptarla, Raúl no entiende, Christine le responde y le dice que el Fantasma la domina, que la rapta y se la lleva al lugar donde vive, a "La Mansión del Lago" que estaba abajo del teatro, que en ese lugar, ella le reclamaba su libertad, pero en cuanto le decía esto, el Fantasma la dejaba libre y en cuanto ella se iba, el se ponía a llorar y Christine se quedaba con el. Raul al escuchar esto, le porpone que huyan en ese momento, pero Christine le dice quee s algo muy malvado, que debia escucharla cantar una vez mas al dia siguiente en la funcion de la noche.

Al dia siguiente, Raul piensa en todos los planes para el rapto y se dirige al teatro de la opera. Escucha cantar a Christine y se le ilumina el alma porque Christine estaba cantando mejor que en cualquier otra ocacion. Cuando de repente se apagan las luces, pero unos segundos despues se volvio a iluminar, pero ya no estaba Christine Daae sobre el escenario. En el teatro todo es un caos. Lo primero que piensa Raul es acusar al fantasma, pero antes de hablar, el comisario se le acerca y le pide que lo acompañe. Lo lleva al despacho de los directores, pero antes de entrar, un hombre misterioso lo detiene y le susurra al oido que los secretos de erik no le incumbian a nadie, Raul se queda confundido. Cuando entran al despacho, el director Fermin Richard le pide al comisario que haga todo lo posible para encontrar a un culpable. El comisario empieza a analizar lo ocurrido, el momento en el que ocurrio la desaparicion era la escena en el que el personaje que interpretaba Christine Daae pedia ayuda a los cielos, pero el comisario expeso que dudaba que los angeles hallan raptado a Christine. En cuato escucha esto, Raul de un salto grita que el si creia eso, el comisario le pide explicaciones a lo que Raul le reponde que el responsable es el Angel de la musica o Fantasma de la opera, como quisiera decirle. El comisario les pregunta a los directores si es que ellos conocian a el Fantasma de la opera, ellos le dicen que no, pero que querian conocerlo para cobrale todos los daños causados por sus acciones. El comisario despues de escuchar todo lo que han dicho dice que primeroestaba el asunto de Christine Daae, y el dinero seria luego. El comisario voltea y mira a Raul, le dice que el comisario le cuenta que el sabia que Raul se iba a escapar con Christine, que el lo sabia porque el cochero que habia contratado estaba afuera y el comisario le pregunto. Raul le contesto que si.

Despues de que hablaron, aparece el hombre que habia detenido a Raul cuando entraba, el comisario le pregunta quien es y le le responde que era El Persa. Despues de presentarse comenta que el sabia que Christine estaba en el teatro todavia, que estaba con Erik, Raul se exalto al esuchar ese nombre y pregunto si ese era el nombre del Fantasma, a lo que el Persa le responde que el no es un fantasma, sino un hombre de carne y hueso con nombre y apellido, que se esconde en el teatro y que eran pocas las personas que lo habian visto y que los demas solo habian oido de el. Raul pregunta poeuqe era que se escondia del publico, el Persa responde que era porque tenia una malformacion de nacimiento en el rostro. Raul vuelve a preguntar si era el quien habia capturado a Christine, a lo que el Persa responde que si. El Persa le dice a Raul que podia llevarlo con Christine, el comisario al escuchar esto dice que quier ir con ellos, pero el Persa no se lo permite, le dice que solo si no llegan con Christine sana y salva podia acompañarlos. El Persa, se lleva a Raul hacia el camerino de Christine, se ubican junto al gran espejo, el persa le da unos toques y dice que todavia no sede. Raul conundido pregunta a que se referia, el Persa le dice que ese espejo es un pasadiso secreto creado para que las bailarinas huyeran en caso de que una gran multitud las persiguiera. El Persa le cuenta que todo lo que habia debajo de la opera lo habia creado Erik, Raul le pregunta como sabia, el le responde que en Persia habia creado camaras de tortura y palacios.

Momentos despues, la pared junto al espejo sede y empieza a girar. Ya del otro lado, todo es oscuro y el Persa enciende unas cerillas y se ilumina la habitacion. Raul se asusta, porque lo primero que ve son tres esqueletos, el persa lo explica todo diciendo solo el nombre Erik. Los dos caminan hasta llegar al tercer sotano, el Persa le dice a Raul que ese podria ser uno de los muros de la mansion del lago, le dice a Raul que el se iba a dejar caer y que despues el haga lo mismo, que el lo iba a recibir. Primero se tira el persa, luego Raul se ira y el Persa lo recibe, cuando llegan a ver bien se dan cuenta de que estaban en un cuarto de espejos de una forma hexagonal, y por efecto de los espejos, todo se multiplicaba de forma indefinida, el Persa dice que esa es "La Habitacion de los Suplicios". Los dos escuchan una voz viniendo del otro lado de la habitacion de los suplicios, era la voz de Erik. Le reclamaba a Christine, por que era que ella no queria ser su esposa, pero ella se negaba. Raul le dice al Persa que la unica forma de que salieran de ese lugar, era que Chirstine les abriera la puerta, cuando de repente, se escucha un timbre desde el otro lado de la habitacion y Erik se retira. Raul aprovecha la situacion para pedirle a Christine ayuda, pero ella le dice que no puede porque esta amarrada de manos. El Persa le dice que la unica forma de abrir la puerta, era que ella se la abriera. Christine, le cuenta que solo habian dos puertas, una por la que habia salido Erik y otra que nunca habia abierto porque decia que era la del cuarto de los suplicios, ella les pide que huyan, pero Raul se niega. Cuando de repente, llega Erik, Christine le dice que las cuerdas con las que le habia atado, le estaban apretando las muñecas, Erik se las quita, Chirstne le pide a Erik que toque algunas melodias en su organo y Christine aprovecha y le quita la llave de la puerta, pero Erik se habia dado cuenta.

Erik le pregunta porque habia agarrado su llave, Christine le responde que solo era curiosidad, pero Erik le dice que a el le molesta la curiosidad de las mujeres despues de eso, se acerca a Christine y le quita la llave con brusquedad y Christine lanza un grito de dolor, Raul desde el otro lado de la habitacion casi da un grito de desesperacion, pero Eik lo habia escuchado, le pregunta a Christine si es que ella habia escuchado algo, pero ella lo niega y Erik empieza a sospechar de que habian personas en la habitacion de los suplicios. Pero Christine seguia negando la posibilidad de que aya alguien en la habitacion de los suplicios. Erik no cree en las palabras de Christine y abre una ventana que esta en la parte de ariba de las dos habitaciones permitiendo ver lo que ocurria en la habitacion de los suplicios, pero los que estaban en dicha habitacion no podian ver esa ventana. La habitacion de los suplicios se ilumina y Erik le dice a Christine que se asome a ver que habia detras de esa ventana, Christine sigue diciendo que no habia nada, esta vez, Erik si le cree. Raul y el Persa buscan dicha ventana, pero solo ven varios arboles en esa habitacion. Christine le pregunta a Erik porque le decia la habitacion de los suplicios si solo habian arboles. Erik le explica que en una de las ramas de esos arboles habia una horca y que el suplicio era ese bosque, que desde la habitacion en la que estaba Erik podia modificar las condiciondes de vida de ese lugar, para producir alucnaciones en los que se encontraran en ella.

Erik para demostrarle a Christine como se producia ese efecto, sube la temperatura de la habitacion de los suplicios y en ese momento, Raul y el Persa empiezan a sentir un calor muy fuerte y aparece un estanque lleno de agua a la distancia. Raul, ante tal situacion busca una salida, el Persa trata de calmar a Raul y le dice que solo hay un arbol y que el bosque es el reflejo de ese unico arbol. El Persa intenta buscar una palanca en toda la habitacion, pero sus esfuerzos son en vano, el ademas intenta no desear el agua, porque sabe que si lo hace va intentar ir al estanque y ante su frustracion se va a dirigir hacia la horca y se va a quitar la vida. Aunque el Persa no cae en la trampa de la camara, Raul si, pero en el momento mas desesperante de todos, el Persa encuentra la palanca de la puerta, el la mueve con lo ultimo de sus fuerzas, pero en vez de abrirse una puerta de forma lateral, se abre una trampa en el suelo y entra una brisa que los dos ocupantes de la habitacion esperaban con ansias. Los dos ven una escalera que baja por esa trampa en el suelo y bajan. Llegan a una habitacion en la que hay varios barriles, Raul piensa que son barriles llenos de agua, pero al abrirlos ven que estan llenos de polvora. En ese momento, Christine llama a Raul, el y el Persa suben hasta el nivel en el que esta Christine, cuando llega, ella les cuenta que Erik le ha dejado dos cofres, uno con un escorpion de bronce y otro con un saltamontes de oro, y que pusiera el escorpion en el pedestal si acepta casarse con el y haga lo mismo con el saltamontes si no, pero le dijo que tuviera cuidado con el saltamontes, porque los saltamontes pueden saltar magnificamente bien. Raul y el Persa al escuchar esto se exaltan, y le dicen a Christine que no pusiera el saltamontes, porque en la planta baja habian barriles de polvora y que ese saltamontes era parte del mecanismo. El Persa le pregunta a Christine la hora y ella le dice que son 10:50 y que solo tiene cinco minutos para decidi, el Persa se asusta y dice que a las 11:00 el teatro esta lleno de gente. De repente, aparece Erik y le dice a Christine que solo le quedan dos minutos para decidir, se hace un silencio en toda la habitacion y despues de un momento, Christine le dice a Erik que habia elegido al escorpion, despues de pronunciar estas palabras, la habitacion de los suplicios se empieza a llenar de agua, Raul y el Persa se emocionana al ver el agua ascender, pero sube tanto que se quedan inconcientes.

El Persa se despierta despues del trance, pero no se despierta en la habitacion de los suplicios, sino en su cuarto. Al poco rato despues de haber despertado, aparece Erikcon una mascara deiferente a la que usualmente solia llevar. Erik le cuenta que Christine le habia permitido darle un beso, y despues de eso ella le rogo para que los liberara, pero Erikle dijo que su prometido era el, luego Christine se le acerco y le dijo que consentia en volverse su esposa y acordaron en que ella lo iba a hacer si los liberaba, y asi lo hizo. Despues se le acerco aun mas y lo beso, Christine empezo a llorar. Erik se saco la mascara para poder verla mejor y los dos emezaron a llorar juntos. Mientras lloraban, Erik se saco un anillo en del dedo y le dijo que ese era su regalo de bodas, porque autorizaba su matrimonio con Raul, pero le pidio que el dia en que el muera se iba a ir en secreto y le iba a poner ese anillo en su dedo, que hasta ese momento iba a usar. Cuando termina de contarle lo ocurrido a el Persa, le dice que si cumplia su promesa no iba a tardar mucho en llevarle el anillo, porque se estaba muriendo. Tres semanas despues, un periodico local publica que ya habia muerto Erik, mejor conocido como "El Fantasma de la Opera" y nunca mas se vuelven a tener noticias del Fantasma de la Opera o El Angel de la Musica

A continuacion un capotulo de "El Fantasma de la Opera":

XIV

UN GOLPE GENIALDEL MAESTRO EN TRAMPILLAS


Raoul y Christine corrieron, corrieron. Ahora huían del tejado don­de se encontraban los ojos de brasa, que sólo se ven en lo más pro­fundo de la noche; y no se detuvieron hasta llegar al octavo piso.
Aquella noche no había función y los pasillos de la ópera estaban desiertos.
De pronto, una extraña silueta surgió ante los jóvenes, cor­tándoles el paso.
-¡No! Por aquí no!
Y la silueta les indicó otro pasillo por el cual podían llegar entre los bastidores.
Raoul quería detenerse, pedir explicaciones.
-¡Vamos, vamos, aprisa! -ordenó aquella sombra vaga ocul­ta en una especie de capa y cubierta con un bonete puntiagudo. Pero ya Christine arrastraba a Raoul y le obligaba a seguir
corriendo:
-¿Pero quién es? ¿Quién es ése? -preguntaba el joven.
-¡Es el Persa!... - contestaba Christine:
-¿Qué hace aquí?
-Nadie sabe nada de él... ¡Está siempre en la ópera!
-Lo que usted me obliga a hacer, Christine, es una cobardía -dijo Raoul, que estaba muy alterado-. Me hace huir. Es la pri­mera vez en mi vida.
-¡Bah! -contestó Christine que empezaba a calmarse-. Creo que hemos huido de la sombra de nuestra imaginación.
-Si de verdad hemos visto a Erik, debería haberlo clavado a la lira de Apolo, como se clava a la lechuza en las tapias de nuestras granjas bretonas, y ya no hubiéramos tenido que ocupamos de él.
-Mi buen Raoul, primero habría tenido que subir a la lira de Apolo, y no es cosa fácil.
-Sin embargo, los ojos de brasa estaban allí.
-¡Bueno! Ya está usted como yo, dispuesto a verlo en todas partes, pero si se reflexiona, uno se dice: lo que he tomado por ojos de brasa no eran más que los clavos de oro de dos estrellas que con­templaban la ciudad a través de las cuerdas de la lira.
Y Christine bajó un piso más, seguida por Raoul.
-Ya que está decidida del todo a partir, Christine -dijo el joven-, vuelvo a insistir que valdría más huir ahora mismo. ¿Por qué esperar a mañana? ¡Quizá nos haya oído esta noche!...
-¡Imposible, imposible! Trabaja, repito, en su Don Juan Triun­fante, y no se ocupa de nosotros.
-Está usted tan poco convencida que no deja de mirar hacia atrás.
-Vamos a mi camerino.
-Vámonos mejor fuera de la ópera.
-Jamás hasta el momento de huir! Nos expondríamos a algu­na desgracia si no cumplo mi palabra. Le prometí no vernos más que aquí.
-Es un consuelo para mí que le permita esto. ¿Sabe -dijo Raoul con amargura- que has sido usted pero que muy audaz per­mitiéndome el juego del noviazgo?
-Pero, querido, él está al corriente. Me dijo: «Confío en ti, Christine. El señor de Chagny está enamorado de ti y debe irse. Antes de que se vaya, ¡que sea tan desventurado como yo!...
-¿Y qué significa eso, por favor?
-Soy yo la que debería preguntárselo, Raoul. ¿Se es desgra­ciado cuando se ama?
-Sí, Christine. Cuando se ama y no se sabe si se es amado. -¿Dices eso por Erik?
-Por mí y por Erik -dijo el joven meneando al cabeza con aire pensativo y desolado.
Llegaron al camerino de Christine.
-¿Por qué se cree más segura en este camerino que en el tea­tro? -preguntó Raoul-. Si le oye usted a través de los muros, tam­bién él puede oírnos.
-¡No! Me ha dado su palabra de no ponerse tras las paredes de mi camerino, y yo creo en la palabra de Erik. Mi camerino y mi habitación, en la mansión del lago, son míos, exclusivamente míos, y sagrados para él.
-¿Cómo pudo abandonar usted este camerino para ir a parar a un corredor oscuro, Christine? ¿Quiere que intentemos repetir sus pasos?
-Es peligroso, amigo mío, porque el espejo podría llevarme otra vez y, en lugar de huir, me vería obligada a ir hasta el final del pasadizo secreto que conduce a las orillas del lago y desde allí lla­mar a Erik.
-¿La oiría?
-Por donde quiera que llame a Erik, Erik me oirá... Él fue quien me lo dijo. Es un genio muy especial. No hay que creer, Raoul, que se trata simplemente de un hombre que le divierte vivir bajo tierra. Hace cosas que ningún otro hombre podría hacer. Sabe cosas que el mundo viviente ignora.
-Tenga cuidado, Christine, está construyendo usted a un fan­tasma.
-No, no es un fantasma. Es un hombre del cielo y de la tie­rra. Eso es todo.
-¡Un hombre del cielo y de la tierra... eso es todo!... ¡Que forma de hablar!... ¿Sigue decidida a huir de él?
-Sí, mañana.
-¿Quiere que le diga por qué querría que huyamos esta noche?
-Dígame, Raoul.
Porque mañana ya no estará decidida a nada!
-En ese caso, Raoul, me llevará usted a pesar mío... ¿Queda claro?
-Aquí, pues, mañana por la noche. A las doce estaré en su camerino. Pase lo que pase, yo cumpliré mi promesa dijo el joven con aire sombrío-. ¿Ha dicho usted que después de la representa­ción debe ir a esperarla en el comedor del lago?
-En efecto, es allí donde me ha citado.
-¿Y cómo podrá llegar hasta él, si no sabe salir del cameri­no «por el espejo»?
-Pues, encaminándome directamente hacia la orilla del lago.
-¿A través de todos los subterráneos? ¿Por las escaleras y los corredores en los que están los tramoyistas y las gentes de, servi­cio? ¿Cómo se las arreglaría para conservar el secreto de semejan­te viaje? Todo el mundo seguiría a Christine Daaé y llegaría al lago acompañada de una multitud.
Christine sacó de un cofrecillo una enorme llave y se la ense­ñó a Raoul.
-¿Qué es? -preguntó él.
-Es la llave de la verja del subterráneo de la calle Scribe.
-Entiendo, Christine, conduce directamente al lago. Por favor, deme esa nave.
-Jamás! -contestó ella con energía-. ¡Sería una traición! De repente, Raoul vio cómo Christine cambiaba de color. Una palidez mortal cubrió sus rasgos.
-¡Oh, Dios mío! -exclamó-... ¡Erik, Erik!, tenga piedad de mí.
-¡Calle! -ordenó Raoul-. ¿No me ha dicho usted que podía oírla?
Pero la cantante se retorcía los dedos, mientras repetía en tono cada vez más extraviado:
-¡Oh, Dios mío! ¡Dios mío!
-¿Pero, ¿qué pasa? ¿Qué ocurre? -imploró el joven.
-El anillo.
-¿Qué anillo? Por favor, Christine, tranquilícese.
-El anillo de oro que me dio.
-¿Ah, es Erik quien le dio el anillo de oro?
-¡Lo sabe usted de sobras, Raoul! Pero lo que no sabe es lo que me dijo al dármelo: «Te devuelvo la libertad, Christine, pero a condición de que este anillo esté siempre en tu dedo. Mientras lo conserve, estarás a salvo de todo peligro, y Erik será tu amigo. Pero si te separas de él, será tu desgracio, Christine, ya que Erik se ven­gará»... ¡Amigo mío, el anillo no está ya en mi dedo! ... ¡La des­gracia ha caído sobre nosotros!
Buscaron en vano el anillo de oro. No lo encontraron. La joven no se calmaba.
-Fue mientras le he dado ese beso, bajo la lira de Apolo -intentó explicar temblando-; el anillo se habrá deslizado de mi dedo y caído a la ciudad. ¿Cómo encontrarlo ahora? ¿Qué des­gracia nos amenaza ahora, Raoul? ¡Ah, huyamos!
-¡Huyamos en seguida! -volvió a insistir Raoul.
Ella dudó. Él creyó por un momento que iba a decir que sí... Pero después sus claras pupilas se turbaron y dijo:
-¡No, mañana!
Y se alejó precipitadamente, mientras continuaba retorcién­dose los dedos como si de aquella manera el anillo fuera a aparecer.
En cuanto a Raoul, volvió a su casa muy preocupado por todo lo que había oído.,
-¡Si no la salvo de las manos de ese charlatán está perdida! ¡Pero la salvaré! -dijo en voz alta en su cuarto, mientras se acos­taba.
Apagó la lámpara y sintió en la oscuridad la necesidad de insul­tar a Erik.
-¡Farsante!... ¡Farsante!... ¡Farsante!... - gritó tres veces en voz alta.
Pero, de repente, se incorporó apoyándose en los codos. Un sudor frío se le pegó a las sienes. Dos ojos, ardientes como brasas, acababan de encenderse al pie de su cama. Le miraban fija, terri­blemente, en la noche oscura.
Raoul era valiente, sin embargo temblaba. Estiró la mano tan­teando, temblorosa, incierta, hacia la mesilla de noche. Al encontrar una caja de cerillas, encendió una. Los ojos desaparecieron.
Pensó, sin tranquilizarse en lo más mínimo.
«Ella me dijo que sus ojos sólo se veían en la oscuridad. Han desaparecido con la luz, pero él quizás esté aún ahí.»
Y se levantó, buscó, pasó prudentemente revista a todas las cosas. Miró debajo de la cama como un niño. Entonces se encon­tró ridículo. Dijo en voz alta:
-¿Qué debo creer? ¿Que no debo creer, con semejante cuen­to de hadas? ¿Dónde termina lo real y dónde empieza lo fantásti­co? ¿Qué habrá visto Christine? ¿Qué habrá creído ver?
Y añadió estremeciéndose:
-Y yo, ¿qué he visto? ¿Habré visto en realidad los ojos de brasa hace un momento? ¿Habrán brillado tan sólo en mi imagi­nación? ¡No estoy seguro de nada! ¡Mejor no pensar en esos ojos!
Se acostó. Volvió a quedar todo oscuro.
Los ojos reaparecieron.
-¡Oh! -suspiró Raoul.
Incorporándose en la cama los miraba también fijamente, con todo el valor de que era capaz. Después de un silencio en el que intentó recuperar toda su serenidad, gritó de repente:
-¿Eres tú, Erik? ¡Hombre, genio o fantasma! ¿Eres tú?
«Si es él... está en el balcón», pensó.
Entonces corrió en pijama hasta un mueblecito y tanteando cogió un revólver. Ya armado, abrió la ventana. La noche era muy fría. Raoul echó una ojeada al balcón desierto y volvió a entrar cerrando la puerta. Se acostó temblando, con el revólver sobre la mesita de noche, al alcance de su mano.
Una vez más, apagó la lámpara.
Los ojos seguían allí, al pie de la cama. ¿Estaban entre la cama y el cristal de la ventana, o detrás de la ventana, afuera, en el balcón?
Eso era todo lo que Raoul quería saber. Quería saber también si aquellos ojos pertenecían a un ser humano... Quería saberlo todo...
Entonces, tranquilamente y con frialdad, sin turbar a la noche que le rodeaba, el joven tomó su revólver y apuntó.
Apuntó a las dos estrellas de oro que le miraban con aquel curioso resplandor inmóvil.
Apuntó un poco más arriba que las dos estrellas. Si aquellas estrellas eran ojos, y si encima de aquellos ojos había una frente, y si Raoul no era demasiado torpe...
La detonación rodó con horrible estruendo en la paz de la casa dormida... Y mientras multitud de pasos se afanaban en los pasillos, Raoul, incorporándose en la cama con el brazo tendido, dispuesto a volver a disparar, miraba...
Esta vez las dos estrellas habían desaparecido.
Luz, criados, el conde Philippe terriblemente inquieto. -¿Qué sucede, Raoul?
-Me parece que he soñado -contestó el joven-. He dis­parado a dos estrellas que me impedían dormir.
-¿Divagas?... ¡Te encuentras bien!... Por favor, Raoul, ¿qué ha pasado?... -y el conde se apoderó del revólver.
-No, no! No divago... Además, ahora mismo lo sabemos..
Se levantó, se puso una bata y las pantuflas, cogió la luz que un criado le alcanzaba y, abriendo la puerta, salió al balcón.
El conde había visto que el cristal de la ventana estaba atrave­sado por una bala a la altura de un hombre. Raoul se asomaba por el balcón con la lámpara en la mano.
-¡Ajá! -exclamó- ¡Sangre, sangre!... Aquí... Allí... Más sangre. ¡Mejor, un fantasma que sangra... es menos peligroso! -susurró mientras reía sarcásticamente.
-¡Raoul, Raoul, Raoul!
El conde le zarandeaba como si intentara sacar a un sonám­bulo de su peligroso sueño.
-¡Pero, hermano, no estoy dormido! -protestó Raoul impa­cientado-. Puedes ver esa sangre. Creía que estaba soñando y que había disparado sobre dos estrellas-. Eran los ojos de Erik, y ésta es su sangre... -súbitamente inquieto, añadió-: ¡Después de todo, quizá he hecho mal en disparar, y Christine es capaz de no perdo­nármelo!... Nada hubiera ocurrido si hubiera tomado la precau­ción de correr las cortinas de la ventana en el momento de acos­tarme.
-¡Raoul! ¿Es que te has vuelto loco de repente? ¡Despierta!
-¡Otra vez! Harías mejor, hermano mío, ayudándome a encon­trar a Erik..., ya que, a fin de cuentas, un fantasma que sangra se puede encontrar...
El mayordomo del conde dijo:
-Es cierto, señor, que hay sangre en el balcón.
Un criado trajo una lámpara a cuya luz pudieron examinar todo. El rastro de sangre seguía la rampa del balón y llegaba hasta un canalón, a lo largo del cual subía.
-Amigo mío -dijo el conde-, has disparado a un gato.
-Lo malo -exclamó Raoul con una nueva carcajada burlo­na que sonó dolorosamente en los oídos del conde- es que es muy posible. Con Erik nunca se sabe. ¿Es Erik? ¿Es un gato? ¿Es el fantasma? ¿Es de carne y hueso o sólo una sombra? ¡No, no! ¡Con Erik nunca se sabe!
Raoul se aferraba a aquellas frases extrañas que respondían tan íntima y lógicamente a las preocupaciones de su espíritu y que se identificaban a las confidencias, a la vez reales y con apariencia sobre­natural, de Christine Daaé.Y sus frases no contribuyeron poco en persuadir a muchos de que el cerebro del joven no funcionaba bien. El mismo conde lo creyó y, más tarde, el juez de instrucción, ante el informe del comisario de policía, no tuvo la menor duda en llegar a la misma conclusión.
-¿Quién es Erik? -preguntó el conde apretando la mano de su hermano.
-¡Es mi rival! ¡Y si no está muerto, lo mismo me da!
Con un gesto, despidió a los criados.
La puerta de la habitación volvió a cerrarse dejando solos a los dos Chagny. Pero los criados no se alejaron tan rápidamente como para no permitir que el mayordomo del conde oyera cómo Raoul pronunciaba fuerte y claramente:
-¡Esta noche raptaré a Christine Daaé!
Esta frase fue repetida más tarde ante el juez de instrucción Faure. Pero nunca se supo exactamente qué se dijeron los dos her­manos durante esa entrevista.
Los criados contaron que aquella noche no era la primera vez que discutían.
Si, a través de unas paredes se oían gritos, y siempre se men­cionaba a una artista llamada Christine Daaé.
A la hora del almuerzo -el almuerzo matutino, que el con­de tomaba en su gabinete de trabajo-, Philippe ordenó que fue­ran a decir a su hermano que deseaba verlo. Raoul llegó, sombrío y mudo. La escena fue muy breve.
El conde.
-¡Lee esto!
Philippe entrega a su hermano un periódico: L'Épóque. Con el dedo, señala la siguiente crónica.
El vizconde lee con desdén:
«Una gran noticia en el barrio: la señorita Christine Daaé, artis­ta lírica, y el señor vizconde Raoul de Chagny se han comprome­tido. Si se da crédito a los rumores de entre bastidores, el conde Phi­lippe se habría negado, afirmando que, por primera vez, los Chagny no cumplirían su promesa. Dado que el amor, en la ópera más aún que en otras partes, es todopoderoso, nos preguntamos de qué medios puede valerse el conde Philippe para impedir que su hermano el vizconde lleve al altar a la nueva Margarita. Se dice que los dos her­manos se adoran, pero el conde se engaña extrañamente si espera que el amor fraternal ceda al amor a secas. »
El conde (triste). -Ya lo ves, Raoul, nos pones en ridículo... Esa chica te ha sorbido el seso con sus cuentos de fantasmas.
(El vizconde había pues explicado a su hermano el relato de Christine Daaé.)
El vizconde.
-¡Adiós, hermano!
El conde.
-¿Estás decidido? ¿Te marchas esta noche? (El viz­conde no contesta.)... ¿Con ella?... ¿Serás capaz de semejante ton­tería? (Silencio del vizconde.) ¡Yo sabré impedírtelo!
El vizconde. -¡Adiós, hermano!
(Se marcha.)

Esta escena fue explicada al juez de instrucción por mismo her­mano, que no debía volver a ver a Raoul más que aquella noche, en la ópera, algunos minutos antes de la desaparición de Chris­tine.
En efecto, Raoul dedicó todo aquel día a los preparativos del rapto.
Los caballos, el carruaje, el cochero, las provisiones, las male­tas, el dinero necesario, el itinerario -era preciso no tomar el tren para poder despistar al fantasma-, todo esto le ocupó hasta las nue­ve de la noche.
A las nueve, una especie de berlina, con las cortinas echadas y las puertas herméticamente cerradas, ocupó un sitio en la fila jun­to a la Rotonda. Iba tirada por dos vigorosos caballos y conducida por un cochero cuyo rostro era difícil distinguir, tan envuelto esta­ba entre los pliegues de una bufanda. Delante de esta berlina había tres coches. Más tarde, la instrucción estableció que se trataba de los de la Carlotta, llegada repentinamente a París, de la Sorelli y, delan­te de todos, el del conde de Chagny. De la berlina no bajó nadie. El cochero permaneció en su asiento. Los otros tres cocheros habían permanecido igualmente en el suyo.
Una sombra, envuelta en una gran capa negra con un sombrero de fieltro, también negro, pasó por la acera, entre la Roton­da y los vehículos. Parecía mirar atentamente la berlina. Se acercó a los caballos, después al cochero, antes de alejarse sin haber pro­nunciado una sola palabra. La instrucción creyó más tarde que aque­lla sombra era la del vizconde Raoul de Chagny. En lo que a mí se refiere, no lo creo así, teniendo en cuenta que el vizconde de Chagny llevaba un sombrero de copa, igual que las otras noches, y que además el sombrero fue encontrado más tarde. Más bien creo que aquella sombra era la del fantasma, que estaba al corriente de todo como ahora mismo veremos.
Por casualidad, se representaba Fausto. La concurrencia era de las más brillantes. El público de la ópera estaba maravillosamente representado. Por aquella época, los abonados no cedían, no alqui­laban ni subalquilaban ni se compartían los palcos con financistas, comerciantes o extranjeros. Hoy en día podemos ver en el palco del marqués de cual, ya que sigue conservando su título, pues el mar­qués es por contrato su titular, pero en ese palco, decíamos, descansa Cómodamente un vendedor de tocino y su familia, y está en su derecho ya que paga el palco del marqués. Antaño, estas costumbres eran Prácticamente desconocidas. Los palcos de la ópera eran salones en Ios que se reunían los hombres de mundo quienes, a veces, les gustaba la música.
Toda esa concurrencia se conocía, sin que por ello se frecuentara Necesariamente. Pero llevaban los nombres en la cara y la fisionomía del conde de Chagny era conocida por todos.
La noticia aparecida por la mañana en L'Époque debía haber sur­tido su pequeño efecto, ya que todas las miradas se dirigían hacia el pal­o en el que el conde Philippe, con aspecto de absoluta indiferencia y aire despreocupado, se encontraba completamente solo. El elemen- to femenino de aquella esplendorosa asamblea parecía especialmente Intrigado y la ausencia del vizconde daba pie a cientos de cuchicheos detrás de los abanicos. Christine Daaé fue acogida con bas­tante frialdad. Aquel público distinguido no le perdonaba que mira­ra tan alto.
La diva notó la mala disposición de una parte de la sala y se sintió turbada.
Los asiduos, que pretendían estar al corriente de los amores del vizconde, no pudieron evitar sonreír en ciertos pasajes del papel de Margarita. Por eso se volvieron ostensiblemente hacia el palco de Philippe de Chagny cuando Christine cantó la frase: «Querría saber quién era aquel joven, si es un gran señor y cómo se llama».
Con el mentón apoyado en la mano, el conde no parecía pre­ocuparse de aquellas manifestaciones. Fijaba los ojos en el escena­rio. Pero, ¿lo miraba? Parecía muy ausente...
Christine iba mostrándose cada vez más insegura. Temblaba. Se encaminaba hacia él desastre... Carolus Fonta se preguntó si se encontraba mal, si podría mantenerse en escena hasta el final del acto que era el del jardín. En la sala, la gente recordaba la desgra­cia ocurrida a la Carlotta el final de este acto, y el «cuac» histórico que por el momento había suspendido su carrera en París.
Precisamente entonces, la Carlotta hizo su entrada en un pal­co lateral, entrada sensacional. La pobre Christine levantó los ojos hacia aquel nuevo motivo de turbación. Reconoció a su rival. Le pareció verla sonreír irónicamente. Esto la salvó. Lo olvidó todo para triunfar una vez más.
A partir de este momento, cantó con toda su alma. Intentó superar todo lo que había hecho hasta entonces, y lo consiguió. En el último acto, cuando comenzó a invocar a los ángeles y a ascen­der del suelo, arrastró en un nuevo vuelo a toda la sala estremeci­da y todos creyeron tener alas.
Ante aquella llamada sobrehumana, un hombre se había levan­tado en el centro del anfiteatro y se mantenía de pie, de cara a la artista, como si con el mismo movimiento dejara también la tie­rra... Era Raoul.


Ángeles puros! ¡Ángeles radiantes! ¡Ángeles puros! ¡Ángeles radiantes!


Y Christine, con los brazos tendidos, la garganta. inflamada, envuel­ta en la gloria de su cabellera desatada sobre sus hombros desnudos, lanzaba el clamor divino:
¡Llevad mi alma al seno de los cielos!

Fue entonces cuando una repentina oscuridad se hizo en el tea­tro. Todo fue tan rápido que los espectadores no tuvieron siquiera tiempo de lanzar un grito de estupor, ya que la luz volvió de nue­vo a iluminar el escenario.
... ¡Pero Christine Daaé había desaparecido! ¿Qué había sido de ella?... ¿Qué milagro era aquél?... Todos se miraron sin enten­der y una gran emoción se apoderó de todos. El desasosiego no era menor en el escenario que en la sala. Desde los bastidores la gente se precipitaba hacia el lugar en el que, hacía un instante, Christine cantaba. El espectáculo se interrumpía en medio del mayor desorden.
¿Adónde, adónde había ido Christine? ¿Qué sortilegio la había arrebatado a millares de espectadores entusiasmados y los mismos brazos de Carolus Fonta? En realidad, podían preguntarse si, en vir­tud de su ruego inflamado, los ángeles no la habían llevado real­mente «al seno de los cielos» en cuerpo y alma...
Raoul, siempre de pie en el anfiteatro, había lanzado un gri­to. El conde Philippe se había incorporado en su palco. Todos mira­ban el escenario. miraban al conde, miraban a Raoul, y se pregun­taba si el curioso suceso no tenía nada que ver con la nota aparecida aquella misma mañana en el periódico. Pero Raoul abandonó a toda prisa su sitio, el conde desapareció de su palco y, mientras bajaba el telón, los abonados se precipitaron hacia la entrada de artistas. En medio de una indescriptible confusión y algarabía, el público espe­raba un anuncio. Todos hablaban a la vez. Cada cual pretendía expli­car cómo habían ocurrido las cosas. Unos decían: «Ha caído en una trampilla». Otros: «Ha sido elevada en las bambalinas. La pobre ha sido quizá sido víctima de un nuevo truco estrenado por la nueva dirección». Y otros aún: «Es una emboscada. La coincidencia de la oscuridad y la desaparición lo prueban sobradamente».
Por fin, se levantó el telón, y Carolus Fonta, avanzando hasta el estrado del director de orquesta, anunció con una voz grave y triste:
-¡Señoras y señores, algo inaudito, que nos sume en una pro­funda inquietud, acaba de producirse! ¡Nuestra compañera Christine Daaé ha desaparecido ante nuestros ojos sin que podamos saber cómo!

martes, 11 de agosto de 2009

Jonathan Swift (Irlanda; Dublin, 30/11/1667 - Dublin, 19/10/1745)


Nacido en Dublin, el 30 de noviembre de 1667 y fallecido en el mismo lugar el 19 de octubre de 1745, Jonathan Swift, es considerado uno de los mas grandes escritores satíricos e infantiles de su época, gracias a su obra "Los Viajes de Gulliver a Liliput y Brobdingnag". Su padre fallecido antes de que el naciera y fue criado por su tío, después de haber sido rechazado en el trinity college, estudio con su madre. Después viajo a Surrey(Inglaterra) para trabajar para con Sir William Temple, trabajo del que gano gran conocimiento y reputación, siendo presentado ante el rey). En 1694 renuncia a su trabajo, abandonando Surrey y se unió a una iglesia, por la cual se fue ha Belfast, en 1699 el señor Temple lo fue a buscar y lo convenció de que regresara a Surrey. Ya instalado en Surrey, contrata a una joven de 15 años, con la cual escribe su primera obra, bajo el nombre de "La Batalla de los libros viejos y modernos" publicandola en 1704. En ese mismo año, se le ofrece, la secretaria y capellanía del conde de Berkeley, pero solo recibe la capellanía, porque cuando llega a Irlanda, encuentra la secretaria ocupada. Después de ese mal momento (por decirlo así), se hace cargo de las parroquias de Laracor, Agher y rathbeggan, ahí da muchas conferencias, permitiéndole reconstruir la vicaria. Pasa mucho tiempo en Dublin, por ser el capellán de el conde Berkley. En 1701, regresa a Inglaterra para recibir su doctorado. En 1704, publica "Historia de una Bañera", en el que ridiculiza la iglesia y la literatura de su tiempo, perdiendo todos los cargos que había recibido por parte de la iglesia de Inglaterra.
En 1708 John Partridge, un astrólogo muy conocido de su época, publica en su almanaque una sátira dirigida hacia la iglesia en la que participaba Swift, y el en consecuencia, publica unas "Predicciones para el año 1708" bajo el seudónimo de "Isaac Bickerstaff", en el que predice que lo siguiente: "Yo pronostico solemnemente que ese vulgar escritor de almanaques llamado Partridge, cuyas predicciones son siempre vagas, imprecisas y erróneas, morirá exactamente el 29 de Marzo, por lo que le recomiendo que ponga sus asuntos en orden", el señor John respondió diciendo que Isaac era un astrólogo de muy poca fama que quería tenerla e ignoro la predicción, al día siguiente Swift escribe otra carta en la que indica que Partridge había enfermado cuatro días antes y había fallecido a las 7:05 del día 29 de Marzo y todos sus seguidores empezaron a creerlo muerto, a partir de ese momento los almanaques de John empiezan a decaer, y John deja de publicar sus almanaques. Swift, usa el nombre de Isaac por ultima vez en 1709 para confirmar la muerte de John Partridge, en la que dice que "es imposible que ningún hombre vivo pudiera haber escrito tanta bazofia"

En 1710, suben al poder Los Tory y escribió unos textos satíricos dedicadas a los Whigs (partido liberal británico de esa época al que Jonathan pertenecía antes de cambiarse). Por esos años, escribe sus "Cartas a Stella", que se cree es una alumna del escritor con quien se caso en secreto en 1717. En el mismo año, se le nombra Deán de la catedral de San Patricio de Dublin. Al año siguiente, los Tory perdieron el poder, perdiendo Swift todas sus influencias políticas se perdieron por completo.

Sus obras son: La Batalla entre los Libros Viejos y Modernos, Cuento de una Barrica, El Comportamiento de los Aliados, El Cuento del Tonel, Cartas de Drapier, Los Viajes de Gulliver y Una Modesta Proposición.

Entre 1724 y 1725, publico una serie de panfletos bajo el nombre de "Cartas de Draiper" en el que intentaba defender la valides de la moneda irlandesa, y consiguió que se pudiera acuñar la moneda Irlandesa diferente de la Inglesa, lo que hizo de Swift un héroe para Irlanda. Desde ese momento, su vida es relativamente normal, y sigue publicando sus obras, un dato muy curioso en a obra de Swift, es que en su principal obra, "Los Viajes de Gulliver", describe las lunas de Marte y 151 años después, se descubren. Después de la muerte de de Stella, Swift cae en una depresión muy profunda, le dio demencia y tuvo varios ataques de vértigo, y finalmente Swift muere el 19 de noviembre de 1745.
Los viajes de Gulliver (Gulliver's Travels)

Publicada en 1726, narra las aventuras en los naufragios que sufre el cirujano Lemuel Gulliver en dos países completamente distintos uno del otro y muy distintos al suyo. Empieza cuando Gulliver cuenta sobre su vida, su tío le ayuda a estudiar medicina, porque su padre no tenia los recursos necesarios, ahí aprendió los temas básicos de negación, física y matemáticas, pero el sabia que en algún momento debería viajar. Años después, cuando su negocio empezó a ir mal, Lemuel, se embarca en un navío que se dirige hacia las Indias, pero el viento soplaba tan fuerte, que no pudieron evitar el estrellarse. en medio de una espesa niebla. Cinco tripulantes y Gulliver, lograron lanzar un bote salvavidas al mar y subirse en el, pero el mar estaba tan fuerte, que salieron levantados por el mar. Gulliver, llega nadando a la orilla de una isla misteriosa, mira a sus alrededores y no ve habitante alguno y se recuesta en la hierba hasta quedarse dormido, pero no había rastro alguno de sus compañeros, que como el habían subido al bote. Cuando se levanta, Gulliver, no puede mover ni sus brazos ni sus piernas, cuando se da cuenta, ve que esta atado, las cuerdas están alrededor de el y hasta habían atado su cabello. Cuando de repente, siente que algo muy diminuto se le sube por el cuerpo, a través del pecho hasta la barbilla. Gulliver llego ha pensar incluso que ya se había muerto, pero se esfuerza, mira hacia abajo lo mas posible y ve un hombre de un tamaño muy diminuto que hablaba en un idioma muy extraño, piensa que es un bicho raro de por esas tierras y Gulliver lanza un grito de horror en el que sale volando el pequeño hombrecito y queda con fracturas muy graves. Gulliver lucha por salir libre, pero no puede, luego se mueve de formas muy bruscas, para que se asusten y lo dejen tranquilo. Cuando empiezan a tirar flechas, Gulliver decide quedarse quieto y cuando lo hace el líder manda orden. Lemuel se disculpa y se queda quieto y callado, pensaba que en la noche mientras dormían se soltaría una mano y se podría liberar facilmente.
Pero no fue así, Gulliver vio a un hombrecito que era el mas alto de todos (porque media como su dedo medio), Gulliver trato de hablar con ellos, pero el sonido de su voz era demasiado fuerte para ellos y empieza a susurrar. Les pide que lo liberen, y el líder empieza a hablarle a todos los hombrecitos que estaban formados delante de el. Gulliver empieza a sentir una gran necesidad, la comida, Gulliver lanza un grito diciendoo que tenia hambre, pero aturde a los hombrecitos. El líder, les dio una orden, y las tropas trajeron varias escaleras y los habitantes subieron encima de Gulliver y empezaron a traer varias cestas con comidas, incluso tuvieron que juntar varias vacas, toros y gallinas enteros para formar un bocado, les hizo señas de que tenia sed y le trajeron 16o de sus mas grandes barriles con agua, que se los tomo de un sorbo cada uno. Después de eso, se quedo dormido.
Cuando se despertó, vio que los habitantes habían hecho encima de el una especie de maquina, y después trajeron caballos, que empezaron a jalarlo con fuerza hasta que llegaron a el palacio de "Borak", donde iba a recidir Gulliver. Ahí se entero de que el lugar en el que estaba, se llamaba "Liliput", lo tenían amarrado de los pies, los hombres que lo cuidaban le daban muy poco espacio para moverse. Los guardias se dieron cuenta de que debido a su tamaño iba a ser difícil mantenerlo encadenado, así que cortaron las cuerdas que lo sujetaban. Gulliver quiso dar un paso, y los liliputenses se alborotaron al ver eso. Empezaron a mirar a Gulliver, y el se daba cuenta de que hablaban de el, aun sin entender su idioma. Llegada la noche, Gulliver intento dormir, pero no pudo por la constante vigilancia que había, los guardias estaban a sus costados, la mitad con antorchas y los otros con arcos y flechas.

A la mañana siguiente, el rey de Liliput fue a buscar a Gulliver, el rey le hablo, pero Gulliver no le entendía, pero Gulliver trato de descifrar lo que decía, y en tres semanas, aprendió a hablar su idioma. Lo primero que pidió fue que le dieran su libertad, el rey accedió, pero la condición que le puso fue que aceptara ser su principal arma contra el pueblo de Blefuscu, el rey no supo explicar porque eran enemigos así que le pidió a sus consejeros que le explicaran, y ellos le dijeron que eran sus enemigos porque si, juramento como se debía hacer en Liliput, de una forma muy extraña. Después de juramentar, el rey decidió darle un honor, y como el era un gigante, a comparacion de ellos, el rey decidió darle el mas grande honor de todos, pero no pudieron darle porque era un cargo tan alto, que ni el rey podría dárselo. pero aun así, le dieron una medalla, y como no pudieron dársela en el cuello, se la dieron en el dedo medio. Pero desde ese momento el rey, sus consejeros empezaron a dudar sobre el gigante (Gulliver). Lemuel pregunto porque era la guerra contra Blefuscu, pero lo único que sabían todos era que estaban en guerra con Blefuscu. El rey le dijo que sabia la historia, y se la contó a Gulliver, le dijo que cuando su tatara-abuelo era niño, cortando u huevo por la mitad se corto el dedo, y su padre, el rey de ese momento, dio una nueva ley en la que prohibía que todos los Liliputenses cortaran huevos por la mitad, pero algunos Liliputenses se quejaron y se revelaron, así que construyeron un barco y se fueron a una isla, donde fundaron el pueblo de Blefuscu, y desde ese momento están en guerra.

Gulliver le dijo que esa guerra era una tontería, el consejero del rey al escuchar esto dijo que Lemuel se estaba oponiendo a ir a la guerra y que Debian ejecutarlo, pero el rey dijo que no se podría, pero el consejero seguía diciendo que si, que Debian llegar mil hombres con flechas envenenadas para clavarse las en la espalda. El rey decía que no podrán matarlo, porque el olor que desprenderá seria insoportable para el pueblo, el consejero dijo que el monstruo representaba gastos que no podían cubrir, por su enorme tamaño, la comida, sus ropas, su cama, su casa, etc. El rey dijo que la mejor solución era la de sacarle los ojos, porque así no temería al pueblo de Blefuscu. Un funcionario publico que se había hecho amigo de Gulliver, le dijo lo que planeaba el rey, y que se debía escapar esa misma noche. Gulliver sabia que debía escaparse, pero no sabia a donde ir, era demasiado grande para esconderse en ese pueblo tan pequeño. Había pensado en destruir la ciudad, pero no podía, por todo lo que le había dado el rey. Gulliver decidió irse al mar, Hizo una balsa con varios troncos de arboles. Navego por cuatro días, y cuando vio perdida la esperanza, encontró tierra. Gulliver llego a la tierra y se recosto con la esperanza de descansar, pero derrepente sintió un gran movimiento de tierra que lo hizo mirar arriba y vio a gigantes. Gulliver, corrió y se escondió en un lugar descampado y se puso a llorar, el solo pensaba en que se lo iban a comer. Cuando de repente, aparece un gigante detrás de el y agarrándolo de la casaca lo levanta. le ruega que no se lo coma, el gigante solo se ríe, pero el sonido de su risa era demasiado estremecedor para Lemuel. El gigante después de reírse largo rato, levanto un poco su casaca y puso a Gulliver en un bolsillo. Gulliver, se dio cuenta de que ese gigante era un granjero, tenia una hija a la que le dio a Gulliver. Ella lo puso en su pecho, el gigante le presento a su hija, y le hija se emociono cuando recibió a Gulliver. El padre dijo que podían hacer mucho dinero con ese hombrecito, pero aun así, se lo dio a su hija. Era una niña de once años y era muy inteligente para su edad, por como vestía a sus muñecas. Su padre y ella decidieron darle alojo por esa noche. La niña, le cambio de ropas, lo puso en una cama de sus muñecas y le canto una canción de cuna hasta que se durmió.

A la mañana siguiente, le llego algo como una carta a Gulliver, después de eso, el padre de la niña entra corriendo hasta la habitación en donde estaban y saca corriendo a Gulliver con todo y la caja en la que estaba. Cuando se detuvo, Gulliver se dio cuenta de que estaba en medio de una mesa que estaba ubicada en medio de un gran salin en el que había varias personas que se sorprendieron cuando lo vieron, y lo primero que pidieron fue que cantara, Gulliver dio un pequeño canto, cuando termino, la multitud que estaba a su alrededor se sorprendió aun mas, pero Gulliver seguía cantando. Estuvo cantando por ocho horas seguidas. Esa noche, se acerco una mujer, hablo con el padre de la niña y dijo que era una mujer enviada por la reina y pregunto si es que el hombrecito estaba en venta, el padre se rehuso, pero en cuanto la chica le mostró la bolsa con el dinero, el gigante (para Gulliver) accedió, pero dio la condición de que su hija lo acompañara. Viajaron por varias horas hasta que llegaron al castillo del rey, cuando llega da una reverencia a la reina, ganandose el cariño de muchos, pero el gigante mas pequeño de todos los que estaban ahí no mostró seña alguna de que se hubiera conmovido con la reverencia de Gulliver. Después de unos días, la niña, dueña de la caja en la que estaba Gulliver, puso la caja de Lemuel en la ventana para que pudiera respirar un poco de aire fresco, y de repente, aparece el enano de la corte, que le habla de mala manera a Gulliver y después lo agarra y empieza a apretarlo fuerte hasta dejarlo casi sin aire, cuando lo suelta, agarra una lata y mete a Gulliver en ese envase, pero grande fue la sorpresa del pobre Lemuel al ver que estaba llena de avispas, Gulliver pelea con las avispas. Lemuel, para defenderse, agarra a una avispa y le quita el aguijon, luego con ese aguijon le da un golpe a otra, y las demás, al ver esto, huyeron.

Gulliver, después de ese mal momento, paso un tiempo relativamente tranquilo, y lo que mas hacia, era conversar con la reina de ese sitio que se llamaba Brobdingnag, hablaban sobre el reino de Gulliver, el le contaba lo que ocurría, todas las cosas malas principalmente, la reina de Brobdingnag , quedo muy sorprendida y un poco asqueada de tantas desgracias. Pero Gulliver al escuchar esto, le empieza a contar todas las cosas buenas, pero para la reina seguían siendo malas, y le dijo que si quería quedarse con su vida, nunca volviera a mencionar a su pueblo. Lemuel se quedo muy pensativo ante lo que le dijo la reina y pero aun, melancólico. La niña, dueña de Gulliver, al verlo todo decaído, lo llevo a la playa. La niña le dijo que quería ir a su pueblo, pero que antes debían casarse, Gulliver se sorprendió y le dijo que no era posible, por su edad y porque el ya tenia esposa, la niña se puso a llorar, pero Lemuel intento subirle los ánimos, y le dijo que algún día iba a encontrar al hombre adecuado para ella y que ese día se olvidaría de el. Después de esa conversacion, Gulliver le pidió a la niña que lo llevara a su casa. La niña accedió y lo hizo, luego todo quedo en silencio hasta que se durmieron. Pero mientras estaba dormido, la niña llevo a la orilla de la playa. Gulliver se desperto bruscamente cuando sintio que algo movia su casa. Cuando se desperto vio que era un aguila que se lo habia llevadoa volando, cuando de repente, el agila suelta la casa de Lemuel y cae al mar.

Cuando la casa llega a tierra, ve que un grupo de animales se le acerca, cuando llegan con el, se da cuenta de que eran caballos, Lemuel los escucha hablar y se lo llevan, Gulliver de la sorpresa se desmayo. Cuando se desperto, estaba con otro hombre, pero era muy incivilizado y se da cuenta de que los hombres eran como los animales y los caballos eran los civilizados. Se le acerca su su dueño a Gulliver y le pregunta si era un "yahoss", el le responde que no, que el era un humano, la yegua que se le habia acercado no entendio, ella le volvio a preguntar y el le dijo que era humano y le pregunto que era ella, le respondio diciendo que era un houyhnhsms, Gulliver despues de esto, se dio cuenta que ellos eran los civilizados, y durante las siguientes semanas intento aprender su idioma, pero ellos aprendieron el idioma de Lemuek mucho antes, ademas vio que en su sociedad, no existe nigun vicio o alguna cosa mala, ni siquiera tenian cosas malas en su vocabulario, lo unico era la forma en que describian a los Yahoos, que para la suerte de Gulliver ellos concideraron que no formaba parte. Pero cierto dia, su amo llega y lo encuentra dormido con las ropas caidas y la camisa arriba de la cintura, al ver a Gulliver, penso que era un Yahoos, pero la duda ya estaba hecha y debian ponerlo a prueba, porque si era un Yahoos, debia ir con ellos.

Su amo le dio tres pruebas, primero fue la de como elegir a sus gobrenantes, que Gulliver paso, diciendo como es que elegian a sus gobernantes, que era de una forma muy contraria a la forma en que los elegian los Yahoos. Despues fue la de la pelea, los Yahoos peleabana sin motio alguno, y Gulliver dijo que en su tierra no peleaban en vano, siempre habia una causa justa. Fianalmente, estaba la prueba de la avaricia, el amo de Lemuel le cuenta que los Yahoos siempre escarbaban la tierra y recogian unas piedras briallantes cuando lleva a Gulliver a ver, se da cuenta de que son diamantes, y se sirorende tanto que casi escarba en la tierra, pero resiste y le cuenta a su amo que en su pais esas piedras no tenian valor alguno. Ya pasadas las tres pruebas, Gulliver fue aceptado en esa sociedad, y se dio cuenta de que ya no queria volver a Inglaterra y que queria quedarse en ese lugar por todos los buenos pensamientos y el ambiente de completa paz que habia en ese lugar, Lemuel estaba decidido a convertirse en un Houymhsms. Gulliver estuv alojado en la misma casa por varios dias y fueron los mejores meses de toda la vida de Lemuel, pero cierto dia, aparecieron los Yahoos en su casa para comerse todo lo que habia en su camino y su casa, Gulliver en un ataque de colera le da un duro golpe a un Yahoo y su amo lo llega a ver y se decepciona de Lemuel y dice que es uno de ellos y lo quiere desterrar, pero Gulliver lucha con todas sus fuerzas para evitarlo, pero no puede y es desterrado.

Llegado el dia de el destierro, se despide de su amo y se va en una canoa, no queria ir con los Yahoos, tampoco queria volver a su hogar y decidio quedarse en esa canoa hasta que morir. Pero cierto dia aparece un barco, que lo recoge y lo llevan a Inglaterra. Cuando llega a su hogar, es recibido de una manera muy acogedora, pero Lemuel estaba muy deprimido por haber dejado ese pais tan perfecto. Lo primero que hizo, fue comprar dos caballos con el poco dinero que tenia, despues de eso, conversaba con ellos todos los dias por lo menos cuatro horas. Su esposa estaba realmente preocupada por el, un dia fue a conversar con el para hacerlo entrar en razon, pero fue en vano. Pasaron meses antes de que Gulliver entrara en razon y volviera a hablar con una persona y nunca se canso de decir que el habia estado es esos cuatro lugares maravillosos.


A continuacion un capitulo de "Los Viajes de Gulliver" :
Capítulo VII
El gran cariño del autor hacia su país natal. -Observaciones de su amo sobre la constitución y administración de Inglaterra, según los pinta el autor, en casos paralelos y comparaciones. -Observaciones de su amo sobre la naturaleza humana.
Quizá el lector está a punto de maravillarse de cómo podía yo decidirme a hacer una tan franca pintura de mi propia especie entre una raza de mortales ya demasiado puesta a concebir la más baja opinión del género humano, dada la completa identidad entre sus yahoos y yo. Pero debo confesar sinceramente que las muchas virtudes de aquellos excelentes cuadrúpedos, puestas en parangón con las corrupciones humanas, de tal manera me habían abierto los ojos y avivado el entendimiento, que comenzaba a considerar las acciones y las pasiones del hombre con criterio muy distinto y a creer que el honor de mi raza no merece la pena de que se discurran arbitrios en su apoyo; lo que, además no me hubiera servido de nada ante personas de tan agudo entendimiento como mi amo, que a diario me llamaba la atención sobre mil faltas mías de que yo jamás me había dado la menor cuenta, y que entre nosotros nunca se hubiesen considerado en el número de las flaquezas humanas. Asimismo había aprendido en su ejemplo la enemiga más absoluta a la mentira y el disimulo; y la verdad me parecía tan digna de ser amada, que resolví sacrificarlo todo a ella.
Voy a tener con el lector la ingenuidad de confesar que aún había un motivo mucho más poderoso para la franqueza que puse en mi descripción de las cosas. Todavía no llevaba un año en aquel país, y ya había concebido tal amor y veneración por los habitantes, que tomé la resolución firme de no volver jamás a sumarme a la especie humana y de pasar el resto de mi vida entre aquellos admirables houyhnhnms, en la contemplación y la práctica de todas las virtudes, donde no se me ofreciera ejemplo ni excitación para el vicio. Pero había previsto la fortuna, mi constante enemiga, que no fuera para mí tan gran felicidad. Sin embargo, me sirve ahora de consuelo pensar que en lo que dije de mis compatriotas atenué sus faltas todo lo que me atreví ante examinador tan riguroso, y di a todos los asuntos el giro más favorable que permitían. Porque ¿habrá en el mundo quien no se deje llevar de la parcialidad y la inclinación por el sitio de su nacimiento?
He referido la esencia de las varias conversaciones que tuve con mi amo durante la mayor parte del tiempo que me cupo el honor de estar a su servicio; pero, en gracia a la brevedad, he omitido mucho más de lo que he consignado. Cuando ya hube contestado a todas sus preguntas y su curiosidad parecía totalmente satisfecha, mandó a buscarme una mañana temprano, y, mandándome sentar a cierta distancia -honor que nunca hasta allí me había dispensado-, díjome que había considerado seriamente toda mi historia, así en el punto que se refería a mi persona como en el que tocaba a mi país, y que nos miraba como una especie de animales a quienes había correspondido, por accidente que no podía imaginar, una pequeña porcioncilla de razón, de la cual no usábamos sino tomándola de ayuda para agravar nuestras naturales corrupciones y adquirir otras que no nos había dado la Naturaleza. Agregó que las pocas aptitudes que ésta nos había otorgado las habíamos perdido por nuestra propia culpa; habíamos logrado muy cumplidamente aumentar nuestras necesidades primitivas y parecíamos emplear la vida entera en vanos esfuerzos para satisfacerlas con nuestras invenciones. Por lo que a mí tocaba, era manifiesto que yo no tenía la fuerza ni la agilidad de un yahoo corriente; andaba débilmente sobre las patas traseras, y había descubierto un arbitrio para hacer mis garras inútiles e inservibles para mi defensa, y para quitarme el pelo de la cara, que indudablemente tenía por fin protegerla del sol y de las inclemencias del tiempo. En suma: que no podía ni correr con velocidad, ni trepar a los árboles como mis hermanos -así los llamaba él- los yahoos de su país.
Añadió que nuestra institución de gobierno y de ley obedecía, sencillamente, a los grandes defectos de nuestra razón y, por consiguiente, de nuestra virtud, ya que la razón por sí sola es suficiente para dirigir un ser racional. Entendía, sin embargo, que ésta era una característica que no teníamos la pretensión de atribuirnos, como se desprendía incluso de la pintura que yo había hecho de mi pueblo, aunque percibía manifiestamente que para favorecer a mis compatriotas había ocultado muchos detalles y dicho muchas veces la cosa que no era.
Tanto más se confirmaba en esta opinión cuanto que observaba que, así como mi cuerpo se correspondía en todas sus partes con el de los otros yahoos, salvo aquello que iba en notoria desventaja mía, cual lo relativo a fuerza, rapidez, actividad, cortedad de mis garras y algún otro punto en que la Naturaleza no tenía parte, del mismo modo descubría en la descripción que yo le había hecho de nuestra vida, nuestras costumbres y nuestros actos una muy estrecha semejanza en la disposición de nuestros entendimientos. Díjome que era sabido que los yahoos se odiaban entre sí mucho más que a especie diferente ninguna; y se daba ordinariamente como razón para esto lo abominable de su figura, que cada cual podía apreciar en los demás, pero no en sí mismo. Empezaba a pensar que no procedíamos torpemente al cubrirnos el cuerpo y, con este arbitrio, ocultarnos unos a otros muchas de nuestras fealdades, que de otro modo difícilmente podríamos soportar. Pero ya reconocía que había andado equivocado y que las disensiones que se veían en su país entre esta clase de animales se debían a la misma causa que las nuestras, según yo se las había referido. «Pues -dijo- si se echa entre cinco yahoos comida que bastaría para cincuenta, en vez de comerla pacíficamente, se engancharán de las orejas y rodarán por los suelos, ansioso cada uno de quedarse con todo para él solo.» Por tanto, solía ponerse a un criado cerca cuando comían en el campo, y los que se tenían en casa estaban atados a cierta distancia unos de otros. Tanto era así, que si moría una vaca de vieja o por accidente, y no iba en seguida un houyhnhnm a guardarla para sus propios yahoos, acudían todos los del vecindario en manada a apoderarse de ella y libraban batallas como las descritas por mí, de que resultaban con terribles heridas en los costados, abiertas con las garras, aunque rara vez llegaran a matarse, por falta de instrumentos de muerte análogos a los que habíamos inventado nosotros. En otras ocasiones se habían reñido análogas batallas entre los yahoos de vecindarios distintos sin causa alguna aparente. Los de una región acechaban la oportunidad de sorprender a los de la inmediata sin que pudieran apercibirse; pero si el proyecto les fracasaba, se volvían a sus casas, y, a falta de enemigos, ellos mismos se empeñaban en lo que yo llamaba una guerra civil.
Añadió que en ciertos campos de su país había unas piedras brillantes de varios colores que gustaban a los yahoos con pasión; y cuando piedras de éstas, en cierta cantidad, como acontecía a menudo, estaban adheridas a la tierra, cavaban los yahoos con las garras días enteros hasta lograr sacarlas, y luego se las llevaban y las ocultaban en sus covachas, formando montón; todo ello mirando con grandes precauciones para impedir que los compañeros descubriesen el tesoro. Dijo mi amo que nunca había podido comprender la razón de este apetito, contrario a las leyes naturales, ni para qué podrían servir a un yahoo aquellas piedras; pero ahora suponía que se derivaba del mismo principio de avaricia que yo había atribuido a la Humanidad. Contóme que una vez, como experimento, había quitado secretamente un montón de estas piedras del lugar en que lo había enterrado uno de los yahoos. El sórdido animal, al echar de menos su tesoro, había atraído a toda la manada al lugar donde él aullaba tristemente, y después se había precipitado a morder y arañar a los demás. Empezó a languidecer, y no quiso comer, dormir, ni trabajar hasta que él mandó a su criado trasladar secretamente las piedras al mismo hoyo y esconderlas como estaban antes, con lo cual el yahoo, cuando lo hubo descubierto, recobró sus energías y su buen humor -aunque tuvo cuidado de llevar las piedras a un mejor escondrijo-, y fue desde entonces una bestia muy dócil.
Mi amo me aseguró, y yo pude observarlo personalmente, que en los campos donde abundaban estas piedras brillantes se reñían combates y frecuentísimas batallas, ocasionadas por incesantes incursiones de los yahoos vecinos. Dijo que era frecuente, cuando dos yahoos que habían encontrado una piedra de éstas en un campo reñían por su propiedad, que un tercero se aprovechase del momento y escapara, dejando sin ella a los dos; lo que mi amo afirmaba que era en cierto modo semejante a nuestros procesos judiciales. Yo, por favorecer nuestro buen nombre, no quise desengañarle de ello, ya que la solución que él mencionaba era notablemente más equitativa que muchas de nuestras sentencias; pues allí el demandante y el demandado no pierden más que la piedra por que pleitean, al tiempo que nuestros tribunales de justicia jamás abandonan una causa mientras les queda algo a alguno de los dos.
Continuando su discurso, dijo mi amo que nada se le hacía tan repugnante en los yahoos como su inconfundible apetito de devorar todo lo que hallaban en su camino, lo mismo si eran hierbas, que raíces, que granos, que carne de animales corrompida, que todas estas cosas revueltas; y era peculiar condición de su carácter gustar más de lo que adquirían por rapiña o hurto, o a una gran distancia, que de la comida que en casa se disponía para ellos. Si el botín daba de sí lo bastante, comían hasta casi reventar, y, para después, la Naturaleza les había indicado una cierta raíz que les producía una evacuación general.
Había otra clase de raíces muy jugosas, pero algo raras y difíciles de encontrar, por las cuales los yahoos reñían con gran empeño, y que chupaban con gran deleite; les producía los mismos efectos que el vino a nosotros. Unas veces les hacía acariciarse; otras, arañarse unos a otros: aullaban, gesticulaban, parloteaban, hacían eses y daban tumbos, y luego caían dormidos en el lodo.
Yo observé, ciertamente, que los yahoos eran los únicos animales de aquel país sujetos a enfermedades; las cuales, sin embargo, eran en mucho menor número que las que sufren los caballos entre nosotros, y no contraídas por ningún mal trato, sino por la suciedad y el ansia de aquellos sórdidos animales. Ni tampoco tienen en el idioma más que una denominación general para aquellas enfermedades, derivada del nombre de la bestia, que es hnea-yahoo, o sea el mal del yahoo.
En cuanto a las ciencias, el gobierno, las artes, las manufacturas y cosas parecidas, confesó mi amo que encontraba poca o ninguna semejanza entre los yahoos de nuestro país y los del suyo; pues, por otra parte, sólo se había propuesto indicar la paridad de nuestras naturalezas. Cierto que había oído decir a algunos houyhnhnms curiosos que en la mayor parte de las manadas había una especie de yahoo director -igual que en nuestros parques suele haber un ciervo que es como el jefe o conductor de los otros-, que siempre era más feo de cuerpo y más perverso de condición que todos los demás. Este director solía tener un favorito, lo más parecido a él que pudiese encontrar, y que era siempre odiado por la manada; así que, para protegerse, se mantenía siempre cerca del individuo director. Por regla general, continúa en su oficio hasta que se encuentra otro peor; pero en el momento en que queda descartado, su sucesor, a la cabeza de todos los yahoos de la región, jóvenes y viejos, machos y hembras, formando un solo cuerpo, acude a atacarle. Mi amo dijo que yo podía juzgar mejor que él hasta qué punto esto podía ser comparable a nuestras cortes y nuestros favoritos. No me atreví a replicar a esta malévola insinuación, que colocaba el entendimiento humano por bajo de la sagacidad de un simple sabueso, que tiene criterio suficiente para distinguir y obedecer el ladrido del perro más experimentado de la jauría, sin equivocarse nunca. Díjome mi amo que una de las cosas que le asombraban más en los yahoos era una extraña inclinación a la porquería y a la basura, mientras en todos los demás animales parecía existir un amor natural a la limpieza. En cuanto a las dos primeras acusaciones, tuve a bien dejarlas pasar sin réplica, porque no tenía una palabra que oponer en defensa de mi especie; que, de tenerla, la hubiese opuesto dejándome llevar de mi inclinación. Pero hubiese podido fácilmente vindicar al género humano de singularidad respecto del último punto sólo con que hubiese habido un puerco en aquel país -que, por mi desgracia, no lo había-; animal que, si bien puede pasar por un cuadrúpedo más suculento que un yahoo, no puede aspirar en justicia, según mi humilde opinión, a que se le tenga por más limpio. Y así hubiese tenido que reconocerlo su señoría mismo viendo su modo de comer y su costumbre de hozar y de dormir en el lodo.
Asimismo mencionó mi amo otra cualidad que sus criados habían descubierto en muchos yahoos y que a él le parecía inexplicable. Dijo que a veces le entraba a un yahoo la manía de meterse en un rincón, tumbarse y aullar y gruñir y apartar a coces todo lo que se le acercaba, sin pedir comida ni agua, aunque era joven y estaba gordo. Los criados no podían imaginar qué mal le atormentaba, y el único remedio que habían encontrado era hacerle trabajar duramente, con lo cual se restablecía de manera infalible. A esto guardé silencio, llevado de mi parcialidad por mi especie; no obstante, pude descubrir en aquello las verdaderas semillas del spleen, que sólo hace presa en los holgazanes, los regalones y los ricos, cuya cura yo tomaría con gusto a mi cargo si se los obligase a seguir el antedicho régimen.

martes, 28 de julio de 2009

Mariano Melgar (Perú; Arequipa, 10/08/1790 - Puno, 12/03/1815)


Nacido en Arequipa el 10 de agosto de 1790 y fallecido en Puno el 12de marzo de 1815, Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso, es considerado el iniciador del romanticismo en el Perú. Fue un gran escritor de poemas, cantos y yaravies indígenas, creación suya. Desde niño fue muy precoz y no fue necesario utilizar estilos europeos en sus poemas, siempre todos sus poemas y cantos tenían un estilo propio de si mismo. A los 8 años de edad ya dominaba el latín y antes de cumplir los diez años, dominaba con fluidez el ingles y el francés. En estos años Mariano asiste a la biblioteca del Seminario Conciliar de San Jerónimo, la biblioteca con mas información en esa región del Perú. En su juventud, llego a ser maestro de Latín, Retorica, Filosofía, Matemática y Física. A los 20 años, deja los habitos religiosos, motivo por el cual no recibe una capellania que se la habían propuesto a los ocho años de edad. En ese año, se enamora de María Santos Corrales, a quien llama Silvia en sus poemas y empieza su carrera literaria donde destacan inmediatamente sus poemas, cantos y yaravies, dedicados a ella. Mariano, en esos años, se apasiona por la política y persuade a sus padres para que lo dejen ir a estudiar leyes en Lima, terminada su carrera, decide regresar a Silvia, pero ya no la encuentra, el motivo fue que la familia de María Santos dijo que la madre de Silvia, pero le había dejado un gran amor por ella y en Lima había amado la patria, por lo que su verso predilecto dice: "Por Silvia amo a mi Patria con esmero, y por mi patria amada a Silvia quiero".

Entre sus obras mas destacadas están: A Silvia, A la Libertad, El Cantero y El Asno, Las Cotorras y el Zorro, El Asno Cornudo, Al Sueño, Al Conde de Vista Florida y Al Mar.

Melgar después de haber sido rechazado, decide irse a Majes, donde establece una relación amistosa con unos revolucionarios, en Noviembre de 1814, decide enrolarse en el ejercito, luego en marzo de 1815, se va a la batalla de Pumacahua, donde lo capturan y los fusilan.