martes, 11 de agosto de 2009

Los viajes de Gulliver (Gulliver's Travels)

Publicada en 1726, narra las aventuras en los naufragios que sufre el cirujano Lemuel Gulliver en dos países completamente distintos uno del otro y muy distintos al suyo. Empieza cuando Gulliver cuenta sobre su vida, su tío le ayuda a estudiar medicina, porque su padre no tenia los recursos necesarios, ahí aprendió los temas básicos de negación, física y matemáticas, pero el sabia que en algún momento debería viajar. Años después, cuando su negocio empezó a ir mal, Lemuel, se embarca en un navío que se dirige hacia las Indias, pero el viento soplaba tan fuerte, que no pudieron evitar el estrellarse. en medio de una espesa niebla. Cinco tripulantes y Gulliver, lograron lanzar un bote salvavidas al mar y subirse en el, pero el mar estaba tan fuerte, que salieron levantados por el mar. Gulliver, llega nadando a la orilla de una isla misteriosa, mira a sus alrededores y no ve habitante alguno y se recuesta en la hierba hasta quedarse dormido, pero no había rastro alguno de sus compañeros, que como el habían subido al bote. Cuando se levanta, Gulliver, no puede mover ni sus brazos ni sus piernas, cuando se da cuenta, ve que esta atado, las cuerdas están alrededor de el y hasta habían atado su cabello. Cuando de repente, siente que algo muy diminuto se le sube por el cuerpo, a través del pecho hasta la barbilla. Gulliver llego ha pensar incluso que ya se había muerto, pero se esfuerza, mira hacia abajo lo mas posible y ve un hombre de un tamaño muy diminuto que hablaba en un idioma muy extraño, piensa que es un bicho raro de por esas tierras y Gulliver lanza un grito de horror en el que sale volando el pequeño hombrecito y queda con fracturas muy graves. Gulliver lucha por salir libre, pero no puede, luego se mueve de formas muy bruscas, para que se asusten y lo dejen tranquilo. Cuando empiezan a tirar flechas, Gulliver decide quedarse quieto y cuando lo hace el líder manda orden. Lemuel se disculpa y se queda quieto y callado, pensaba que en la noche mientras dormían se soltaría una mano y se podría liberar facilmente.
Pero no fue así, Gulliver vio a un hombrecito que era el mas alto de todos (porque media como su dedo medio), Gulliver trato de hablar con ellos, pero el sonido de su voz era demasiado fuerte para ellos y empieza a susurrar. Les pide que lo liberen, y el líder empieza a hablarle a todos los hombrecitos que estaban formados delante de el. Gulliver empieza a sentir una gran necesidad, la comida, Gulliver lanza un grito diciendoo que tenia hambre, pero aturde a los hombrecitos. El líder, les dio una orden, y las tropas trajeron varias escaleras y los habitantes subieron encima de Gulliver y empezaron a traer varias cestas con comidas, incluso tuvieron que juntar varias vacas, toros y gallinas enteros para formar un bocado, les hizo señas de que tenia sed y le trajeron 16o de sus mas grandes barriles con agua, que se los tomo de un sorbo cada uno. Después de eso, se quedo dormido.
Cuando se despertó, vio que los habitantes habían hecho encima de el una especie de maquina, y después trajeron caballos, que empezaron a jalarlo con fuerza hasta que llegaron a el palacio de "Borak", donde iba a recidir Gulliver. Ahí se entero de que el lugar en el que estaba, se llamaba "Liliput", lo tenían amarrado de los pies, los hombres que lo cuidaban le daban muy poco espacio para moverse. Los guardias se dieron cuenta de que debido a su tamaño iba a ser difícil mantenerlo encadenado, así que cortaron las cuerdas que lo sujetaban. Gulliver quiso dar un paso, y los liliputenses se alborotaron al ver eso. Empezaron a mirar a Gulliver, y el se daba cuenta de que hablaban de el, aun sin entender su idioma. Llegada la noche, Gulliver intento dormir, pero no pudo por la constante vigilancia que había, los guardias estaban a sus costados, la mitad con antorchas y los otros con arcos y flechas.

A la mañana siguiente, el rey de Liliput fue a buscar a Gulliver, el rey le hablo, pero Gulliver no le entendía, pero Gulliver trato de descifrar lo que decía, y en tres semanas, aprendió a hablar su idioma. Lo primero que pidió fue que le dieran su libertad, el rey accedió, pero la condición que le puso fue que aceptara ser su principal arma contra el pueblo de Blefuscu, el rey no supo explicar porque eran enemigos así que le pidió a sus consejeros que le explicaran, y ellos le dijeron que eran sus enemigos porque si, juramento como se debía hacer en Liliput, de una forma muy extraña. Después de juramentar, el rey decidió darle un honor, y como el era un gigante, a comparacion de ellos, el rey decidió darle el mas grande honor de todos, pero no pudieron darle porque era un cargo tan alto, que ni el rey podría dárselo. pero aun así, le dieron una medalla, y como no pudieron dársela en el cuello, se la dieron en el dedo medio. Pero desde ese momento el rey, sus consejeros empezaron a dudar sobre el gigante (Gulliver). Lemuel pregunto porque era la guerra contra Blefuscu, pero lo único que sabían todos era que estaban en guerra con Blefuscu. El rey le dijo que sabia la historia, y se la contó a Gulliver, le dijo que cuando su tatara-abuelo era niño, cortando u huevo por la mitad se corto el dedo, y su padre, el rey de ese momento, dio una nueva ley en la que prohibía que todos los Liliputenses cortaran huevos por la mitad, pero algunos Liliputenses se quejaron y se revelaron, así que construyeron un barco y se fueron a una isla, donde fundaron el pueblo de Blefuscu, y desde ese momento están en guerra.

Gulliver le dijo que esa guerra era una tontería, el consejero del rey al escuchar esto dijo que Lemuel se estaba oponiendo a ir a la guerra y que Debian ejecutarlo, pero el rey dijo que no se podría, pero el consejero seguía diciendo que si, que Debian llegar mil hombres con flechas envenenadas para clavarse las en la espalda. El rey decía que no podrán matarlo, porque el olor que desprenderá seria insoportable para el pueblo, el consejero dijo que el monstruo representaba gastos que no podían cubrir, por su enorme tamaño, la comida, sus ropas, su cama, su casa, etc. El rey dijo que la mejor solución era la de sacarle los ojos, porque así no temería al pueblo de Blefuscu. Un funcionario publico que se había hecho amigo de Gulliver, le dijo lo que planeaba el rey, y que se debía escapar esa misma noche. Gulliver sabia que debía escaparse, pero no sabia a donde ir, era demasiado grande para esconderse en ese pueblo tan pequeño. Había pensado en destruir la ciudad, pero no podía, por todo lo que le había dado el rey. Gulliver decidió irse al mar, Hizo una balsa con varios troncos de arboles. Navego por cuatro días, y cuando vio perdida la esperanza, encontró tierra. Gulliver llego a la tierra y se recosto con la esperanza de descansar, pero derrepente sintió un gran movimiento de tierra que lo hizo mirar arriba y vio a gigantes. Gulliver, corrió y se escondió en un lugar descampado y se puso a llorar, el solo pensaba en que se lo iban a comer. Cuando de repente, aparece un gigante detrás de el y agarrándolo de la casaca lo levanta. le ruega que no se lo coma, el gigante solo se ríe, pero el sonido de su risa era demasiado estremecedor para Lemuel. El gigante después de reírse largo rato, levanto un poco su casaca y puso a Gulliver en un bolsillo. Gulliver, se dio cuenta de que ese gigante era un granjero, tenia una hija a la que le dio a Gulliver. Ella lo puso en su pecho, el gigante le presento a su hija, y le hija se emociono cuando recibió a Gulliver. El padre dijo que podían hacer mucho dinero con ese hombrecito, pero aun así, se lo dio a su hija. Era una niña de once años y era muy inteligente para su edad, por como vestía a sus muñecas. Su padre y ella decidieron darle alojo por esa noche. La niña, le cambio de ropas, lo puso en una cama de sus muñecas y le canto una canción de cuna hasta que se durmió.

A la mañana siguiente, le llego algo como una carta a Gulliver, después de eso, el padre de la niña entra corriendo hasta la habitación en donde estaban y saca corriendo a Gulliver con todo y la caja en la que estaba. Cuando se detuvo, Gulliver se dio cuenta de que estaba en medio de una mesa que estaba ubicada en medio de un gran salin en el que había varias personas que se sorprendieron cuando lo vieron, y lo primero que pidieron fue que cantara, Gulliver dio un pequeño canto, cuando termino, la multitud que estaba a su alrededor se sorprendió aun mas, pero Gulliver seguía cantando. Estuvo cantando por ocho horas seguidas. Esa noche, se acerco una mujer, hablo con el padre de la niña y dijo que era una mujer enviada por la reina y pregunto si es que el hombrecito estaba en venta, el padre se rehuso, pero en cuanto la chica le mostró la bolsa con el dinero, el gigante (para Gulliver) accedió, pero dio la condición de que su hija lo acompañara. Viajaron por varias horas hasta que llegaron al castillo del rey, cuando llega da una reverencia a la reina, ganandose el cariño de muchos, pero el gigante mas pequeño de todos los que estaban ahí no mostró seña alguna de que se hubiera conmovido con la reverencia de Gulliver. Después de unos días, la niña, dueña de la caja en la que estaba Gulliver, puso la caja de Lemuel en la ventana para que pudiera respirar un poco de aire fresco, y de repente, aparece el enano de la corte, que le habla de mala manera a Gulliver y después lo agarra y empieza a apretarlo fuerte hasta dejarlo casi sin aire, cuando lo suelta, agarra una lata y mete a Gulliver en ese envase, pero grande fue la sorpresa del pobre Lemuel al ver que estaba llena de avispas, Gulliver pelea con las avispas. Lemuel, para defenderse, agarra a una avispa y le quita el aguijon, luego con ese aguijon le da un golpe a otra, y las demás, al ver esto, huyeron.

Gulliver, después de ese mal momento, paso un tiempo relativamente tranquilo, y lo que mas hacia, era conversar con la reina de ese sitio que se llamaba Brobdingnag, hablaban sobre el reino de Gulliver, el le contaba lo que ocurría, todas las cosas malas principalmente, la reina de Brobdingnag , quedo muy sorprendida y un poco asqueada de tantas desgracias. Pero Gulliver al escuchar esto, le empieza a contar todas las cosas buenas, pero para la reina seguían siendo malas, y le dijo que si quería quedarse con su vida, nunca volviera a mencionar a su pueblo. Lemuel se quedo muy pensativo ante lo que le dijo la reina y pero aun, melancólico. La niña, dueña de Gulliver, al verlo todo decaído, lo llevo a la playa. La niña le dijo que quería ir a su pueblo, pero que antes debían casarse, Gulliver se sorprendió y le dijo que no era posible, por su edad y porque el ya tenia esposa, la niña se puso a llorar, pero Lemuel intento subirle los ánimos, y le dijo que algún día iba a encontrar al hombre adecuado para ella y que ese día se olvidaría de el. Después de esa conversacion, Gulliver le pidió a la niña que lo llevara a su casa. La niña accedió y lo hizo, luego todo quedo en silencio hasta que se durmieron. Pero mientras estaba dormido, la niña llevo a la orilla de la playa. Gulliver se desperto bruscamente cuando sintio que algo movia su casa. Cuando se desperto vio que era un aguila que se lo habia llevadoa volando, cuando de repente, el agila suelta la casa de Lemuel y cae al mar.

Cuando la casa llega a tierra, ve que un grupo de animales se le acerca, cuando llegan con el, se da cuenta de que eran caballos, Lemuel los escucha hablar y se lo llevan, Gulliver de la sorpresa se desmayo. Cuando se desperto, estaba con otro hombre, pero era muy incivilizado y se da cuenta de que los hombres eran como los animales y los caballos eran los civilizados. Se le acerca su su dueño a Gulliver y le pregunta si era un "yahoss", el le responde que no, que el era un humano, la yegua que se le habia acercado no entendio, ella le volvio a preguntar y el le dijo que era humano y le pregunto que era ella, le respondio diciendo que era un houyhnhsms, Gulliver despues de esto, se dio cuenta que ellos eran los civilizados, y durante las siguientes semanas intento aprender su idioma, pero ellos aprendieron el idioma de Lemuek mucho antes, ademas vio que en su sociedad, no existe nigun vicio o alguna cosa mala, ni siquiera tenian cosas malas en su vocabulario, lo unico era la forma en que describian a los Yahoos, que para la suerte de Gulliver ellos concideraron que no formaba parte. Pero cierto dia, su amo llega y lo encuentra dormido con las ropas caidas y la camisa arriba de la cintura, al ver a Gulliver, penso que era un Yahoos, pero la duda ya estaba hecha y debian ponerlo a prueba, porque si era un Yahoos, debia ir con ellos.

Su amo le dio tres pruebas, primero fue la de como elegir a sus gobrenantes, que Gulliver paso, diciendo como es que elegian a sus gobernantes, que era de una forma muy contraria a la forma en que los elegian los Yahoos. Despues fue la de la pelea, los Yahoos peleabana sin motio alguno, y Gulliver dijo que en su tierra no peleaban en vano, siempre habia una causa justa. Fianalmente, estaba la prueba de la avaricia, el amo de Lemuel le cuenta que los Yahoos siempre escarbaban la tierra y recogian unas piedras briallantes cuando lleva a Gulliver a ver, se da cuenta de que son diamantes, y se sirorende tanto que casi escarba en la tierra, pero resiste y le cuenta a su amo que en su pais esas piedras no tenian valor alguno. Ya pasadas las tres pruebas, Gulliver fue aceptado en esa sociedad, y se dio cuenta de que ya no queria volver a Inglaterra y que queria quedarse en ese lugar por todos los buenos pensamientos y el ambiente de completa paz que habia en ese lugar, Lemuel estaba decidido a convertirse en un Houymhsms. Gulliver estuv alojado en la misma casa por varios dias y fueron los mejores meses de toda la vida de Lemuel, pero cierto dia, aparecieron los Yahoos en su casa para comerse todo lo que habia en su camino y su casa, Gulliver en un ataque de colera le da un duro golpe a un Yahoo y su amo lo llega a ver y se decepciona de Lemuel y dice que es uno de ellos y lo quiere desterrar, pero Gulliver lucha con todas sus fuerzas para evitarlo, pero no puede y es desterrado.

Llegado el dia de el destierro, se despide de su amo y se va en una canoa, no queria ir con los Yahoos, tampoco queria volver a su hogar y decidio quedarse en esa canoa hasta que morir. Pero cierto dia aparece un barco, que lo recoge y lo llevan a Inglaterra. Cuando llega a su hogar, es recibido de una manera muy acogedora, pero Lemuel estaba muy deprimido por haber dejado ese pais tan perfecto. Lo primero que hizo, fue comprar dos caballos con el poco dinero que tenia, despues de eso, conversaba con ellos todos los dias por lo menos cuatro horas. Su esposa estaba realmente preocupada por el, un dia fue a conversar con el para hacerlo entrar en razon, pero fue en vano. Pasaron meses antes de que Gulliver entrara en razon y volviera a hablar con una persona y nunca se canso de decir que el habia estado es esos cuatro lugares maravillosos.


A continuacion un capitulo de "Los Viajes de Gulliver" :
Capítulo VII
El gran cariño del autor hacia su país natal. -Observaciones de su amo sobre la constitución y administración de Inglaterra, según los pinta el autor, en casos paralelos y comparaciones. -Observaciones de su amo sobre la naturaleza humana.
Quizá el lector está a punto de maravillarse de cómo podía yo decidirme a hacer una tan franca pintura de mi propia especie entre una raza de mortales ya demasiado puesta a concebir la más baja opinión del género humano, dada la completa identidad entre sus yahoos y yo. Pero debo confesar sinceramente que las muchas virtudes de aquellos excelentes cuadrúpedos, puestas en parangón con las corrupciones humanas, de tal manera me habían abierto los ojos y avivado el entendimiento, que comenzaba a considerar las acciones y las pasiones del hombre con criterio muy distinto y a creer que el honor de mi raza no merece la pena de que se discurran arbitrios en su apoyo; lo que, además no me hubiera servido de nada ante personas de tan agudo entendimiento como mi amo, que a diario me llamaba la atención sobre mil faltas mías de que yo jamás me había dado la menor cuenta, y que entre nosotros nunca se hubiesen considerado en el número de las flaquezas humanas. Asimismo había aprendido en su ejemplo la enemiga más absoluta a la mentira y el disimulo; y la verdad me parecía tan digna de ser amada, que resolví sacrificarlo todo a ella.
Voy a tener con el lector la ingenuidad de confesar que aún había un motivo mucho más poderoso para la franqueza que puse en mi descripción de las cosas. Todavía no llevaba un año en aquel país, y ya había concebido tal amor y veneración por los habitantes, que tomé la resolución firme de no volver jamás a sumarme a la especie humana y de pasar el resto de mi vida entre aquellos admirables houyhnhnms, en la contemplación y la práctica de todas las virtudes, donde no se me ofreciera ejemplo ni excitación para el vicio. Pero había previsto la fortuna, mi constante enemiga, que no fuera para mí tan gran felicidad. Sin embargo, me sirve ahora de consuelo pensar que en lo que dije de mis compatriotas atenué sus faltas todo lo que me atreví ante examinador tan riguroso, y di a todos los asuntos el giro más favorable que permitían. Porque ¿habrá en el mundo quien no se deje llevar de la parcialidad y la inclinación por el sitio de su nacimiento?
He referido la esencia de las varias conversaciones que tuve con mi amo durante la mayor parte del tiempo que me cupo el honor de estar a su servicio; pero, en gracia a la brevedad, he omitido mucho más de lo que he consignado. Cuando ya hube contestado a todas sus preguntas y su curiosidad parecía totalmente satisfecha, mandó a buscarme una mañana temprano, y, mandándome sentar a cierta distancia -honor que nunca hasta allí me había dispensado-, díjome que había considerado seriamente toda mi historia, así en el punto que se refería a mi persona como en el que tocaba a mi país, y que nos miraba como una especie de animales a quienes había correspondido, por accidente que no podía imaginar, una pequeña porcioncilla de razón, de la cual no usábamos sino tomándola de ayuda para agravar nuestras naturales corrupciones y adquirir otras que no nos había dado la Naturaleza. Agregó que las pocas aptitudes que ésta nos había otorgado las habíamos perdido por nuestra propia culpa; habíamos logrado muy cumplidamente aumentar nuestras necesidades primitivas y parecíamos emplear la vida entera en vanos esfuerzos para satisfacerlas con nuestras invenciones. Por lo que a mí tocaba, era manifiesto que yo no tenía la fuerza ni la agilidad de un yahoo corriente; andaba débilmente sobre las patas traseras, y había descubierto un arbitrio para hacer mis garras inútiles e inservibles para mi defensa, y para quitarme el pelo de la cara, que indudablemente tenía por fin protegerla del sol y de las inclemencias del tiempo. En suma: que no podía ni correr con velocidad, ni trepar a los árboles como mis hermanos -así los llamaba él- los yahoos de su país.
Añadió que nuestra institución de gobierno y de ley obedecía, sencillamente, a los grandes defectos de nuestra razón y, por consiguiente, de nuestra virtud, ya que la razón por sí sola es suficiente para dirigir un ser racional. Entendía, sin embargo, que ésta era una característica que no teníamos la pretensión de atribuirnos, como se desprendía incluso de la pintura que yo había hecho de mi pueblo, aunque percibía manifiestamente que para favorecer a mis compatriotas había ocultado muchos detalles y dicho muchas veces la cosa que no era.
Tanto más se confirmaba en esta opinión cuanto que observaba que, así como mi cuerpo se correspondía en todas sus partes con el de los otros yahoos, salvo aquello que iba en notoria desventaja mía, cual lo relativo a fuerza, rapidez, actividad, cortedad de mis garras y algún otro punto en que la Naturaleza no tenía parte, del mismo modo descubría en la descripción que yo le había hecho de nuestra vida, nuestras costumbres y nuestros actos una muy estrecha semejanza en la disposición de nuestros entendimientos. Díjome que era sabido que los yahoos se odiaban entre sí mucho más que a especie diferente ninguna; y se daba ordinariamente como razón para esto lo abominable de su figura, que cada cual podía apreciar en los demás, pero no en sí mismo. Empezaba a pensar que no procedíamos torpemente al cubrirnos el cuerpo y, con este arbitrio, ocultarnos unos a otros muchas de nuestras fealdades, que de otro modo difícilmente podríamos soportar. Pero ya reconocía que había andado equivocado y que las disensiones que se veían en su país entre esta clase de animales se debían a la misma causa que las nuestras, según yo se las había referido. «Pues -dijo- si se echa entre cinco yahoos comida que bastaría para cincuenta, en vez de comerla pacíficamente, se engancharán de las orejas y rodarán por los suelos, ansioso cada uno de quedarse con todo para él solo.» Por tanto, solía ponerse a un criado cerca cuando comían en el campo, y los que se tenían en casa estaban atados a cierta distancia unos de otros. Tanto era así, que si moría una vaca de vieja o por accidente, y no iba en seguida un houyhnhnm a guardarla para sus propios yahoos, acudían todos los del vecindario en manada a apoderarse de ella y libraban batallas como las descritas por mí, de que resultaban con terribles heridas en los costados, abiertas con las garras, aunque rara vez llegaran a matarse, por falta de instrumentos de muerte análogos a los que habíamos inventado nosotros. En otras ocasiones se habían reñido análogas batallas entre los yahoos de vecindarios distintos sin causa alguna aparente. Los de una región acechaban la oportunidad de sorprender a los de la inmediata sin que pudieran apercibirse; pero si el proyecto les fracasaba, se volvían a sus casas, y, a falta de enemigos, ellos mismos se empeñaban en lo que yo llamaba una guerra civil.
Añadió que en ciertos campos de su país había unas piedras brillantes de varios colores que gustaban a los yahoos con pasión; y cuando piedras de éstas, en cierta cantidad, como acontecía a menudo, estaban adheridas a la tierra, cavaban los yahoos con las garras días enteros hasta lograr sacarlas, y luego se las llevaban y las ocultaban en sus covachas, formando montón; todo ello mirando con grandes precauciones para impedir que los compañeros descubriesen el tesoro. Dijo mi amo que nunca había podido comprender la razón de este apetito, contrario a las leyes naturales, ni para qué podrían servir a un yahoo aquellas piedras; pero ahora suponía que se derivaba del mismo principio de avaricia que yo había atribuido a la Humanidad. Contóme que una vez, como experimento, había quitado secretamente un montón de estas piedras del lugar en que lo había enterrado uno de los yahoos. El sórdido animal, al echar de menos su tesoro, había atraído a toda la manada al lugar donde él aullaba tristemente, y después se había precipitado a morder y arañar a los demás. Empezó a languidecer, y no quiso comer, dormir, ni trabajar hasta que él mandó a su criado trasladar secretamente las piedras al mismo hoyo y esconderlas como estaban antes, con lo cual el yahoo, cuando lo hubo descubierto, recobró sus energías y su buen humor -aunque tuvo cuidado de llevar las piedras a un mejor escondrijo-, y fue desde entonces una bestia muy dócil.
Mi amo me aseguró, y yo pude observarlo personalmente, que en los campos donde abundaban estas piedras brillantes se reñían combates y frecuentísimas batallas, ocasionadas por incesantes incursiones de los yahoos vecinos. Dijo que era frecuente, cuando dos yahoos que habían encontrado una piedra de éstas en un campo reñían por su propiedad, que un tercero se aprovechase del momento y escapara, dejando sin ella a los dos; lo que mi amo afirmaba que era en cierto modo semejante a nuestros procesos judiciales. Yo, por favorecer nuestro buen nombre, no quise desengañarle de ello, ya que la solución que él mencionaba era notablemente más equitativa que muchas de nuestras sentencias; pues allí el demandante y el demandado no pierden más que la piedra por que pleitean, al tiempo que nuestros tribunales de justicia jamás abandonan una causa mientras les queda algo a alguno de los dos.
Continuando su discurso, dijo mi amo que nada se le hacía tan repugnante en los yahoos como su inconfundible apetito de devorar todo lo que hallaban en su camino, lo mismo si eran hierbas, que raíces, que granos, que carne de animales corrompida, que todas estas cosas revueltas; y era peculiar condición de su carácter gustar más de lo que adquirían por rapiña o hurto, o a una gran distancia, que de la comida que en casa se disponía para ellos. Si el botín daba de sí lo bastante, comían hasta casi reventar, y, para después, la Naturaleza les había indicado una cierta raíz que les producía una evacuación general.
Había otra clase de raíces muy jugosas, pero algo raras y difíciles de encontrar, por las cuales los yahoos reñían con gran empeño, y que chupaban con gran deleite; les producía los mismos efectos que el vino a nosotros. Unas veces les hacía acariciarse; otras, arañarse unos a otros: aullaban, gesticulaban, parloteaban, hacían eses y daban tumbos, y luego caían dormidos en el lodo.
Yo observé, ciertamente, que los yahoos eran los únicos animales de aquel país sujetos a enfermedades; las cuales, sin embargo, eran en mucho menor número que las que sufren los caballos entre nosotros, y no contraídas por ningún mal trato, sino por la suciedad y el ansia de aquellos sórdidos animales. Ni tampoco tienen en el idioma más que una denominación general para aquellas enfermedades, derivada del nombre de la bestia, que es hnea-yahoo, o sea el mal del yahoo.
En cuanto a las ciencias, el gobierno, las artes, las manufacturas y cosas parecidas, confesó mi amo que encontraba poca o ninguna semejanza entre los yahoos de nuestro país y los del suyo; pues, por otra parte, sólo se había propuesto indicar la paridad de nuestras naturalezas. Cierto que había oído decir a algunos houyhnhnms curiosos que en la mayor parte de las manadas había una especie de yahoo director -igual que en nuestros parques suele haber un ciervo que es como el jefe o conductor de los otros-, que siempre era más feo de cuerpo y más perverso de condición que todos los demás. Este director solía tener un favorito, lo más parecido a él que pudiese encontrar, y que era siempre odiado por la manada; así que, para protegerse, se mantenía siempre cerca del individuo director. Por regla general, continúa en su oficio hasta que se encuentra otro peor; pero en el momento en que queda descartado, su sucesor, a la cabeza de todos los yahoos de la región, jóvenes y viejos, machos y hembras, formando un solo cuerpo, acude a atacarle. Mi amo dijo que yo podía juzgar mejor que él hasta qué punto esto podía ser comparable a nuestras cortes y nuestros favoritos. No me atreví a replicar a esta malévola insinuación, que colocaba el entendimiento humano por bajo de la sagacidad de un simple sabueso, que tiene criterio suficiente para distinguir y obedecer el ladrido del perro más experimentado de la jauría, sin equivocarse nunca. Díjome mi amo que una de las cosas que le asombraban más en los yahoos era una extraña inclinación a la porquería y a la basura, mientras en todos los demás animales parecía existir un amor natural a la limpieza. En cuanto a las dos primeras acusaciones, tuve a bien dejarlas pasar sin réplica, porque no tenía una palabra que oponer en defensa de mi especie; que, de tenerla, la hubiese opuesto dejándome llevar de mi inclinación. Pero hubiese podido fácilmente vindicar al género humano de singularidad respecto del último punto sólo con que hubiese habido un puerco en aquel país -que, por mi desgracia, no lo había-; animal que, si bien puede pasar por un cuadrúpedo más suculento que un yahoo, no puede aspirar en justicia, según mi humilde opinión, a que se le tenga por más limpio. Y así hubiese tenido que reconocerlo su señoría mismo viendo su modo de comer y su costumbre de hozar y de dormir en el lodo.
Asimismo mencionó mi amo otra cualidad que sus criados habían descubierto en muchos yahoos y que a él le parecía inexplicable. Dijo que a veces le entraba a un yahoo la manía de meterse en un rincón, tumbarse y aullar y gruñir y apartar a coces todo lo que se le acercaba, sin pedir comida ni agua, aunque era joven y estaba gordo. Los criados no podían imaginar qué mal le atormentaba, y el único remedio que habían encontrado era hacerle trabajar duramente, con lo cual se restablecía de manera infalible. A esto guardé silencio, llevado de mi parcialidad por mi especie; no obstante, pude descubrir en aquello las verdaderas semillas del spleen, que sólo hace presa en los holgazanes, los regalones y los ricos, cuya cura yo tomaría con gusto a mi cargo si se los obligase a seguir el antedicho régimen.

martes, 28 de julio de 2009

Mariano Melgar (Perú; Arequipa, 10/08/1790 - Puno, 12/03/1815)


Nacido en Arequipa el 10 de agosto de 1790 y fallecido en Puno el 12de marzo de 1815, Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso, es considerado el iniciador del romanticismo en el Perú. Fue un gran escritor de poemas, cantos y yaravies indígenas, creación suya. Desde niño fue muy precoz y no fue necesario utilizar estilos europeos en sus poemas, siempre todos sus poemas y cantos tenían un estilo propio de si mismo. A los 8 años de edad ya dominaba el latín y antes de cumplir los diez años, dominaba con fluidez el ingles y el francés. En estos años Mariano asiste a la biblioteca del Seminario Conciliar de San Jerónimo, la biblioteca con mas información en esa región del Perú. En su juventud, llego a ser maestro de Latín, Retorica, Filosofía, Matemática y Física. A los 20 años, deja los habitos religiosos, motivo por el cual no recibe una capellania que se la habían propuesto a los ocho años de edad. En ese año, se enamora de María Santos Corrales, a quien llama Silvia en sus poemas y empieza su carrera literaria donde destacan inmediatamente sus poemas, cantos y yaravies, dedicados a ella. Mariano, en esos años, se apasiona por la política y persuade a sus padres para que lo dejen ir a estudiar leyes en Lima, terminada su carrera, decide regresar a Silvia, pero ya no la encuentra, el motivo fue que la familia de María Santos dijo que la madre de Silvia, pero le había dejado un gran amor por ella y en Lima había amado la patria, por lo que su verso predilecto dice: "Por Silvia amo a mi Patria con esmero, y por mi patria amada a Silvia quiero".

Entre sus obras mas destacadas están: A Silvia, A la Libertad, El Cantero y El Asno, Las Cotorras y el Zorro, El Asno Cornudo, Al Sueño, Al Conde de Vista Florida y Al Mar.

Melgar después de haber sido rechazado, decide irse a Majes, donde establece una relación amistosa con unos revolucionarios, en Noviembre de 1814, decide enrolarse en el ejercito, luego en marzo de 1815, se va a la batalla de Pumacahua, donde lo capturan y los fusilan.
Elegia y Soneto a Silvia



¿Por que a verte volví, Silvia querida?(Elegía I)
¿Por qué a verte volví, Silviaquerida?¡Ay triste! ¿para qué? ¡Para trocarsemi dolor en más triste despedida!
Quiere en mi mal mi suerte deleitarse;me presenta más dulce el bien que pierdo:¡Ay! ¡Bien que va tan pronto a disiparse!
¡Oh, memoria infeliz! ¡Triste recuerdo!Te vi… ¡qué gloria! pero ¡dura pena!Ya sufro el daño de que no hice acuerdo.
Mi amor ansioso, mi fatal cadena,10a ti me trajo con influjo fuerte.Dije: «Ya soy feliz, mi dicha es plena».
Pero ¡ay! de ti me arranca cruda suerte;este es mi gran dolor, este es mi duelo;en verte busqué vida y hallo muerte.15
Mejor hubiera sido que este cielono volviera a mirar y sólo el llantofuese en mi ausencia todo mi consuelo.
Cerca del ancho mar, ya mi quebrantoen lágrimas deshizo el triste pecho;20ya pené, ya gemí, ya lloré tanto
¿Para qué, pues, por verme satisfechovine a hacer más agudos mis doloresy a herir de nuevo el corazón deshecho?De mi ciego deseo los ardores25volcánicos crecieron, de maneraque víctima soy ya de sus furores.¡Encumbradas montañas! ¿Quién me dierala dicha de que al lado de mi dueño,cual vosotras inmóvil, subsistiera?
¡Triste de mí! Torrentes, con mal ceñoromped todos los pasos de la tierra,¡piadosos acabad mi ansioso empeño!
Acaba, bravo mar, tu fuerte guerra;isla sin puerto vuelve las ciudades;y en una sola a mí con Silvia encierra.¡Favor tinieblas, vientos, tempestades!pero vil globo, profanado suelo,¿es imposible que de mí te apiades?
¡Silvia! Silvia, tú, dime ¿a quién apelo?no puede ser cruel quien todo cría;pongamos nuestras quejas en el cielo.
Él solo queda en tan horrible día,único asilo nuestro en tal tormento,él solo nos miró sin tiranía.
Si es necesario que el fatal momentollegue… ¡Piadoso Cielo! en mi partidabenigno mitigad mi sentimiento.
Lloro… no puedo más… Silvia querida,déjame que en torrentes de amargurasaque del pecho mío el alma herida.
El negro luto de la noche oscurasea en mi llanto el solo compañero,ya que no resta más a mi ternura.
Tú, Cielo Santo, que mi amor sinceromiras y mi dolor, dame esperanzade que veré otra vez el bien que quiero.
En sola tu piedad tiene confianzami perseguido amor… Silvia amorosa.El Cielo nuestras dichas afianza.
Lloro, sí, pero mi alma así llorosa,unida a ti con plácida cadena,en la dulce esperanza se reposa,y ya presiente el fin de nuestra pena.
***************************************************************
¡Oh, dolor! ¿Cómo, cómo tan distante…?(Elegía II)¡Oh dolor! ¿Cómo, cómo tan distantede mi querida Silvia aquí me veo?¿Cómo he perdido todo en un instante?
Perdí en Silvia mi dicha y mi recreo;consentí en ello ¡ciego desvarío…!consentí contra todo mi deseo.
Y ved, aquí conozco el yerro mío,ya cuando repararlo no es posible,y es fuerza sufra mi dolor impio.
Así el nuevo piloto al mar terriblese arroja sin saber lo que le espera,y ármase luego la tormenta horrible.
En negra noche envuelta ya la esfera,pierde el valor, el rumbo y el acierto;y a todos lados ve la parca fiera.
Pero al fin él verá su ansiado puerto,o acabaránse pronto sus tormentos;bien presto ha de mirarse libre o muerto.
Y aún en medio del mar ¿qué sentimientospuede tener cuando en luchar se empleacontra las fuertes ondas y los vientos?
Solo yo… yo he perdido hasta la ideade un débil esperar: no hallo consuelo¡Ay Silvia… no es posible que te vea!
Ni morir pronto espero; ni mi anhelopuede agitarme tanto, que ocupadano sufra mi alma el peso de su duelo.
En una calma triste y desastrada,fijos tengo los ojos en mi penasin lograr más que verla duplicada.
En derredor de mí tan sólo suenael eco de los míseros gemidoscon que mi triste pecho el aire llena.
Sólo el dolor por todos mis sentidosentra hasta el corazón: todo es quebrantoque el alma abate en golpes repetidos.
¡Ay Silvia! Si a lo menos tú, mi llantopudieras atender y mis sollozos…¡Ah! mi acerbo dolor no fuera tanto.
Silvia, Silvia, os dijera: «Ojos hermosos,mirad mi situación, ved mi tormento»;y al instante, mirándome piadosos,desvanecieran todo el mal que siento.Acabadas por ti mis aflicciones,a tu piedad deudor de mi contento.
Corriera ardiendo a ti: mis expresionesfueran dulce llorar… ¡Con qué ternurate estrechara…! ¡Ay! ¡Funestas ilusiones!
No, Silvia, no: la pena, la amarguraes todo lo que encuentra mi deseo:cuanto alcanzo a mirar es noche oscura.
******************************************************
Bien puede el mundo entero conjurarseSoneto a Silvia Bien puede el mundoentero conjurarsecontra mi dulce amor y mi ternura,y el odio infame y tiranía durade todo su rigor contra mí armarse;
Bien puede el tiempo rápido cebarse5en la gracia y primor de su hermosura,para que cual si fuese llama impurapueda el fuego de amor en mí acabarse;
Bien puede en fin la suerte vacilante,que eleva, abate, ensalza y atropella,alzarme o abatirme en un instante;
Que al mundo, al tiempo y a mi varia estrella,más fino cada vez y más constante,les diré: «Silvia es mía y yo soy de ella.»
********************************************************
Ya mi triste desventura(Yaravi vIII) Ya mi triste desventurano dejaEsperanza de teneralivio;y el buscarlo sólo sirve5de darmeel tormento de mirarlo perdido.
En vano huiré buscandoregionesdonde olvidar a mi dueñoquerido:con la distancia tendrámi pechosus recelos y su amor15más fijos,
Lloraré cuando estén lejosmis males;y emitiré los más tristesgemidos;y no tendré el consuelode verte,ni de que sepas mis cruelesmartirios.
Decidme, querido dueño:25¿qué causapudo mudar ese pechotan fino?¿no te mueve a compasiónel vermeque huyendo de tus crueldadesexpiro?
¿Con qué corazón oyerasdecirque por ti murió quien firmete quiso?no seas, amada prenda,no seas,de mi desdichada vidacuchillo.

jueves, 16 de julio de 2009

José Zorrilla (España; Villaloid, 21/02/1817 - Madrid, 23/01/1893)
Nacido en Villaloid el 2 de febrero de 1817 y fallecido en Madrid el 23 de enero de 1893, José Zorrilla y Moral, es considerado uno de los grandes exponentes de la literatura española del siglo XIX, en especial porque ya había acabado el tiempo de auge de la literatura en España (siglo de oro español). Su obra mas conocida "Don Juan Tenorio" causo una gran polémica entre la España de su época, puesto que el tema mas resaltante era la infidelidad y la traición. Su padre era un hombre conservador y absolutista, partidario de Carlos V, que por sus influencias, viaja a Madrid cuando José solo tenia nueve años, donde se relaciona con una iglesia de Jesuitas en la cual estudia teatro. Con la muerte de Fernando VII (hermano de Carlos V), su padre fue desterrado a Lerma y José fue mandado a estudiar derecho en la real universidad de toledo, hospedandose en la casa de un pariente canónigo que lo mantenía en constante vigilancia. Pero siempre estaba distraido y se la caían los libros, por lo cual su pariente lo mando a que regresara a Villaloid para seguir sus estudios en esos lugares.
Cunado estudio en Villaloid, le causo gran atracción el dibujo y la literatura, se enamoro de una prima y su padre muy molesto lo mando a Lerma para que cave viñas, pero en mitad del camino José roba una mula y huye a Madrid, con un gran odio hacia su padre, que es revelado luego en su obra "Recuerdos del tiempo Viejo" donde deja escrito: "Mi padre no había estimado en nada mis versos: ni mi conducta, cuya clave él sólo tenía" y posteriormente pasaría muchas hambrunas y problemas económicos que lo seguirían por el resto de su vida. En 1836 , finge ser un artista italiano para publicar sus pinturas en "el museo de las familias", Publico poesías en el diario, "El artista" y discursos revolucionarios en "el café nuevo", por lo cual es perseguido por la policía. Se refugió en la casa de un gitano. Tras la muerte de Mariano José Larra y Sanchez de Castro en 1837, declama un poema improvisado, con el cual se ganaría la amistad de José Esponceda y Juan Eugenio Hartzenbusch, quienes anudarían a Zorrilla a entrar en los diarios mas reconocidos de ese tiempo. En 1838 se casa con una viuda Irlandesa que era mucho mas pobre que el y con un hijo, su matrimonio no fue muy feliz, José tuvo muchas amantes. En 1839 escribe su primer drama con la colaboración de Garcia Gutierrez titulándolo "Juan Dandolo" y en 1842 publico su primera obra, escrita por el solo, "Cantos del Trovador" y tres dramas mas, estuvo dedicado completamente a su trabajo literario.En 1845 se separa de su esposa y empieza a asistir a algunos cursos de la facultad de medicina.
Cuando muere su madre en 1846, regresa a Villaloid, vende sus obras a una editora en París, por las cuales en 1849 recibe varios honores, se une al teatro español. En 1851 viaja a París huyendo de su esposa, donde tiene a una amante. Después en 1853 viaja a Londres donde conseguiría nuevas deudas por parte de un relojero. En 1854 viaja México donde pasa mucha hambruna, sin mezclarse con la sociedad, el año 1858 viaja a cuba para regresar al año siguiente. Pero en 1864 cuando entra el emperador Maximiliano I, Zorrilla se convierte en un poeta renombrado y le dan el cargo de director del "Teatro Nacional". Su esposa muere en 1866 y José regresa a España, donde se entera de la muerte de Maximiliano I, Zorrilla escribe unas lineas muy fuertes ante los liberales dejándolo mal parado ante la iglesia.
Entre sus obras mas importantes están: Don Juan Tenorio, Un Recuerdo y un Suspiro, El Capitán Montoya, Sancho Garcia, La Calentura, El Puñal del Godo, A la Memoria de Laura, Margarita la Tomera, La Leyenda del Cid y A una Mujer.
En 1869 se casa nuevamente con Juana Pacheco, regresando los problemas económicos, recibió una comision gubernamental en Roma en 1873, le dieron el titulo de cronista de Villaloid en 1884, la REA lo recibe en 1885, su padre muere ese mismo año sin haber recibido el perdón de José por los constantes abusos mentales que había cometido en sus años de infancia, dejando un gran peso en la conciencia del autor. Es coronado como poeta nacional laureado en granada en 1889 y recibe muchas condecoraciones mas, pero ninguna pudo pagar sus deudas. José Zorrilla fallece el 23 de Enero de 1893 por una intervención que hicieron para extraerle un tumor cerebral. Su velorio y posterior entierro fu clasificado como uno de los mas grandes homenajes.
Don Juan Tenorio (Don Juan Tenorio)

Publicada en el año 1844, narra las aventuras que corre Juan Tenorio para cumplir una apuesta de un año. Empieza, cuando están, en el bar del italiano Buttarelli, un señor de antifaz negro con su criado, otro italiano, llamado Ciutti. El criado le cuenta al dueño del bar que su amo es un gran hombre, que le dejaba estar con las mujeres que quería y que le daba buena paga. Cunado de repente, el amo de Ciutti lo llama, le da una carta dirigida al convento, es para Doña Ines , el criado corre sin esperar un solo segundo. Después, el señor del antifaz negro le pregunta, si es que había ido el señor Don Luis Mejia en el día, Buttarelli le responde que estaba de viaje y no había noticia alguna de el, Buttarelli le dice que tenia información que podía ser le de interés. Quiere contarle una historia, pero el le responde que sabia sobre la apuesta que tenia con Juan Tenorio. El hombre del antifaz negro, termina la copa de vino que tenia en su mano, le paga a Buttarelli y se retira. Después de unos momentos, entra un hombre mayor. El le pregunta si es que conocía a Don Juan Tenorio, Buttarelli le responde que si. El hombre pregunta si es que va a ir esa noche, Buttarelli le responde que si y pregunta si es que el era Don Luis Mejia. Buttarelli los halaga diciendo que ellos dos eran los hombres mas valientes de toda España, el señor lo contradice y discuten un momento mas. El señor al final le dice que quería estar presente cuando los dos hombres estén reunidos para cumplir su apuesta. Buttarelli le dice que espere que les estaba preparando una mesa para esa noche tan especial, pero el hombre le dice que quería estar presente sin ser notado, así que Buttarelli entra en su despacho y le trae un antifaz de color azul con negro (lo cual se veía normal puesto que estaban en tiempos de carnaval), después de eso, entra otro hombre, con una capa tan alta que le cubre la cara y se siena en una mesa, no muy lejos del señor del antifaz negro y azul.

Momentos mas tarde, entran el Señor Avellaneda (soldado)' y el Capitán Centellas, dos buenos amigos de Don Juan y Don Luis, junto con un grupo de amigos, ellos dos estaban terminando de contar la historia de la apuesta entre Don Juan y Don Luis. El señor Avellaneda apuesta a que el Don Luis va a ganar, pero el Capitán Centellas dice que Don Juan es quien va a ganar. Conversan unos momentos mas esperando la hora dicha para el cumplimiento de la apuesta. Centellas pregunta a Buttarelli si es que tenia noticia alguna de Don Juan, el le responde que no tenia noticia alguna, pero le comenta sobre el señor que estuvo presente algunos momentos atrás, con antifaz negro y preguntando sobre Don Luis. Cuando el hombre del antifaz negro que había estado en la hostería momentos antes entra seguido de otro hombre, también con un antifaz, cuando entran en la hostería, suenan las campanadas de las ocho de la noche. Los dos se sientan sobre la mesa reservada, dicen que la otra silla estaba reservada y respondieron que debían estar ahí, los dos hombres se sacaron el antifaz al mismo tiempo y eran Don Luis Mejia y Don Juan Tenorio, las personas presentes se ponen alrededor de la mesa para saber lo que había ocurrido. Los dos recuerdan la apuesta, hace un año atrás, los dos estaban sentados en esa misma mesa y conversando sobre quien era el hombre mas valiente y mas atrevido de los dos, pero como nadie se ponía de acuerdo, apostaron que por un año se irán a el lugar que mejor les pareciera y robarían, matarian, estafarían y serian amantes de todas las mujeres que encontraran, y el que hubiera robado, matado, estafado y amado mas seria el que gana. Los dos contaron su historia, pero las dos historias se oían igual de atrevidas y malvadas, pero Don Luis Mejia cuando termino su historia anuncio que a la mañana siguiente se iba a casar con Doña Ana de Pantoja.Y para saber quien gano la apuesta, decidieron contar el numero de personas muertas, Don Luis ha matado a 23 personas y Don Juan a 32, Don Juan ha ganado. Luego contaron a las mujeres amadas, Don Luis tiene a 50 y Don Juan a 72. Los resultados eran claros, Don Juan Tenorio era el claro ganador de la apuesta. Pero Don Luis para no perder le comenta que tenia a todo tipo de mujeres en su lista excepto una, una novicia. Don Juan le dice que en esa noche iba a tener una aventura con una novicia, pero no solo con una novicia, sino también con la novia de un amigo. Don Juan dice que como Don Luis era una amigo suyo, iba a tener una aventura con Doña Ana de Pantoja.

Los dos hombres llaman a sus criados, que después salen corriendo. El hombre del antifaz de color negro y azul que le había dado Buttarelli, se acerca a la mesa y les dice a los dos hombres que no los mata, porque la espada le pesa para su edad. Luego le reclama a Don Juan y le dice que con su padre estaban planeando un matrimonio entre el y su hija. Don Juan le responde que todo eran mentiras y le dijo que se quitara el antifaz de la cara, el hombre lo hace y era Don Gonzalo de Ulloa, el padre de Doña Ines, que les esta negando el derecho a casarse con su hija. Don Juan dice que aun sin su aprovamiento el se iba a casar con doña Ines. Cuando de repente, el hombre con la capa, se pone de pie y le dice a Don Juan lo muy indignado que esta por el, Don Juan intrigado le pregunta quien era el señor, pero el reusa y Don Juan, se le acerca y con su espada le quita la capa. Grande fue la sorpresa de don Juan al ver que el hombre era Don Diego Tenorio, el padre de Don Juan. Don Gonzalo le dice a Don Diego que no le prestara importancia ese asunto, que ya se las arreglaría para evitar que Don Juan se case, Don Diego le dice a Don Juan que el le daba su perdón, pero que no lo quería volver a ver. Don Juan sale de la hostería y para su sorpresa, aparecen unos guardias que lo capturan, sale Don Luis y le dice que no le iba a dejar que tuviera una aventura con Doña Ana facilmente y que la apuesta el ya la había ganado. Pero en cuanto se retiraba, aparecieron nuevos guardias, pero esta vez capturaron a Don Luis, y Don Juan pasa por ahí y le dice que el tampoco le iba a dejar que lo capturara facilmente y los dos fueron llevados llevados presos.

Momentos mas tarde, cerca a la casa de Doña Ana de Pantoja se encuentran Pascual, el criado de Doña Ana y Don Luis, un pariente suyo había pagado la fianza. Don Luis le cuneta lo ocurrido con Don Juan y le dice que quiere ver a doña Ana, Pascual le dijo que esa hora no era la mejor para ver a Doña Ana, que esperara hasta las diez, la hora en que se dormía su padre, y Don Luis acepto la propuesta. Pero antes de que sean las diez, Doña Ana se acerca a su ventana y ve una sombra, pregunta quien ea y Don Luis piensa que es pascual, los dos hablan y se dan cuenta de quien es. Don Luis le cuenta a Doña Ana que su honor estaba en juego, pero no menciona a Don Juan. Pero Don Juan estaba cerca de el, un amigo suyo había pagado la fianza y además, el había mandado una carta para Brigida, la criada de doña Ines, para que lo dejara entrar al convento en el que estaba Doña Ines. Ciutti que estaba cerca a la casa de Doña Ana ve a Don Luis y va a decirle a Don Juan, ellos planean una trampa para Don Luis. Don Juan se acerca a Don Luis por adelante y le dice que la apuesta la va a ganar el, y por detrás de Don Luis, aparece Ciutti con otros dos hombres que se llevan a don Luis al despacho de Don Juan en el que lo encierran.

Cuando se llevan a Don Luis a encerrar, aparece Brigida, la criada de Doña Ines. Don Juan le pregunta si es que ya le dio la carta que ha mandado con Ciutti, ella le dice que le ha dado la carta con un libro y lo mas probable era que en esos momentos estuviera leyendo la carta, conversan unos minutos mas y Brigida se retira. Después de que se fue Brigida, aparece Ciutti para darle la noticia a su amo de que ya habían encerrado a Don Luis. Después, Don Juan se va a la casa de Doña Ana, toca a la puerta y le abre Lucia, su criada de Doña Ana, Lucia no sabe que hace don Juan a esas horas en casa de Doña Ana, Don Juan le dice que debe ver a Doña Ana, pero Lucia no le permite, entonces, Don Juan le paga 200 doblas de oro y Lucia acepta, le dice que debía estar ahí a las diez de la noche. Don Juan se retira y se dirige a el convento para ver a Doña Ines.

Mientras en el convento, Brigida habla con Doña Ines de Don Juan y le pregunta si es que ya leyó la carta de Don Juan, Ines no sabia nada sobre una carta, y Brigida le dice que debía de haber abierto el libro que le dio. Ines cogió el libro y lo abrió, cayó una carta al suelo. En ella estaban escritas por puño y letra de Don Juan las palabras de amor mas apasionadas y románticas que Doña Ines haya escuchado, o leído, en toda su vida. Cuando termina de leer la carta, por la puerta entra Don Juan, Doña Ines no cree lo que ve y se desmaya, dejando caer la carta al suelo. Don Juan, con la ayuda de Brigida, se llevan a Doña Ines afuera del convento.

La abadesa, que estaba pasando por las habitaciones del convento, escucho los ruidos producidos por la escena de Don Juan y entra en la habitación de Doña Ines para inspeccionar. Cuando entra, no ve a nadie y cuando iba a salir para buscarla, entra una monja que le dice que un hombre mayor la estaba buscando, ella autoriza que entre. El hombre era, Don Gonzalo de Ulloa, el padre de Ines. Entra para decirle a la abadesa que quería que Ines se volviera monja para evitar que Don Juan se case con ella, y que quería ir a verla a su habitación. Pero cuando la madre le dijo que estaban en la habitación de Ines, Don Gonzalo sale corriendo en busca de don Juan.

En la casa de don Juan, al costado del rió Guadalquivir, están Brigida y Ciutti, que después de un rato de movimiento, estaban descansando mientras veían a Ines desmayada. Cuando se despertó, Ciutti se retira y Brigida le dice a Ines que el convento se había incendiado y que Don Juan se había aparecido para salvarla y que en esos momentos estaban seguras, en la casa de su rescatador. Doña Ines se dispone a irse, cuando entra Don Juan. Brigida le dice que Ines ya sabe lo del incendio y los deja solos. Don Juan le declara su amor a Doña Ines y le pide que huya con el para que puedan casarse, Ines acepta la propuesta.
Pero cuando terminaron de hablar, Ciutti entra corriendo en la habitación en la que están Don Juan y Doña Ines, le dice a su amo que había llegado un hombre en una barca para hablar con el. Don Juan agarra sus pistolas y su espada y sale. El hombre era Don Luis, que se las había ingeniado para salir del despacho de Don Juan. Decía que había venido a matar a Don Juan, porque Doña Ana ya había perdido su honor y no podía casarse ni con el ni con nadie. Los dos hombres sacaron sus espadas, pero en cuanto iban a empezar a pelear, llega Ciutti para avisarle a Don Juan que había venido Don Gonzalo de Ulloa con sus hombres, que venían a matar a Don Juan, Don Luis duda y Don Juan va con el a su casa para comprobar la venida de Don Gonzalo. Los dos hombres suben y Don Luis se queda en la habitación del costado de donde conversarían Don Gonzalo y Don Juan para que lo escuchara. Don Juan entra en la habitación y Don Gonzalo lo estaba esperando. Don Juan se le acerca y se arrodilla, Don Gonzalo le dice que no lo va a perdonar y que lo iba a matar, pero Don Juan no iba a pedir disculpas, sino que le pidió la mano de su hija Ines en matrimonio, Don Gonzalo se niega, y Don Luis después de haber escuchado todo desde la habitación del costado, sale riendo y diciendo que nunca antes había escuchado tantas mentiras juntas, Don Gonzalo desenvaina su espada, a la vez que Don Luis y los dos están dispuestos a matar a Don Juan, pero Don Juan es mas rápido y saca su pistola y de un tiro mata a Don Gonzalo, seguidamente,agarra su espada y le da una estocada a Don Luis dándole muerte instantánea, Don Juan al ver que dos soldados están subiendo, huye por la ventana. Ines baja y encuentra a Don Gonzalo y Don Luis muertos en el piso, los dos soldados le dicen que el causante era Don Juan.
Cinco años después, en el lugar en el que estaba la casa de los tenorios, hay un panteón en el que esta puestas las estatuas de Don Gonzalo, Don Luis y de todas las personas que habían muerto por causa de Don Juan, un tributo rendido por Don Diego Tenorio. En el esta Don Juan, que ha estado ahí desde hace unas horas, le estaba contando al escultor la historia de como fue la muerte de las personas en las estatuas, cuando ve que estaba en medio de todo el panteón, una estatua con la figura de Doña Ines, le pregunta por la estatua que acaba de ver y el le dice que cuando se fue Don Juan, Doña Ines quedo muy enferma y murió, Don Juan le pide la llave al escultor, el le dijo que no podía dejarla a un extraño, y el le da su nombre, el escultor lleno de miedo le da y se va. Don Juan voltea y baja la cabeza, y sin darse cuenta la estatua de Doña Ines a desaparecido, pero aparece la sombra de Doña Ines que le dice que lo había estado esperando, y que ella había dado su alma por el, y que si el quería, ella lo salvaría, o sino se perderían para siempre. Don Juan no lo cree y grita para que se aleja la sombra. Cuando de repente, aparecen dos personas conocidas de Don Juan, son Avellaneda y Centellas, Don Juan se sorprende y los invita a cenar en su casa, y antes de irse, invita a Don Gonzalo de Ulloa para que los acompañe a cenar, sus amigos lo creen loco por invitar a una persona que ya murió. En la casa de Don Juan ya están puestos los cubiertos para cenar e incluso ha dejado un espacio con cubiertos y plato de comida para Don Gonzalo. Los dos invitados creen que todo es una broma de Don Juan para asustarlos, cuando de repente, suena la puerta, Ciutti va a ver quien toca, pero no habia nadie, nuevamente suena la puerta, pero no habia nadie. Don Jua cree que Centellas y avellaneda son los que han planeado esa broma, por haber invitado a un muero, pero ellos no sabian nada. La puerta vuelve a sonar y Don Juan se encoleriza y dice que no hay nescesidad de que toquen la puerta s los muertos pueden atravesa las paredes. En ese momento la estatua con vida de Don Gonzalo cruza la puertasin hacer ruido alguno, Avellaneda y Cntellas se desmayan. Don Gonzalo le dice que no se sorprenda que el era quien lo habia invitado, le dice que Dios le habia dado una oportunidad para salvar su alama, que debia devolverle la visita y debia ir a cenar con el en su tumba, la estatua de Don Gonzalo se retira. Dn juan grita pidiendo amparo ante la somra de doña ines y en ese momento aparece, le dice que ella siempre va a estar a su lado y que debia penzar en lo que le habia dicho Don Gonzalo, porque si iba desde el amanecer estaria co ella para siempre. En cuanto se retira la sombra de Ines, despiertan Avellaneda y Centellas, ninguno de los dos sabe o que ha pasadoy lepreguntan a don Juan, el muy molesto dice que lo que habian hecho era una broma de muy mal gusto y saca su espada y los reta para un combate.

Despues, Don Juan aparece en el panzteon que esta en el lugar que era la casa de los Tenorio, Don Juan escucha pasos de piedras y cree que esta delirando. se acerca a la tumba de Don Gozalo, su estatua ya no esta ahi, en lugr de eso, encuentra una mesa preparada para que coman dos personas. Don Juan llama a la sombra de Don Gonzalo y el aparece. Le enseña un reloj de arena y le dice que ese era toso el tiempo que le quedaba de vida luego le enseña unas cenizas y le dice que si dios no lo perdona, eso es lo que seria, cenizas. Don Juan no lo cree, Don Gonzalo le dice que e un segundo puede cambiar toda su vida, Don Juan no lo cree, en esos momentos, empieza a asar un grupo de personas que estan llevando en hombro un ataud, se oyen campanadas y canto tristes. Don Gonzalo le dice que esas campanadas y esos antos son por el y que el epelio es por su muerte, le dice que Avellaneda lo a matado con su espada. Don Juan no lo cree y Don Gonzalo se va, en cuano se va, aparecen varias sombras que se quieren llevar a Don Juan, pero antes de que lo toquen, aparece una luz, esa luz trae a la sombra e doña Ines que le dice que se podia salvar e ese momento si decidia ir con el, Don Juan pide perdon por toda su vida de pecados, le coge las manos a Doña Ines y Juntos se van al cielo para siempre.

A continuacion un fragmento de "Don Juan Tenorio" :


El Diablo a las puertas del Cielo


Escena I


Quinta de don Juan Tenorio cerca de Sevilla y sobre el Guadalquivir. Balcón en el fondo. Dos puertas a cada lado Escena primera
BRÍGIDA, CIUTTI
BRÍGIDA. ¡Qué noche, válgame Dios!A poderlo calcularno me meto yo a servira tan fogoso galán.¡Ay, Ciutti! Molida estoy;no me puedo menear.
CIUTTI. ¿Pues qué os duele?
BRÍGIDA. Todo el cuerpoy toda el alma además.
CIUTTI. ¡Ya! No estáis acostumbradaal caballo, es natural.
BRÍGIDA. Mil veces pensé caer.¡uf!, ¡qué mareo!, ¡qué afán!Veía yo unos tras otrosante mis ojos pasarlos árboles como en alasllevados de un huracán, tan apriesa y produciéndomeilusión tan infernal,que perdiera los sentidossi tardamos en parar.
CIUTTI. Pues de estas cosas veréis, si en esta casa os quedáis,lo menos seis por semana.
BRÍGIDA. ¡Jesús!
CIUTTI. ¿Y esa niña estáreposando todavía?
BRÍGIDA. ¿Y a qué se ha de despertar?
CIUTTI. Sí, es mejor que abra los ojosen los brazos de don Juan.
BRÍGIDA. Preciso es que tu amo tengaalgún diablo familiar.
CIUTTI. Yo creo que sea él mismo un diablo en carne mortalporque a lo que él, solamentese arrojara Satanás.
BRÍGIDA. ¡Oh! ¡El lance ha sidoextremado!
CIUTTI. Pero al fin logrado está.
BRÍGIDA. ¡Salir así de un conventoen medio de una ciudadcomo Sevilla!
CIUTTI. Es empresatan sólo para hombre tal.Mas, ¡qué diablos!, si a su ladola fortuna siempre va,y encadenado a sus piesduerme sumiso el azar.
BRÍGIDA. Sí, decís bien.
CIUTTI. No he visto hombrede corazón más audaz; ni halla riesgo que le espante,ni encuentra dificultadque al empeñase en vencerle haga un punto vacilar.A todo osado se arroja, de todo se ve capaz,ni mira dónde se mete,ni lo pregunta jamás.Allí hay un lance, le dicen;y él dice: «Allá va don Juan.» ¡Mas ya tarda, vive Dios!
BRÍGIDA. Las doce en la catedralhan dado ha tiempo.
CIUTTI. Y de vueltadebía a las doce estar.
BRÍGIDA. ¿Pero por qué no se vino con nosotros?
CIUTTI. Tiene alláen la ciudad todavíacuatro cosas que arreglar.
BRÍGIDA. ¿Para el viaje?
CIUT Por supuesto;aunque muy fácil será que esta noche a los infiernosle hagan a él mismo viajar.
BRÍGIDA. ¡Jesús, qué ideas!
CIUTTI. Pues digo:¿son obras de caridaden las que nos empleamos, para mejor esperar?Aunque seguros estamoscomo vuelva por acá.
BRÍGIDA. ¿De veras, Ciutti?
CIUTTI. Venida este balcón, y mirad.¿Qué veis?
BRÍGIDA. Veo un bergantínque anclado en el río está.
CIUTTI. Pues su patrón sólo aguardalas órdenes de don Juan,y salvos, en todo caso, a Italia nos llevará.
BRIGIDA. ¿Cierto?
CIUTTI. Y nada receléispor vuestra seguridad;que es el barco más veleroque boga sobre la mar.
BRÍGIDA. ¡Chist! Ya siento a doña Inés.
CIUTTI. Pues yo me voy, que don Juanencargó que sola vosdebíais con ella hablar.
BRÍGIDA. Y encargó bien, que yo entiendo de esto.
CIUTTI. Adiós, pues.
BRÍGIDA. Vete en paz.
Escena II
DOÑA INÉS, BRÍGIDA
INÉS. Dios mío, ¡cuánto he soñado!Loca estoy: ¿qué hora será?¿Pero qué es esto, ay de mí?No recuerdo que jamáshaya visto este aposento.¿Quién me trajo aquí?
BRÍGIDA. Don Juan.
INÉS. Siempre don Juan..., ¿masconmigoaquí tú también estás,Brígida?
BRÍGIDA. Sí, doña Inés.
INÉS. Pero dime, en caridad,¿dónde estamos? ¿Este cuartoes del convento?
BRÍGIDA. No tal:aquello era un cuchitrilen donde no había más que miseria.
INÉS. Pero, en fin,¿en dónde estamos?
BRÍGIDA. Mirad,mirad por este balcón,y alcanzaréis lo que vadesde un convento de monjas a una quinta de don Juan.
INÉS. ¿Es de don Juan esta quinta?
BRÍGIDA. Y creo que vuestra ya.
INÉS. Pero no comprendo, Brígida,lo que hablas.
BRÍGIDA. Escuchad. Estabais en el conventoleyendo con mucho afánuna carta de don Juan,cuando estalló en un momentoun incendio formidable.
INÉS. ¡Jesús!
BRÍGIDA. Espantoso, inmenso;el humo era ya tan denso,que el aire se hizo palpable.
INÉS. Pues no recuerdo...
BRÍGIDA. Las doscon la carta entretenidas, olvidamos nuestras vidas,yo oyendo, y leyendo vos.Y estaba, en verdad, tan tierna,que entrambas a su lecturaachacamos la tortura que sentíamos interna.Apenas ya respirarpodíamos, y las llamasprendían ya en nuestras camasnos íbamos a asfixiar, cuando don Juan, que os adora,y que rondaba el convento,al ver crecer con el vientola llama devastadora,con inaudito valor, viendo que ibais a abrasaros,se metió para salvaros,por donde pudo mejor.Vos, al verle así asaltarla celda tan de improviso, os desmayasteis..., preciso;la cosa era de esperar.Y él, cuando os vio caer así,en sus brazos os tomóy echó a huir; yo le seguí, y del fuego nos sacó.¿Dónde íbamos a esta hora?Vos seguíais desmayada,yo estaba ya casi ahogada.Dijo, pues: «Hasta la aurora en mi casa las tendré.»Y henos, doña Inés, aquí.
INÉS. ¿Conque ésta es su casa?
BRÍGIDA. Sí.
INÉS. Pues nada recuerdo, a fe.Pero..., ¡en su casa...! ¡Oh! Alpuntosalgamos de ella.... yo tengola de mi padre.
BRÍGIDA. Convengocon vos; pero es el asunto...
INÉS. ¿Qué?
BRÍGIDA. Que no podemos ir.
INÉS. Oír tal me maravilla.
BRIG. Nos aparta de Sevilla...
INÉS. ¿Quién?
BRÍGIDA. Vedlo, el Guadalquivir.
INÉS. ¿No estamos en la ciudad?
BRÍGIDA. A una legua nos hallamosde sus murallas.
INÉS. ¡Oh! ¡Estamos perdidas!
BRÍGIDA. No sé, en verdad,por qué!
INÉS. Me estás confundiendo,Brígida..., y no sé qué redesson las que entre estas paredestemo que me estás tendiendo. Nunca el claustro abandoné,ni sé del mundo exteriorlos usos: mas tengo honor.Noble soy, Brígida, y séque la casa de don Juan no es buen sitio para mí:me lo está diciendo aquíno sé qué escondido afán.Ven, huyamos.
BRÍGIDA. Doña Inés,la existencia os ha salvado.
INÉS. Sí, pero me ha envenenadoel corazón.
BRÍGIDA. ¿Le amáis, pues?
INÉS. No sé ..., mas, por compasión,huyamos pronto de ese hombre,tras de cuyo solo nombre se me escapa el corazón.¡Ah! Tú me diste un papelde mano de ese hombre escrito,y algún encanto malditome diste encerrado en él.Una sola vez le vipor entre unas celosías,y que estaba, me decías,en aquel sitio por mí.Tú, Brígida, a todas horas me venías de él a hablar,haciéndome recordarsus gracias fascinadoras.Tú me dijiste que estabapara mío destinado por mi padre..., y me has juradoen su nombre que me amaba.¿Que le amo, dices?... Pues bien,si esto es amar, sí, le amo;pero yo sé que me infamocon esa pasión también.Y si el débil corazónse me va tras de don Juan,tirándome de él estánmi honor y mi obligación. Vamos, pues; vamos de aquíprimero que ese hombre venga;pues fuerza acaso no tengasi le veo junto a mí.Vamos, Brígida.
BRÍGIDA. Esperad ¿No oís?
INÉS. ¿Qué?
BRÍGIDA. Ruido de remos.
INÉS. Sí, dices bien; volveremosen un bote a la ciudad.
BRÍGIDA. Mirad, mirad, doña Inés,
INÉS. Acaba..., por Dios, partamos.
BRÍGIDA. Ya imposible que salgamos.
INÉS. ¿Por qué razón?
BRÍGIDA. Porque él esquien en ese barquichuelose adelanta por el río.
INÉS. ¡Ay! ¡Dadme fuerzas, Dios mío!
BRÍGIDA. Ya llegó, ya está en el suelo.Sus gentes nos volverána casa: mas antes de irnos,es preciso despedirnosa lo menos de don Juan.
INÉS. Sea, y vamos al instante.No quiero volverle a ver.
BRÍGIDA. (Los ojos te hará volverel encontrarle delante.)Vamos.
INÉS. Vamos.
CIUTTI. (Dentro.) Aquí están.
JUAN. (Ídem.) Alumbra.
BRÍGIDA. ¡Nos busca!
INÉS. Él es.
Escena III
DICHOS, DON JUAN
JUAN. ¿A dónde vais, doña Inés?
INÉS. Dejadme salir, don Juan.
JUAN. ¿Que os deje salir?
BRÍGIDA. Señor,sabiendo ya el accidente del fuego, estará impacientepor su hija el comendador.
JUAN. ¡El fuego! ¡Ah! No os décuidadopor don Gonzalo, que yadormir tranquilo le hará el mensaje que le he enviado.
INÉS. ¿Le habéis dicho...?
JUAN. Que os hallabaisbajo mi amparo segura,y el aura del campo pura,libre, por fin, respirabais. ¡Cálmate, pues, vida mía!Reposa aquí; y un momentoolvida de tu conventola triste cárcel sombría.¡Ah! ¿No es cierto, ángel deamor,que en esta apartada orillamás pura la luna brillay se respira mejor?Esta aura que vaga, llenade los sencillos olores de las campesinas floresque brota esa orilla amena;esa agua limpia y serenaque atraviesa sin temorla barca del pescador que espera cantando el día,¿no es cierto, paloma mía,que están respirando amor?Esa armonía que el vientorecoge entre esos millaresde floridos olivares,que agita con manso aliento;ese dulcísimo acentocon que trina el ruiseñorde sus copas morador, llamando al cercano día,¿no es verdad, gacela mía,que están respirando amor?Y estas palabras que estánfiltrando insensiblemente tu corazón, ya pendientede los labios de don Juan,y cuyas ideas vaninflamando en su interiorun fuego germinador no encendido todavía,¿no es verdad, estrella mía,que están respirando amor?Y esas dos líquidas perlasque se desprenden tranquilas de tus radiantes pupilasconvidándome a beberlas,evaporarse, a no verlas,de sí mismas al calor;y ese encendido color que en tu semblante no había,¿no es verdad, hermosa mía,que están respirando amor?¡Oh! Sí. bellísima Inés,espejo y luz de mis ojos; escucharme sin enojos,como lo haces, amor es:mira aquí a tus plantas, pues,todo el altivo rigorde este corazón traidor que rendirse no creía,adorando vida mía,la esclavitud de tu amor.
INÉS. Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!,que no podré resistir mucho tiempo sin morir,tan nunca sentido afán.¡Ah! Callad, por compasión,que oyéndoos, me pareceque mi cerebro enloquece,y se arde mi corazón.¡Ah! Me habéis dado a beberun filtro infernal sin duda,que a rendiros os ayudala virtud de la mujer. Tal vez poseéis, don Juan,un misterioso amuleto,que a vos me atrae en secretocomo irresistible imán.Tal vez Satán puso en vos su vista fascinadora,su palabra seductora,y el amor que negó a Dios.¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!,sino caer en vuestros brazos, si el corazón en pedazosme vais robando de aquí?No, don Juan, en poder míoresistirte no está ya:yo voy a ti, como va sorbido al mar ese río.Tu presencia me enajena,tus palabras me alucinan,y tus ojos me fascinan,y tu aliento me envenena. ¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo loimplorode tu hidalga compasióno arráncame el corazón,o ámame, porque te adoro.
JUAN. ¡Alma mía! Esa palabra cambia de modo mi ser,que alcanzo que puede hacerhasta que el Edén se me abra.No es, doña Inés, Satanásquien pone este amor en mí: es Dios, que quiere por tiganarme para él quizásNo; el amor que hoy se atesoraen mi corazón mortal,no es un amor terrenal como el que sentí hasta ahora;no es esa chispa fugazque cualquier ráfaga apaga;es incendio que se tragacuanto ve, inmenso voraz. Desecha, pues, tu inquietud,bellísima doña Inés,porque me siento a tus piescapaz aún de la virtud.Sí; iré mi orgullo a postrar ante el buen comendador,y o habrá de darme tu amor,o me tendrá que matar,
INÉS. ¡Don Juan de mi corazón!
JUAN. ¡Silencio! ¿Habéis escuchado?
INÉS. ¿Qué?
JUAN. Sí, una barca ha atracado(Mira por el balcón.)debajo de ese balcón,Un hombre embozado de ellasalta... Brígida, al momentopasad a ese otro aposento, y perdonad, Inés bella,si solo me importa estar.
INÉS. ¿Tardarás?
JUAN. Poco ha de ser.
INÉS. A mi padre hemos de ver.
JUAN. Sí, en cuanto empiece a clarear. Adiós.
Escena IV
DON JUAN, CIUTTI
CIUTTI. ¿Señor?
JUAN. ¿Qué sucede,Ciutti?
CIUTTI. Ahí está un embozadoen veros muy empeñado.
JUAN. ¿Quién es?
CIUTTI. Dice que no puededescubrirse más que a vos,y que es cosa de tal priesa,que en ella se os interesala vida a entrambos a dos.
JUAN. ¿Y en él no has reconocidomarca ni seña alguna que nos oriente?
CIUTTI. Ninguna;mas a veros decididoviene.
JUAN. ¿Trae gente?
CIUTTI. No másque los remeros del bote.
JUAN. Que entre.
Escena V
DON JUAN; luego CIUTTI Y DON LUIS embozado
JUAN. ¡Jugamos a escote la vida...! Mas ¿si es quizásun traidor que hasta mi quintame viene siguiendo el paso?Hálleme, pues, por si acasocon las armas en la cinta.
(Se ciñe la espada y suspende al cinto un par de pistolas que habrá colocado sobre la mesa a su salida en la escena tercera. Al momento sale CIUTTI conduciendo a DON LUIS que, embozado hasta los ojos, espera a que se queden solos. DON JUAN hace a CIUTTI una seña para que se retire. Lo hace.)
Escena VI
DON JUAN, DON LUIS
JUAN. (Buen talante.) Bien venido,caballero.
LUIS. Bien hallado,señor mío.
JUAN. Sin cuidadohablad.
LUIS. Jamás lo he tenido.
JUAN. Decid, pues: ¿a qué venís a esta hora y con tal afán?
LUIS. Vengo a mataros, don Juan.
JUAN. Según eso, sois don Luis.
LUIS. No os engañó el corazón,y el tiempo no malgastemos, don Juan los dos no cabemosya en la tierra.
JUAN. En conclusión,señor Mejía,¿es decir,que porque os gané la apuestaqueréis que acabe la fiesta con salirnos a batir?
LUIS. Estáis puesto en la razón:la vida apostado habemos,y es fuerza que nos paguemos.
JUAN. Soy de la misma opinión. Mas ved que os debo advertirque sois vos quien la ha perdido.
LUIS. Pues por eso os la he traído;mas no creo que morirdeba nunca un caballero que lleva en el cinto espada,como una res destinadapor su dueño al matadero.
JUAN. Ni yo creo que resquiciohabréis jamás encontrado por donde me hayáis tomadopor un cortador de oficio.
LUIS. De ningún modo; y ya veisque, pues os vengo a buscar,mucho en vos debo fiar.
JUAN. No más de lo que podéis.Y por mostraros mejormi generosa hidalguía,decid si aún puedo, Mejía,satisfacer vuestro honor. Leal la apuesta os gané;mas si tanto os ha escocido,mirad si halláis conocidoremedio, y le aplicaré.
LUIS. No hay más que el que os hepropuesto,don Juan. Me habéis maniatado,y habéis la casa asaltadousurpándome mi puesto;y pues el mío tomasteispara triunfar de doña Ana, no sois vos, don Juan, quiengana,porque por otro jugasteis.
JUAN. Ardides del juego son.
LUIS. Pues no os los quiero pasar,y por ellos a jugar vamos ahora el corazón.
JUAN. ¿Le arriesgáis, pues, en revanchade doña Ana de Pantoja?
LUIS. Sí; y lo que tardo me enojaen lavar tan fea mancha. Don Juan, yo la amaba, sí;mas con lo que habéis osado,imposible la has dejadopara vos y para mí.
JUAN. ¿Por qué la apostasteis, pues?
LUIS. Porque no pude pensarque la pudierais lograr.Y... vamos, por San Andrés,a reñir, que me impaciento.
JUAN. Bajemos a la ribera.
LUIS. Aquí mismo.
JUAN. Necio fuera:¿no veis que en este aposentoprendieran al vencedor?Vos traéis una barquilla.
LUIS. Sí.
JUAN. Pues que lleve a Sevilla al que quede.
LUIS. Eso es mejor;salgamos, pues.
JUAN. Esperad.
LUIS. ¿Qué sucede?
JUAN. Ruido siento.
LUIS. Pues no perdamos momento.
Escena VII
DON JUAN, DON LUIS, CIUTTI
CIUTTI. Señor, la vida salvad.
JUAN. ¿Qué hay, pues?
CIUTTI. El comendadorque llega con gente armada.
JUAN. Déjale franca la entrada,pero a él solo.
CIUTTI. Mas, señor...
JUAN. Obedéceme. (Vase CIUTTI.)
Escena VIII
DON JUAN, DON LUIS
JUAN. Don Luis, pues de mí os habéis fiadocuanto dejáis demostradocuando a mí casa venís,no dudaré en suplicaros,pues mi valor conocéis, que un instante me aguardéis.
LUIS. Yo nunca puse reparosen valor que es tan notorio,mas no me fío de vos.
JUAN. Ved que las partes son dosde la apuesta con Tenorio,y que ganadas están.
LUIS. ¿Lograsteis a un tiempo...?
JUAN. Síla del convento está aquí:y pues viene de don Juan a reclamarla quien puede,cuando me podéis matarno debo asunto dejartras mí que pendiente quede.
LUIS. Pero mirad que meter quien puede el lance impedirentre los dos, puede ser...
JUAN. ¿Qué?
LUIS. Excusaros de reñir.
JUAN. ¡Miserable...! De don Juanpodéis dudar sólo vos: mas aquí entrad, ¡vive Dios!y no tengáis tanto afánpor vengaros, que este asuntoarreglado con ese hombredon Luis, yo os juro a minombreque nos batimos al punto.
LUIS. Pero...
JUAN. ¡Con una legiónde diablos! Entrad aquí;que harta nobleza es en míaún daros satisfacción. Desde ahí ved y escuchad;franca tenéis esa puerta.Si veis mi conducta incierta,como os acomode obrad.
LUIS. Me avengo, si muy reacio no andáis.
JUAN. Calculadlo vosa placer: mas, ¡vive Dios!,que para todo hay espacio.
(Entra DON LUIS en el cuarto que DON JUAN le señala.)
Ya suben. (DON JUAN escucha.)
DON GONZALO. (Dentro.)¿Dónde está?
JUAN. Él es.
Escena IX
DON JUAN, DON GONZALO
DON GONZALO. ¿Adónde está ese traidor?
JUAN. Aquí está, comendador.
DON GONZALO. ¿De rodillas?
JUAN. Y a tus pies.
DON GONZALO. Vil eres hasta en tus crímenes.
JUAN. Anciano, la lengua ten,y escúchame un solo instante.
DON GONZALO. ¿Qué puede en tu lengua haberque borre lo que tu manoescribió en este papel?¡Ir a sorprender, ¡infame!,la cándida sencillez de quien no pudo el venenode esas letras precaver!¡Derramar en su alma virgentraidoramente la hielen que rebosa la tuya, seca de virtud y fe!¡Proponerse así enlodarde mis timbres la alta prez,como si fuera un harapoque desecha un mercader! ¿Ése es el valor, Tenorio,de que blasonas? ¿Ésa esla proverbial osadíaque te da al vulgo a temer?¿Con viejos y con doncellas la muestras...? Y ¿para qué?¡Vive Dios!, para venirsus plantas así a lamermostrándote a un tiempo ajenode valor y de honradez.
JUAN. ¡Comendador!
DON GONZALO. Miserable,tú has robado a mí hija Inésde su convento, y yo vengopor tu vida, o por mi bien.
JUAN. Jamás delante de un hombre mi alta cerviz incliné,ni he suplicado jamás,ni a mi padre, ni a mi rey.Y pues conservo a tus plantasla postura en que me ves, considera, don Gonzalo,que razón debo tener.
DON GONZALO. Lo que tienes es pavorde mi justicia.
JUAN. ¡Pardiez!Óyeme, comendador, o tenerme no sabré,y seré quien siempre he sido,no queriéndolo ahora ser.
DON GONZALO. ¡Vive Dios!
JUAN. Comendador,yo idolatro a doña Inés, persuadido de que el cielonos la quiso concederpara enderezar mis pasospor el sendero del bien.No amé la hermosura en ella,ni sus gracias adoré;lo que adoro es la virtud,don Gonzalo, en doña Inés.Lo que justicias ni obisposno pudieron de mí hacer con cárceles y sermones,lo pudo su candidez.Su amor me torna en otrohombre,regenerando mi ser,y ella puede hacer un ángel de quien un demonio fue.Escucha, pues, don Gonzalo,lo que te puede ofrecerel audaz don Juan Tenoriode rodillas a tus pies. Yo seré esclavo de tu hija,en tu casa viviré,tú gobernarás mi hacienda,diciéndome esto ha de ser.El tiempo que señalares, en reclusión estaré;cuantas pruebas exigieresde mi audacia o mi altivez,del modo que me ordenarescon sumisión te daré: y cuando estime tu juicioque la puedo merecer,yo la daré un buen esposoy ella me dará el Edén.
DON GONZALO. Basta, don Juan; no sé cómo me he podido contener,oyendo tan, torpes pruebasde tu infame avilantez.Don Juan, tú eres un cobardecuando en la ocasión te ves, y no hay bajeza a que no osescomo te saque con bien.
JUAN. ¡Don Gonzalo!
DON GONZALO. Y me avergüenzode mirarte así a mis pies,lo que apostabas por fuerza suplicando por merced.
JUAN. Todo así se satisface,don Gonzalo, de una vez.
DON GONZALO. ¡Nunca, nunca! ¿Tú su esposo?Primero la mataré. ¡Ea! Entrégamela al punto,o sin poderme valer,en esa postura vilel pecho te cruzaré.
JUAN. Míralo bien, don Gonzalo; que vas a hacerme perdercon ella hasta la esperanzade mi salvación tal vez.
DON GONZALO. ¿Y qué tengo yo, don Juan,con tu salvación que ver?
JUAN. ¡Comendador, que me pierdes!
DON GONZALO. Mi hija.
JUAN. Considera bienque por cuantos medios pudete quise satisfacer;y que con armas al cinto tus denuestos toleré,proponiéndote la pazde rodillas a tus pies.
Escena X
DICHOS; DON LUIS, soltando una carcajada de burla
LUIS. Muy bien, don Juan.
JUAN. ¡Vive Dios!
DON GONZALO. ¿Quién es ese hombre?
LUIS. Un testigo de su miedo, y un amigo,Comendador, para vos.
JUAN. ¡Don Luis!
LUIS. Ya he visto bastante,don Juan, para conocercuál uso puedes hacer de tu valor arrogante;y quien hiere por detrásy se humilla en la ocasión,es tan vil como el ladrónque roba y huye.
JUAN. ¿Esto más?
LUIS. Y pues la ira soberanade Dios junta, como ves,al padre de doña Inésy al vengador de doña Ana,mira el fin que aquí te espera cuando a igual tiempo tealcanza,aquí dentro su venganzay la justicia allá fuera.
DON GONZALO. ¡Oh! Ahora comprendo... ¿Soisvosel que...?
LUIS. Soy don Luis Mejía, a quien a tiempo os envíapor vuestra venganza Dios.
JUAN. ¡Basta, pues, de tal suplicio!Si con hacienda y honorni os muestro ni doy valor a mi franco sacrificioy la leal solicitudcon que ofrezco cuanto puedotomáis, ¡vive Dios!, por miedoy os mofáis de mi virtud, os acepto el que me daisplazo breve y perentorio,para mostrarme el Tenoriode cuyo valor dudáis.
LUIS. Sea; y cae a nuestros pies, digno al menos de esa famaque por tan bravo te aclama.
JUAN. Y venza el infierno, pues.Ulloa, pues mi alma asívuelves a hundir en el vicio, cuando Dios me llame a juicio,tú responderás por mí.(Le da un pistoletazo.)
DON GONZALO. ¡Asesino! (Cae.)
JUAN. Y tú, insensato,que me llamas vil ladrón,di en prueba de tu razón que cara a cara te mato.(Riñen, y le da una estocada.)
LUIS ¡Jesús! (Cae.)
JUAN. Tarde tu fe ciegaacude al cielo, Mejía,y no fue por culpa mía;pero la justicia llega, y a fe que ha de ver quién soy.
CIUTTI. (Dentro.)¿Don Juan?
JUAN. (Asomando al balcón.)¿Quién es?
CIUTTI. Por aquí;salvaos.
JUAN. ¿Hay paso?
CIUTTI. Sí; arrojaos.
JUAN. Allá voy.Llamé al cielo y no me oyó, y pues sus puertas me cierra,de mis pasos en la tierraresponda el cielo, y no yo.
(Se arroja por el balcón, y se le oye caer en el agua del río, al mismo tiempo que el ruido de los remos muestra la rapidez del barco en que parte; se oyen golpes en las puertas de la habitación, poco después entra la justicia, soldados, etc.)
Escena XI
ALGUACILES, SOLDADOS; luego DOÑA INÉS y BRÍGIDA
ALGUACIL. 1º El tiro ha sonado aquí.
ALGUACIL. 2º Aún hay humo.
ALGUACIL. 1º ¡Santo Dios! Aquí hay un cadáver.
ALGUACIL. 2º Dos.
ALGUACIL. 1º ¿Y el matador?
ALGUACIL. 2º Por allí.
(Abren el cuarto en que están DOÑA INÉS y BRÍGIDA, y las sacan a la escena; DOÑA INÉS reconoce el cadáver de su padre.)
ALGUACIL. 2º ¡Dos mujeres!
INÉS. ¡Ah, qué horror,padre mío!
ALGUACIL. 1º ¡Es su hija!
BRÍGIDA. Sí.
INÉS. ¡Ay! ¿Dó estás, don Juan, queaquíme olvidas en tal dolor?
ALGUACIL. 1º Él le asesinó.
INÉS. ¡Dios mío!¿Me guardabas esto más?
ALGUACIL. 2º Por aquí ese Satanásse arrojó, sin duda, al río.
ALGUACIL. 1º Miradlos..., a bordo estándel bergantín calabrés.
TODOS. ¡Justicia por doña Inés!
INÉS. Pero no contra don Juan.
(Cayendo de rodillas.)



miércoles, 8 de julio de 2009

Lewis Carroll (Inglaterra; Cheshire, 27/01/1832 - Surrey, 14/01/1898)


Nacido en Cheshire el primero de enero de 1832 y fallecido en Surrey el 27 de enero de 1898, Charles Lutwidge Dodgson, alias "Lewis Carroll", es considerado uno de los mas grandes escritores infantiles por su obra "Alicia en el País de las Maravillas", cuando era niño sus relaciones con sus compañeros eran las mejores, pero cuando era adulto sus relaciones con los demás no eran buenas, así que empieza a conversar con alguien que si lo entendiera, los niños. Fue el tercero de 11 hermanos y su padre era archidiácono, su abuelo fue general y su bisabuelo fue obispo. El no quiso coger ninguno de los dos trabajos de su familia, pero su hermano, también llamado charles, eligió la carrera eclesiástica. Empezó sus estudios en su casa, donde se sabe que leyó muchos libros. Cuando era niño, sufrió un trauma por intentar cambiar su tendencia a ser zurdo, además de ser sordo del oído derecho. A los 12 años fue enviado a una escuela privada, donde se sabe, fue muy feliz. Pero a sus 13 años lo cambiaron de escuela y fue a otro colegio donde no fue muy feliz, que se sabe por los escritos que dejo años después, que decían: "Creo ... que por nada en este mundo volvería de nuevo a vivir los tres años que pasé allí ... Puedo decir, honestamente, que si hubiese estado ... a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable" . Varias personas han interpretado el termino "molestias nocturnas" como una serie de abusos sexuales de parte de sus compañeros.

En 1851 ingresa a la universidad de Oxford. Pero solo estaría allí unos días, porque se tuvo que regresar a su casa cuando se entero de la muerte de su madre. A pesar de su pereza, durante su tiempo en Oxford, demostró una gran brillantes en matemáticas, garantizandole un puesto de profesor en 1857, en Christ Crurhc durante los siguientes 26 años. Cuatro años después, fue ordenado Diacono.

En 1856, Charles descubre la fotografía, y animado por un amigo de Oxford y Oscar Gustav Rejlander, conoce el arte de la fotografía. Charles se hace un profesional en esta carrera y logra hacer gran cantidad de fotos, especialmente la de niñas en diversas poses y algunas veces desnudas, por lo cual se hacen especulaciones de que era un pedofilo. También, en el año 1856 publica su primera obra bajo el seudónimo de Lewis Carroll, procedente de la latinizacion de su nombre. La mayoría de los escritos dejados por Charles son humoristicas y en algunas ocasiones son satíricas.

Después de haber publicado "Alicia en el País de las Maravillas" empezaron una serie de especulaciones respecto a que Charles usaba drogas y narcóticos, por los increíbles cambios de tamaño de Alicia de un momento a otro cuando comía del hongo, además de los rumores de abusos sexuales y pedofilia.

Entre sus obras mas importantes están: Alicia en el país de las maravillas, A Través del Espejo, La caza de Snark, Silvia y Bruno, Euclides y sus rivales modernos, y El juego de la Lógica.

Charles Lutwidge Dodgson muere el 14 de enero de 1898 a causa de una bronquitis.